Música
Superchunk, veteranos del rock independiente muy enfadados con Donald Trump

Mac McCaughan, cantante y guitarrista de Superchunk, cree que sigue existiendo un público que crea comunidad en torno a la canción protesta. Quizá por eso y por el enfado que les causó la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, el último disco del cuarteto —que esta semana presentan en España— es en el que más abiertamente se explayan sobre asuntos políticos. Y, como siempre, lo hacen con canciones estupendas.

El grupo estadounidense Superchunk
El grupo estadounidense Superchunk actúa el 3 de julio en Valencia (Rambleta), el 4 en Madrid (BUT) y el 5 en el festival Vida (Vilanova i la Geltrú). Foto: Lissa Gotwals.

publicado
2019-07-01 12:30:00

El 20 de enero de 2017 fue un mal día para Mac McCaughan y Laura Jane Ballance. En las casas de estos dos músicos estadounidenses, como en las de muchos otros de sus compatriotas, no se celebró ni mucho menos la investidura de Donald Trump como el 45º presidente de los Estados Unidos de América. Barruntaban —como se ha confirmado posteriormente— tiempos malos por venir para la democracia y la defensa de los derechos humanos. Y el enfado que ambos tenían lo plasmaron en el disco número 11 de su grupo de rock, Superchunk.

McCaughan —a la guitarra y voz— y Ballance —bajista— forman el núcleo motor de una banda que cumple tres décadas haciendo rock a su manera, tocando en el arcén de la carretera principal y sin la repercusión de los grandes nombres. Desde esa segunda división han trazado una trayectoria inmaculada, plagada de vitaminadas canciones y de inspirados e inspiradores conciertos en escenarios de todo tipo.

Casi desde el primer ensayo de Superchunk, la pareja tuvo claro que en su camino iban a mandar ellos. Por eso abrieron Merge, la discográfica que ha dado a luz todos los discos del grupo y de otros artistas con los que quieren trabajar. Dame indie rock, que cantaban Sebadoh a comienzos de los años 90.

Esta semana presentan en Valencia, Madrid y Vilanova i la Geltrú ese disco surgido del malestar por la llegada al poder en su país de un personaje como Trump, What A Time To Be Alive. Menudo tiempo para vivir, desde luego. Y lo que ofrecen para aliviarlo es lo de siempre: solo rock‘n’roll, pero nos gusta.

Después de tantos años, ¿qué os hace seguir tocando, escribiendo canciones, grabando discos y llevando Merge?
Supongo que al llevar tanto haciéndolo se ha convertido oficialmente en nuestro trabajo. Pero, de verdad, aún disfrutamos de esto. De no ser así, no lo haríamos. En Merge trabajamos con grupos que nos encantan y mientras con Superchunk nos sigamos divirtiendo al tocar y al grabar, lo seguiremos haciendo.

¿No te sientes cansado a veces?
Tengo 51 años, me siento cansado muchas veces, pero no durante los conciertos. Quizá la mañana después...

¿Hasta qué punto consideras a Superchunk los últimos creyentes de un mundo que ya no existe?
Creo que somos realistas acerca de qué tipo de mundo es el mundo en la actualidad. No vivimos en el pasado, y hay un montón de buenos grupos haciendo música, tanto nuevas bandas como otras que han estado desde antes de que empezaramos. Así que no lo veo como dices, realmente. La única diferencia es cómo la gente consume música ahora. Pero es algo que no podemos controlar.

¿Hay sitio para la innovación en el rock‘n’roll?
Supongo que hay varias formas de innovación. Está la técnica, y ahí hay gente que sigue buscando nuevos modos de escribir grandes canciones y grabar grandes discos. En Merge trabajamos con artistas que hacen ambas cosas. No creo que, como grupo, estemos bajo la ilusión de que hacemos algo original sino que con suerte aún podemos hacer discos que alguna gente quiere escuchar y que nos resultan divertidos de tocar.

¿Dónde podemos encontrar en 2019 rock’n’roll a la manera en que Superchunk lo entienden?
¡Hay muchos buenos grupos por ahí! Si hablamos de bandas con las que trabajamos en Merge, tenemos a A Giant Dog, Swearin’, Sneaks, Ex Hex, Telekinesis, Mike Krol, Ibibio Sound Machine o Titus Andronicus, y otras muchas que personifican el espíritu con el que empezamos el sello y la banda. Fuera de Merge, me interesan mucho Otoboke Beaver de Japón, los nuevos discos de Hot Chip o Sharon Van Etten.

