Periodismo
Andrés Sorel y la derrota de ‘Liberación’

El 7 de enero de 2019 falleció Andrés Sorel. Presidente del periódico Liberación, Sorel explicó a El Salto en 2017 cuáles fueron las vicisitudes que llevaron a fracasar el primer intento de un diario “a la izquierda del país” tras la restauración democrática.

Andrés Sorel montaje liberación
Andrés Sorel (Segovia, 1937-Madrid, 7 de enero de 2019)​. El Salto

publicado
2019-01-12 07:09:00

Este es el relato de dos fracasos. Uno, discreto, el que ha dado lugar a este artículo. Es el resultado de la incapacidad del redactor de publicar un resumen de la entrevista que hizo a Andrés Sorel una mañana de enero de 2017 en una cafetería de Alonso Martínez, en Madrid. Se hizo en el contexto de un artículo para el lanzamiento del número 0 de la revista El Salto. Como en otras ocasiones, demasiados intereses generan grandes descartes. La conversación con Sorel, de una hora y media, quedó atrapada entre un cambio de móvil, el trabajo en torno al lanzamiento del medio y cierta indolencia.

El segundo fracaso es el que motivó en primer lugar la entrevista. Liberación es una de las grandes derrotas, la más antigua, de la prensa independiente —radicalmente independiente— desde la restauración democrática. Sorel fue fundador y presidente de un diario que tuvo corta vida —la oficial, de seis meses; la del proyecto, de dos años— y peor suerte.

De todo ello dio testimonio en un libro amargo, con pasajes líricos, otros más densos, La desolación de la utopía, publicado en 1987 por Ediciones Libertarias. Un ajuste de cuentas con el ecosistema político que hizo imposible que Liberación —un medio de disenso “contra la progresiva socialdemocratización, uniformadora y represiva”— se desarrollara entre las empresas periodísticas de los años 80.

Liberación
Número de lanzamiento de Liberación con firmas de adhesión. Fotografía El Salto

La apuesta socialista

En mayo de 1984 el ministro de Cultura socialista, Javier Solana, procedía en Consejo de Ministros a liquidar la prensa del régimen franquista. Caían Pueblo, AlertaYa estaba a punto de hacerlo por sus deudas— y, con ellos, un puñado de periódicos locales y regionales que habían crecido en la macabra fiesta de caciquismo y corrupción que fue el régimen anterior. La apuesta ya estaba encima de la mesa. Los medios del régimen no iban a ser absorbidos de ninguna manera por la democracia, cuya línea de trabajo iba a ser el desarrollo de un mercado de medios privado con tendencia a la concentración en pocas empresas: venta a precio de saldo de lo público para escapar de la impronta franquista en esos medios públicos. Veteranos de la prensa monárquica —ABC—, del accidentalismo —La Vanguardia— y noveles útiles como el Grupo Z y extremadamente útiles como El País, iban a copar progresivamente el espacio dejado por la prensa tradicional.

La llegada de los socialistas al poder había decantado decisivamente a El País al espectro de la sociedad civil de centro-izquierda, tras un inicio ligado a las opciones de dos delfines del franquismo, José María de Areilza —más ambicioso que hábil en el juego de sillas del fin de régimen— y Manuel Fraga. El periódico, controlado por Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián tras una guerra legal con otros accionistas, contaba con potencia de fuego suficiente para moldear una audiencia acorde con la propuesta socialista de González y Guerra.

Así lo explicaba Sorel: “Cebrián, que estuvo en sus últimos años muy vinculado al régimen, tenía una visión, igual que el director de Santillana —de la editorial que había publicado libros de la educación franquista—. Comprendían que había un nuevo público, nuevas mentalidades del año 77 y que tenían que dirigirse a ellas. Fue una operación comercial ganarse a toda aquella gente que había militado en el PCE o eran socialistas, y dar una información distinta a la que daban los otros periódicos”. En varias ocasiones, Pedro J. Ramírez —hoy en El Español— ha lamentado la ventaja competitiva de El País aportada por el tardofranquismo en forma de licencia de actividad. Lo cierto es que, cuando llegó Liberación, El País ya había ocupado el centro del tablero.

