Radiografía laboral de la eterna crisis del cuarto poder

Las direcciones de PlayGround, ABC, El Periódico y La Voz de Galicia han planteado ajustes salariales y despidos a unas plantillas que viven desde hace años en la constante devaluación de las condiciones laborales que es el periodismo en la era de internet.

Periodistas Fitur
Prensa en la inauguración de Fitur 2019 Álvaro Minguito

publicado
2019-01-24 06:00:00

Sin atender a muchas razones más allá de la costumbre, el 24 de enero se celebra en España el Día del Periodista, en honor a San Francisco de Sales, quien vivió entre 1567 y 1622 y fue doctor de la Iglesia, titular y patrono de la Familia Salesiana y patrón de periodistas y escritores. Hoy, jueves 24 de enero de 2019, se celebra también la segunda reunión entre la representación legal de la plantilla y la empresa editora de la página web PlayGround, que ha presentado un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) por el que pretende despedir a 77 de las 141 personas que tiene contratadas.

“Vemos posibilidad de negociar con la empresa, aunque se ha mostrado poco dispuesta en el punto de las indemnizaciones por año trabajado, un asunto que para nosotras es primordial”, reconocen a El Salto desde el comité de empresa en vísperas de esa segunda cita, tras una inicial en la que la dirección entregó la memoria con la que justifica el ERE. En la carpeta del comité, lo que figura subrayado es el mantenimiento del empleo, la reducción del número de despidos y la firma de la mayor indemnización que se pueda para quienes tengan que salir de la empresa.

“No nos ha sorprendido el ERE —afirman—, pero sí el número de personas afectadas”. En verano ya hubo una tanda de despidos individuales seguida de una “fuerte reestructuración” en el departamento de Editorial y en diciembre se anunció a la plantilla que habría otra nueva “reestructuración” a comienzos de 2019 en la que la empresa propondría despidos. “Nos fuimos de vacaciones de Navidad con insistentes rumores de que esta vez los despidos serían colectivos. Rumores que se confirmaron hace dos semanas con el anuncio de este fuerte ERE”, recuerdan.

Desde fuera, la marejada en PlayGround ha suscitado un cierto oleaje —tumbando aquella vieja lógica de perro no come perro que los medios suelen aplicar— y ha pillado con el pie cambiado, ya que la imagen proyectada por la empresa desprendía un barniz de modernidad con el que, pese a episodios como la denuncia en 2014 de una trabajadora contratada como falsa autónoma, pretendía alejarse de la visión tradicional de un medio de comunicación, no solo por sus contenidos. Pero la realidad siempre estropea los mejores titulares.

El sintagma “vídeo PlayGround” logró fama a la hora de definir un determinado tipo de contenidos que se convertían rápidamente en virales en redes sociales y que situó a esta página web en un lugar extraño, ya que tras una primera etapa orientada a la crítica de música experimental, en los últimos años daba cabida a informaciones con perspectiva de género y clase junto a contenidos de corte frívolo, difíciles de encajar pero millonarios en visitas. Contradicciones, pero quien esté libre de ellas…

Ahora, como es habitual en todas las compañías a las que el balance de cuentas no les cuadra, la plantilla deberá asumir la responsabilidad —en forma de despidos— por aquello sobre lo que no ha participado de ninguna manera, como es marcar el rumbo de la empresa. “Vemos necesario que la empresa dé explicaciones acerca de las decisiones tomadas en los últimos años que han provocado esta crisis. No todo se explica por el cambio de algoritmo de Facebook, eso solo es parte del problema”, consideran desde el comité de empresa.

También reconocen que en la plantilla se respira estos días un clima de tensión, decepción y enfado, y aseguran que se sentían a gusto con su trabajo. “Queríamos construir un medio feminista, antifascista, con conciencia de clase y crítico. No nos han dejado continuarlo y ahora lo van a tumbar. Este proyecto en el que creíamos ahora va a desaparecer y no sabemos en qué se va a convertir”.

Sobre el futuro más allá del ERE hay poco claro. El comité está a la espera de conocer el plan de negocio de la empresa para 2019, para saber qué le aguarda a la parte de la plantilla que no resulte despedida, y apunta a una obligación insoslayable: “Este proceso no está siendo nada agradable y es responsabilidad de PlayGround que, cuando acabe, las personas que se queden se encuentren lo más a gusto posible”.

El día después de un ERE

La situación de PlayGround vuelve a recordar las condiciones laborales que soportan las redacciones, platós de televisión, plantas de impresión y estudios radiofónicos en las empresas que se dedican a generar realidad mediante la creación y difusión de contenidos. Porque lo ocurrido en esta página web no es lo único que ha sucedido en el sector de los medios de comunicación en los últimos meses, ni mucho menos.

