Tecnología
El rechazo a la tecnología de reconocimiento facial llega a la música

Una campaña pide la prohibición de los sistemas de reconocimiento facial en conciertos y festivales en Estados Unidos. Artistas como Tom Morello, Amanda Palmer y el grupo punk Downtown Boys se han sumado a la iniciativa.

Downtown Boys, contra la tecnología de reconocimiento facial en los conciertos
Downtown Boys, uno de los grupos y artistas que apoyan la campaña contra la implantación de tecnología de reconocimiento facial en conciertos. Sancho R. Somalo

La promesa de mayor seguridad y eficiencia en la entrada a los grandes —y pequeños— eventos musicales con la que las mayores empresas del negocio —principalmente Ticketmaster, integrada en el emporio Live Nation— están justificando el uso de tecnología de reconocimiento facial en conciertos y festivales ha encontrado una china en el zapato, una honda enfrentada a un Goliat que puede hacer que el gigante se replantee sus posiciones.

El grupo activista estadounidense en defensa de los derechos digitales Fight for the Future lanzó el 10 de septiembre una campaña que busca concienciar sobre los aspectos más negativos que implica el hecho de que los asistentes a conciertos y los propios músicos puedan ser identificados mediante el reconocimiento facial. La iniciativa desmonta los argumentos utilizados por las grandes empresas, enumera los errores y advierte de los peligros que conlleva la implantación de esta tecnología de vigilancia.

“La vigilancia mediante reconocimiento facial es excepcionalmente peligrosa”, afirmó Evan Greer, subdirectora de Fight for the Future, en la presentación de la campaña. “No mantiene a los fans ni a los artistas seguros, solo les somete a un control invasivo, basado en prejuicios raciales, que inevitablemente llevará a que los fans sean hostigados, arrestados bajo falsas acusaciones, deportados o cosas aún peores”, resumió Greer.

La campaña ha recibido el apoyo de músicos como Tom Morello, guitarrista de Rage Against the Machine, Audioslave y ahora enrolado en Prophets of Rage; la cantante Amanda Palmer; el dúo de música electrónica Thievery Corporation o el grupo de punk Downtown Boys, entre otros. El festival Summer Meltdown, que se celebra en una pequeña localidad montañosa en el estado de Washington, también ha anunciado su apoyo a la iniciativa.

Música
Downtown Boys son chulas, no son pendejas

Las canciones de Downtown Boys incluyen las instrucciones para prender la mecha y que el incendio nos pille bailando en la oscuridad. Su gira española ha confirmado lo que se intuía en los discos: este grupo rabioso y mestizo es lo mejor que le ha pasado al punk en años.

El objetivo de la campaña es promover que Ticketmaster y su compañía madre Live Nation dejen de utilizar la tecnología de reconocimiento facial en los conciertos que organizan. Ticketmaster pertenece a Live Nation Entertainment, el gigante mundial de la industria de los eventos en directo que opera en régimen casi monopolístico y presume de que cada 15 minutos se celebra un concierto suyo en algún lugar del mundo. Ticketmaster se encarga del ticketing (la venta de entradas), mientras otras divisiones de la compañía llevan a cabo la organización de giras y conciertos, la promoción de eventos y la representación de artistas.

En 2018, Live Nation ganó más de 1.300 millones de dólares solo con el ticketing. En abril de ese año, anunció que iba a “seguir invirtiendo en tecnología para diferenciar a Ticketmaster de otras compañías en el negocio del ticketing”. La novedad era un acuerdo de colaboración e inversión con Blink Identity, una empresa “puntera en la tecnología de reconocimiento facial” de modo que, según Live Nation, se podrá asociar la entrada digital a un concierto con la foto de quien la compra “y solo tendrás que entrar al espectáculo”.

Blink Identity, que hizo oficial el acuerdo con Live Nation el 27 de mayo del año pasado, explica en su página web que su equipo fundador ha dedicado la última década a construir e implementar sistemas de identificación biométrica a gran escala en Oriente Medio para el Departamento de Defensa estadounidense. Y ahora la empresa ha decidido entrar en el mercado comercial.

