Cine
Ana Ramón Rubio: “Si en la ruta 66 han tenido problemas graves de despoblación, imagina hacia dónde puede ir la España vacía”

El documental Almost ghost, dirigido por Ana Ramón Rubio, resucita la historia y el presente alrededor de la mítica Carretera Madre estadounidense, la ruta 66, y muestra el resurgimiento turístico de algunas localidades a su vera a través de los humanísimos testimonios de tres resistentes.

Ana Ramón Rubio, directora de ‘Almost ghost’
Ana Ramón Rubio, directora de ‘Almost ghost’.

publicado
2019-10-30 06:00

El tráfico de la ruta 66, que era el escenario de las migraciones por motivos económicos y climáticos relatadas en obras como Las uvas de la ira, fue desplazado a carreteras interestatales menos viradas y más rápidas. Con la caída en desuso de la emblemática carretera, muchas de las localidades de su alrededor se convirtieron en pueblos poco poblados o directamente fantasmagóricos. El documental Almost ghost trata de la caída y resurrección de algunas de estas comunidades. Lo hace a través de las palabras de Harley Russell, un músico y showman, de Lowell Davis, un artista que construyó una nueva localidad transportando y adaptando edificios abandonados, y de Angel Delgadillo, barbero jubilado y uno de los impulsores de que se reconociese el valor histórico (y el potencial turístico) de la antigua arteria de los Estados Unidos. Su directora es Ana Ramón Rubio.

La aparición de nuevas vías de comunicación deja atrás a pueblos que languidecen. ¿Uno de los temas de tu película es cómo las infraestructuras pueden afectar a las vidas?
Sí, Almost ghost trata de eso, de cómo se fue despoblando la ruta 66 a medida que se dejó de lado en favor de carreteras interestatales más modernas. Es un fenómeno que se puede extrapolar a la España vacía y a muchísimas áreas de todos los países desarrollados.

Entonces ves en tus tres testimonios un simbolismo que va más allá del caso particular...
Es que representan una lucha universal, la lucha contra la despoblación. Ellos viven alrededor de la que era la carretera más icónica del mundo. Si en la ruta 66 han tenido problemas graves de despoblación, imagínate hacia dónde puede ir la España vacía y tantos otros lugares.

Años después, algunas de estas personas que se han quedado en los márgenes de lo que consideramos el progreso encuentran un hilo de subsistencia: un turismo movido por la nostalgia, por el deseo de acceder a historia viva... ¿A ti qué te llevó a la ruta 66?
Siempre me había parecido uno de los viajes más míticos que se pueden hacer si te gusta la literatura, la música o el cine, pero en realidad me llevó ahí la casualidad. Vi por azar un vídeo de Harley Russell, uno de los protagonistas, y me cautivó. Empecé a leer acerca de él y me pareció un punto de partida interesante. A partir de ahí, encontré al resto de personajes.

Harley Russell parece la persona más amarga del trío. Le sobrevuela el duelo por la pérdida de su mujer y compañera artística. En un momento explica que él toca las partes de guitarra que interpretaba su mujer, y añade que las suyas ya no suenan. Quizá no estamos acostumbrados a ver una representación tan rotunda de la ausencia.
Sí, es verdad. Los tres personajes se abrieron mucho. Siempre se ha ofrecido un relato de la carretera para los que estamos fuera de ella, para los que visitamos las zonas más turísticas, y se habla mucho menos de esos pueblos semiabandonados y de quienes los habitan. Así que ellos tenían muchas ganas de contar la verdadera historia de los que han vivido ahí.

Hablando de pueblos fantasma, Lowell Davis explica que dejó su trabajo para construir en solitario un pueblo como el de su infancia. Proyecta un aislacionismo extremo: no quiere saber nada de lo que pasa en el mundo. ¿Cómo valoras esta apuesta vital por recrear algo y encerrarse tanto en ello?
Lowell es el personaje del filme que más se aferra al pasado. Y esa misma nostalgia es la que lleva a mucha gente hasta ahí: ver a una persona con un estilo de vida muy lento, que disfruta del momento sin estar pendiente del exterior. Además, ha creado un entorno en esta misma linea.

En la actual ruta 66 convicen los paisajes tradicionales y su simulacro destinado al turismo
En la actual ruta 66 convicen los paisajes tradicionales y su simulacro destinado al turismo.

¿En tus visitas has percibido si la actividad turística está interfiriendo en este ritmo pausado al que aludes?
Por supuesto que afecta, supone un cambio muy importante para los tres. Pero es un fenómeno estacional, desde abril o mayo hasta septiembre u octubre. El resto de meses no tienen apenas turismo. Viven como dos épocas al año.

Russell soporta un duelo, Davis proyecta un cierto abatimiento. Ambos son hombres heridos. En cambio, Angel Delgadillo parece el hombre más feliz sobre la Tierra: un barbero de 92 años, superviviente de la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, encantadísimo de que visiten su establecimiento.
Como se puede ver en el documental, lo ha vivido todo. Y consiguió que la ruta adquiriese la consideración de histórica. No solo ha salvado su pueblo, sino que comenzó a salvar toda la ruta 66. Es como un héroe, y le encanta serlo.

