Amanda Figueras, el islam que no se ve

La periodista Amanda Figueras salió del armario para decir que es mujer, europea y musulmana, haciendo añicos el estereotipo andante en que se ha convertido al musulmán. Un camino que no fue fácil y que cuenta en su libro Por qué el islam.

La periodista Amanda Figueras
La periodista Amanda Figueras. Daniel Martorell

publicado
2018-06-06 06:00:00

En el fondo de los armarios conviven nuestras ropas con las personas sospechosas habituales. Las que son otra cosa respecto a la mayoría, aquellas que hacen lo que no todas se atreven. Personas que al hacer uso de ese derecho tan defendido por unos —tanto que se creen sus propietarios—, como es el de la libertad de expresión, son silenciadas, arrinconadas y condenadas.

La periodista Amanda Figueras (Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1978) salió del armario para decir que es mujer, europea y musulmana, haciendo añicos el estereotipo andante en que se ha convertido al musulmán. Un camino que no fue fácil y que cuenta en su libro Por qué el islam (Ediciones Península, 2018), en el que relata lo que significa ser musulmana en España, los prejuicios en torno al islam y el feminismo. Un órdago a la falta de humildad intelectual imperante en Occidente.

A Figueras se le despertó la fe y abrazó el islam a raíz de investigar a las comunidades musulmanas en España después del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 en Madrid para el periódico El Mundo. No es conversa, porque antes no fue cristiana. No le gustan etiquetas como radicalismo islámico y terrorismo yihadista, un lenguaje clásico en la prensa nacional e internacional, un frente más que tiene abierto.

A la cita para esta entrevista en la Casa Árabe de Madrid acude con hiyab, un pañuelo que le cubre el cabello y el cuello. Esta prenda para ella es algo más que ropa, es una actitud en el mundo. Para ella, taparse el cuerpo es otra forma de luchar. El velo, un trozo de tela cuyo uso unos quieren prohibir y otros imponer, pero que no hace que escuchemos lo que tienen que decir al respecto las mujeres que lo llevan. Bastaría con preguntarles, que es lo que hacemos a Amanda. Sus respuestas dejan entrever la aspiración al respeto ajeno. La luz que se espera encontrar al salir del armario.

En los periódicos se lee “de origen musulmán”. ¿Qué país es el islam?
Es una de nuestras luchas. De hecho hay hasta una cuenta en Twitter que se llama @IslamNoEsPais, que la hizo una persona con la que tengo relación. Pone de manifiesto la cantidad de desinformación que hay respecto al islam. La gente confunde origen étnico con religión y eso es un error. Creo que ya es hora de aprender que la religión, las opciones espirituales de las personas, es una cosa y otra la nacionalidad. Dentro de los países de mayoría musulmana también hay otras religiones. Por ejemplo, en Egipto hay una minoría de cristianos formada por millones de personas. A mí, muchas veces, me dicen “qué bien hablas español”, les cuesta comprender que siendo española sea musulmana.

Según lo que se lee en España acerca del islam, este apenas tiene nada bueno. ¿A qué se debe?
En España hemos construido nuestra identidad en relación en oposición al moro. Nosotros, los españoles, somos la gente civilizada, los buenos, y los moros son los malos. Eso es algo que todavía está muy presente en un sector amplio de la población. Después hay muchas cosas que nos hacen daño a los musulmanes, como por ejemplo el terrorismo. Lo primero que se le viene a la cabeza a la gente cuando piensa en el islam es el terrorismo. A lo que hay que sumar un montón de prejuicios y tópicos que existen en torno a nuestra fe. En ese imaginario colectivo el islam también es una mujer con velo, subyugada a su marido, que no trabaja, ni sale de casa, sin autonomía personal, laboral, económica y sexual.

