Acabar con la dispersión. Una cuestión de derechos humanos

Más de tres años después del cese definitivo de la actividad armada de ETA y de toda una serie de pasos dados para aportar al proceso, son más de 470 las presas y presos políticos vascos que continúan sufriendo la obcecación del Gobierno de Mariano Rajoy en mantener e incluso profundizar la política de dispersión de este colectivo.

Etxerat
El logo de Etxerat, organización que pide el acercamiento de presos a cárceles de País Vasco, destaca en la manifestación por los derechos de los presos de enero de 2014. Ekinklik

periodista, ex subdirectora de 'Egin' y presa 6 años por el sumario 18/98. Actualmente participante de SARE.


publicado
2015-01-05 06:06:00

Más de tres años después del cese definitivo de la actividad armada de ETA y de toda una serie de pasos dados para aportar al proceso, son más de 470 las presas y presos políticos vascos que continúan sufriendo la obcecación del Gobierno de Mariano Rajoy en mantener e incluso profundizar la política de dispersión de este colectivo.

Dispersión: un castigo añadido a las ya de por sí duras condenas, que se complementa además con la rígida aplicación de una legislación modificada exprofeso. Dispersión: un castigo y una enorme carga infligidos a las y los familiares de esas personas presas, a miles de personas, así como a su entorno de amistades. Dispersión: un cruel distanciamiento, intencionado y planificado desde hace 25 años, bajo el cual se vulneran diariamente derechos humanos y jurídicos de presas y presos vascos y sus familiares. Hay que ponerle fin ya.

El Estado argumentaba oficialmente que la dispersión permitiría procesos de reinserción al margen del Colectivo, que apartaría sectores “duros” y “blandos”…, pero la realidad es que la dispersión perseguía desde el principio castigar, cortar comunicaciones, aislar y separar a personas presas, penalizar a sus familias y amistades con largos y costosos viajes, e incluso, que se generaran conflictos entre presos y presas políticas y presas y presos sociales. Es decir, se pretendía que la estancia en prisión fuera lo más complicada y dura posible para la persona encarcelada y para todo su entorno afectivo, social y político. Se quería romper, doblegar a estas personas y resquebrajar su entorno afectivo, social y político. Una forma de venganza, en suma.

Exigir el fin de la dispersión no es una cuestión de ideologías, es una cuestión de derechos humanos
En 25 años, el único de los objetivos que ha conseguido la dispersión ha sido acumular sufrimientos innecesarios sobre millares de personas, incluyendo 16 muertes en carretera. Sus efectos han sido agravados por el sistemático retorcimiento que los sucesivos gobiernos españoles han hecho con la legislación penitenciaria, el Código Penal y aspectos como los cómputos de penas. A ello hay que sumar el mantenimiento en prisión de personas gravemente enfermas, mayores de 70 años y con las tres cuartas partes de la condena cumplida.

Todas esas agresiones no han roto la fortaleza de la inmensa mayoría del conjunto de presos y presas vascas ni la de sus familiares y entornos, y sí han generado un enorme y duradero caudal de solidaridad y denuncia creciente en la sociedad vasca. Ese caudal se expresa en pequeños gestos cotidianos y también en grandes movilizaciones, como las de cada mes de enero; en concentraciones semanales en distintos pueblos y ciudades; en apoyo material a familiares; en acuerdos institucionales que, respondiendo a la demanda social, reclaman que presos y presas vascas sean trasladados ya a prisiones situadas en Euskal Herria. Es un paso imprescindible en un proceso que deberá culminar con su salida a la calle.

SARE, red ciudadana presentada en junio tras un proceso previo de reflexión y recogida de experiencias y aportaciones nuevas, quiere ofrecer a la sociedad vasca un instrumento para aunar ese caudal reivindicativo, y difundir un mensaje claro más allá de Euskal Herria: hay que acabar con la dispersión, con esa constante vulneración de derechos básicos que se mantiene cuando han desaparecido ya otras causas de sufrimiento. Ningún proceso posterior a una confrontación armada termina bien si no se tienen en cuenta y se resuelven todas las consecuencias del conflicto, entre ellas, el colectivo de presas y presos políticos.

Exigir el fin de la dispersión no es una cuestión de ideologías o reivindicaciones de parte; el fin de esa práctica cruel es una cuestión de derechos humanos. Hay que dejar de lado las conveniencias políticas y las coyunturas electorales y abordar el problema en su verdadera dimensión: los derechos humanos. En ese sentido, además de activar a la sociedad vasca y buscar que los compromisos se traduzcan en acciones eficaces, SARE quiere llevar este urgente asunto a agentes y organismos internacionales, explicando y denunciando lo que ocurre, para lograr crear presión sobre el Gobierno español y el francés y moverles a cambiar su política.

Una manifestación en Bilbao el 10 de enero reclamará el acercamiento de los presos vascos
Los 500.000 libros de la dispersión son una herramienta para ello. Si calculamos que cada ejemplar puede pasar por al menos 3 manos, llegaríamos a un millón y medio de personas, muchas de ellas organizadas en organismos de derechos humanos y todo tipo de asociaciones humanas, culturales, políticas… La incidencia es grande. Pero el libro no es un objetivo en sí mismo, es una forma de acercarnos a otras personas que desconocen esas vulneraciones, y de fomentar una reflexión y un compromiso.

El 10 de enero de 2015, en Bilbo, a las 17h30 de la tarde, queremos dar un impulso gigantesco a esa labor de difusión y reclamación. Partiendo de dos puntos de la ciudad, confluiremos en la Plaza Zabalburu, nos reuniremos en torno a un mismo objetivo urgente y necesario para el desarrollo de un verdadero proceso de paz en nuestra tierra. Uniremos nuestras razones, corazones y manos para lanzar una señal luminosa al mundo y demostrar, una vez más, la arraigada exigencia de la sociedad vasca: Euskal presoak, Euskal Herrira!

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