Solo un 1% de maltratadores no sentenciados a prisión es condenado a un tratamiento

Del total de condenados a medidas alternativas a la prisión, apenas el 1% recibió como pena la asistencia a un programa de intervención. Una investigación concluye que la tasa de reincidencia tras un tratamiento es solo del 6,8% y que se concentra en los dos años posteriores al programa.

Manifestacion Violencia Machista
Manifestación contra la violencia machista en noviembre de 2016 Manu Navarro

publicado
2017-10-18 13:00:00
Solo un 6,8% de los agresores machistas condenados a penas y medidas alternativas a la prisión reincide tras pasar por un programa de tratamiento. Es la conclusión de un estudio que analiza la eficacia de los PRIA-MA (Programa de Intervención para Agresores en Medidas Alternativas).

El estudio, titulado ‘Reincidencia de los agresores de pareja en Penas y Medidas Alternativas’, analiza los datos obtenidos entre 2010 y 2015 para tratar de medir la eficacia de los programas de tratamiento de agresores machistas, que la Administración Penitenciaria puso en marcha en 2001 y que ha ido adaptando en los últimos años.

Solo 125 de un total de 13.462 agresores condenados a penas y medidas alternativas en el primer semestre de 2017 recibieron como pena la asistencia a un tratamiento

Se trata de un programa que tiene una duración de diez meses en 37 sesiones. Pese a su eficacia, los datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del primer semestre de 2017 indican que solo 125 de un total de 13.462 agresores condenados a penas y medidas alternativas, es decir, un 1%, recibieron como pena la asistencia a este programa.

Sin embargo, son muchos más los que participan en los PRIA-MA, ya que entre los condenados a trabajos en beneficio de la comunidad (9.500 en el primer semestre de 2017), muchos pueden elegir voluntariamente asistir a este programa. En 2015, 6.320 finalizaron algún tipo de tratamiento específico.

Un programa "eficaz"

Para la investigadora Meritxell Pérez Ramírez, coautora del estudio junto a Andrea Giménez-Salinas Framis y Manuel de Juan Espinosa, la tasa de reincidencia del 6,8 es un dato que confirma la eficacia del programa y que lo alinea con otros estudios de referencia internacionales, que arrojan un índice de reincidencia en torno al 8%.

“Es un buen dato teniendo en cuenta que estamos hablando de datos oficiales”, advierte la investigadora, que reconoce que hay una parte de “cifra negra” que la investigación no puede desvelar.

De hecho, el estudio mide la “reincidencia policial”, es decir, calcula la reincidencia con datos policiales, en base a si hay nuevas denuncias por delitos del ámbito de la violencia de género en los cinco años siguientes al tratamiento.

Algunos estudios indican que la tasa de reincidencia se duplica y hasta triplica cuando el agresor abandona el programa de tratamiento psicológico

Otro de los límites de la investigación es que no tiene en cuenta los abandonos del tratamiento. “Por referencias de otros estudios internacionales sabemos que el porcentaje de reincidencia se duplica y hasta triplica cuando hay abandonos; es importante que se vigilen esos casos porque el abandono es un factor de riesgo para la reincidencia”, advierte la investigadora del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Los datos: 46 agresores de los 678 que componen la muestra motivaron una nueva denuncia policial en los cinco años posteriores al tratamiento. Casi el 60% de ellas tuvo lugar en los dos primeros años tras el tratamiento.

Pérez Ramírez insiste en que el estudio evalúa el programa aplicado a personas que han sido condenadas a penas y medidas alternativas, es decir, no mide la eficacia del programa aplicado a personas condenadas a penas de prisión. “Estamos hablando por tanto de personas que han cometido un delito que no tiene entidad como para motivar el ser enviados a prisión, por eso el perfil es de menor riesgo; y con ese perfil, el programa es es exitoso”.

LA REINCIDENCIA ES MAYOR SI SE PREGUNTA A LA VÍCTIMA
Según un estudio mencionado en el informe, los agresores de pareja en general presentan una tasa de de reincidencia del 21%, pero esta reincidencia asciende hasta el 35% cuando se mide con información procedente de la víctima.  En el ámbito específico de agresores que reciben tratamiento en la comunidad (no penas de prisión), estudios similares arrojan la cifra de un 8% de reincidencia, que asciende hasta el 20% cuando hay abandono del programa.


La investigación también trata de establecer diferencias entre reincidentes y no reincidentes. De los más de treinta instrumentos utilizados para comparar los perfiles, solo se han encontrado diferencias significativas en cuatro variables: los reincidente muestran mayor agresividad física, menos deseabilidad social, menos empatía y menor control, de la ira. “Lo que nos ha sorprendido es que no son tan diferentes”, dice la investigadora. 

Con los datos en la mano, el estudio recomienda en sus conclusiones protocolizar el seguimiento del usuario en los dos primeros años una vez finalizada la intervención, profundizar en el análisis del perfil de los reincidentes para poder detectarlos precozmente antes del tratamiento, adaptar la intensidad de la intervención en los casos de reincidentes y vigilar los casos en los que no haya habido cambio terapéutico.

La terapia produce cambios cognitivos y mejora el control de la ira, pero se encuentra con la barrera de la negación: muchos creen que no han hecho nada
¿Qué cambios se producen en esta terapia? Según Pérez Martínez, hay cambios “a todos los niveles: cognitivo, control de la ira, actitudes sexistas, abuso emocional”. Sin embargo, para que estos cambios se produzcan hay que romper una barrera inicial de negación. “Muchas veces ellos no reconocen haber agredido a su pareja, entran con mucha negación y rechazando la intervención porque creen que no han hecho nada”, explica.

¿Es posible comprobar que han cambiado realmente? “Lo cierto es que pueden intentar fingir y mostrarse como no son, pero la nueva denuncia policial no la pueden fingir”, asegura la experta. Por otra parte, “uno de los instrumentos que administramos es precisamente para comprobar si ellos manipulan las respuestas”.

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