Medios de comunicación
El monopolio de la libertad de prensa
Tres grupos controlan el 58% del mercado de los medios de comunicación, el 60% de la audiencia y el 87% de la publicidad.

El 31 de diciembre de 2018 expiró el convenio de La Voz de Galicia. La empresa no mostró mucho interés en negociar su actualización y pospuso varias veces la constitución de la mesa. El 5 de diciembre realizó una primera propuesta de cara a esa negociación, consistente en recortes de salarios de hasta el 14,5% y unos 60 despidos, en una plantilla de 300. Esa es la plataforma que la empresa ofrece para empezar a negociar el nuevo convenio, el primer plato.

El cierre de ‘Interviú’ fue el colofón a más de diez años de recortes salariales, despidos y desaparición de cabeceras que han hecho pagar a los trabajadores del Grupo Zeta

Mientras el comité de empresa estudiaba la respuesta, con el objetivo básico del mantenimiento del empleo, la empresa ejecutó siete despidos el 15 de enero, sin avisar a la representación legal de la plantilla. Durante esta misma semana se están celebrando asambleas de trabajadores para decidir si se negocia o no. Simultáneamente se ha producido la fusión de las redacciones de la página web y de la edición impresa, lo que supone un cambio sustancial en las condiciones de trabajo que se ha impuesto de manera unilateral.

El año 2018 también resultó movido en lo laboral en otra cabecera histórica, ABC. No hubo despidos colectivos pero sí bajadas de sueldo y pérdida temporal de las aportaciones al plan de pensiones para los salarios superiores a 25.000 euros anuales. Según lo pactado entre la dirección y la representación de los trabajadores, estas condiciones se deberán recuperar automáticamente el 1 de enero de 2020, en lo que se augura será el primer escollo del nuevo comité de empresa. Con estas medidas, la empresa franquicia del grupo Vocento esperaba cerrar 2018 con un recorte de gastos en torno al millón de euros. La mayoría de los sueldos más precarios —los que percibe el 30% de la plantilla— se sitúa en 19.800 euros anuales y en las negociaciones se estableció que en tres años estos salarios deberán subir a 22.900 euros anuales.

Hace un año, el Grupo Zeta anunció el cierre de una revista mítica en el quiosco y en el imaginario cultural español posterior a la dictadura: Interviú. La medida del grupo fundado por Antonio Asensio en 1976 era el colofón a más de diez años de recortes salariales, despidos y desaparición de cabeceras que han hecho pagar a los trabajadores de este conglomerado de empresas por decisiones en cuya toma en consideración no han tenido nada que ver. Es el caso de la plantilla de El Periódico, que desde 2008 ha sufrido dos ERE, una rebaja salarial y dos ERTE (expediente de regulación de empleo con carácter temporal). En 2018 la empresa planteó un nuevo proceso colectivo de despidos, que concluyó con 145 trabajadores más en la calle, de un total de 400 que aún quedaban en plantilla.

“Es durísimo, se ha ido ya muchísima gente”, explica a El Salto un trabajador de El Periódico que prefiere guardar el anonimato. “El día a día es muy duro pero todavía saldrá más gente este año”, añade. “Todo el plan de negocio acaba apoyado en los despidos y en la rebaja de las condiciones laborales. La historia ha sido la misma desde 2008, no ha habido alternativas ni búsqueda de otros proyectos. No hay mucho más que una huida hacia adelante basada en desprenderse de trabajadores”.

PlayGround, La Voz de Galicia, ABC y El Periódico son cuatro ejemplos de empresas de comunicación en las que sus trabajadores atraviesan momentos difíciles pero sus casos no son excepciones en un sector productivo que arrastra una larga década de cierres de cabeceras, congelación salarial, ebitda (resultado de explotación antes de impuestos) en negativo, falta de proyectos a largo plazo y caída de ingresos publicitarios.

Un panorama tan atomizado, con realidades tan alejadas como las que viven un gran grupo de comunicación con varias publicaciones o la modesta iniciativa puesta en marcha por tres personas con la indemnización que les pagó ese grupo al despedirlas, hace casi imposible considerarlo como un único sector industrial, aunque dos características están presentes como denominador común: el empeoramiento de las condiciones de trabajo y la transformación general provocada por internet.