Siempre se relaciona el islam y los musulmanes con un mundo subdesarrollado, al que tenemos que ir nosotros, los españoles, a salvar. No obstante creo que, poco a poco, esa percepción está cambiando. Me parece muy significativo que en los últimos años haya habido tanta producción literaria por parte de musulmanas. Además de mi libro se han publicado los de Míriam Hatibi —autora de Mírame a los ojos, editado por Plaza&Janés—, Helena Gutiérrez, musulmana y autora de una novela de humor para luchar contra los prejuicios y los tópicos en el islam, Unos baklava por amor, editado por Aguaclara, y Carmen del Río —autora de una exégesis del Corán, en la que trabaja sobre la preminencia de la mujer en el islam y en el Corán— y Laure Rodríguez Quiroga (Falsos mitos de la mujer en el islam, de la editorial Almuzara). A las mujeres musulmanas se nos está dando cada vez más la voz y se nos está escuchando. Para mí esto es un síntoma de mejoría, aunque todavía quedan un montón de cosas por las que luchar.

¿Diferencias y similitudes entre el islam y el catolicismo?
Es importante entender que el islam no es una religión nueva que surgió de repente y que no tiene nada que ver con lo anterior. Hay gente que escucha Allah y se imagina algo muy diferente al Dios que ellos conocen, que tienen interiorizado, y, en el fondo, estamos hablando del Creador. El islam vino a completar todo lo descendido anteriormente.

No tenemos que ir a los textos sagrados, si nos ponemos a pensar en la sociedad —católica o musulmana—, los anhelos, sueños, las aspiraciones, desde un punto de vista religioso, son iguales: hacer el bien a los demás, compartir, cuidar a los más desfavorecidos, sembrar en este mundo para cosechar en el más allá. Hay que ser conscientes de que somos hermanos. En ese sentido me gusta el trabajo del Papa Francisco que siempre lanza mensajes de concordia y de tolerancia. En uno de sus escritos exaltó la dedicación de los musulmanes a la oración, rezan cinco veces al día. Ojalá los católicos escucharan a este Papa. En mi caso, a veces, siento ataques fruto de la ignorancia.

¿Quiénes son tus aliados?
He encontrado más alianzas, más comprensión, por parte de los católicos practicantes. En el fondo muchos de ellos se sienten también juzgados. Uno encuentra solidaridad y apoyo en las minorías. Lo mismo me pasa con los homosexuales, con los que tenemos más cosas en común que con otra gente. Entre los no practicantes o la nueva creencia, como yo le llamo, hay un sector muy beligerante que piensa: “Yo no creo, ¿tú cómo eres tan idiota de creer?”. Ese es el problema, que no se comprende. Yo he estado en los dos lados. Antes no creía, para mí era raro el concepto de Dios, pero lo respetaba. Después, en mi proceso en el camino hacia el islam se me despertó ese sentimiento religioso, así que puedo comprender bien a las dos partes. Creo que es una ventaja poder ver la realidad desde dos puntos de vista.

¿Por qué cuesta tanto entender que el islam es heterogéneo y multiforme?
Si se pregunta cómo es un hombre musulmán, se suele responder: con barba, chilaba, que habla siempre muy enfadado, probablemente no trabaja y, quizá, es un terrorista. ¿Cómo es una mujer musulmana? Lleva velo, tiene muchos hijos, no trabaja, cocina muy bien, etcétera. Son un montón de tópicos. Para los españoles, el musulmán es inmigrante y es pobre.

España tiene muchos vínculos con el islam.
Sí, pero todo eso se ha olvidado. No se estudia lo suficiente el pasado Andalusí español, se estudia más la Reconquista. Por eso digo que nuestra identidad se construye en contraposición al moro. Los aportes positivos de la civilización islámica en la península Ibérica no se destacan. Decía antes que a los musulmanes se les ha reducido a inmigrantes y pobres, en ese sentido es muy importante la labor de los medios de comunicación. Deberían ser más conscientes de su poder e intentar enfatizar historias positivas relacionadas con el islam y los musulmanes. Cuando sucede algo malo y el autor es musulmán o musulmana se señala mucho esa condición. Por el contrario, si la historia es de éxito no se resalta esa condición. Se tiende a pensar que la causa de las acciones malas es que es musulmán, en cambio, cuando son positivas es porque la persona es buena. Lo que me parece muy injusto.

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Para el historiador Emilio González Ferrín, Al Ándalus no es el producto de una conquista religiosa o una guerra santa, sino el resultado de un lento proceso de cambio y evolución común a todo el entorno mediterráneo.

