Andalucía
La historia, la novela y el mito de Gonzalo Guerrero: de la denigración imperial a símbolo anti-imperialista

El objetivo de este artículo es analizar desde la sincronía y la diacronía las diversas modalidades textuales sobre Gonzalo Guerrero puesto que el conquistador paleño constituye el núcleo de una serie discursiva histórico-literaria. Desde modo y bajo su paradigma, se elabora una trayectoria discursiva cuya génesis se encuentra diversas crónicas de Indias del siglo XVI; mientras que en el siglo pasado, su llamativa peripecia vital deviene figura literaria para concluir como mítico “Padre del mestizaje”, en México. En consecuencia, el devenir del signo Gonzalo Guerrero configura un palimpsesto; esto es, una superficie heterogénea desde la que es posible rastrear las marcas de una genealogía textual inspirada en la intertextualidad que conforma su historia. Así, para el análisis se puede elaborar una analítica de su plasmación textual, esto es, el examen de sus condiciones de posibilidad en sus versiones y reversiones; descomponiendo su significación diacrónica en diversos niveles; en algunos casos, complementarios; en otros, antagónicos. A saber: 1. Nivel referencial, 2. Nivel histórico, 3. Nivel ficcional y 4. Nivel mítico. La perspectiva epistemológica de este trabajo es heterogénea: el análisis del discurso de T. van Dijk y la hermenéutica descolonial.

Gonzalo Guerrero
Reconstrucción de la posible imagen de Gonzalo Guerrero Pensar Jondo
Fernando Limeres Novoa es investigador crítico, especialista en literatura, antropología e historia en perspectiva descolonial
13 jun 2020 13:33

Si Borges ficcionalizó la aculturación en su significación histórica, esto es, eurocéntrica, en su Historia del guerrero y la cautiva; Guerrero expresa la trayectoria inversa y antagónica. Dado que su peripecia vital se define por su inmersión absoluta en la sociedad maya a punto tal de organizar su defensa frente a la conquista española. De este modo, su figura, en sintonía con los planteos de Foucault, socava en primer lugar la idea de sujeto de la modernidad, puesto que no representa una estructura formal de la subjetividad, apriorística según Descartes o Kant sino una subjetividad, permeable, dúctil, atravesada por la contradicción histórica de su época; en la que según Quijano capitalismo y la colonialidad del poder suponen fenómenos concomitantes; y en cuyo contexto, las identidades culturales se codifican por el color de la piel y la racialización sella los destinos en una organización social fuertemente jerarquizada. En este aspecto, la trayectoria de Guerrero supone en sí misma una interpelación vehemente al proceso de colonialidad español en América en su momento genésico.

0. Síntesis biográfica

Gonzalo Guerrero nace en Palos de la Frontera, Huelva, en 1470 y muere en un enfrentamiento militar contra sus compatriotas en la actual Honduras, en 1536. La indeterminación biográfica funcionará, en primer lugar, en los testimonios iniciales sobre su onomástico: Marinero, Gonzalo de Aroca o de Aroza, bautizado Gonzalo Guerrero por el cronista López de Gómara, según Rosa Pellicer. Ni bien la vacilación nominal concluya bajo el definitivo de Gonzalo Guerrero, se opera la apertura de significación inherente, según Barthes, a todo nombre propio al que se le añadirán sus especificidades vitales. En este aspecto, el cese de vacilación nominal comporta el aditamento de sus diversos atributos que conformarán una suerte de síntesis biográfica: marinero y soldado son sus profesiones. Participa en la toma de Granada en 1492, bajo las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba y luego lo sigue a Nápoles. En 1510 ya se encuentra en América con Nicuesa. El 18 de agosto de 1511 el barco al mando de Juan de Valdivia naufraga. Con grandes penalidades, Guerrero y sus compañeros alcanzan las costas de Yucatán. Capturados por una tribu maya, se fuga junto con su compañero Jerónimo de Aguilar y viven con otro grupo indígena. Hasta aquí la homologación de las trayectorias de ambos compañeros; ambos asumirán destinos divergentes, divergencia que narrada por los diversos cronistas se vuelve, como veremos, una antinomia irreductible: porque en tanto que Aguilar, es requerido por Cortés, necesitado de intérpretes,. por lo que abandona la vida tribal para convertirse en traductor del conquistador de Tenochtitlán; mientras que Guerrero se niega: su negación constituye un tópico de su figura; esto es, representa el comienzo de su deserción sociocultural, criticada con acritud por cronistas como Fernández de Oviedo pero también, política y su incorporación a la sociedad maya. Convertido en su instructor bélico; forma familia con Zazil Há, llamada también Ix Chel Can, hija de un cacique principal, Nachan Can. Muere en combate contra el invasor Lorenzo Godoy en 1536.

