Laura Salomé Canteros: “Hubo dos millones de personas diciendo que el aborto es un derecho, de ahí ya no se vuelve”

La primera muerte de una mujer en Argentina tras la negativa del Senado a legalizar el aborto es el marco en el que la periodista Laura Salomé Canteros rememora una movilización histórica para las mujeres y el poso que ha dejado.


publicado
2018-09-01 06:00:00

Hoy es otra vez miércoles. Hace solo una semana, el 8 de agosto, la plaza del Congreso y sus alrededores estaban tan llenas de gente que era muy difícil avanzar. Quedan aún carteles y pintadas, y los pañuelos verdes atados en las mochilas y bolsos de muchas de las jóvenes que caminan por allí, entre el tránsito ruidoso de coches y autobuses que ahora toman las calles. Laura Salomé Canteros (Monte Grande, provincia de Buenos Aires, 1980), periodista feminista que integra la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, me ha citado en Los Molinos, “sí, ahí donde estaba la pantalla gigante durante el debate en el Congreso,” especificó.

Tuvimos que posponer la entrevista un día, pues ella participa en el espacio de comunicación de la campaña y el martes 7 una mujer de 34 años falleció tras haber intentado abortar utilizando perejil. Estuvo muriéndose dos días, dejó atrás un niño de dos años. Fue la primera muerte por un aborto clandestino después de que 38 senadores impidieran con sus votos que el aborto fuera finalmente legal, seguro y gratuito en Argentina, a solo decenas de metros de donde me encuentro ahora con Laura. Juntas atravesamos la plaza hacia la zona donde estaba el frente “provida”. “Salvemos las dos vidas”, decían hace una semana. Hoy hay una mujer muerta más.

Agotada, pero también emocionada tras unos meses muy intensos, Laura va contestando mis preguntas en medio del barullo de un bar de la zona. Terminada la entrevista, antes de despedirnos, me muestra los mensajes de agradecimiento y fuerza que siguen llegando a las cuentas de la campaña en las redes sociales, muchos de ellos escritos por pibas que con diversas palabras dejan la promesa de que esto no se acaba aquí.

Después del rechazo en el Senado de la Ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo, ¿cuál es tu balance?
Desde muchos espacios —no solo de militancia o políticos, sino también desde los medios— nos empezaron a preguntar “¿y ahora qué?”. En nuestra declaración tras el rechazo del Senado a la ley, lo que dijimos es que nos vemos en el Encuentro Nacional de Mujeres para seguir debatiendo y ver las mejores estrategias para seguir de ahora en adelante.

Como balance personal, nosotras lo dejamos todo. Creo que estuvimos todos estos 13 años de campaña preparándonos para llegar a este momento. Y fue toda la experiencia de esos años, y todo el capital político acumulado, lo que se pudo ver en la organización de la calle y en esos dos millones de personas que hubo. No fue casualidad. Por eso decíamos todo el tiempo que era histórico, porque estábamos logrando la movilización por una ley que es fundamental, que reconoce derechos, y estábamos logrando que nuestro mensaje fuera tan claro que conseguimos que una sociedad se exprese por la ampliación de ciudadanía. Nosotras ya ganamos. En un momento, desde las cuentas de la campaña empezamos a decir “la calle ya votó, será ley”, sabiendo que el Senado iba a votar en contra de nuestros derechos.

En estos 13 años, ¿cómo ha evolucionado la campaña, cómo ha ido conformándose su estructura?
La campaña surge en un Encuentro Nacional de Mujeres en 2005, o sea, es resultado de los encuentros y, de alguna manera, también copia sus modos de organización: se organiza de forma colectiva, horizontal, diversa y transversal. En la Cámara de Diputados se vivió esa estrategia transversal de apoyar una demanda ciudadana desde diferentes espacios políticos o parlamentarios. Es una estrategia de la campaña, que está conformada por más de 500 organizaciones que van desde colectivos de diez pibas hasta sindicatos y partidos políticos que adhieren en sus estatutos al derecho al aborto y forman parte de la campaña. Ahí convivimos y esas organizaciones aportan de diferente manera a la construcción de la campaña. Esta ha crecido, no solo en forma de organización, sino también en número.

Cuando empezó el debate en el Senado —que, de alguna manera, es el debate de lo que pasa en las provincias—, nos dimos cuenta de cuánto habíamos logrado, cuánto hemos avanzado en organización. En este caso, para visibilizar en un momento clave que era el debate de la ley, pero también porque sabemos que son esas mismas organizaciones las que batallan en los territorios por otras problemáticas que tienen que ver con todas nosotras. Son las mismas: muchas veces son la Multisectorial de Mujeres, ahora se sumaron las asambleas de Ni Una Menos. Son formas de organización que tienen que ver con las del movimiento de mujeres y que son las mismas que tiene la campaña.