¿La generalización en la que se cae cuando se habla de los musulmanes es por culpa de los prejuicios eurocéntricos?
Incluso hay gente para la que fuera de España las cosas son como no deberían ser. Durante mi proceso en el camino hacia el islam aprendí que hay muchas maneras de ver el mundo. Tenemos una mirada muy occidentalocéntrica y pensamos que nuestros valores son los que tienen que primar en el mundo sobre todas las personas. En Europa no se hace autocrítica con todas las cosas que tenemos que mejorar. Es una asignatura pendiente.

Por aquello de que en el islam se mezclan la nacionalidad, raza y religión, ¿hay racismo cultural?
Está todo relacionado. Hay personas que se consideran superiores respecto a los musulmanes subdesarrollados. Yo me refiero a esto como falta de humildad intelectual. Hay gente que piensa que su realidad es la que debe primar sobre el resto de las personas. Son egoístas, no son capaces de ver que hay gente que tiene otra manera de vivir, necesidades y anhelos. No hace falta que se compartan, que todo el mundo sea musulmán, pero sí entender que los musulmanes no hacen daño a nadie y que tienen derecho a vivir. No se trata solo de un debate teórico, luego todo esto tiene consecuencias: la islamofobia. Lo que se traduce para nosotros, los musulmanes, en estar en desventaja respecto al resto de la población. Somos discriminados a la hora de buscar trabajo, un piso y sufrimos agresiones físicas, también las mezquitas y negocios regentados por musulmanes son atacados.

Se habla de los musulmanes sin vosotros. ¿Cómo es posible?
A un español experto en islam se le escucha más que a un musulmán, porque este no es neutral. Esta es una lucha. Siempre digo que tenemos que hablar nosotros, por eso me parece fantástico lo que comentaba antes de la producción literaria. Después de los desgraciados atentados terroristas de Barcelona y Cambrils hemos notado una diferencia muy grande respecto a otros atentados. Esta vez se nos dio la palabra a los musulmanes. La sociedad sabe distinguir, una cosa son los musulmanes y otra los terroristas. Sí, nos cedieron la palabra, pero lo que no puede ser es que solo se nos invite a los musulmanes a hablar de terrorismo, del velo o discriminación.

Claro que hay que hablar de esos temas y que seamos nosotros los que lo hagamos, pero ¿por qué cuando se hace un debate de esos a los que va un político para que la gente le pregunte, si invitan a un musulmán siempre es para hablar desde esa posición y no como cualquier otro ciudadano? Tampoco he visto a ningún musulmán hablando del procés. Se nos culpa, acusa, de no estar integrados, ¿pero los demás están dispuestos a vivir con nosotros?

Las religiones no son malas por naturaleza, pero en nombre de ellas sí se cometen actos violentos. ¿Por qué?
No, el problema por el que sufrimos tanto los musulmanes es que hay mucha gente que tiene interiorizado que el islam es violento, que nos ordena matar a los infieles. Palabra, infiel, que ni es islámica. Hay libros escritos por periodistas muy famosos en España que sostienen estas tesis y los musulmanes tenemos que desmontarlas. Los terroristas nos lo ponen muy difícil, a los musulmanes. Como yo, millones de musulmanes defendemos que el islam es paz, perdón, en ningún momento sugiere que alguien pueda matar a personas inocentes, sin embargo, hay personas que dicen ser musulmanas y comenten actos terroristas. Es un trabajo muy difícil el que nos toca hacer a los musulmanes. Claro que una gran parte de la población entiende que ninguna religión ordena matar a nadie, el trabajo toca hacerlo con esa gente que sí lo cree.

En tu libro hablas de desviados en vez de radicales.
No me gusta nada hablar de radicalismo islámico porque si lo decimos estamos asumiendo que el islam es malo y si lo radicalizas eres terrorista. Es como que si practicas el islam de manera moderada está bien, pero si lo radicalizas eres un terrorista. No puede ser, es imposible, son conceptos opuestos. Los terroristas son desviados, gente que no comprende el mensaje del islam. Si analizamos los perfiles mayoritarios de los terroristas vemos que eran personas no practicantes del islam, que no tenían una vida acorde con los preceptos del islam. Son más bien radicales que van hacia el islam, no son musulmanes que se radicalizan. Un problema del lenguaje muy difícil de luchar contra él, como lo del terrorismo yihadista.