No hay sitio para ti

¿Había espacio para un periódico independiente de izquierdas? El tiempo demostró que no. Cientos de firmas de la intelectualidad de la época y unas cuantas miles de personas dispuestas a sostenerlo económicamente creyeron que sí. Nombres de auténticas leyendas del periodismo, el activismo, la intelectualidad.

El aplauso de Julio Cortázar a la iniciativa y el tirón de Georges Moustaki, plato fuerte de un concierto en el Palacio de los Deportes (hoy Wizink Center) dieron incluso cierta relevancia europea a la salida de Liberación. Hoy, en las páginas amarillentas de sus más de cien números también pueden verse las firmas de escritores reconvertidos en bufones o guarniciones intelectualizantes de la extrema derecha.

El intento de un espacio liberado en prensa se presentaba con estos principios: 

Primer diario (no un segundo diario complementario en lo ideológico, radical, opinión, etc). El radicalismo debe ser informativo.

* Modelo de periódico informativo-interpretativo con elementos populares en el diseño, lenguaje y presentación.

* No será un periódico de opinión, sino informativo en primer lugar.

* Profesional, serio, fiable, con una coherencia continuada.

* No sectario, ni panfletario, aunque claramente de izquierdas.

* No madrileño.

* Aunque dé una atención especial a los movimientos sociales, no pueden estos de entrada tener un protagonismo excesivo en las páginas de Liberación. En modo alguno caería en un puzle de comunicados ni en un altavoz de querellas entre diferentes grupos y sectores.

* Importancia de lo gráfico, asumiendo las propuestas de [Guillermo] Armengol en cuanto a fotografía.

* Lenguaje propio: serio pero desdramatizado, riguroso pero no aburrido ni abrumador.

Liberación -cooperativas
El mundo de las cooperativas, en un reportaje de Liberación. Fotografía El Salto
En enero de 2017, Sorel explicaba que la idea surgió en Valencia. Mercedes Arancibia —que se convertiría en la primera directora de un periódico en España— y su pareja, Antonio Albiñana, escuchan una entrevista del Loco de la Colina, Jesús Quintero, con Andrés Sorel.

Antes de Liberación, Sorel —nacido Andrés Martínez López— había vivido toda una vida dirigiendo Información Española, un boletín informativo del Partido Comunista de España editado en el París de Carrillo. En el 72 desapareció Información Española, en el 74, Sorel abandona (o es abandonado) por el PCE de Carrillo. Unos años después, el matrimonio Arancibia-Albiñana escucha la radio —quizá el medio de comunicación más influyente de la década de los 80—. Proponen a Sorel que se incorpore al medio que están pensando. Acepta y abren la primera cuenta.

Banco Exterior de España. Francisco Fernández Ordóñez, a la sazón presidente del banco, exministro de la Unión de Centro Democrático, futuro ministro socialista, recibe a Andrés Sorel que abre una cuenta con 400 duros. Fernández Ordóñez “se quedó tan extrañado cuando yo abrí una cuenta para un periódico con 2.000 pesetas que me invitó y luego me adelantó 20 millones que me siguen reclamando todavía”, comentaba Sorel aquella mañana de 2017.

Otra mañana, 32 años antes, Sorel despierta a Julián García Vargas, presidente del Instituto de Crédito Oficial, a quien conocía por haberle ayudado a comprender el marxismo, “Julián, mañana no podemos salir con el periódico porque no tenemos dinero”. El ICO aportaría otros 20 kilos, “que cuando el periódico quebró, el Gobierno no reclamó”. La deuda del Banco Exterior aparecería después en el libro de cuentas del Banco Bilbao Vizcaya, que reclamó infructuosamente, el dinero a Sorel durante muchos años.