¿Qué queda de la banda que empezó a ensayar en 1989?
[Risas] Supongo que aún nos divertimos juntos.

¿Qué os hizo empezar con el grupo entonces?
Ya habíamos disfrutado tocando antes en otros grupos así que creo que empezamos Superchunk para intentar hacer canciones como las de bandas que nos encantaban como Buzzcocks o Hüsker Dü.


¿Los chavales de clase trabajadora en Estados Unidos aún escuchan indie/rock/punk en 2019?
Creo que cada vez más gente escucha muchos tipos distintos de música aunque, de algún modo, los servicios de streaming hacen más fácil que te quedes en tu nicho. El adolescente que vive en nuestra casa escucha mogollón de hip hop. También es cierto que cuando tocamos suele haber gente de todas las edades.

¿Cuál consideras más completo de vuestros discos, más cercano al grupo que habéis querido ser? Para mí es Majesty Shredding. Estuve en vuestro concierto en Madrid en aquella gira y fue casi perfecto.
¡Gracias! Me encanta ese disco. Es interesante porque creo que ese disco y el nuevo son los dos nuestros en los que hemos conseguido lo que queremos hacer. Pero quizá también se pueda decir de Indoor Living.

Vaya un tiempo para vivir, eh. ¿Ha mejorado o empeorado en los dos años desde que salió el disco?
Ha empeorado, de alguna manera.

En una entrevista en Rolling Stone dijiste que “hubiera sido extraño escribir sobre cualquier otra cosa”, refiriéndote a la victoria de Donald Trump y la grabación de What A Time to Be Alive. ¿Vivir en Estados Unidos es tan opresivo como parece desde fuera?
Lo es si te preocupas por los derechos humanos y la democracia. Ayer nuestra Corte Suprema votó para que las voces de las minorías lo tengan aún más difícil para ser escuchadas en las elecciones. Están consagrando al poder blanco en las instituciones y eso es repugnante.

¿Hay algo optimista sobre lo que cantar hoy?
La gente que te rodea, supongo.

Nunca habíais sido tan explícitos políticamente en las letras. ¿Ha sido imposible obviar lo que pasa en vuestro país?
Sí, por supuesto.

¿Hasta qué punto vuestras canciones pueden ser una herramienta para curar dolores?
Creo que las canciones son una salida, de muchas maneras, y que escribirlas es algo que haríamos de todos modos. Y salvo que hagas música instrumental, necesitas tener algo que decir. Quizá escuchar las canciones puede ser útil para alguien.

¿Cuál es el papel de la música popular en el siglo XXI? En 2017 Billy Bragg me dijo que escribir canciones en los años 70 del siglo XX era la única manera para que jóvenes de clase trabajadora pudieran comunicar y que la música ahora había perdido ese carácter de vanguardia para la cultura juvenil. ¿Estás de acuerdo?
Sí, estoy de acuerdo aunque pienso que sigue habiendo un público que crea comunidad en torno a la canción protesta.

La canción “What a time to be alive” es muy crítica con la cobertura mediática del auge de la llamada derecha alternativa en Estados Unidos. ¿Cuál es la responsabilidad de los medios?
Los medios juegan a un juego en el que actúan como si hubiera dos partes iguales en cada discusión, cuando realmente solo hay un tema que tiene sentido, que es combatir el fascismo en todas sus formas.


En “I got cut” cantas que “todos estos hombres viejos no morirán pronto”. ¿Te da miedo el presente y el futuro de tu país?
Sí, también me asusta el mundo en el que nuestros hijos están creciendo.

¿Escribir este disco te ayudó a encontrar una nueva perspectiva sobre tus sentimientos aquellos días?
No sé si me aportó un nuevo punto de vista, pero sí me dio algo que hacer.

¿Cómo ves el disco hoy?
Creo que es un buen retrato de nuestros sentimientos entonces, y como te he dicho, las cosas realmente han ido a peor, al menos en lo que se refiere a la cúpula del Gobierno. Están destruyendo cosas que va a costar mucho tiempo reparar.

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