Pensamiento
Saber y emancipación

Atreverse a pensar la relación entre saber y emancipación es una de las cuestiones que Marina Garcés aborda en su breve ensayo Nueva ilustración radical

Miquel Angel Joan (fotografía de Ferran Petit, 2016)
Miquel Angel Joan (fotografía de Ferran Petit, 2016)
@magoa_

publicado
2017-11-26 14:11

Atreverse a pensar la relación entre saber y emancipación es una de las cuestiones que Marina Garcés aborda en su breve ensayo Nueva ilustración radical (Anagrama, 2017).

Después del fin del “fin de la historia” nos encontramos, según Garcés, en un tiempo póstumo. Ya no estamos en la condición posmoderna sino en un tiempo extra que es también el tiempo de las prórrogas; como si de un partido de fútbol se tratara, es un tiempo de descuento, de los minutos que restan. Una de las consecuencias de este cambio es la sustitución del tiempo de la promesa por el tiempo de la amenaza, que cierra posibilidades y formas de vida. Vivimos, en interdependencia global, bajo el signo de la catástrofe (económica, ecológica, humanitaria). Lo que se produce, según Garcés, es una desconexión entre el tiempo y la vida, que pone en cuestión la posibilidad de la práctica de transformación de nuestras vidas y sus límites. Que el tiempo se acabe quiere decir que se acaba el tiempo vivible, es decir, el tiempo en el que podemos intervenir sobre las condiciones de vida, donde se inserta el límite de lo vivible.

La autora alerta que nos estamos acostumbrando a vivir el tiempo restando, bajo la pregunta del “hasta cuándo”, a la vez pregunta por los límites de los recursos naturales y del propio sistema que hace de la explotación y del crecimiento económico sus únicos argumentos: ¿Hasta cuándo podremos usar sin freno el petróleo? ¿Hasta cuándo aguantarán las burbujas (económicas, inmobiliarias…) sin estallar? 

El problema de la sociedad del conocimiento y la información ha dejado de ser el de la universalidad de su acceso; ahora es cómo manejarnos en el tsunami de datos que llegan a diario a nuestros dispositivos móviles u ordenadores. Vivimos con un déficit de atención generalizada, náufragos en un mundo en constante actualización en el que, a falta del tiempo necesario para poder digerir y explicar, acabamos agarrados a las boyas de las opiniones e ideología ajenas. Somos, afirma Garcés, analfabetos ilustrados: "Lo sabemos todo, pero no podemos nada (...) solo podemos frenar o acelerar nuestra caída en el abismo." 

La propuesta de una ilustración radical pasa por el combate contra la credulidad (con la ayuda de la crítica), por una crítica de la cultura (su desenmascaramiento como sistema de sujeción política) y por volver a poner en el centro el debate sobre el estatuto de lo humano (que involucra también un nuevo sentido de las humanidades y una pregunta dirigida al corazón del humanismo: ¿puede el humanismo dejar de ser un imperialismo?).

La ilustración radical comporta el hermanamiento del pensamiento crítico y las prácticas educativas en aras de la transformación social. La educación se entiende, siguiendo la estela de obras anteriores de la autora como Un mundo común o Filosofía inacabada, como aprender a vivir juntos, a partir de problemas comunes, desde la condición de que cada uno podamos pensarlos por nosotros mismos o, dicho de otro modo, inscribirnos juntos en una realidad a la que damos sentido y que transformamos en virtud de ese sentido que le hemos dado.

Las humanidades, desde esta perspectiva, involucran a todas aquellas actividades con las que "elaboramos el sentido de la experiencia humana y afirmamos su dignidad y libertad." Se trataría, en el contexto de crisis actual, de asumir la tarea de redefinir los sentidos de la emancipación. Al mismo tiempo, elaborar un sentido de la experiencia humana en el que se tendría que evitar la dominación de unos modelos culturales sobre otros, escapando del imperialismo que ha caracterizado tradicionalmente al humanismo. Finalmente, lejos de evocar un pasado idílico ilustrado, la tarea del presente es "elaborar el sentido de la temporalidad", es decir, una vez nos encontramos en un tiempo póstumo debemos interrogarnos por las condiciones "compartidas, recíprocas, igualitarias" del tiempo vivible

De este modo, Marina Garcés nos invita, en este nuevo ensayo, a seguir pensando la dimensión común del mundo en el que habitamos y el sentido del tiempo por vivir.

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