1. Nivel referencial

La división en niveles de los discursos sobre Guerrero constituye un procedimiento de análisis que evidencia, en general, la evolución de sus representaciones, concatenada en una secuencia de significaciones variables pero concomitantes; dado que cada nivel presupone y reelabora el núcleo de significación dominante en el anterior; por esta razón configuran una serie adnominal formulada en vínculos de complementariedad y oposición -isomorfismo y heteromorfismo discursivos-; aun cuando cada enunciado de la serie en un contexto más amplio e inmediato contrae una relación semiótica con la ideología de la sociedad de su tiempo; vinculación cuyas marcas son perceptibles en ciertos casos. Dado que su figura no solo en su contexto histórico inmediato expresa la extrañeza radical de los comentaristas de su época sino que se formula mediante una paradoja que la define: la morfología de su significación discursiva se encuentra atravesada por la paradoja que resignifica la subjetividad del conquistador: conquistado por la sociedad a la que venía a sojuzgar.

En el nivel referencial, se origina la genealogía discursiva sobre Guerrero. La referencialidad informativa constituye su sentido primigenio sin aditamentos de posiciones interpretativas secundarias en el discurso. Solo la voluntad de verosimilitud, la certeza en la transparencia del lenguaje para referir los hechos. Según Gámiz Vidiella, se lo menciona por primera vez en el “Cuestionario” escrito por Cortés en el “Juicio de Residencia” en 1529, a casi 20 años de los sucesos de la conquista. El texto de Cortés es una defensa legal formulada en tramos explicativos y narrativos de sus acciones frente a las más de 100 acusaciones en su contra. Narra la llegada de los náufragos. Destaca ya las elecciones antagónicas de Aguilar y Guerrero pero no los menciona por sus nombres. En la narración cortesiana, el posicionamiento discursivo de Guerrero es lateral; constituye una anécdota al servicio de una finalidad comunicativa diversa. En este caso, la incorrección nominal, es decir, la inseguridad designativa da cuenta de la lateralidad anterior, esto es, de la prevalencia de una anécdota narrada al par en un contexto textual de finalidad diversa. De esta manera, la memoria cortesiana es pragmática y la aculturación de Guerrero solo en enunciada en un fragmento narrativo pero no interpretada. Sin embargo lo anterior no obsta para que los rasgos de su prosopografía se conviertan además en la causa – repetida por otras cronistas- de la renuencia de Guerrero a reintegrarse con los españoles, dado que su aspecto y su casamiento, constatan ya su inmersión plena en la sociabilidad local:

“Llegaron tales, que si los indios no lo remediarán, no escapa nenguno. E ansí murieron todos, ecebto dos, de los quales era este, el uno (Jerónimo de Aguilar), y el otro, un Morales, el qual no abia querido venir, porque tenía ya oradadas las orexas, y estaba pintado como indio, e casado con una yundia, e ternia hixos con ella”. (1) 

2. Nivel histórico

El nivel histórico se integra por fragmentos de las crónicas de Indias de la segunda mitad del siglo XVI, subgénero narrativo híbrido que combina la historia natural, la etnografía y el testimonio personal en la urgencia de una ingente cantidad de textos que más que historiar formularán un imaginario de América y de los americanos cuyos tópicos alcanzan a condicionar el presente . En términos pragmáticos, son textos que se escriben desde y para el poder; justifican la acción de conquista desde la política o desde la ortodoxia religiosa o bregan por su profundización y afianzamiento; aunque procuran configurar testimonios verídicos como en casos de Fernández de Oviedo o Bernal Díaz del Castillo, por esta razón enfatizan la naturaleza empírica de lo narrado como la garantía de veracidad de sus historias. Porque la condición de testigo de los acontecimientos narrados se vuelve un parámetro que sobre el que se sustenta la veracidad narrativa.