Los medios dejaron de hablar del aborto como un derecho y empezaron a comprar de alguna manera esta estrategia discursiva de los antiderecho

¿Cuál es el clima emocional tras el 8 de agosto?
Primero, estamos muy cansadas todas. Creo que —por lo menos en la etapa del debate en el Senado— hubo una estrategia de desgaste para todas nosotras; no solo lo vivimos por el tiempo que pasaba, sino por la forma en la que se dio el debate. Claramente hubo muchísimas operaciones, hubo un debate casi a puerta cerrada en el que muchas periodistas feministas y de medios populares no podíamos entrar, no hubo acreditaciones para el día de la votación, hubo hostigamiento, nos hacían sacar los pañuelos para entrar al Senado, estábamos vigiladas, y eso se sentía no solo dentro del Senado, sino también afuera.

Me parece que hubo más blindaje de los medios. Los hegemónicos ya no nos llamaban tanto, habíamos dejado de ser esa novedad que fuimos cuando el debate en la Cámara de Diputados. Dejaron de hablar del aborto como un derecho y empezaron a decir: “Bueno, también hay derecho a la vida”, comprando de alguna manera esta estrategia discursiva de los antiderecho, como si fueran dos caras en el debate. Eso fue una estrategia de desgaste y me parece que sí, que estamos todas muy cansadas, pero también estamos muy emocionadas, contentas de lo que hemos conseguido, de lo que hemos logrado, de ver tres generaciones en la lucha, de haber disputado finalmente con nuestros argumentos dentro del Senado. ¿Hacía cuánto que no se escuchaban argumentos feministas dentro del Congreso? Eso es un logro y nos emociona muchísimo, que puedan nuestras compañeras hablar ahí dentro, que eso sea un registro que va a quedar para siempre.

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Argentina cuenta con una legislación bastante avanzada en cuanto a cuestiones de género, como el matrimonio igualitario, la Ley de Identidad de Género, la educación sexual integral. Sin embargo, no ha conseguido avanzar en una legislación sobre aborto que respete los derechos de las mujeres. ¿A qué crees que se debe esta resistencia específica?
Creo que nuestros argumentos fueron tan claros, tan convincentes, se entendieron tanto, que se dieron cuenta de que ganábamos en autonomía. Realmente creo que lo que se vio fue la reacción ante toda esta potencia, ante un movimiento de liberación muy grande. ¿Quién quiere liberar a más de la mitad de la población, que más de la mitad de la población tome sus propias decisiones? En el fondo estaba eso en disputa y, bueno, del otro lado tuvimos la reacción de todo lo conservador y retrógrado que existe todavía en la sociedad. Ahora nos preguntan si estamos apoyando el anteproyecto del Código Penal que incluiría la despenalización del aborto, y la verdad es que no, pues seguirían muriendo mujeres como sucedió ayer. Con la despenalización no resolvemos que una mujer acceda al derecho igualitario a la salud. Desde la campaña siempre hemos defendido la despenalización y la legalización. Sin la legalización nos quedamos a la mitad.

Con toda la potencia, toda la credibilidad social y política que hemos acumulado en todo este tiempo, no podemos ir para atrás. Hubo dos millones de personas exigiendo la despenalización y la legalización, exigiendo políticas públicas, exigiendo presupuesto, diciendo que el aborto es un derecho. Me parece que de ahí ya no se vuelve.

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Ante ese gran choque entre una movilización popular masiva y una decisión tomada por un puñado de senadoras y senadores que frustra todo este proceso, ¿qué enseñanzas podemos extraer en términos de democracia?
Fue uno de lo debates más informados para la sociedad, con retransmisiones récord, con miles de espectadoras y espectadores conociendo quiénes son quienes nos representan. Abrimos esa discusión sobre la representación y otra discusión, que es la agenda que se viene, sobre la separación entre la Iglesia y el Estado, y la empezamos a abrir de forma masiva. Asomó esto de quiénes deciden la cosa pública. Claramente el Senado no estuvo a la altura y ha votado a espaldas de lo que nosotras llamamos la puebla feminista. Ha votado a espaldas de una demanda ciudadana y no ha propuesto ninguna solución a la problemática planteada. Se planteó una problemática: hay mujeres presas y muertas por abortar en Argentina. Después de tanto tiempo no hubo ninguna resolución, solo un rechazo, y eso algún costo tiene que tener.

