Los efectos de la revolución de los afectos

Desde la FdlC lanzamos una serie de artículos para preguntarnos colectivamente por las líneas que definen el presente. Pensar desde los movimientos, sin cortapisas, desde dentro de los procesos es para nosotrxs, la base imprescindible de toda política.
Durante este mes de marzo ponemos el foco en el derecho a la ciudad. ¿Qué puede hoy un centro social? ¿Qué significa la ocupación, cuando el derecho a la vivienda sigue sin estar garantizado? ¿De qué hablamos cuando hablamos de derecho a la ciudad?

Somos los efectos de la Revolución de los afectos
Pintada que apareció en el centro de Zaragoza el 8 de marzo de 2018. Amaramara

del CSC Luis Buñuel 
@arobescos

del CSC Luis Buñuel
@rebelda4


publicado
2018-03-22 11:04:00

Hablemos hoy más que nunca en plural, como deberíamos hacerlo incluso cuando hablamos de lo más íntimo. Y hablemos de feminismos, del de cada una de los millones de personas que salimos a la calle el pasado 8 de marzo. Esta palabra, como todo concepto, se amolda a los pensares y los sentires de quien la enuncia. E incluso se de-forma dependiendo de la forma que le dé quien in-forma. Y a pesar de que el feminismo, en su nivel más elemental, es algo tan sencillo como reclamar los mismos derechos efectivos para mujeres y hombres, hay feminismos que abarcan mucho más, que postulan una nueva manera de hacer las cosas en el ámbito social, político, económico y personal. Unas maneras de hacer que afectan tanto a personas como a animales y plantas.

El Buñuel es un espacio de «puerta abierta», es la plaza del 15M a cubierto

Desde los movimientos sociales teníamos claras las ideas, los planteamientos: queríamos cuidados, afectos, relaciones sanas... Lo que no sabíamos era cómo pasar a la acción, cómo ser coherentes entre lo que decíamos y lo que hacíamos. En el CSC Luis Buñuel, como siempre, fuimos de la práctica al discurso, y nos pusimos manos a la obra para probar herramientas y estrategias que nos hicieran sentir que estábamos transformándonos, que sí estábamos poniendo la vida en el centro. E incluso más allá: sentir que la vida es transversal a todo enunciado, que es nuestra vida la que genera la conciencia de lo que somos. Drenar las prácticas no tanto desde el discurso, sino desde el hacer de cada día. Que la razón acompañe al afecto y no al revés. Vivir con la piel erecta y el pensamiento húmedo.

El Buñuel es un espacio de «puerta abierta», es la plaza del 15M a cubierto. Quien quiere entra, opina, colabora... Por ello ha sido fundamental desarrollar estrategias que nos permitieran cuidarnos y cuidar el proceso cuando los desacuerdos, las tensiones o las diferentes visiones se hacían presentes, algo que, en un espacio colectivo, ocurre muy a menudo. Como proyecto de transformación social decidimos comenzar por transformarnos a nosotras mismas.

Así que respondimos al saber ancestral de que todas las personas necesitan cuidar y ser cuidadas, construyendo aquí y ahora desde los afectos, desde el deseo, más que desde la carencia o la rabia. Los cuidados como una actitud y no como un acto que figure en el acta. Y nos aventuramos a experimentar creando un Espacio de Cuidados mensual que salta de lo personal a lo colectivo y vuelta a empezar, donde además tomamos conciencia de los roles cuidadores que ya existían en el grupo, para poder valorar, agradecer y rotar. Seguimos indagando en torno a los procesos que nos permiten vivir las relaciones que decimos que queremos. Porque entendemos los cuidados como las prácticas que nos ayudan a satisfacer las necesidades personales y colectivas esenciales para sostener la vida, y observamos que dichas necesidades, aunque universales, nos colocaban en puntos de partida diferentes.

No ha sido fácil y no lo será. En una sociedad en la que el sufrimiento es un valor, la alegría, el placer y los cuidados son revolucionarios. Nuestros dolores, conflictos, agresiones, malentendidos o desacuerdos son algunos de los materiales con los que construimos nuestro aprendizaje, pero no son menos valiosos que los que obtenemos a partir de nuestros consensos, alegrías y victorias colectivas.

Practicamos el autocuidado de nuestro cuerpo colectivo, que no es la suma de las partes sino un sistema nuevo, con sus necesidades, ritmos, deseos, miedos, sueños... De esta forma gestamos nuevas lógicas y lenguajes que nos hacen poner, inevitablemente, los cuidados en el centro para poder sobrevivir y bien-vivir. Intentamos tomar conciencia cada vez que reproducimos las dinámicas relacionales a las que estamos acostumbradas, y que tan fuerte hemos interiorizado, con todo el trabajo personal y colectivo que eso implica.

Entendemos los cuidados como las prácticas que nos ayudan a satisfacer las necesidades personales y colectivas esenciales para sostener la vida

En el Buñuel vamos despacio porque vamos lejos, respetando el proceso grupal y siendo conscientes de la ineludible necesidad de establecer un clima de confianza para desarrollar la potencia y creatividad colectiva, que dé como resultado la inclusión radical de la diferencia. Todo esto solo es posible si se crean fórmulas que nos permitan acompasar nuestros ritmos, ir diluyendo las relaciones de poder y que la primera persona del plural resulte cómoda para todas las diferencias: somos Buñuel, somos multiplicidad.

Partimos de lo comunitario y de nuestra interdependencia. Encarnamos la vulnerabilidad y la necesidad de ser con las demás personas. Caminamos juntas: yo sin ti no puedo avanzar, tú sin mí tampoco. Nos abrimos a una dimensión desconocida que tiene que ver con re-conectarse con nuestras subjetividades y con el mundo. Experimentamos de este modo algo que, aunque en un primer momento parezca paradójico, no lo es en absoluto: cuanto más nos vinculamos a las demás personas, más libres nos sentimos, ya que colectivizamos nuestras necesidades y multiplicamos posibilidades de acción. Somos habitantes de un espacio que aprendemos a cuidar. Nuestro edificio-mundo es el lugar de entrenamiento para habitar la tierra desde el cuidado. Algo fundamental en los tiempos que corren, en los que los límites del planeta gritan que necesitamos cambiar el modelo.

Los feminismos y su capacidad de generar prácticas que implican todas las dimensiones del ser (especialmente aquellas que han sido invisibilizadas por ser las feminizadas) nos permiten abrirnos a una escucha profunda de las emociones y el sentir, pudiendo así comenzar a sanar(nos), gestando espacios en los que profundizar en la reivindicación de que lo personal (y lo corporal) es político.

Queda largo camino, el mismo que otras empezaron. Nosotras no somos más que un pasito necesario en un proceso de transformación que nos abarca y nos trasciende. Un camino de dar y recibir en comunidad. Llevábamos tiempo preparándonos para el acontecimiento, pero la revolución de los afectos ya empieza a tener efectos incluso en aquellas personas a las que les ha pillado por sorpresa.

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1 Comentario
Cooperante 20:29 22/3/2018

todas las personas necesitan cuidar y ser cuidadas, me ha encantado esto y todo el articulo. Muchas gracias.

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