Uno de los primeros testimonios sobre Gonzalo Guerrero es el que corresponde a Andrés de Tapia. De acuerdo con la historiografía, fue el primer español que reconoció en Cozumel a Jerónimo de Aguilar, compañero de naufragio de Guerrero y quien volverá con los españoles para servir de intérprete a Cortés. Cronistas como Bernal Díaz del Castillo o Cervantes de Salazar coinciden en señalar a Andrés de Tapia como quien identifica a Jerónimo de Aguilar. 

Andrés de Tapia es un amanuense de Cortés y escribe una breve crónica, una de las primeras, centrada en su figura, a quien denomina, en una operación mayestática, durante todo el relato “marqués”; en reconocimiento del título nobiliario concedido en 1529 por Carlos I al extremeño. El conquistador es el auténtico punto axial de la narración: la “Relación de algunas cosas de las que acaecieron al Muy Ilustre Señor Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, desde que se determinó ir a descubrir tierra en la Tierra Firme del Mar Océano”. El autor es consciente de que lo sucedido, la conquista de México, es de una relevancia tal que merece ser referida y entendida como consecuencia de la estrategia política de Cortés. Este utilizaba de intérprete a un joven maya, capturado en Isla Mujeres. Mediante sus informaciones supo de unos españoles cautivos de un cacique y envió emisarios entregarles unas cartas de invitación para que se integren a sus fuerzas.

Tapia narra este encuentro con Aguilar y este le refiere la historia del naufragio, su vida con los indios y lo más importante: la negativa de Guerrero a presentarse ante Cortés. De esta manera, en el relato de Tapia el núcleo narrativo se expande. Expansión significa que el encuentro con el náufrago Aguilar, excautivo, supone una consecuencia de la decisión de Cortés. Por otra parte, la referencia a la horadación de nariz y orejas de Guerrero así como la pintura de rostro y manos y su casamiento con una mujer maya suponen no solo una recurrencia sino sus atributos puesto que se repetirán en todos los textos con ligeras variantes. En el plano semiótico, expresan una metonimia de la cultura maya que los españoles de la época no entenderán fuera de las categorías que el discurso religioso les suministra con la excepción de Guerrero: porque en este contexto entender la cultura local supone dejar que esta inscriba sus marcas en el propio cuerpo. De este modo, el cuerpo de Guerrero es el signo que declara su incorporación voluntaria a la cultura autóctona pero también la naturaleza irreversible de su decisión. Guerrero lo sabe y por esta razón se excusa dado que su opción supone en la concepción de la época no solo una afrenta o traición sino una apostasía*`´.

“(…) El navio se fue a fondo con los demás, e que a ellos los habie llevado Dios a aquella tierra, e que él habie trabajado de contentar a un señor indio en cuyo poder habie estado, e otro español habie tomado por mujer a una señora india, e que a los demás los indios los habien muerto; e que él sintió del otro su compañero que no quería venir, por otras veces que le habie hablado, diciendo que tenía horadadas las narices y orejas, e pintado el rostro y las manos; e por esto no lo llamó cuando se vino” (2). 

Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) nombrado en 1533 por el emperador Carlos V cronista oficial de las Indias formula desde y para el poder un discurso histórico con pretensiones científicas que se mixtura con la etnografía y la historia natural al modo de Plinio, en su Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano. En consecuencia, en sus representaciones, la alteridad es de signo negativo, esto es, percibe a los indígenas como recurso natural, mano de obra esclava imprescindible para el proceso de acumulación capitalista que se inicia con la colonización americana. En este aspecto, Fernández de Oviedo codifica una otredad ya racializada; determinada por la colonialidad del poder según Quijano que construye a los otros en relación con la función laboral que la organización colonial necesita. Por consiguiente no sorprende su evaluación negativa de Guerrero en el contexto de una lógica representativa que va evolucionando desde el binarismo a la antinomia. El cronista expande todavía más la historia, establece Cozumel como el lugar del encuentro; indica su lugar de nacimiento e introduce la transcripción del intercambio epistolar entre Guerrero y Cortés. En el contexto de la serie, otra novedad es la valoración que hace de su figura, promotor del ataque a los españoles al que calificará de “traydor é renegado, marinero, llamado Gonzalo” y atribuye a una formación doctrinal errónea y a una “ruin casta”, ¿judía?; como causas de su conducta. Frente a otros cronistas, la ideología de Fernández de Oviedo le impide solo referir o narrar, esforzándose por construir el simulacro de objetividad basado en lo empírico que él mismo pregona. En consecuencia, su narración se entreteje con su juicio, el que termina por imponerse por sobre el relato. De manera que aquí no solo es importante contar que pasó sino más bien sino la intepretación negativa de lo sucedido.

