Movimientos sociales
Abrazos contra el miedo y el odio

Ongi Etorri Errefuxiatuak ha celebrado su tercer aniversario impulsando una iniciativa europea por los derechos de las personas migrantes, la Besarkada. La movilización central en Euskal Herria se realizó el pasado domingo en Durango y más de 5.000 personas se abrazaron colectivamente recordando a las 35.000 personas fallecidas en el Mediterráneo.

Besarkada M5 Durangon
Miles de personas se abrazan en Durango de defensa de los derechos de las personas migrantes y contra el auge del neofascismo. Ongi etorri errefuxiatuak

publicado
2019-05-07 10:37

La plataforma por la defensa de los derechos de los migrantes y refugiados Ongi Etorri Errefuxiatuak quiso celebrar su tercer aniversario planteándose el reto de articular los esfuerzos de los movimientos antirracistas y en favor de los derechos de los inmigrantes a nivel Europeo. El colofón de esta campaña fue la Besarkada (Abrazada, en castellano) colectiva del pasado domingo en Durango. En el acto se homenajeó a las más de 35.000 migrantes fallecidas en el mar Mediterráneo en los últimos 25 años y se recordó el bombardeo sufrido por esta localidad hace 82 años.

La movilización fue un paso adelante en el empeño de la plataforma para articular una defensa activa contra el auge del neofascismo en toda Europa. Cuando faltan apenas tres semanas para unas elecciones europeas en las que se prevé un auge de la representación de la extrema derecha en el Parlamento Europeo, Ongi Etorri Errefuxiatuak ha lanzado un mensaje internacionalista de solidaridad y rechazo al odio colonial que representan las fuerzas neofascistas.

Al mediodía, en la plaza Ezkurdi, la plataforma presentó los motivos de la campaña con la lectura de un comunicado y concluyó con el abrazo resistente del pasado y del futuro: Rosa, víctima del bombardeo de Durango hace 82 años, abrazaba a la euskopalestina Sara Hawari, vecina de Durango. Así, un poderoso irrintzi daba la salida de las cabeceras que, en absoluto silencio, se dirigían hacía Landako donde, como una espiral, se abrazarían en un colectivo gesto de solidaridad y empatía.

Las más de 5.000 personas tomadas de la mano, avanzaban en silencio escuchando los nombres de la casi interminable lista de personas ahogadas en el Mare Nostrum ante la negligencia y la connivencia de las instituciones europeas y sus estados miembros. Les acompañaban unos suaves golpes de txalaparta y unas notas que un triste violonchelo dejaba escapar. Desconocidos de muy diversos orígenes compusieron una emotiva cadena de humanidad que pronto se fundiría en un enorme abrazo de esperanza y lucha.

Paralelamente, en otras 35 ciudades de varios países se había convocado la abrazada y más de 200 organizaciones se habían adherido a la campaña que, además, está en coordinación con otras acciones de la misma naturaleza, como “One Europe for All” en Alemania, “STOP” en Dublín y “Salvemos el derecho de asilo” en Francia.

Varias figuras destacadas de la sociedad vasca firmaron un artículo colectivo en el que hacían suyas las reivindicaciones y las preocupaciones que ha puesto sobre la mesa esta campaña. En la que era la articulación internacional más ambiciosa hasta la fecha, en la que han llevado más allá el esfuerzo realizado los tres últimos veranos, con expediciones a los puntos calientes de la frontera europea bajo la iniciativa “Caravana Abriendo Fronteras” articulando con organizaciones de Grecia, Italia y la Frontera Sur, llevando a cabo acciones de denuncia.

Implantación

No son pocos los méritos con los que cuenta Ongi Etorri Errefuxiatuak, una plataforma muy activa en sus tres años de vida y que ha puesto la imaginación política al servicio de las múltiples causas que defiende. Así lo escenificaron en Durango donde cada una de las ocho columnas que marcharon desde la Plaza Ezkurdi a Landakogune representaban un motivo, una reivindicación que abrazándose entre sí dibujaban otro mundo posible, recordando a todas las personas que han muerto injustamente buscando una vida mejor que les fue negada. La plataforma ha conseguido calar muy hondo en la sociedad y su bandera, la de un antirracismo militante, es parte del paisaje urbano y rural de todo Euskal Herria.

Justo una semana antes, el exalcalde de Vitoria-Gasteiz, Javier Maroto, se ha convertido también en exdiputado en las Cortes Generales, demostrando que el populismo xenófobo sale caro en esta tierra y que las políticas antirracistas ganan a las fascistas. De hecho, el pasado verano, tanto el Sociómetro Vasco como el Barometro de Ikuspegi, el Observatorio Vasco de Inmigración, apuntaban a la consolidación de una mejora en la percepción de los vascos con respecto a la migración. En 2017 el 12,6% de los vascos veían la inmigración como un problema, y según los últimos datos es solo el 7,7% de la población. El informe apunta con respecto a los refugiados, y un tema de gran impacto mediático en los últimos años, se consolida una percepción empática y solidaria.

El Sociómetro Vasco de junio del 2018 señalaba que el 65% de los vascos considera que los migrantes de otros grupos étnicos enriquecen la vida de Euskadi. Hace tan solo unos años la migración era percibida como la cuarta problemática más preocupante para los vascos de acuerdo a la misma fuente, por encima incluso de la educación o la vivienda. Movimientos como Ongi Etorri Errefuxiatuak, junto a otras organizaciones que llevan años luchando por esta causa, posiblemente han contribuido a la consolidación de esta tendencia.

Horizontalidad

La horizontalidad ha sido la seña de identidad de esta organización que, además, adopta múltiples formas y estrategias, combinando las acciones de incidencia política con acciones de ayuda mutua y desobediencia civil. Ongi Etorri ha articulado un poderoso discurso que exige un cambio de las políticas de frontera, demanda a las instituciones dispositivos de acogida para las personas desplazadas que ya están aquí y denuncia las causas de esos desplazamientos forzosos como la guerra, el ecocidio o la absoluta impunidad de las transaccionales que explotan a las personas y los recursos de los países empobrecidos, así como la criminalización de la solidaridad del Open Arms o el Aita Mari.

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Las elecciones del 26 de mayo constituirán un punto cardinal en la correlación de fuerzas ante la extrema-derecha en la única institución europea cuyos representantes son elegidos democráticamente, el Parlamento Europeo. Institución que ha servido en varias ocasiones de cortafuegos ante los órganos ejecutivos de la Unión. En la última década ha quedado en evidencia que la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y sobre todo el triunvirato que compone la Política exterior y de seguridad común de la Unión Europea poco o nada tienen de democrático y no atienden a soberanías, ni a Derechos Humanos.

La elecciones europeas serán determinantes para que aspiraciones como la universalidad de los Derechos Humanos no sean sueños rotos ante la constatación última de que este sistema corrupto y depredador no parara hasta acabar con todo. Sin embargo, como se empeña en recordarnos Ongi Etorri Errefuxiatuak, será articulando mecanismos de resistencia, la movilización en las calles, la solidaridad entre pueblos y la empatía entre personas lo que frene definitivamente a ese monstruo que cumple ya 100 años, pero nunca se fue del todo.

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