El islam y los musulmanes sois víctimas del terrorismo y sufrís daños colaterales.
Dentro de esos daños colaterales que sufrimos los musulmanes está la gente que nos acusa de ser insensibles y de tratar de coger protagonismo porque después de los atentados terroristas y cuando estamos siendo objeto de islamofobia lo denunciamos y, entonces, vienen a decirnos que somos unos desconsiderados, que lo primero son las víctimas. Por supuesto que primero son las víctimas, pero el hecho de que no se acepten nuestras reivindicaciones es islamofobia.

Los musulmanes somos las primeras víctimas mortales del terrorismo de este tipo y sufrimos las consecuencias porque se nos culpa, a los musulmanes se nos carga con esa maleta de sospecha, como si fuéramos cómplices, como si en el fondo nos pareciera bien que mataran a esa gente porque eran europeos y tenían valores occidentales. Algo que me parece muy curioso esto de los valores occidentales.

Siempre que hay un atentado terrorista suele decirse la frase “quieren destruir nuestros volares occidentales”, y yo me pregunto qué valores son esos y cuáles son los otros valores. Entiendo que son los mismos: la libertad, el derecho a la vida, a la propiedad privada, eso también es islam. Luego con ese tipo de condenas están creando enfrentamiento, como si fueran dos bloques o civilizaciones opuestas. Y no es así.

Varios de los últimos terroristas que han atentado iban a las mismas escuelas que el resto de franceses, españoles, ingleses, estadounidenses, ¿en qué fallan las políticas públicas de esos países?
Creo que ese es un tema que no se ha analizado en profundidad. Muchos de los terroristas que han cometido atentados en Europa recientemente eran de familias que habían llegado a Europa desde otros lugares. Se les llama inmigrantes de segunda o tercera generación, como si eso fuera algo hereditario. Se les pide que se integren cuando al mismo tiempo se les trata como ciudadanos de segunda. Siempre lo malo viene de afuera. Atentan porque son musulmanes o hijos de musulmanes, de inmigrantes. Y no hay ninguna reflexión ni debate sobre lo que ha sucedido en su país —España, Francia, Inglaterra, Alemania—. En Cataluña, por ejemplo, los terroristas de los atentados de Barcelona y Cambrils crecieron en el sistema educativo público español, estaban integrados, pero ¿qué significa estar integrado? ¿Lo estaban por hablar catalán?, ¿cómo les trata la sociedad? ¿como moros de mierda o como los vecinos de su barrio? Creo que nos falta autocrítica. Al islam siempre se le coloca la etiqueta del culpable de todos los males y eso es injusto.

¿Cómo se dice que soy musulmana?
Con dificultad. Tenía tanto miedo e inseguridad de decirlo que ni lo dije. Nunca me senté a hablar con mis padres para decírselo. Pasó el tiempo y un día, de refilón, dije en mi casa que era musulmana, que lo era hacía tiempo. Después de lanzar ese primer globo sonda sí hubo conversaciones con más profundidad con mis hermanos, en las que acabé llorando.

¿Preguntarte por qué te has hecho musulmana es igual de ofensivo que preguntar por qué no tiene hijos a una mujer que ha decido no tenerlos?
[Risas]. No lo sé, pero sí que pertenece a la intimidad. La gente debería ser consciente de eso. Meterse en estos asuntos no es conveniente porque forma parte del ámbito privado y creo que hay que respetarlo. Si uno quiere contarlo, lo va a hacer.

Desde que eres musulmana, ¿te has tenido que justificar mucho?
He tenido ese sentimiento muchas veces. Antes, en las redes sociales, cometía el error de contestar a mucha gente que me exigía [hace énfasis al pronunciar esta palabra] explicaciones. Intenté responder y al final me di cuenta de que era un error. Hay gente que pregunta no con la intención de aprender, sino con la de atacar. Dejé de perder el tiempo en esas batallas para centrarme en cosas más importantes. Me he cansado muchas veces de justificarme, pero a la vez encuentro fuerzas para seguir adelante, gracias a Dios. El islam es tan desconocido, y los musulmanes, que tenemos que hablar, si no otros lo harán por nosotros y nunca tenemos éxito cuando eso sucede.