“Y este Gonzalo, marinero, era del condado de Niebla, y estaba ya convertido en indio, é muy peor que en indio, é casado con una india é sacrificadas las orejas é la lengua, e labrado la persona pintado como indio, é con mujer é hijos, del cual se supo de esta manera.

(…) Este mal aventurado, como se debiera desde su principio aver criado entre baxa é vil gente, é no bien enseñado ni dottrinado en las cosas de nuestra sancta fée cathólica, ó por ventura (como se debe sospechar) él seria de ruin casta é sospechosa a la misma religión christhiana (…)”(3). 

Francisco Cervantes de Salazar (1513-1575), humanista toledano, ejerció de profesor de retórica en la Pontificia Universidad de México. Se traslada antes de 1550 a la Nueva España y allí redacta su Crónica de la Nueva España. Emplea como fuente primaria el texto de Tapia, relata el encuentro de este con Aguilar e introduce el encuentro de Aguilar con Cortés. Ya no es únicamente la voz narrativa la que refiere la historia sino que incorpora la voz de Aguilar para otorgar mayor inmediatez al relato: de modo que si en la historia de Fernández de Oviedo predomina la comunicación escrita; es la oralidad la dominante ahora. Ya que es el mismo Aguilar quien refiere el naufragio y la historia de Guerrero y en esta, por primera vez se introduce la razón por la cual los indios lo estiman. Frente a la indignación imperial de Fernández de Oviedo, ahora sobreviene la razón de la estimación de los mayas. Más práctica y menos dogmática que los improperios del airado Fernández de Oviedo. Además, el narrador de Salazar construye a Guerrero no como traidor sino como padre de familia; siendo esta la causa de su decisión de afincarse:

“Los otros cinco mis compañeros murieron en breve, con la ruin vida que pasaban; quedó yo solo e un Gonzalo Guerrero, marinero, que estaba con el cacique Chatemal, y casó con una señora principal de aquella tierra, en quien tiene hijos; es capital de un cacique llamado Nachancan, e por haber habido muchas victorias contra los enemigos de sus señores, es muy querido y estimado; yo le envié la carta de vuestra merced y rogué por la lengua se viniese, pues había tan buen aparejo y detúveme esperándole más de lo que quisiera; y no vino, y creo que de vergüenza, por tener horadadas las narices, labios y orejas y pintado el rostro y labradas las manos al uso de aquella tierra en la cual los valientes solo pueden traer labradas las manos; bien creo que dexó de venir por el vicio que con la mujer tenia y por amor de los hijos” (4).

Pedro Mártir de Anglería (1427-1526) constituye uno de los más relevantes cronistas de la conquista. Escribe literatura testimonial, literatura filoimperial, literatura referida que convierte la oralidad en escritura pues se basa en los testimonios de los conquistadores. En el libro VI capítulo II de sus “Décadas del Nuevo Mundo” en el contexto de la llegada de Cortés a Cozumel relata el encuentro con Aguilar pero omite toda referencia a Gonzalo Guerrero: “Después de este fausto suceso, gozoso Cortés por haber salvado a Aguilar, que le había de venir muy bien como intérprete, se marchó de Cozumela” (5).

La omisión es extraña dado que la razón de la escritura de Mártir de Anglería son los recurrentes pedidos de novedades de América por parte del Papa y de príncipes y nobles europeos y la referencia a Guerrero constituye un caso de extraordinario interés para sus lectores palaciegos.