Esos 40 millones de pesetas (240.000 euros) y una campaña de bonos de apoyo de 5.000 pesetas, iban a ser el principal ingreso para una cooperativa de 20 trabajadores. Pero el dinero en los medios de comunicación se quema a ritmo de persecución. La publicidad, que entra en los primeros números, empieza a escasear pronto. A los anuncios de Telefónica o de la recién nacida Comunidad de Madrid le seguirán números cada vez más secos de anuncios.

Así lo recordaba Sorel:“La publicidad dejó de entrar absolutamente y sin publicidad un periódico que está concebido para que viva fundamentalmente de eso no tenía razón de ser. Por otra parte la publicidad te exige, la publicidad se hace para que tú te adaptes. Son las grandes editoriales que pagan las que exigen que se hable y que se hagan entrevistas a sus autores y, si tú quieres hablar de libros que no encajan dentro de esa política, la publicidad no te llega. Si atacas a las farmacéuticas no vas a pedir que haya publicidad de farmacéuticas, todo esto para un periódico es vital”.

Salarios, distribución y papel, no siempre por ese orden eran, en 1984, los factores determinantes para la supervivencia de un medio. El dinero es material fungible en cualquier medio de comunicación y Liberación se toparía con obstáculos en todos los frentes ya desde el comienzo. Así lo escribió en Liberación. Desolación de la utopía:

“Apenas quince días antes de salir la prensa católica, editora del Ya, rescindió el contrato verbal que había suscrito para tirar en sus talleres (...) Hubo que buscar, a la desesperada una nueva imprenta. Se consiguió pero arrastrando su no experiencia de tirada de diarios, sus medios limitados para conseguir sacar 60.000 ejemplares en menos de cuatro horas. La primera noche la imprenta trabajó exhaustivamente, y aun con errores, consiguió lanzar, no completa, la edición. Las noches sucesivas viviríamos en sobresaltos constantes: cuando no se rompía el papel, paraban las máquinas, cuando no eran los fotolitos los que estaban en mal estado o llegaban demasiado tarde, eran los retrasos de quienes impedían su distribución acordada con los ruteros”.

Más dolorosa, más definitiva, es la que anticipa el que será el final del periódico. Una hoja informativa denuncia que “Liberación también despide” (8 de marzo de 1985). El conflicto es en el departamento de montaje, preimpresión. Las asambleas posteriores agudizan la tensión. Comisiones Obreras ocupa el periódico pidiendo la readmisión de los despedidos. Liberación empieza su corta carrera hacia el fin, seis meses después de su nacimiento. En otro tiempo se pensaba que la revolución requería mártires, pero un medio de comunicación no es la revolución y requiere, más bien, salarios justos y pagos puntuales de nóminas.

El momento ‘Liberación’

Problemas económicos, difícil encaje político. Liberación surge en pleno debate sobre el ingreso en la OTAN, el famoso “de entrada, no” del PSOE que se convierte en un sí. El desengaño se deja notar en forma de reconversiones. Batallas campales contra futuros parados autorizadas por el “nuevo” ministerio de Interior en Vigo y Gijón, en el contexto de la agenda socialista hacia la integración en la Comunidad Económica Europea.

El estamento militar —aún inquieto después del golpe del 23F— ve en la Alianza Atlántica un territorio de despliegue económico. El Ejército es francamente hostil a Liberación, pide el secuestro de la publicación tras un atentado de ETA en Madrid que coincide con un editorial-llamamiento a la paz. Los militares denuncian los llamamientos de diálogo del periódico en el conflicto vasco, llamamientos que Sorel seguirá haciendo el resto de su vida. Las relaciones con el Gobierno socialista quedan marcadas por ese rechazo frontal de los militares. Y no solo. Años después se sabrá que la contrasubversión de finales de los años 70 ha mutado en los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), nacidos en el 83 en el seno del Ministerio de Interior. Sorel lo explicaba así en 2017: “El PSOE organizó un acto en El Paular, con Felipe [González], yo fui por el periódico, y luego publiqué una crónica que ya hablaba de las cloacas del Estado. Nosotros en eso no teníamos absolutamente ninguna censura ni autocensura. Me llamó una vez Alfonso Guerra y en la entrevista que tuvimos no llegamos a ningún entendimiento en absoluto, porque los partidos lo que quieren de alguna manera es que estés cerca de ellos. El PCE tampoco colaboró nada”.