¿Cómo te explicas esa presencia inédita en las calles de cientos de miles de personas muy diversas y, en particular, de tantas chicas jóvenes?
Creo que fue muy fuerte el pañuelo verde como símbolo. Como nosotras siempre decimos, si a algún genio creativo de una agencia de publicidad se le hubiera ocurrido, le hubiéramos dicho que no. Se dio así, fue una expresión genuina, una expresión de muchos años, y en ese pañuelo se aunaron muchas otras demandas. Obviamente el derecho al aborto fue lo suficientemente amplio para que las pibas hablaran sobre educación sexual, para demandar desde las provincias: “Miren, aquí no hay programa de salud sexual y reproducción responsable, y a la vez tenemos al ministro de Sanidad diciendo que hay 50.000 hospitalizaciones al año producto de abortos inseguros”. Eso hizo a la masividad y a que de todos lados se pueda tomar como propio el reclamo, como los pibes diciendo: “Queremos ser libres a la hora de ejercer nuestra sexualidad”, los varones incluso. Me parece que ese pañuelo ha logrado aunar muchísimas otras demandas y, en última instancia —es lo que nosotras decíamos en la campaña—,­­ es un símbolo de libertad. Y me parece que fue eso lo que salió a la calle. Cada uno entiende la libertad desde su subjetividad, y eso fue lo que ha movilizado tanto. Y también la injusticia.

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¿Cómo se articula la lucha por el derecho al aborto dentro del feminismo argentino? ¿Por qué crees que las campañas que iniciáis tienen tanta potencia y repercusión dentro y fuera de vuestras fronteras?
La campaña se fortaleció en los encuentros feministas latinoamericanos junto con compañeras de otras regiones que también impulsaban el armado de redes para luchar en cada uno de los países por el derecho al aborto. La demanda entró en las asambleas Ni Una Menos y se hizo masiva desde ese lugar hasta llegar al salto a la gran política, a estar en la agenda de las instituciones del Estado, a disputar desde ahí la forma en la que queremos que se hable sobre nosotras, la forma en que queremos que nos reconozcan como personas.

Y creo que la situación actual se debe, primero, a tantos años de organización, a tantos años de que nos ignoraran; de que han querido ignorarnos desde muchos otros espacios, y eso hizo la potencia. Y que, cuando salimos con potencia a la escena pública, ya estábamos organizadas. Nos estuvimos organizando durante muchísimos años antes del momento en el que saliésemos a la escena pública para disputar todo lo que estamos disputando. Para mí el movimiento feminista es el movimiento de cambio más poderoso del mundo, en este momento. Sin ninguna duda. Tiene esta potencia de hablar desde nosotras mismas con nuestras subjetividades, con nuestra propia voz, con muchísimas estrategias ocupando todos los espacios que tenemos que ocupar y tensionando y empujando desde todos esos espacios. Hay una estrategia de unidad también que nos estamos dando en este momento, que no es menor. Ponemos un tema y vamos todas por eso. Y sí, obviamente que hay disputas en relación a cómo hacemos eso, pero vamos todas por eso, y me parece que hoy en día es eso lo que está siendo exitoso.

Sin embargo, el rearme del patriarcado, el giro autoritario en la región, no parecen dibujar un escenario precisamente de esperanza.
Me parece que nos toca realmente armar una red de feministas latinoamericanas, e internacional todo lo que podamos, pero en principio diría latinoamericanas para poder contrarrestar todos estos golpes y esta avanzada que viene hace muchísimos años, pero que la vemos con mucha potencia, con mucha prepotencia, que es una avanzada machista real. ¿Quiénes son los líderes del mundo y qué proponen? proponen más guerra, más represión, exclusión, más puniciones, no un mundo que nosotras queremos.

Compartirnos estrategias entre todas nosotras debería ser una necesidad a partir de este momento porque realmente el rechazo del Senado se suma a las avanzadas represivas en toda la región, y lo vivimos de esa forma, no lo podemos leer de otra forma, es lo que está pasando.

En Centroamérica es muy fuerte cómo los lobbies de las iglesias evangélica y católica actúan de la mano, no solo en los territorios, no solo en los ámbitos privados de las personas, sino también en la cosa pública con la estrategia clara de frenar las agendas de género en la región. Y es un lobby que actúa no solo en los parlamentos internos de los países si no también en las disputas que se dan en los organismos internacionales y en diferentes instancias regionales. Lo hemos visto ahora con el lobby en el Senado previo al rechazo. Necesitamos compartir estrategias con nuestras hermanas que ya los conocen, porque ellos son los mismos, nosotras cambiamos, evolucionamos, pero ellos son los mismos, sabemos quiénes son. Las iglesias evangélicas ahora armaron un frente y se quieren presentar a elecciones, se suman a quienes ya conocemos que es la Iglesia Católica y los grupos fascistas de Argentina que todo el tiempo son la fuerza de choque de los sectores más conservadores de la Iglesia.

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