¿Qué ha sido lo más difícil que te has encontrado en tu camino hacia el islam?
Mi proceso interno de luchar contra mis propios estereotipos y prejuicios. Yo también estaba cargada de un montón de desinformación, por eso no me canso en ayudar a los demás para que comprendan mejor. Yo misma me preguntaba cómo voy a ser musulmana. Tenía una idea equivocada de lo que supone ser musulmana, como si serlo supusiera perder muchas cosas. Pronto descubrí que era más lo que me aportaba que lo que me quitaba.

¿Has sentido que tu decisión de hacerte musulmana ha hecho daño a otros?
Me preocupaba, sobre todo, por mis padres. Lo conté en un artículo publicado en El Mundo en junio de 2015. Es como si yo hubiera sido homosexual, los padres te aceptan, pero se preocupan por cómo eso te va afectar en la vida.

¿Rezas en la calle?
He rezado en la calle pocas veces y nunca sola, cuando lo he hecho ha sido con un grupo de personas. Creo que no debería sorprender tanto y es una cuestión de tiempo, pero es un problema al que nos enfrentamos los musulmanes practicantes. Siempre se suele encontrar la manera de rezar: hacerlo un poco más tarde, sentado, hay alternativas. Se debería dejar de vernos como una amenaza.

¿“El feminismo islámico es una redundancia porque el islam es igualitario”?
Esta frase la dijo Sirin Adlbi Sibai, autor del libro La cárcel del feminismo (Akal, 2016), y me encantó. Desde los feminismos islámicos lo que intentamos es poner en valor todos los derechos que nos da el islam y que se nos han ido arrebatando. Hay que ver que lo que sucede en las comunidades islámicas no es necesariamente lo que dice el islam. Ahí estamos nosotras, con el apoyo también de los varones, luchando por tener nuestros derechos.

Hay muchas traducciones erróneas del islam, conceptos equivocados. Yo no me siento menospreciada con respecto al varón por ser mujer musulmana. En el islam el hombre y la mujer nacen en igualdad de condiciones, parten de un origen en igualdad y hacer algo en contra de ese origen en igualdad, como así nos ha creado Allah, es antiislámico.

Sin embargo, los hay que dicen que el feminismo islámico es una impostura, un oxímoron.
Ahí estamos con lo mismo, ¿qué voz es la que más nos importa, la de un hombre no musulmán que viene a decir qué es el islam, según él, o la de las mujeres y varones musulmanas? También hay varones musulmanes que se aprovechan de las interpretaciones interesadas para decir que el islam es así para justificar sus actitudes. La lucha principal es dentro de las comunidades islámicas, no fuera.

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¿Las feministas occidentales rechazan a las feministas islámicas por la religión, porque la consideran que no es progresista?
No creo que podamos hablar de feminismo occidental e islámico como opuesto porque los feminismos islámicos también están en Occidente. Para mí no es ese el punto de contraposición —el de la religión—, la diferencia entre uno y otro es el poder, la hegemonía contra la minoría. Los feminismos hegemónicos aplastan todo lo demás y tienen todo el poder: el de la academia, la producción literaria, las escuelas, lo que hace que las voces de los otros feminismos periféricos —las mujeres negras o gitanas, por ejemplo—, no solo las musulmanas, sean más difícil de escuchar.

El mayor problema es el punto de vista espiritual, la religión, porque desde esa posición hegemónica todas las religiones mantienen a la mujer en una situación de sumisión, luego, ¿cómo van a ser feministas estas mujeres si aceptan ser sumisas? Y ahí es donde las mujeres musulmanas decimos que están equivocadas: nosotras no aceptamos ninguna situación de sumisión, salvo a Allah, y él no me dice que lo tenga que ser respecto a mi marido, a ningún hombre. Es un debate, una pelea larga.

Las hay que luchan mostrando sus pechos, ¿otras no pueden hacerlo cubriéndose?
Nadie se planteó jamás, hasta que hemos empezado a decirlo algunas personas, que pueda ser también una lucha el taparse. Cuando se utiliza el cuerpo como un territorio político solo se considera que es válido el destaparlo. A mí eso me parece antiguo y aburrido. Las hay que planteamos la idea de que hay mujeres que luchan contra la imposición de valores occidentales de la belleza, la juventud, la delgadez, esta esclavitud, tapando el cuerpo y manteniendo como algo privado y fuera de la vista de los demás y así evitar que se nos juzgue como cuerpos.