Carrillo, en su carrera hacia la nada política —y los inicios de su carrera hacia la relevancia tertuliana— calificó Liberación como “anarquizante”. Gerardo Iglesias, sustituto del eterno secretario general comunista, apenas ocultaría su satisfacción tras el anuncio de cierre del tabloide.

Liberación 3.
Artículo en Liberación sobre la huelga en Gijón tras la muerte de Raúl Losa en una protesta contra la reconversión. Fotografía El Salto

También había problemas internos. En el periódico conviven varias tendencias de la izquierda de la post Transición: “Había gente que era de la Liga Comunista [LCR], del movimiento comunista, que era socialista, o bastantes libertarios, anarquistas… Cuando uno quiere imponer, su forma de pensar y que se incline por eso, el medio acaba teniendo graves problemas. Había gente muy buena, en colaboradores, opinión, en la redacción... pero sí, hubo problemas”.

¿Cómo se engarza Liberación en la transición, llega demasiado tarde o demasiado pronto? “Llega pronto, ten en cuenta que cuando sale es el 85, todavía el PSOE aparecía como un partido del cambio, de la Transición. Estaba no muy lejos el intento de golpe de Estado y quizá fue, y esa era una discusión que hubo en la redacción, quizá estaba demasiado avanzado para el lector, que era más tradicional y que no asumía aquellos principios tan rupturistas en todos los aspectos, pero sobre todo sociales, políticos, culturales…”.

Sorel se refiere también a la crisis económica en la que estaba inmersa el país: desde diciembre de 1977 hasta diciembre de 1984 el paro ha pasado del 5,7% al 21,1%. Los sindicatos —las míticas Comisiones Obreras de Marcelino Camacho— comienzan un proceso de cambio que, a pesar del canto del cisne de la huelga de 1988, se agudizará en los años 90 con la inserción en la lógica estatalista y el triunfo de José María Fidalgo con el cambio de siglo al frente de CC OO.

Otra dificultad: el periódico, que nacía con un deseo explícito de no ser “madrileño” no encuentra nadie al otro lado del teléfono en Catalunya y en Euskadi. Los costes de distribución al resto del Estado cortan, asimismo, el flujo a otros territorios. La tirada baja de 30.000 a diez mil ejemplares. Liberación no consigue trascender al ecosistema central y centralizado, aunque tiene relativo seguimiento en ciudades como Gijón o Valencia.

La derrota, no obstante, está acompañada de un legado. La memoria de sus errores puede servir de guía, también los momentos estelares de su corta historia. Su visión abierta de la cultura, su preocupación por los contenidos ecologistas. Una agenda feminista incipiente. La atención a los problemas sociales: la heroína, la marginación, el paro. Momentos estelares que alguien ha calificado esta semana como una Primavera de Praga informativa, que se apagó sin muchas luces pero que perduró en el imaginario de una minoría que llega hasta nuestros días.

Sorel, después de ‘Liberación’

A pocos pasos de la cafetería Santa Bárbara, donde Fidalgo y Soraya Sáenz de Santamaría desfilaban a principios de los 2000 ante la atenta mirada de un viejo comunista, de un escritor pertinaz, de un militante de largo aliento, Sorel explicaba a El Salto las penurias a las que le había llevado la reforma de las pensiones de 2013 de Fátima Báñez y Mariano Rajoy. Como otros creadores, sus ingresos quedaban mermados —o tenían que renunciar al derecho a su pensión— en cuanto pasasen de 9.000 euros anuales. Sin embargo, y pese a esa última tarascada, el escritor no había sido derrotado. Hablaba de la campaña de fake news, de los WhatsApp que allanaron el camino de Trump a la presidencia; de los riesgos de “apoltronamiento” en el Podemos de principios de 2017, del 15M.