“Más trabajo por menos dinero”

Para Laura L. Ruiz, de la sección de Prensa y Medios de Comunicación del sindicato CNT, “el auge de los medios digitales desde 2005 arrastra a ciertas prácticas que suponen un atajo para los empresarios como son la precariedad, no valorar las informaciones por su calidad sino al peso, a la demanda rápida, y cambiando algunos criterios que los medios tenían, como la importancia de ser un servicio público, con una responsabilidad social. Por otro lado, hay una eterna crisis del modelo de negocio de los medios al caer la publicidad y todavía están viendo cómo funcionar”.

Ella considera que quienes pagan los platos rotos en ambas situaciones son los trabajadores: “Si funciona, no mejoran sus condiciones laborales; y si no funciona, van a achacar a que tienen menos visitas para justificar un cierre”. Y remata con una reflexión precisa dirigida a las alturas: “Parece que se pone a cargo de las empresas a personas que llevan un medio de comunicación como pudieran llevar cualquier otra cosa. Se mira más a quien paga la publicidad que a quien lee, escucha o ve el producto que haces”.

Como resumen de los grandes problemas laborales en los medios de comunicación, esta sindicalista apunta dos: el deterioro de las condiciones, “más trabajo por menos dinero”, y la falta de unidad de los trabajadores, el individualismo que ha acompañado como una sombra a quienes se dedican profesionalmente a la comunicación. “La dignidad laboral pasa porque tengamos una conciencia como colectivo, para poder generar algo desde ahí”, afirma.

Desgranando en detalle la relación de agravios, ella cita la congelación de salarios, la contratación de falsos autónomos “en medios grandes, medianos y pequeños”, la institucionalización de los becarios —“es un sector en el que se abusa especialmente de esta figura”—, la utilización sin permiso del trabajo fotográfico, la escasa retribución de las colaboraciones o la situación de las mujeres: “Cada vez hay más en redacciones pero rara vez pasan ese techo de cristal y no llegan a ser redactoras jefas o directoras”.

Además de lo propiamente laboral, Ruiz muestra su inquietud por la repercusión que estas situaciones generan en los contenidos, con las prácticamente inevitables mermas en la calidad y en la credibilidad de lo que se difunde. Y también observa otros motivos que, en su opinión, deberían encender las luces de alarma: “Presenciamos con mucha preocupación los graves ataques a la libertad de expresión, tanto por las leyes mordaza como por la persecución a los trabajadores, con agresiones, acoso. Hemos visto a fotógrafos golpeados en manifestaciones por la policía y por manifestantes, reporteras humilladas mientras hacen un directo en televisión, o lo que pasó en Palma de Mallorca con la entrada de la policía en Europa Press para requisar teléfonos y documentación”.

Medios de comunicación
Historia de un desguace

En los últimos quince años, la crisis y algunas decisiones empresariales escudadas en ella han construido unas nuevas relaciones laborales en prensa, convirtiendo en papel mojado los convenios y los derechos de las plantillas.

Sobre varias de estas cuestiones ha lanzado informes y campañas en los últimos tiempos la sección de Prensa y Medios de Comunicación de la central anarcosindicalista, pese a que su modus operandi evita deliberadamente la acción sindical de representación y pactista. “No participamos en los comités de empresa —explica Ruiz—, pero eso no significa que no tengamos presencia en las empresas. Siempre pensamos en el apoyo mutuo. Hay una figura que son los delegados sindicales, afiliados que hacen de enlace entre la realidad de la empresa y las plantillas con el sindicato. Realizan actividad sindical y están protegidos por la ley sin necesidad de formar parte de unas elecciones”.

En los últimos dos años, el trabajo sindical de esta sección ha obtenido frutos y una creciente repercusión, que ella achaca al interés por acercarse a las nuevas realidades de los perfiles laborales en la comunicación. También han colaborado con la Asociación de la Prensa de Madrid en la elaboración del informe anual de la profesión periodística y están preparando una guía sobre acoso laboral en medios de comunicación. La convocatoria de la huelga general del próximo 8 de marzo ocupa gran parte de sus esfuerzos en la actualidad.

La otra orilla

La realidad laboral de los medios de comunicación que operan (operamos, en primera persona) con lógicas diferentes a las empresariales también arroja claroscuros. La financiación de manera casi exclusiva mediante el aporte económico de las personas suscritas y las limitaciones éticas a la publicidad que caracterizan a las cooperativas dedicadas a la producción de información generan un marco en el que, en muchas ocasiones, son los propios trabajadores quienes gestionan (gestionamos, de nuevo la primera persona) la escasez de recursos y han (hemos, huelga decir) de asumir condiciones precarias para que el proyecto subsista.

