Movimientos sociales
364 días

Los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil ante la posibilidad de un pacto entre PSOE y Ciudadanos.

Cartel Albert Rivera Elecciones Generales 2009
Un trabajador tapa con una nueva publicidad el cartel de Ciudadanos en las Elecciones General de 2019. David F. Sabadell
30 abr 2019 16:12

Se le atribuye a Soros una frase célebre: “Los ciudadanos votan cada X años, los mercados votan todos los días”. El 29 de abril, el Banco Santander demostró que no era de ningún modo una metáfora. Un comunicado de la entidad que preside Ana Patricia Botín solicitaba formalmente un acuerdo entre PSOE y Ciudadanos para garantizar la estabilidad económica. No tardó la CEOE en unirse al carro de los que piden a Albert Rivera que retire su cordón sanitario y permita, vía abstención en la investidura, un Gobierno monocolor de Pedro Sánchez. Los mercados votan todos los días y el grito “con Rivera no” de la madrugada del 29 de abril será un recuerdo cuando comiencen las negociaciones en serio para la investidura.

El posible “con Rivera sí” decepcionará a muchas votantes que acudieron a la alerta antifascista planteada por el PSOE para los pasados comicios

Hace años que el movimiento libertario, el más refractario a la participación electoral, tomó una posición táctica respecto a las elecciones. Esa táctica se ha extendido al conjunto de los movimientos sociales, más o menos proclives al voto. El posicionamiento insiste en el valor de la movilización “los 364 días restantes” y en desdramatizar el hecho de abstenerse o votar en los días señalados. Resaltan la importancia decisiva de organizarse en los lugares de trabajo —sí, pese a la temporalidad y la precariedad—, en los movimientos contra los desahucios (PAH) y sindicatos de inquilinas, LGTB, feministas, antirracistas o de redes autoorganizadas de salud mental, etc, etc.

El sindicalismo social, los ateneos o centros sociales ocupados, las redes de cuidados, transmisión de saberes u ocio autogestionado, sumado a los repertorios clásicos de lo que constituye el trabajo de una organización o un colectivo —a pesar de que muchos de los cuales, lamentablemente, se centran a menudo en la propia financiación de los espacios— supera con mucho al “trabajo” de ir a votar y, sobre todo, es una mayor fuente de felicidad, autoestima y plenitud (aunque también lo sea de frustraciones, tristezas y otros bajones). Las posibilidades de esa autoorganización, y de la construcción de contrapoderes, pasan, qué duda cabe, por resaltar el valor de esos 364 días del año (y sí, es una convención, pero no se vota solo cada cuatro años) en los que no hay urnas para votar. Es el valor del día a día frente al acontecimiento. Las prácticas frente al espectáculo.

Conocer los límites del poder de un Gobierno o institución, pero no desdeñar la posibilidad de transformar la realidad a través de la legislación, ha sido, recientemente, objeto de debates y empeños que muestran vías de trabajo, pero también grandes bajones. Entre los ejemplos de cómo el trabajo hacia las instituciones puede generar acción hay que consignar la Iniciativa Legislativa Popular de Vivienda movida por la PAH y otros sectores de lucha por la vivienda. Entre los contraejemplos de la mala sinergia entre movimientos e instituciones está, paradójicamente, la situación generada tras la victoria en Madrid de Manuela Carmena, especialmente en el caso de urbanismo, en el que los movimientos vecinales y ecologistas han tenido que luchar “a la contra” de un proyecto —la Operación Chamartín— que se ha avanzado más en los cuatro años de un Gobierno supuestamente afín a las clases populares que en la anterior década de Gobierno del PP.

Fórmula 1978 y gobernanza europea

Volviendo al comienzo, el poder tiene capacidad de intervenir sobre los agentes electos todos los días del año. Tanto mediante la insinuación como, directamente, mediante la coerción —y la salida de empresas de Catalunya tras el 1 de octubre es el mejor ejemplo— como desde el agasajo y el reconocimiento o, directamente, a través de las puertas giratorias y la corrupción blanqueada. Como concluye Emmanuel Rodríguez, para explicar la dinámica creada por la “fórmula 1978”: “No hace falta recurrir a los casi anecdóticos papeles de Bárcenas, basta rastrear el organigrama de las antiguas cajas de ahorro, hacer un sociograma de las relaciones entre ejecutivos de eléctricas, bancos, promotoras y partidos, o sencillamente seguir el dinero de las plusvalías inmobiliarias entre 1985-1991 y 1997-2007”.

Tras el primer baile de salón entre PSOE y Ciudadanos, después de los resultados del domingo 28, parece posible que Sánchez y Rivera lleguen a un acuerdo después del 26 de mayo. Le conviene a los mercados y es una bicoca para la gobernanza europea, muy preocupada por los resultados que puedan hacer descarrilar la gran coalición europea. El posible “con Rivera sí” decepcionará a muchas votantes que acudieron a la alerta antifascista planteada por el PSOE para los pasados comicios. Un sí a la investidura de Sánchez por parte de Ciudadanos anticipará una legislatura al gusto del Santander y el resto de actores que desde 2015 se han mostrado a favor de ese encuentro. Una legislatura sin justicia social y —la venganza se sirve fría y a través de mayordomos— sin Pablo Iglesias, que basó su campaña en la denuncia de esos bancos, consejos de administración y puertas giratorias.

En cualquier caso, y mientras Unidas Podemos juega sus cartas para atraer al PSOE con el espíritu del “no pasarán”, no hace falta recordar a la sociedad civil organizada y los movimientos sociales ese estribillo que dice que lo importante es lo que se hace y lo que se construye durante los “364 días” del año en los que no se vota. Acaso sí es importante añadir que la puesta en marcha y sostenimiento de esos espacios de autoorganización no pueden recaer siempre sobre los mismos cuerpos, y, sobre todo, que se debe trabajar en unas coordenadas que permitan el relevo cuando, por unos u otros motivos, las personas que participan en sindicatos, organizaciones y plataformas dan el paso a la política institucional. Porque, más importante aún que trabajar los 364 días del año en los que no hay elecciones, es que esos trabajos conecten décadas, coyunturas y momentos históricos. Si esto sucede a partir de ahora, como decían en Casablanca, “solo podemos vencer”.

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La posibilidad de una repetición electoral se presenta tediosa para la mayoría de los españoles. No soy el CIS ni esto es realmente cierto, solo he hecho esta pseudo-encuesta en mi barrio y entre mis conocidos.
3 Comentarios
#33697 10:54 1/5/2019

Elourdy, has como Montesinos y quítate la careta y el tricornio. Nunca quisisteis blanqueadores del fascismo

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Félix Po 22:51 30/4/2019

Excelente artīculo, Elorduy.

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#33665 19:54 30/4/2019

Lucida reflexión, de obligada lectura

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