Memoria histórica
No, por mí no tiembles

O lo que hay que hacer y lo que se debe hacer. Un clásico en filosofía. Y es que la ley y la moral no son siempre compatibles. De hecho, lo son mucho menos de lo que pensamos.

frame de documental Hogar
Vecina de Castaño del Robledo (Huelva), de luto, en la Iglesia Inacabada. Imagen extraída del documental Hogar

Co-directora de Hogar


publicado
2018-09-16 11:32

“No, por mí no tiembles: tu destino, prueba a enderezarlo”, decía Antígona a Ismene. ¿Qué había pasado? Antígona dio su vida por la de un muerto, porque la Justicia no entiende de beneficios. A Ismene, humana y racional, no le mereció la pena enfrentarse al tirano Creontes y enterrar a su hermano con dignidad. Para cuando se arrepintió ya era tarde.

Y es que los clásicos lo son porque son constantes. Porque hablan de nuestra naturaleza y resuenan como pulsaciones de la humanidad. Y Antígona, la loca, (moraleja, puro concepto) nos enseña que dicen más de nosotros nuestros muertos que nuestros vivos.

¿Y qué dicen nuestros muertos de nosotros, españoles? ¿Los unos y los otros? ¿Qué nos han dejado? Una herida, abierta. Es sabido. Una brecha para asomarnos al infierno, un país de fosas comunes. Y eso somos, y con ello vivimos. Una sombra de buitre oscuro sobre España. Una sombra con 500.000 nombres, muchos no quieren mirarla. Una identidad amputada y una conciencia colectiva invertida, haciendo un tabú de algo obligatorio. Opresión disfrazada de pudor.

¿A qué tenemos miedo?¿A reconocer que hemos sido engañados? ¿Que nada tiene esto que ver con ninguna otra cosa? Ya lo dijo Pablo Neruda, en su fortísimo Explico algunas cosas: “Y por las calles la sangre de los niños/ corría simplemente, como sangre de niños”. Sin más ni menos. Ni roja, ni negra, sin que ninguna conversación de bar ni ningún debate ni urna pueda cambiarlo. ¿Cómo pudo haber un pacto de silencio? ¿En qué nos hemos convertido?

¿Qué espacio deja el pacto del olvido para los muertos? Una bruma, un limbo falsamente laureado. ‘Los caídos por la libertad’. Por el fascismo, más bien. Y, más urgente, ¿en qué posición nos deja el pacto del olvido a los vivos? A día de hoy, seguimos siendo el país de los 100.000 desaparecidos. Y eso somos y con ello vivimos.

Hace unas semanas mi compañero de aventuras y yo hicimos, en una de nuestras investigaciones para el documental, una ruta por algunos pueblos de la Sierra de Aracena, en busca de historias de la Guerra. Dimos con Higinia, una señora cínica y preciosa. No quiso hablar. Se negaba en rotundo, por filósofa y por sabia. “¿Y qué vais a hacer si vuelven? ¿Ir a la plaza? ¿Pararlos con vuestras propias manos?”. Probablemente no.

Soy de las que piensan que lo que pasó no fue nuestra culpa. El miedo es peligroso, un mecanismo de control súper efectivo. Tiene un poder transformador asombroso. Si se presiona lo suficiente, cualquier persona estaría dispuesta a hacer lo que fuera por salvar a su familia. O no.

Entonces, ¿qué nos enseñan los clásicos de la guerra? ¿Qué nos enseñan de la justicia y del deber? ¿Hace cuánto que Sófocles ya hablaba de nosotros por la boca de Antígona? Como sociedad y como raza hemos tenido la oportunidad de Ismene. No hemos querido enterrar a nuestros abuelos. Seguimos sin querer.

Un clásico. Por mí no tiembles, España. Tu destino, prueba a enderezarlo.

Hogar
Hogar es un proyecto documental que abre un diálogo sin reservas, desde la Sierra de Aracena y lo rural, con nuestra historia reciente. Un acercamiento a la Guerra Civil desde las personas, desde lo humano. Porque donde más se notan las consecuencias de una guerra es en casa, en la calle, en el pueblo y en la tierra. Y ese es el punto de partida de Hogar: lo doméstico. Porque nuestra memoria viva se va apagando, y no podemos dejar que se pierda para siempre.

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1 Comentario
Pablo 13:12 16/9/2018

¡Menos mal que estos temas van saliendo a la luz! Como con los humanos, las palabras que nos callamos nos pudren por dentro. Es necesario que haya opiniones y artículos como éste, que provoquen debate y nos hagan cuestionarnos nuestra comodidad.

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