Elecciones
La hora de Redondo

El Gobierno anuncia un posible adelanto electoral si no sale adelante la votación de Presupuestos de esta semana. Pedro Sánchez y su jefe de Gabinete, Iván Redondo, diseñan una estrategia para hundir al PP y evitar la dependencia de los votos de ERC y PDeCAT.

Pedro Sánchez -Moncloa
Foto de La Moncloa del presidente Pedro Sánchez.

publicado
2019-02-12 06:40

Madrid, 10 de febrero de 2019. No hay un millón de chalecos en la plaza de Colón, aunque el plumas sin mangas es tendencia en la capital. La ciudad habla y manda un mensaje ambiguo. A la España de los balcones se le ha visto el cartón, no tanto por la asistencia a la concentración —decenas de miles, si no un centenar de miles— como por la percepción general de que el tiempo de una estrategia de tensión que toca a su fin. Son los minutos de la basura de una movilización que, no obstante, está a punto de conseguir su principal reivindicación, que Sánchez convoque elecciones.

Vuelve el PSOE cabal

El mensaje que se lanza desde el viernes 8 de febrero es que el Ejecutivo ha renunciado al propósito de sacar adelante los presupuestos generales de 2019, que deberían pasar su primera ronda —la que permitirá su tramitación— esta misma semana. El Gobierno ha anunciado que decidirá la fecha de los comicios después de la votación de mañana miércoles.

Los últimos tuits indican que Sánchez se lanza sin red a ocupar (con c) el vasto campo del centro político que le han dejado los tres partidos que se manifestaron el domingo en Madrid (sin contar a Falange ni España 2000). El presidente vuelve a hablar de “separatistas”, reclama el timón de la España “moderada, cabal y progresista” y engarza mensajes en clave electoral. Sólo falta la fecha para que el Gobierno se vuelque definitivamente a la promoción de su marca. Todo puede ser un gigantesco farol para que ERC y PDeCAT sufran un ataque de vértigo ante el posible regreso de la derecha al poder. Pero el movimiento está en marcha y ya es muy difícil de parar.

Se le achaca a Iván Redondo, jefe de Gabinete de La Moncloa, la planificación de la legislatura en sus detalles fundamentales, especialmente en el principal: hasta cuándo debe resistir Pedro Sánchez, dicho de otro modo, cuándo tiene más opciones de salir victorioso de las elecciones generales. El arúspice dirá cuándo ha llegado la hora de jugársela, de momento los medios reciben filtraciones contradictorias que conducen a lo mismo: se acerca el momento Redondo. Como aperitivo, se anuncia el comienzo de los trámites de la exhumación del cadáver de Franco.

La sobrereacción ante el anuncio de la apertura de una mesa de diálogo de partidos ha sido el preludio de un nuevo juego de manos por parte de Sánchez y Redondo. Configurando un nuevo centro político sin aspavientos, Sánchez se asegura partir con ventaja en unos comicios “exigidos” por la derecha. 

La terrible noticia es que Sánchez ha configurado ese nuevo sentido común de centro sobre la base de que el diálogo sobre Catalunya es imposible. Renunciando a sacar adelante los presupuestos —salvo cesiones que los partidos soberanistas no están en disposición de hacer salvo un ataque de vértigo antes de la votación del miércoles— Sánchez ha dibujado un escenario mucho más propicio al encuentro con Ciudadanos que a la reedición del circunstancial pacto de la moción de censura.

El PSOE no puede obtener una mayoría absoluta —nadie puede— pero tiene en su mano tratar de desencadenar la peor crisis posible sobre el Partido Popular: situarlo por debajo de cien diputados y sin mayoría en el Senado. Si las elecciones se adelantan a las del 26 de mayo, una derrota sonada del PP puede incrementar la desbandada de concejales populares hacia otras orillas.

POPULARES Y CIUDADANOS

El riesgo del adelanto electoral es alto si la derecha trifásica se encuentra como ha sucedido en Andalucía, pero la oportunidad es mayor. El partido de Casado sigue destrozado por la sentencia de la Gürtel y las revelaciones sobre la financiación de la campaña de 2011. Eso convierte al PP en el eslabón débil del proyecto de la derecha en España, a pesar de que aún se trata del único partido de los tres capaz de llamar a rebato a las filas conservadoras, bien a través de los medios de comunicación afines —Cope, La Razón (Atresmedia) o Abc — bien fletando autobuses con bocata y refresco. Esa hegemonía lo convierten en el objetivo a batir, y nunca, en el siglo XXI, fue posible hacerlo como lo es ahora.

En su “juego de la gallina”, el PP lo ha arriesgado todo a la línea aznarista. A pesar de que fueron Rajoy y Sáenz de Santamaría quienes establecieron la estrategia del Estado sobre Catalunya y contra los líderes independentistas, el partido de Casado no va a obtener los réditos por ello, después de haberse volcado en el eje de los bulos argumentales y el bidón de gasolina antes que en el de la razón de Estado. En ese campo desquiciado, Vox se ha colocado en posición ventajosa. El partido de Abascal y Ortega Smith explotará el escaparate del juicio del 1-O para apurar la copa de sus posibilidades que, en cualquier caso, se sitúan en torno a la barrera de un 10% del voto. Trece de cada cien votantes del PP pueden pasarse a Vox en las próximas generales.

