Maltrato animal
La ‘McCrueldad’ que McDonald’s no muestra en sus anuncios

La asociación animalista Igualdad Animal proyecta sobre la fachada de uno de los establecimientos de comida rápida en Madrid imágenes de las condiciones de vida de los pollos criados por su carne, coincidiendo con la celebración del Día Mundial Sin Carne el 20 de marzo.

Igualdad Animal lanza la campaña McCrueldad
Javier Moreno, director de Igualdad Animal en España, habla de la campaña ante los medios

publicado
2019-03-20 15:17

Diez personas vestidas de negro sostienen en silencio diez letras frente a un restaurante de la cadena McDonalds situado en Madrid. En los caracteres que sujetan, formados por pequeñas bombillas amarillas que destacan en la oscuridad de la madrugada madrileña, se puede leer “McCrueldad”.

Tras los activistas, proyectadas en la fachada del restaurante, se muestran imágenes de pollos hacinados en naves, escoltadas entre las emes doradas de la multinacional. Según la organización animalista Igualdad Animal, el trasfondo ético de la corporación de comida rápida no es tan dorado como su logotipo.

Una campaña internacional contra el maltrato animal

La acción de Madrid, incluida en la campaña internacional ‘McCrueldad’, denuncia que la cadena de comida rápida no muestra en su publicidad “la realidad de las granjas”. Según Igualdad Animal, “cada año en España son sacrificados 700 millones de pollos, de los cuales 39 millones mueren antes de llegar al matadero”.

“¿Cuándo pondrá McDonald’s fin al maltrato?”, pregunta el vídeo a quien pasa frente al restaurante. Javier Moreno, director de Igualdad Animal en España, afirma que el objetivo de esta campaña es que “McDonald’s ponga fin a las crueles prácticas en su cadena de suministro de carne de pollo”, y explica, frente al restaurante donde están proyectando las imágenes, que en el vídeo podemos ver las “terribles condiciones” en las que viven los pollos antes de convertirse en carne: “Están entre excrementos, entre orina, hacinados. Es una realidad terrible. No soportan su propio peso por haber sido criados por ingeniería genética para que crezcan lo más rápido posible. Las condiciones de explotación de estos pollos son tan brutales que muchos millones de estos mueren antes de llegar al matadero porque no aguantan esas condiciones”.

La industria cárnica, principal responsable de la destrucción del planeta

Ecologistas de todo el mundo critican a McDonald’s desde hace años por la deforestación de hectáreas de bosques tropicales, acusando históricamente a la corporación de “impedir la regeneración de la Amazonía y de desplazar a pueblos indígenas”, practicando “una agricultura intensiva basada en el uso de productos químicos”. Moreno extiende la culpa de maltrato animal y de destrucción del planeta a toda la industria de la carne: “La industria cárnica no solo es la responsable del peor maltrato animal imaginable, también es la principal responsable de la destrucción del planeta, y todas estas empresas, como McDonald’s, no nos muestran en sus anuncios las condiciones en las que están maltratados los animales en su cadena de suministro y por eso estamos haciendo una campaña internacional para pedirle a McDonald’s que acabe con toda la crueldad en la cadena de suministro de carne de pollo”.

McDonald’s, en concreto, acumula polémicas desde el nacimiento de su franquicia en 1955 en Estados Unidos, no solo respecto al medio ambiente y la explotación animal: quejas por lo poco saludable de sus menús, denuncias por explotación laboral, persecución a activistas ecologistas...

“Comida basura”

Son habituales los comentarios con respecto a lo insano que es alimentarse mediante el tipo de dieta que sirven los restaurantes de McDonald’s y con la comida rápida en general, por la abundancia, sobre todo, de grasas y azúcares de sus preparados.

La película documental Super Size Me (2004), nominada a un Óscar al Mejor Documental, mostraba hace ya más de diez años cómo la salud de su protagonista y director, Morgan Spurlock, se va deteriorando a partir de su decisión de alimentarse exclusivamente con productos comprados en McDonald’s, hasta acabar padeciendo problemas como disfunción sexual, cambios de humor y daños graves en el hígado tras solo treinta días de llevar este estilo de vida.