Te has centrado en los testimonios de estos tres personajes. ¿Por qué has renunciado a emplear una voz periodística u otros recursos informativos?
Porque no queríamos llenar la película de datos, de contexto, sino contar la historia desde un punto de vista personal e intimista. Ya se han hecho documentales y reportajes sobre la carretera. Yo quería basarme en las personas que están ahí y sus palabra.

Con la tiranía de las duraciones estándar de los filmes, si hubieses integrado más elementos, hubieses tenido que restar tiempo al trío.
Claro. Y si hubiésemos incorporado a más personajes, tampoco hubiésemos podido profundizar tanto. Y creo, aunque sea difícil por las enormes distancias y los diferentes estilos de vida en los diversos estados, que ellos tres representan la esencia de lo que encuentras en estos 4.000 kilómetros.

¿Trabajaste con más testigos, o tenías claro que tu película iba a basarse en estos tres?
Tenía muy claro que ellos iban a estar en la película. Estuvimos con más personajes, pero decidimos que la historia se contaría a través de ellos tres, los primeros que iban a formar parte del filme.

De Almost ghost se deduce una cierta paradoja: se está recuperando en clave lúdica y celebradora del modo de vida americano una carretera que fue escenario de mucho dolor, de migraciones desesperadas como las que recuerda Angel.
Esa parte dramática también existe, la han abordado mucho el cine o la literatura. Pero sobre todo creo que hay un turismo de la nostalgia, un deseo de encontrar la América de ayer y no la de hoy. La realidad añadida es que ese auge del turismo produce cambios, e implica que lo que te encuentras sea menos auténtico en determinadas zonas. Es algo comprensible, porque el turismo es la manera de subsistir de muchas comunidades, pero en algunos lugares ya no sientes que te están trasladando a esos Estados Unidos de las migraciones, de los 40, de los 50...

En la película, el flujo de visitantes parece una tabla de salvación casi absoluta. ¿No vislumbraste más tejido económico que el turístico?
En las grandes ciudades, como Albuquerque, Amarillo, Oklahoma City, sí que hay más actividad.

¿Y en una localidad como Seligman, donde viven Angel Delgadillo y unas 400 personas más?
Ahí ves mucha dependencia del visitante. Casi todos los negocios eran restaurantes, cafeterías, moteles, tiendas de recuerdos o antigüedades... La gran mayoría de pueblos y ciudades pequeñas siguen a flote gracias al resurgir turístico. En Erick, la ciudad de Harley, es distinto: ahí lo único turístico es él.

Angel Delgadillo, un barbero que vivió la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, es uno de los testimonios de ‘Almost ghost’.
Angel Delgadillo, un barbero que vivió la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, es uno de los testimonios de ‘Almost ghost’.

A los superviventes de localidades hiperturistificadas nos puede sorprender, pero en Almost ghost vemos que esta industria puede significar para algunos una bendición que va más allá de lo económico. Angel afirma sentirse querido, colmado, por las visitas de personas que no le conocen. ¿Esos individuos en tránsito pueden sustituir a una comunidad?
Probablemente no. Sí que es cierto que falta una parte de comunidad. Aun así, hay habitantes de pueblos diferentes que establecen vínculos a través de asociaciones históricas de preservación que son muy activas. Es otro tipo de comunidad, quizá.

En paralelo, están las ciudades completamente abandonadas, los vestigios de vidas que ya no están por muerte o traslado. En algunos momentos de tu documental, capturas edificios vacíos, calles desiertas... ¿Viste belleza en esas ruinas?
Por supuesto, hay algo muy cautivador en la decadencia. Esos edificios abandonados llaman la atención a muchos turistas y viajeros que están interesados por la ruina. El pueblo fantasma te llama, sobre todo visualmente.

Te has centrado en los supervivientes, los veteranos irredentos. ¿Observaste que hubiese relevo generacional familiar o que llegase gente de otros lugares para cultivar el negocio turístico? ¿O el horizonte sigue siendo de vaciado a medio plazo?
Hay comercios que se restauran y se vuelven a abrir. Hay relevo tanto por parte de gente cuyos padres tenían negocios ahí como por parte de jóvenes que compran un negocio pequeño porque quiere formar parte de todo ello. El problema es que la autenticidad de Harley, Angel o Lowell es muy difícil de encontrar. No sé si sus relevos seguirán atrayendo a la gente cuando ellos ya no estén. Porque lo más bonito del viaje son las personas que encuentras.

Quizá el turismo, que puede ser cruel, buscará otro lugar hacia el que marchar.
Podría suceder, pero deseo que siempre se recorra la ruta 66. Al fin y al cabo, Estados Unidos tiene mucha menos historia que Europa y querría que preservasen esta parte de ella. Ahora se están tomando más medidas para paliar el problema de la despoblación, así que espero que muchas otras generaciones puedan seguir haciendo este viaje.

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