Sorel hablaba también de los medios de comunicación de hoy, de los de ayer y de los de siempre. “Yo también escribí en El País hasta el año 90. En el 91, cuando la guerra de Iraq, hice un artículo muy crítico que tuvo una importante adhesión de gente: el director general del libro y varios funcionarios del Ministerio de Cultura, a los cuales [Jorge] Semprún echó. Los lapidó. A partir de ese momento, El País me dijo ya no nos interesan tus opiniones”.

Sorel, que había sido censurado por el ministro Fraga durante los 60 y los 70, se encontró con un muro más difícil de saltar: “Ahora no te prohíben, no existe esa censura, existe la del silencio excluyente, la censura económica es muy fuerte... En estos tres o cuatro últimos años, personalmente vivo de los derechos de autor y de los daños colaterales de la literatura, conferencias, jurados, cosas de esas. Lo que hacen ahora es excluirte: los únicos que te invitan son los que no pueden pagar nada. Incluso con las colaboraciones pasa igual, los que no pueden pagar, con esos puedes contar, con lo otro es imposible”.

Quedamos en seguir en contacto. Posteriormente, leyendo La historia del PCE, de Gregorio Morán, supe algo más del Sorel de antes de Liberación. Quedé pendiente de leer su libro sobre ETA, de la que llegó a ver su final, en mayo de este año. El 7 de enero de 2019, dos años después de aquella conversación que no fue publicada y fue apenas digerida, Andrés Sorel falleció en Madrid.

Liberación -OTAN
“Felipe González no quiere que salgamos de la OTAN”, artículo en Liberación. Fotografía El Salto
Liberación -boyer
“Boyer espera que aumente el consumo y bajen los salarios” en el periódico Liberación. Fotografía El Salto
Liberación -OTAN 2
Más pasos del Gobierno socialista hacia la integración en la Alianza Atlántica. Fotografía El Salto
Liberación
Reportaje en Liberación sobre la entrada de la heroína entre la juventud de los 80.
Liberación -aborto
Reportaje sobre los viajes de mujeres a Holanda para abortar. Fotografía El Salto
Liberación -Alaska
Alaska, en la cartelera cultural de Liberación. Fotografía El Salto
Liberación -Ramoncín
Entrevista con Ramoncín en el primer número de Liberación. Fotografía El Salto

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4 Comentarios
#29073 16:37 12/1/2019

Un periódico grande, adelantado entonces, impensable ahora - mira El Salto, La Marea, pariendo para salir 1 vez al mes ... Durante meses lo esperamos como agua de mayo. El suplemento cultural era la caña. El anuncio del cierre fue un jarro de agua fría. Un aviso más del paquete felipista, que ya se venía de sobra encima. Todavía había ingenuos que pedían paciencia. Ahora hay manos invisibles que embadurnan la espalda de Felipe González, mientras él le hace la fellatio a los ultramillonarios del mundo. Hace falta más caña ...

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#32836 13:46 10/4/2019

El Salto, como muchos otros medios, parece heredero de una tradición, la de Liberación. Parece que las cosas han cambiado mucho, las formas, las tecnologías... pero los problemas, los retos y los debates son esencialmente los mismos. Confío en que el final que le está reservado no sea el mismo. ¡Ánimo! Gracias por el currazo, por mantener este medio

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#29338 18:43 19/1/2019

Que la tierra le sea leve. Leí algunos libritos suyos en Zero ZYX y me hizo reflexionar. Un militante de izquierda con convicciones

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#29090 9:54 13/1/2019

No pudo ser y algunos que participamos en ello nos dimos cuenta entonces del país que teníamos y los valores del "cambio". GRACIAS POR HABERLO INTENTADO, Andrés.,

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