Una gran mayoría de las mujeres que llevan velo, creo, lo hacen por un motivo religioso, porque consideran que Allah así se lo pide en el Corán. Es su manera de adorarle, igual que rezar. No tiene por qué haber un objetivo por el que ponerse el velo. El hiyab —pañuelo que cubre el cabello y el cuello— no es solo cubrirse, es también una actitud en el mundo, de pudor, de tratar a los demás, de respeto a ti mismo y a los demás. Claro que se puede ser musulmana sin llevar el velo, y que el hiyab es mucho más que el velo. El hiyab es protección hacia mi intimidad, es modestia. Algo que, por cierto, se les exige a los hombres también.

En el islam se da más importancia a tu círculo, a tu gente, a tu familia, respecto al exterior. Lo habitual en España es arreglarse para salir, maquillarse, ponerse guapo para estar en sociedad, para gustar a los demás en el fondo, en casa uno se descuida un poco más. Creo que el islam tiene más presente lo que sucede de puertas para dentro, que es donde está la gente que más te tiene que importar.

¿Prohibir el velo es lo mismo que imponerlo?
Es igual que obligar a ponérselo. Estamos quitando libertad a las mujeres para hacer lo que quieran. Imagina que ahora, de repente, decimos que los hombres en Europa no pueden llevar barba porque nos parece mal, nos recuerda a los musulmanes. Sería un escándalo. Sería imposible legislar de esa manera. Sin embargo, cuando se trata de que las mujeres no hagan algo, quitarle libertad, entonces sí podemos.

Sí se puede llevar trikini sin que nadie diga nada, pero no un bañador largo.
No, porque es diferente de lo que hace la mayoría. Todo lo que suponga ir en contra de esa mayoría es problemático. Cuando en 2016, en Francia, el alcalde de Cannes prohibió su uso, en el bando del ayuntamiento se hablaba de moral. Decía que no se podía llevar una ropa, bañador largo, en la playa que fuera contra la moral francesa. Pero ¿de qué moral hablamos? La moral es algo individual y no un elemento para legislar.

La libertad de expresión está bien si se usa para criticar, lanzar diatribas a las musulmanas, al revés es sumisión, opresión y manipulación.
Nos piden que estemos integrados, que hablemos, pero cuando lo hacemos nos ningunean, nos dicen que no somos neutrales. Claro, yo hablo del islam como musulmana, y somos nosotros quienes deberíamos hablar al respecto. Se puede ser experto en el islam sin ser musulmán, pero hay cosas que no entenderá ni podrá transmitir ni vivirlas.

¿Cómo se puede fomentar el intercambio religioso, cultural y social entre musulmanes y no musulmanes en España?
A través de los medios de comunicación, que impactan en la sociedad, haciéndose eco de historias positivas, de éxito, de musulmanes, y en la escuela. En ella los niños son receptivos a los valores se enseñan. En la escuela hay que hablar de religiones ya que forma parte del mundo, así los niños verían que hay varias maneras de ver el mundo. Los musulmanes tenemos que hacernos escuchar, formarnos más y ser más activos en la sociedad.

3 Comentarios
Anónimo 20:51 6/6/2018

Y cómo es ser Judío en Arabia Saudí o Cristiano Copto en Egipto?

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#18165 12:24 6/6/2018

Yo vivo en un barrio de marroquíes y tengo amigas musulmanas y están agobiadas del control y las crítcas por no llevar velo... Y tengo una amiga musulmana con 32 que es virgen.... Y sabeis porque? Porque la mujer marroquí que llegue al matrimonio desvirgada es rechazada por su futuro esposo...y eso pasó hace un mes con chica del barrio... A punto estaba de casarse cuando el novio la abandono porque no era virgen...me encantaría que el estado
practicarà un laicismo radical...sería la mejor forma de romper la separación con esa cultura tan endogamica... Y mezclarnos con nuestros convecinos norteafricanos... Gracias

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#18201 17:45 6/6/2018

Es cierto q casos así se dan pero ese no es el islam correcto. eso son simples costumbres

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