La historia dual de Aguilar y Guerrero se presenta también en la “Relación de las Cosas de Yucatán” (1566) de Diego de Landa (1524-1579) quien establece la perspectiva de la ortodoxia religiosa en la representación discursiva de la historia mediante la contraposición de ambos, en este contexto no es tan importante el relato histórico como la construcción de la antítesis moral entre Aguilar y Guerrero:

“(….) Quedaron solo Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, delos cuales Aguilar era buen cristiano y tenía unas horas por las cuales sabía las fiestas. Y que éste se salvó con la ida del marqués Hernando Cortés, el año 1519, y que Guerrero, como entendía la lengua, se fue a Chectemal, que es la Salamanca de Yucatán, y allí le recibió un señor llamado Nachancán, el cual le dio a cargo las cosas de la guerra en que estuvo muy bien, venciendo muchas veces a los enemigos de su señor, y que enseñó a los indios a pelear mostrándoles la manera de hacer fuertes y bastiones, y que con esto y con tratarse como indio, ganó mucha reputación y le casaron un una muy principal mujer en que hubo hijos; y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar, antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba sus orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuese idólatra como ellos” (6).

La ideología de Landa funciona como principio composicional de todo el relato. Aguilar y Guerrero son dos opciones morales frente a la alteridad “barbara” e “idólatra”. Mientras que Guerrero ejemplifica un caso de apostasía que contrasta con la fidelidad de Aguilar que no solo retorna con los españoles sino que se convierte en intérprete de Cortés; colaborando de este modo con la empresa de conquista. La perspectiva religiosa pregna la historia de una enseñanza moral a la manera del “exemplum” medieval. Si la salvación se ejemplifica en Aguilar, su antítesis, la perdición radica en Guerrero. Contrariamente, Bernal Díaz del Castillo formula la focalización inversa. Opera una reversión de la secuencia de Landa; mientras que el responsable del “Auto de Fe de Maní” enuncia la censura típica del lugar de enunciación del religioso; en Bernal, es la empatía del narrador la que deja espacio discursivo para transcribir la propia respuesta de Guerrero frente a la invitación de Aguilar de ir con Cortés. En efecto, el artificio de Bernal constituye un punto axial en toda la serie porque Guerrero pasa de ser referencia discursiva a sujeto de su propio discurso; por consiguiente, la homogeneidad del lugar de enunciación se quiebra. Por lo que Bernal instaura una suerte de polifonía en el marco de su narración histórica.

“(….) respondió el Guerrero: hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tiénme por cacique y capitán, cuando hay guerras; la cara la tengo labrada, y horadadas las orejas ¿qué dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra esas cuentas verdes que traéis, para darle, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra. La mujer con quien Guerrero estaba casado, que entendió la plática de Jerónimo de Aguilar, enojada con él dijo: mirad con lo que viene este esclavo a llamar a mi marido, y que se fuese en mala hora, y no cuidase más. Hizo de nuevo instancia Aguilar con el Guerrero, para que se fuese con él; diciéndole, que se acordase era cristiano y que por una india no perdiese el alma, que si por la mujer e hijos lo hacían que los llevase consigo, si tanto sentía el dejarlos. No aprovechó tan santa amonestación, para que el Gonzalo Guerrero (que era marinero, y natural de Palos) fuese con Gerónimo de Aguilar, que viéndole resuelto en quedarse, se fue con los dos indios de Cozumel (Cuzamil) al paraje, donde quedó el navío (7)”.

En contraposición al resto de cronistas, Bernal Díaz del Castillo introduce también la voz de Cortés al conocer la negativa de Guerrero: “En verdad que le querría aver a las manos, porque jamás sería bueno”(8).

Por otra parte, es ostensible la reescritura de la versión de Andrés de Tapia por López de Gómara en su Conquista de México (1552) y Cervantes de Salazar; siendo la de Bernal Díaz del Castillo la más completa desde el punto de vista textual dado que incorpora como ya se dijo, la voz del protagonista omitida en los otros cronistas.