Apenas seis meses después de su lanzamiento, el diario La Jornada anunció el 21 de octubre del año pasado el cierre del medio y la aplicación de un ERE de extinción para las 23 personas que componían la plantilla, a quienes se adeudaba varias nóminas. Un proyecto cooperativo que había irrumpido con fuerza en el panorama mediático catalán se desinflaba en tiempo récord. Y quizá la decisión tomada por la asamblea general de socios cooperativistas el 20 de octubre fue la más conveniente de las que estaban en su mano. Es mejor abandonar cuando no hay razón para prolongar la agonía.

“En otras épocas —opina Javier Gallego—, si alguien era eliminado de una parrilla o despedido de un periódico, tenía que buscar otra empresa que le contratase. Nosotros, sin embargo, hemos podido montar por nuestra cuenta un proyecto con la aportación de los oyentes”
Periodismo
Andrés Sorel y la derrota de ‘Liberación’

El 7 de enero de 2019 falleció Andrés Sorel. Presidente del periódico Liberación, Sorel explicó a El Salto en 2017 cuáles fueron las vicisitudes que llevaron a fracasar el primer intento de un diario “a la izquierda del país” tras la restauración democrática.

Más veterana en estas lides, Magda Bandera, directora de La Marea, reconoce a El Salto que le gusta la palabra “desafíos” y que el mayor que afronta el medio que encabeza es ampliar plantilla “cuanto antes porque seguimos teniendo una sobrecarga demasiado grande por cada trabajador. Somos en la actualidad tres empleados y tres cooperativistas, socios-trabajadores”.

La Marea lanzó en 2018 una campaña de microfinanciación colectiva para llevar a cabo el proyecto Por Todas, centrado en la reconstrucción de las historias de las 55 mujeres asesinadas en 2014 en España. A finales de noviembre, el cierre de la campaña sumó casi 89.000 euros.

Bandera echa la vista atrás y recuerda los modos de hacer que han caracterizado a La Marea: “Nos propusimos tener tarifas dignas para colaboraciones desde el primer día y eso ha hecho que nos demorásemos en los pagos contra nuestra voluntad durante algunos periodos. Para afrontarlos, los cooperativistas siempre somos los últimos en cobrar, lo cual ha hecho que atravesáramos situaciones complicadas en el pasado”.

Pero también mira al frente y observa un horizonte algo más despejado: “Las perspectivas económicas desde el último trimestre de 2018 son buenas y esperamos poder contratar a dos periodistas más a partir de febrero y marzo, respectivamente. Todos los contratos se rigen por el convenio correspondiente”.

Tú y yo a la fiesta de la radio

El programa de radio Carne Cruda celebra el viernes 25 de enero en Madrid su décimo aniversario, una trayectoria que resume de algún modo la última década de los medios de comunicación en España. O de una parte de ellos, desde luego.

“Que un proyecto como este pueda vivir de manera independiente solo es posible en tiempos como estos”, explica a El Salto su cabeza visible, Javier Gallego, quien aporta tres razones para tal afirmación: la crisis, la aparición de las redes sociales y de otras formas de comunicación con el público, y las nuevas maneras de financiar a los medios.

“En otras épocas —opina—, si alguien era eliminado de una parrilla o despedido de un periódico, tenía que buscar otra empresa que le contratase. Nosotros, sin embargo, hemos podido montar por nuestra cuenta un proyecto que se sostiene fundamentalmente con la aportación de los oyentes y por algunos eventos que organizamos”. Él destaca en esa vía la ayuda de un público militante en la protección de la información y cree que en este nuevo entorno mediático “se puede hacer política y se puede hacer periodismo por otros caminos que antes no estaban explorados”.

La andadura de Carne Cruda comenzó en 2009 en el ente público, en Radio 3. En 2012 la emisora, entonces dirigida por Tomás Fernando Flores, prescindió del programa, que se mudó a las ondas de la Cadena Ser hasta 2015. Ese año inició una nueva etapa, sin el soporte de una gran emisora detrás.

La mención al despido que sufrió en la radio pública da pie a Gallego para reflexionar acerca de la relación entre los medios de comunicación y el poder. “No fue solo mi caso, creo que sigue sucediendo: los partidos en el poder siguen considerando a los medios públicos su medio de propaganda. Estamos lejos de tener un sistema de control que permita que la información pública sea independiente de los poderes públicos, sobre todo de los partidos que llegan a ese poder”.

En su opinión, queda pendiente un debate a celebrar, el de la existencia de “mecanismos que aseguren la independencia de los periodistas, para que la información pública sirva realmente a quien le pertenece, que es el público”.

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1 Comentario
Tony 16:12 28/1/2019

Enhorabuena por este análisis de la situación del periodismo en nuestra 'gran' nación. Un reportaje que dificilmente encontraríamos en los grandes diarios ya que jamás se dignarían a hacer autocrítica.

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