La frustración postrevolución lanza al mar a miles de jóvenes en Túnez

Las costas de Túnez viven desde hace meses un repunte de las salidas de embarcaciones en dirección a Italia. Las dificultades económicas y la falta de expectativas, con especial énfasis en el interior y el sur del país, llevan a miles de jóvenes a dar el paso.

Túnez migraciones
Dos jóvenes frente al mar en Túnez. Pablo Jiménez
Túnez

publicado
2017-12-18 09:31:00

Este domingo 17 de diciembre se cumplieron siete años desde que Mohammed Bouazizi se quitara la vida en Sidi Bouzid, una localidad del interior de Túnez. El suicidio de este joven vendedor ambulante desencadenó una ola de protestas que acabó por descabalgar casi un mes después a Zine El Abidine Ben Ali. La presión popular terminó con el dictador e inició en este pequeño país del Magreb una transición hacia la democracia que muchos catalogaron de modélica.

Sin embargo, más de un lustro después la realidad de Túnez muestra múltiples claroscuros. El último revés procede de las costas del país, donde en los últimos meses han escalado con fuerza las salidas hacia Italia de jóvenes tunecinos hastiados de la mala situación económica y la falta de expectativas en sus poblaciones de origen.

Solo en septiembre, 1.400 tunecinos llegaron al litoral italiano a bordo de precarias embarcaciones de pesca, según los datos facilitados por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). Esta cifra supera al total de llegadas registradas en los doce meses de 2016 o de 2015. Aunque se observa un pico claro al final del verano, la tendencia arranca desde comienzos del año: 2.700 nacionales tocaron suelo europeo entre enero y septiembre.

En 2012 había mucha esperanza. Los jóvenes esperaban mucho de sus dirigentes. Pero ahora perciben que su situación no ha mejorado

Para dibujar una fotografía más realista hay que contabilizar también los viajes interrumpidos ya en el litoral tunecino, una de las costas mejor vigiladas en el Mediterráneo sur. 164 barcos fueron interceptados en los tres primeros trimestres del año, de acuerdo al Ministerio del Interior. En ellos viajaban 1.652 personas, de las cuales cerca de 1.400 eran de nacionalidad tunecina.

Aunque estos números no alcanzan todavía los registrados en 2011 al calor del descontrol postrevolución, sí muestran un cambio claro en la realidad migratoria del país norteafricano. Y por encima de todo alertan del riesgo de que estas salidas vayan a más en los próximos meses, según advierten diversas ONG y entidades locales.

“Pesimismo”

¿Pero por qué más tunecinos están hoy en día dispuestos a arriesgar su vida para llegar a Europa? “Existe un amplio sentimiento de frustración; sobre todo entre los jóvenes”, apunta Hélène Le Goff, de la oficina de la OIM en Túnez. “Se dan cuenta de que los frutos de la revolución se quedan en grupos muy pequeños de gente. La mayoría de ellos en la capital… En 2012 había mucha esperanza. Los jóvenes esperaban mucho de sus dirigentes. Pero ahora perciben que su situación no ha mejorado”, explica.

Con altos índices de paro (por encima del 15%) y salarios muy precarios, la economía tunecina ha sufrido varios mazazos en los últimos años. Los atentados yihadistas de 2015 hirieron casi de muerte a la principal fuente de ingresos del país, el turismo, que hoy en día trata de ponerse en pie pero a un ritmo todavía muy lento.