2. Nivel literario

El carácter polisémico de la historia de Guerrero confirma su condición sígnica cuyo contenido referencial es dinámico, es decir, cambia en función del contexto social que lo interpreta. En consecuencia, la historia reescribe y reelabora una nueva correlación forma-sentido en sus funciones discursivas. Mientras que las crónicas del siglo XVI respondían, desde una concepción que vincula en la representación textual lo verosímil y lo veraz, a las preguntas ¿quién es?, y al la razón de su conducta que pone en crisis todo la configuración cultural y axiológica de la sociedad de su tiempo; las novelas, en el contexto de las diversas modalidades narrativas, desde la novela histórica hasta la sentimental han desarrollado diversas respuestas a idénticos interrogantes desde la complejidad de la dialéctica realidad/ficción. Por otra parte, la ficcionalización de Guerrero, es decir, su conversión de personaje histórico a ente ficcional supone el dotar a su figura de nuevos atributos en tanto se lo interpreta como metáfora de otros discursos sociales. 

Para una lista exhaustiva de las obras literarias sobre su figura que excede el espacio de este artículo se puede se pueden consultar Gonzalo Guerrero: figura histórica y literaria de la conquista de México de Lancelot Cowie y El cautivo cautivado: Gonzalo Guerrero en la novela mexicana de Rosa Pellicer Domingo.

Según Carlos Fuentes, lo que define la novela latinoamericana es la conversión del espacio en historia, esto es, el diseño de una “cronotopía” que traduce el espacio en tiempo narrativo que transforma la realidad americana de objeto a sujeto de la narración y esto es precisamente la función que cumple la figura de Guerrero en la serie narrativa; cataliza el discurso americano desde su autorreferencialidad biográfica.

Para nuestro análisis hemos elegido dos novelas: la primera es Gonzalo Guerrero (1940) del escritor mexicano Eugenio Aguirre y Caminarás con el sol (2011) del escritor granadino Alfonso Mateo-Sagasta. Ambas novelas como Bernal Díaz del Castillo reconstruyen la voz de Guerrero. El principio narrativo del relato parte de la voz autobiográfica que narra su historia. Aguirre narra el afán de ascenso social del protagonista que finalmente se resuelve en el desarrollo de una conciencia anticolonial que constituye la razón de su elección:

“Fui escarbando en mi memoria, rescatando del pasado lo que pudiese servirme para juzgarlos y logré reproducir una secuencia de actos malvados, de una crueldad singular, perpetrados en la carne de los caribes en los pobres negros traídos como esclavos desde el África. Escenas de látigo y espada, de hierro candente en las espaldas de los infelices, de orejas y narices cortadas por el simple hecho de tomar un mendrugo de pan; pinturas de grupos de cafres hacinados en chozas putrefactas en pleno torrente tropical, ahogándose entre el hedor de sus propias heces y el lodo revuelto; ahogándose en el mar cuando era más importante la carga que sus almas y había que aligerar la nao. Columnas de encadenados con grilletes, conducidas por los representantes de Dios en la Tierra, para que cultivasen las parcelas de los hombres de sotana y rosario; negros obligados a tener comercio carnal con sus hermana, con sus madres, con sus hijas para que el amo, el santo varón de la Compañía de Jesús, tuviese mano de obra fresca en los cañaverales, en los trapiches...Y, así, toda esta carroña blanca que el iluso Almirante Genovés, sin querer, vino a arrojar a estos lares. Fue suficiente para mí y que la historia me juzgue como lo crea pertinente. Español nací, europea es mi sangre y la que a mis hijos toque, pero antes que eso soy un hombre limpio y honrado”. (9)

En la segunda novela “Caminarás con el sol” (2011) de Alfonso Mateo-Sagasta; se focaliza la relación de amistad con Tekun y la defensa de su familia. Aspectos que determinan la elección de su destino. La novela se cierra con la prolongación de la carta de Luis Arruza escribano real quien se alegra de su muerte y consigna la incomprensión de su lucha. Sin embargo, tanto el Gonzalo Guerrero de Aguirre como el de Alfonso Mateo-Sagasta coinciden en percibir que el arribo de los dzules como denominan los mayas a los españoles supone la instauración del colonialismo a sus sociedades y en términos individuales la “colonialidad” del ser en términos de Aníbal Quijano:

“De vuelta en el pueblo, me costó mucho convencer al batab y a sus consejeros de que aquellos hombres no buscaban su amistad, sino su sometimiento, y que el motivo de su viaje no era otro que el oro y la captura de esclavos. Pero una vez que entendieron el peligro, se pusieron a mis órdenes para hacer que los dzules lo pensaran mucho antes de volver a poner el pie en aquella tierra, si es que escapaban con vida” (10).

