Bilbao
De Gabriel Aresti a Doctor Deseo

Estamos ante la antesala de otro ciclo de movilización y Bilbao está siendo, más que cualquier otra ciudad de Euskal Herria, testigo de todo ello. Como todo nuevo ciclo de movilización, lo viejo y lo nuevo se entremezclan y se articulan en formas complejas.

Mikel Alvarez
Miembro del sindicato LAB

publicado
2019-02-08 08:48:00

“Aleman barkua atrakatu da Zorrotzan. Zimentua dakar, ehun kiloko sakoetan. (…) Beti paratuko naiz gizonaren alde. Gilen. Anton.”

Estas palabras las escribió Gabriel Aresti en 1963 en un Bilbao que avistaba en el horizonte una nueva etapa en su vida política y social. En aquella década se empezaron a otear las luchas que articularían el panorama político de los 70, y por extensión, la resistencia contra la mal llamada transición. Los colores predominantes en el Gran Bilbao eran una amalgama de grises, una especie de apagón lumínico continuo. Sin embargo, algo empezó a cambiar aquellos años y no fue precisamente el color de la ría.

Las grandes organizaciones obreras en fábricas que agrupaban a miles de trabajadores, el incipiente movimiento vecinal, los cientos de miles de personas que llegaron a Bilbao y a la margen izquierda labrarse un nuevo futuro, el esperanzador movimiento feminista con “las 11 de Basauri” a la cabeza, la nueva ola modernista de la cultura vasca… Aquel ciclo de lucha se construyó desde un sustrato obrero y popular, desde las calles y sobre todo, desde la inteligencia colectiva. Existía una pulsión; conciencia del momento e inconsciencia transgresora. Definitivamente, entrado en universos cuasifilosoficos, el eros de la acción colectiva se impuso al thanatos del contexto catastrófico. 

Pero han cambiado muchas cosas en el contexto urbano de ambas orillas del Nervión. Las ciudades se han potenciado como espacio de acumulación del capital, donde los datos se han convertido en infraestructura necesaria para la economía financiera; las ciudades también son referentes vivenciales y comunicativos de sus respectivos territorios. Pero si algo han demostrado las ciudades, eso es que son espacios de disputa política, vanguardia de los cambios que se han producido en los últimos años. La ciudad no solo hay que pensarla en clave municipalista, que también, sino en clave de hegemonía nacional y constructora de relatos exportables a otros contextos no tan asfaltados.

Estamos ante la antesala de otro ciclo de movilización y Bilbao está siendo, más que cualquier otra ciudad de Euskal Herria, testigo de todo ello. Como todo nuevo ciclo de movilización, lo viejo y lo nuevo se entremezclan y se articulan en formas complejas. Ahí tenemos, por ejemplo, el movimiento feminista y el movimientos de pensionistas, las luchas estrella que han estado en boca de todas. La lucha feminista, como expresión de lo novedoso (que no de lo nuevo) tanto a nivel político como organizativo; la lucha de las personas pensionistas, como recordatorio de que las lógicas de movilización clásicas y la implementación de las organizaciones históricas (como por ejemplo los sindicatos) todavía tienen un peso determinante en el devenir político de la ciudad.

Necesitamos espacios colectivos para debatir sobre todo esto que está pasando. Sería un error que las reflexiones políticas que realicemos se queden en nuestra parcela concreta o comunidad más cercana. El futuro se está escribiendo mediante articulaciones más amplias en clave de soberanía(s) para los pueblos y las personas. En Euskal Herria, y concretamente en el Bilbao Metropolitano, tenemos condicionantes que nos facilitan transitar por ese camino compartido. Es momento de que la acción colectiva se imponga, una vez más, al contexto de disputa capitalista y fascista que se está adueñando de la vieja Europa y del estado español.

En ese sentido, la dinámica Plaza Hutsa que vamos a poner en marcha desde la izquierda soberanista este sábado en Portugalete quiere ser otra pincelada más en el lienzo que tenemos que dibujar entre todos los agentes políticos, sociales y sindicales del Bilbao Metropolitano; porque lo tenemos que hacer entre todas, cada una desde su espacio pero con vocación de ser universales y transversales.

Articulemos la pulsión del eros y dejemos el thanatos para otro momento. Es el momento de abrir otra era, otro ciclo, que para cuando venga el momento del thanatos ya tenemos alternativa. De Gabriel Aresti a Doctor Deseo: “Morirse en Bilbao, no hay nada mejor, quemar la vida, para volver a nacer, de nuevo en tus brazos”

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