Los electores de izquierdas, huérfanos de las elecciones presidenciales francesas

El Partido Socialista y Les Républicains han quedado fuera de juego y la segunda vuelta verá enfrentarse al liberal Emmanuel Macron a Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha.

Emmanuele Macron y Marine Le Pen
Emmanuele Macron y Marine Le Pen durante un debate televisivo ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Archivo El Salto

publicado
2017-05-06 11:45:00

El 23 de abril, la primera vuelta de la elección presidencial francesa supuso un terremoto, aunque no una sorpresa, para los dos principales partidos del país. El Partido Socialista y Les Républicains han quedado fuera de juego y la segunda vuelta verá enfrentarse al liberal Emmanuel Macron a Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha.

Ante esta situación, los simpatizantes de izquierda se encuentran divididos sobre la estrategia a adoptar: votar a Macron para impedir que Le Pen acceda al poder, votar en blanco o abstenerse, considerando que el liberalismo representado por el primero es la causa del fascismo encarnado por la segunda.

A diferencia de lo que ocurrió en 2002 con la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta, el resultado no se ha traducido en una reacción inmediata contra la extrema derecha, sino más bien en el rechazo a elegir entre los dos candidatos. El llamamiento de hace 15 años al “frente republicano” ha sido en gran parte sustituido por lemas como “Ni patrie ni patron, ni Le Pen ni Macron” o “Sans moi le 7 mai” (Sin mí el 7 de mayo), especialmente entre los jóvenes.

Entre los electores mayores, en cambio, algunos no quieren tomar el riesgo de abstenerse y dar la victoria a Le Pen. Es el caso de Raoul, un funcionario de 40 años, que había vivido el 21 de abril de 2002 como un verdadero choque: “Ya no voto para mí, sino para las tres personas que conforman mi hogar. Ya no es cuestión de postura, sino de cosas concretas”. Su pareja no es francesa y no tiene el derecho de voto. Hablaron para decidir qué hacer, porque él vota por ambos. Al principio decidieron votar en blanco porque “Macron es un insulto a la inteligencia colectiva, votar por él significa aceptar que te confisquen tu voto”. Pero cambiaron su decisión porque “la Policía y el Ejército están completamente gangrenados por el fascismo y el nacionalismo”. De origen español, Raoul no olvida que su familia huyó el franquismo y que todos somos los hijos “de la historia trágica del siglo XX”. Por esta razón, probablemente votará por Macron este domingo, ya que considera que su voto no tiene que ser un acto individual, sino colectivo: “No es mi opinión personal la que debe expresarse, pero mi voto debe servir para algo, por lo tanto servirá para oponerse a Marine Le Pen”.

“Mientras se maltrate al pueblo, sobre todo económicamente, el populismo de extrema derecha tendrá resultados muy altos, y podría acabar ganando”
Michel, periodista, ha vivido este resultado con mucha decepción pero sin sorpresa. Su único alivio es que François Fillon “mordiera el polvo” y que Jean-Luc Mélenchon obtuviera casi un 20% de los sufragios, “lo que podría suponer el inicio de una necesaria refundación de la izquierda”. Tacha de imbécil la negativa de Benoît Hamon, el candidato socialista, a unirse al líder de La France Insoumise, conduciendo la izquierda a la derrota. Para él la historia se repite: “Mientras se maltrate al pueblo, sobre todo económicamente, el populismo de extrema derecha tendrá resultados muy altos, y podría acabar ganando”.

En caso de una segunda vuelta entre Fillon y Le Pen, seguramente no habría votado por el ex primer ministro de Nicolas Sarkozy, imputado por varios delitos, entre otros desvío de fondos públicos y abuso de bienes sociales. Aunque ha sido un apoyo incondicional de Mélenchon, votará por Macron sin ninguna duda, “un reflejo natural y sano. Es una elección contra Le Pen y de ninguna manera por Macron y su proyecto político. Se trata, una vez más, de salvar la democracia y las libertades. Es una cuestión de higiene elemental”.

Élise, maestra, tampoco se sorprendió: “Sufrimos una avalancha de programas políticos, de programas de análisis de los discursos, de análisis de los análisis, de encuestas sobre las encuestas, etc. Esa orgía nos ‘preparó’ para este resultado. Hoy votar por el Frente Nacional ya no es un tabú”. Le duele, pero ella también va a votar por Macron, aunque con amargura: “Pienso que su política no cambiará nada para la gente humilde que vota a Le Pen, y que seguirá votando a Le Pen porque se siente excluida. Pero yo no quiero experimentar la agresividad, la mentira, la violencia, el desprecio, el racismo, la homofobia, la mujer en casa, la prensa censurada… No quiero odio entre las personas.”

Laurent, un enfermero de 41 años, ha vivido muy mal este resultado porque creía en la posibilidad de Mélenchon de acceder a la segunda vuelta. La diferencia que ve entre 2002 y 2017 es que “esta vez todos nos lo esperábamos”. En 2002 eligió a Jacques Chirac contra Jean-Marie Le Pen, “con el resultado que conocemos”: un 82 % de votos, la promesa del vencedor de tener en cuenta una situación muy especial y, al final, una política de derecha como si nada. Un precedente que condiciona su decisión. Todavía no sabe si votará o no, y si lo hace su “única motivación será el antifascismo”.

Claire, profesora de enseñanza secundaria, lo ve de una manera bastante similar. Recuerda la elección de Chirac y su discurso “muy solemne y paternalista: ‘Sé que ha sido un voto contra el FN y no un voto de adhesión, lo tendré en cuenta. No os dejaremos al lado de la carretera, etc.’. Personalmente, no tengo la sensación que me recogieran mientras estaba haciendo autostop”.

Ella también ve la diferencia y la evolución en comparación con 2002: “Chirac fue elegido con muchísimos votos, lo que no pasará con Macron, si gana. Hay una especie de normalidad, de rutina, de banalización del voto FN. Da miedo que un 40% [según las útimas encuestas] de la población pueda votar a este partido por decepción, asco o desacuerdo. Yo, cuando no estoy de acuerdo, no voy a votar o no voto por lo que sea”.

Su primera reacción viendo los resultados de la primera vuelta fue “me abstengo, para mí los dos son detestables. No se trata de coraje, impulso, tontería o ingenuidad, sino de perseverar en mis convicciones y no conformarme con un mal menor”. Cambió de opinión viendo la estimación del porcentaje de abstención: “Para impedir la elección de Le Pen, hace falta que algunos vayan a votar, y no solamente los partidarios de Macron. Cuantos menos votos tenga el FN, más personas manifestarán su oposición a sus ideas. Soy una traumatizada del 21 de abril de 2002: daré mi voto para que los que no quieren votar puedan hacerlo”.

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