La dietista nutricionista Lucía Martínez Argüelles, autora de varios libros y profesional de la cuestión alimentaria, publicaba en su blog hace unos años una critica a la multinacional, titulada “McDonalds en apuros”. Lo primero que se ve en dicha publicación es el vídeo “I Was Loving It”, realizado por el Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM) —Comité de Médicos por una Medicina Responsable—, una organización de médicos norteamericana, que muestra al final el siguiente consejo: “Colesterol alto, tensión arterial alta, ataques al corazón. Esta noche, haz [la hamburguesa] vegetariana”.

Más recientemente, a finales del año pasado, McDonalds tuvo que retirar un anuncio en el que una nutricionista recomendaba su menú infantil, tras varias denuncias que profesionales de la nutrición publicaron en redes sociales respecto a las “prácticas poco éticas de compañeros nutricionistas” que “pagados por la industria alimentaria, recomiendan productos poco saludables”.

Explotación laboral

A McDonald’s se le relaciona también con la explotación laboral, visibilizada en varias ocasiones en diferentes lugares del mundo; entre ellas, en 2014 en la Comunidad de Madrid, cuando la plantilla madrileña denunció “condiciones laborales de semiesclavitud”.

Más tarde, en 2017, trabajadores de Reino Unido hicieron huelga para protestar, entre otras cuestiones, por los contratos sin limitación horaria —denominados coloquialmente ‘hora cero’—, que no garantizaban ni horario ni remuneración fijos para las personas trabajadoras.

Un año después, a finales de 2018, trabajadoras de McDonald’s de diez ciudades de Estados Unidos hicieron huelga también para exigir medidas más estrictas contra el acoso sexual, denunciando agresiones por parte de compañeros y supervisores.

Día Anti-Mc DonalD’s y el libro y documental ‘McLibel’

Quizá por todas estas controversias existe el “día mundial Anti McDonalds”. Se trata del día 16 de octubre, jornada en la que, coincidiendo con el Día Internacional de la Alimentación, se hace un boicot mundial contra la famosa multinacional, desde la década los años 80, comenzado por iniciativa del grupo activista London Greenpeace, un grupo de activistas ecologistas sin ninguna relación con la gran ONG ecologista.

Precisamente este mismo grupo ecologista, una década más tarde, salió a la calle de la capital británica para repartir unos folletos titulados “¿Qué tiene de malo McDonalds?”. Esta acción terminaría, como narran el libro y documental que se editaron al respecto —McLibel—, en un juicio al más puro estilo David contra Golliat en el Tribunal Supremo de Gran Bretaña, en el que McDonalds intentó acallar —con todos los medios con los que cuenta una multinacional de su talla— el activismo en su contra de dos activistas de London Greenpeace, Helen Steel y Dave Morris, por medio de potentes acciones legales. Tal y como cuentan el libro y el documental, los ecologistas consiguieron poner las prácticas empresariales de la multinacional encima de la mesa, defendiéndose a sí mismos, por no contar con recursos económicos para hacer frente a las denuncias por difamación de la multinacional de forma profesional.

Ante esta problemática, ¿Reforma o abolición de la explotación animal?

La acción de Igualdad Animal en Madrid forma parte de una campaña internacional que la asociación está llevando a cabo en Estados Unidos junto a otras organizaciones de protección animal. El objetivo, según la organización animalista, es “que McDonald’s ponga fin a las crueles prácticas en su cadena de suministro de carne de pollo”. Sin embargo, muchos activistas antiespecistas no están totalmente de acuerdo con este tipo de medidas, al considerar que es necesario eliminar por completo la explotación animal.

Tal y como nos cuenta Israel, activista por los animales y miembro de la Asamblea Antiespecista de Madrid, el problema no sería “lo bien o mal que traten a los animales, aunque está claro que les tratan fatal, como objetos. El problema es que les estamos usando como si fueran para nosotros, y sus vidas son suyas, no nos han dado su consentimiento. Es absurdo seguir estos sistemas de consumo cuando podemos estar saludables, de forma económica, alimentándonos con una dieta 100% vegetal”. “Eso en cuanto a los animales, pero es que además alimentarnos con sus cuerpos es malo para el medio ambiente, para nuestra salud”, concluye.

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