3.Nivel mítico

Finalmente, en el plano mítico, (con sus variantes discursivas: artísticas e históricas), Gonzalo Guerrero ha sido postulado como “el Padre del Mestizaje” en México. Históricamente, desde una perspectiva general, el mestizaje como programa cultural, político y social ha contado en este país con el precedente de José Vasconcelos quien en “La Raza cósmica misión de la raza iberoamericana” (1948) afirma desde un hispanismo en boga en las décadas del 30 y del 40 que: “(…) es en esta fusión de estirpes debemos ver el rasgo fundamental de la idiosincrasia iberoamericana”. (Vasconcelos 27).

El surgimiento del estado de Quintana Roo en México favorece el ingreso de la figura de Guerrero al imaginario colectivo presente en programas educativos y en varias esculturas como la de Raúl Arellano de 1980 en el estado de Mérida o la “Alegoría del Mestizaje” de Carlos Terres inaugurada en 1981 en Quintana Roo; además de varias ubicadas en Chetumal. De este modo, Guerrero se constituye en una pieza fundamental de la historia oficial de este estado mexicano. Desde nuestra perspectiva, esta consagración mítica instaura su figura en el discurso del poder y por esto; su versión deviene esencialista; purgando sus atributos antiimperialistas y convirtiéndolo en una alegoría de concordia en contraposición a la rebeldía presente en la literatura.

5. Conclusiones

El análisis del signo Gonzalo Guerrero ha constatado su condición dinámica, es decir, su capacidad de evolucionar a tal punto de configurar tres series: histórica, novelesca e mítica que secuencialmente lo estructuran. Sin embargo, pese a referir al mismo núcleo de sentido los diversos discursos explicitan versiones más antagónicas que complementarias en la expresión de su significación. Por ende,cada serie manifiesta su interacción y pertenencia al contexto social que ha determinado su formulación. La interacción entre sociedad y codificación sígnica constituye en el caso de Guerrero la determinación más vehemente de sus diversos significados y por ende, también en las diversas funciones comunicativas que aquellos procuran. En definitiva, Gonzalo Guerrero ha devenido en un signo ideológico que ha superado los límites de la historia para construir un complejo imaginario que representa en un primer plano entre otros muchos, la lucha de los pueblos de América por su liberación.

Referencias Bibliográficas

(1) Gamiz Vidiella, María del Mar. “Historias de la Conquista del Mayab: Una falsificación en perspectiva.” Tesis. Universidad Nacional Autónoma de México (2014) : 50.

(2) De Tapia, Andrés. “Relación de algunas cosas de las que acaecieron al Muy Ilustre Señor Don Hernando Cortés, Marqués del Valle, desde que se determinó ir a descubrir tierra en la Tierra Firme del Mar Océano.”: 2-4. Web.

(3) Fernández de Oviedo, Gonzalo. “Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme”. Madrid ( 1853): 233

(4) Cervantes de Salazar. “Cŕonica de la Nueva España.”:71-89. Web.

(5) Mártir de Anglería, Pedro. Décadas del Nuevo Mundo. Valladolid (2012): 322.

(6) De Landa, Diego. Relación de las cosas de Yucatán. Madrid (2017): 45.

(7) Díaz del Castillo, Bernal. “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”. Madrid, (2011): 136

(8) Díaz del Castillo, Bernal. “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”. Madrid, (2011): 88.

(9) Aguirre, Eugenio. “Gonzalo Guerrero.”. Web: 267.

(10) Mateo-Sagasta, Alfonso. Caminarás con el Sol. Barcelona, (2011): 267.

*Finalmente, los conquistadores estaban ansiosos por mostrar que ellos no eran únicamente leales siervos del rey sino también buenos cristianos. Esta concepción particularmente significativa en la península ibérica en los primeros decenios del siglo XVI, pues en ella habían coexistido durante muchos siglos las tres religiones Cristianismo, Islam y Judaísmo. (Restall y González-Armesto 24)

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