La posibilidad de un adelanto de Ciudadanos al PP es la mejor noticia para el PSOE actual, pese que el PSOE representado por Felipe González y Alfonso Guerra —boqueante, pero revitalizado en los medios de comunicación antes de la manifestación del 10 de octubre— se encuentre hoy más cómodo en el nacionalismo español que representa el partido de Rivera, antes que en el culebreo que ha acompañado a Sánchez durante toda su carrera. En cualquier caso, el pacto PSOE-Ciudadanos sigue siendo una apuesta demasiado atractiva para la Unión Europea y el Ibex, una vez que el PP parece incapaz de provocar una amnesia colectiva que borre su legado de corrupción.

unidos podemos, ni tan mal

El adelanto electoral tampoco es necesariamente una mala noticia para Unidos Podemos, que, sin duda, ha puesto mayor empeño que el PSOE en hacer posibles los presupuestos de 2019 y en cerrar un acuerdo para una solución dialogada con PDeCAT y ERC. Atenazado por el miedo a una abstención aun mayor que la de junio de 2016, la coalición de las izquierdas tiene, no obstante, la oportunidad de cosechar en las elecciones generales un resultado digno y, sobre todo, de emitir un mensaje controlado y, hasta cierto punto, unívoco.

Para eso, el requisito imprescindible es no tener que jugárselo en una sola fecha. El marco de la alerta antifascista es sólido, más sólido que el del “cambio sensato” que se medirá en las elecciones locales y autonómicas. Los costurones en las experiencias del cambio —más el desgarrón de Madrid—, y el descalabro organizativo, han hecho del 26 de mayo una fecha peligrosa para el proyecto en construcción de Unidos Podemos. El adelanto a abril, o a las primeras semanas de mayo, es más manejable. Un mal resultado —quedarse lejos del 15,4% actual— desencadenaría muy probablemente el debate del “relevo” de la dirección en plena campaña autonómica, europea y local, pero es preferible a correr el riesgo de perder todo el trabajo de cuatro años en una sola noche.

En todo caso, la aspiración de Unidos Podemos a ser, por sí solo, necesario para un Gobierno de Pedro Sánchez —o entrar en dicho Gobierno— requiere de una aritmética casi imposible de obtener en el equilibrio ideológico actual. El pacto con ERC y PDeCAT tras unas elecciones generales es también un horizonte difícil de imaginar, una vez que, salvo novedad en las próximas horas, ha sido imposible sacar adelante los presupuestos y generar un clima de desbloqueo en torno a la situación de Catalunya.

La izquierda contará a su favor con el cambio de tendencia de las movilizaciones que ha comenzado con el pinchazo simbólico de la concentración de Colón. El próximo 8 de marzo, perderá con el posible adelanto electoral cualquier sesgo de impugnación a las políticas de Sánchez. Pese al esperpento realizado con el trabajo de hogar o al último anuncio sobre las pensiones, es difícil pensar que las reivindicaciones de la huelga feminista perjudiquen a los partidos que defienden que las decisiones sobre el cuerpo de las mujeres las tienen que tomar las mujeres.

Un último factor favorece la posibilidad de adelanto. La posible intervención militar americana en Venezuela (de Estados Unidos pero también de Colombia e incluso de Perú y Brasil) puede perjudicar a un PSOE en funciones de Gobierno. El marco del “No a la guerra” —en el que para los socialistas es más fácil de entrar en campaña que en el ejercicio del poder— influirá sin duda al electorado de izquierdas, hoy dividido por la figura de Nicolás Maduro. 

El momento Sánchez se acerca. Si los partidos de la moción reculan y aceptan los presupuestos de 2019, el presidente habrá obtenido una victoria sin modular un lenguaje distinto al que gusta en la capital del millón de chalecos. En caso de que no sea así, todo estará dispuesto para desplegar las alas en busca de la victoria electoral prometida por el jefe de Gabinete de La Moncloa. No va más.

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4 Comentarios
#30454 20:29 12/2/2019

Si Sánchez saca los presupuestos, será pasando por encima de un independentismo catalan que necesita al "enemigo español" para mantenerse unido.

Todo depende de las ganas que tenga Torra de autoinmolarse como martir de la nación catalana pasando unos años en la cárcel.

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#30452 19:41 12/2/2019

Creo que también el PSOE va a coger votos de unidos podemos,de los socialdemócratas que el lunes son de izquierdas y el viernes de centro y también de los de izquierda cansados del cambalache europeo y del leninismo del Pablo,todo el poder para los soviets pero sin ellos.

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#30447 18:38 12/2/2019

Sí, la clase media está superdividida por la figura de Nicolás Maduro.... ay madre... Elorduy, de verdad, pide cita con el psicólogo para te enseñe a distinguir deseo de realidad, es un consejo de amiga.

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Pablo Elorduy 19:13 12/2/2019

Hablo de los votantes de izquierdas, no de la clase media.

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