Con respecto a su trabajo en vigilancia en espectáculos musicales en directo, Blink Identity afirma que su portal de seguridad, basado en su software privativo experimentado por el uso militar, permite a la organización de un festival o de la sala de conciertos identificar hasta 60 personas por minuto, utilizando el registro de las llamadas huellas faciales.

errores fatales y sesgos racistas

La campaña de Fight for the Future para eliminar el reconocimiento facial en conciertos y festivales forma parte de una más amplia desarrollada por la organización que pide la prohibición general del uso de esta tecnología de vigilancia, dado que es “tendenciosa, poco confiable y una amenaza a derechos básicos y a la seguridad”.

El software de reconocimiento facial se ha desarrollado desde los años 60. La tecnología cartografía los rasgos faciales de una persona usando algoritmos matemáticos. Una vez almacenadas, estas imágenes, las huellas faciales, pueden ser utilizadas por los cuerpos y fuerzas de seguridad para verificar la identidad de una persona.

Pero su fiabilidad está muy en entredicho: The Independent publicó en mayo de 2018 que el 98% de las alertas generadas por el software de reconocimiento facial empleado por la Policía Metropolitana de Londres eran falsos positivos.

El gobierno de China es uno de los más entusiastas con el empleo de la tecnología de vigilancia. Se cifra en unos 176 millones el número cámaras de vigilancia facial instaladas ya en el país, uno de los pioneros en la aplicación de la identificación facial en espacios como las salas de conciertos y los andenes de metro.

Tecnología
La oposición a la tecnología biométrica

El reconocimiento facial ya se está extendiendo por Japón, Suecia y Estados Unidos. Una medida securitaria que atenta contra los derechos fundamentales y la privacidad.

Para la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización sin ánimo de lucro que defiende las libertades civiles en el mundo digital, el uso de las huellas faciales por parte de los cuerpos de seguridad estadounidenses acarrea dos problemas: la permanente presencia en bases de datos que no se borran —este colectivo cifra en más de 117 millones de personas las que tienen una foto de su cara en alguna base de datos en Estados Unidos, uno de cada dos ciudadanos adultos del país— y que han sido tomadas sin consentimiento de las personas fotografiadas, registradas por un drone o grabadas por un sistema de circuito cerrado de televisión (CCTV); y la falta de regulación al respecto, puesto que ningún Estado ha limitado el uso que las fuerzas de seguridad pueden hacer del reconocimiento facial.

La EFF también considera que la tecnología de reconocimiento facial no es muy precisa identificando a personas racializadas, especialmente las de piel más oscura, “lo que puede llevar a arrestos desproporcionados de minorías”.

Un ejemplo sonado fue un estudio hecho público a finales de julio de 2018 por la American Civil Liberties Union (ACLU), la organización por los derechos civiles estadounidense, que analizó el software Rekognition de Amazon con el sorprendente resultado de que 28 congresistas fueron confundidos erróneamente con sospechosos de delitos. La ACLU construyó una base de datos de caras y una herramienta de búsqueda usando 25.000 fotos públicas de criminales. Después, cruzaron las imágenes de esa base de datos con las fotos, también públicas, de cada miembro actual del Senado y la Cámara de Representantes. El resultado fue que, según el software de Amazon, 28 de esos congresistas eran criminales. Pero esta prueba también detectó un sesgo que se puede calificar como racista en este servicio de reconocimiento de imágenes de Amazon: 11 de los 28 falsos positivos eran negros, cuando el porcentaje de congresistas de color en EE UU apenas llega al 20%.

Otro caso es el de Ousmane Bah, un joven de 18 años que en abril demandó a Apple por mil millones de dólares tras ser detenido en noviembre del año pasado debido a que el sistema de reconocimiento facial de una de las tiendas de la compañía de la manzana le vinculó erróneamente con una serie de robos de lápices de Apple —instrumentos cuyo precio oscila entre 88 y 111 euros cada uno y que se usan con el iPad Pro— de tiendas de Connecticut, Massachusetts, Nueva Jersey y Nueva York.

En realidad, Bah habría resultado la víctima de ese ladrón, puesto que anteriormente le sustrajo su carnet de identidad y su permiso de conducir provisional, haciéndose pasar por él. De alguna forma, el nombre de Ousmane Bah se vinculó a las imágenes del verdadero ladrón tomadas en las tiendas Apple. La compañía no realizó ningún comentario tras la demanda y se limitó a negar que use la tecnología de reconocimiento facial en sus tiendas. En junio se celebró la primera sesión del juicio.

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