Energía nuclear
La cara oculta de la energía nuclear

Esta historia de Uran, un átomo de uranio, nos permite conocer el proceso de generación de la energía nuclear, con sus diferentes fases y consecuencias, y así hacernos una idea de qué hablamos cuando hablamos de la nuclear. 
Por la vida y la no nuclearización
Pegatina de 1977.
Ecologistas en Acción

publicado
2018-07-02 07:08:00

¿Alguna vez has oído que las centrales nucleares no contaminan? ¿Que no emiten CO2? Esto es una verdad extremadamente parcial, que sólo tiene en cuenta el uso puntual del combustible para obtener energía eléctrica en una central nuclear, no durante todo el ciclo de vida de la central, el combustible y su desmantelamiento. Por ejemplo, puedes verlo en la web de red eléctrica española cualquier día, en la pestaña del CO2 asociado a la tecnología nuclear.

Pero la realidad es que la electricidad nuclear no surge de la nada sino que necesita de largos y contaminantes procesos hasta llegar producir la electricidad, y posteriormente de desecho de los residuos generados, que en su vida entera sí que suponen las emisiones de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero y residuos (2 referencias, en English y en castellano más corto en el capítulo xvii).

Si quieres saber la historia completa del ciclo nuclear, te invito a leer la historia que nos cuenta Uran, quien un día se despertó en una veta de uranio en Australia, a más de 100 metros bajo tierra.

La vida de uran 
“¡Hola! Soy Uran, un átomo de uranio. Os voy a contar la historia de mi vida, que comenzó hace más de siete millones de años. Cuando me desperté estaba en un sitio muy oscuro, caluroso y lleno de otros átomos. Era un agobio estar allí tan aplastado de átomos diferentes y muy feos. Además hablaban de una forma muy rara y no entendía nada.

¿Alguna vez has oído que las centrales nucleares no contaminan? ¿Que no emiten CO2? Esto es una verdad extremadamente parcial.

De repente oí un ruido muy fuerte, la tierra tembló… y apareció un poco de luz. Siguieron sonando los ruidos y de repente apareció muchísima luz ¡Qué liberación! Vi una cosa gigante que se llevaba a muchos de los otros átomos, soplaba el viento y había más sitio ¡Qué bien librarnos de tanta peña molesta!

Eso sí, no debía de ser muy agradable donde se los llevaban, porque se oía chillar a todos los que cogían y luego tirarlos en otro sitio. “A ver si tengo suerte, no me cogen y me dejan en este sitio fresquito!”, pensé mientras me repantingaba.

Pero no… rápido vinieron y me cogieron, fue un viaje de vértigo, nos cogieron, nos zarandearon y por fin nos tiraron en otro sitio. Iba cambiando de lugar todo el rato, y cada vez veía a átomos diferentes, pero seguía sin entenderles.

De repente empezó a caer un líquido que quemaba y hacía desaparecer a muchos átomos raros y nos fuimos juntando muchos átomos iguales. Quedaban todavía algunos raros, pero de repente éramos un polvo en el que había muchos como yo, todos amarillos, ¡y les entendía lo que decían! Me enteré entonces de que era un átomo de Uranio y que cada 3 nos juntamos con otros raros más pequeños. Ahora parecíamos una torta amarilla. Por fin nos libramos de los apestosos raros, cuando tiraron casi todo a la basura, por cada kilo de uranio que nos quedamos, tiraron más de 600 kg del material extraído, cientos de toneladas de agua con ácido sulfúrico, nítrico, amoniaco, metales pesados y que permanecen liberando radiactividad al ambiente durante miles de años. Cogieron la torta y nos llevaron a otro sitio, ¡donde nos echaron algo que nos hizo volar

Ahí me di cuenta de que yo era un poco distinto a los demás. Después nos dieron muchas vueltas y nos separaron en 2 grupos diferentes, yo era del grupo más fuerte, que había muy poquitos y podíamos disparar y acabar con los demás más fácilmente y con las vueltas me fui encontrando en un lado donde cada vez había más como yo, al principio éramos muy pocos, 7 de cada mil, y luego éramos 30. Nos habíamos enriquecido mucho. Al final tiraron al otro grupo (que era más grande) a la basura, y a nosotros nos llevaron a un sitio donde nos dijeron que iban a hacer “combustible nuclear” y nos convirtieron en potentes barras sólidas.

La nuclear supone emisiones de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero y residuos.

Ahí todos éramos iguales y nos entendíamos bien. No había asquerosos átomos distintos y si nos juntábamos podíamos empezar a soltar radiactividad y hacer mucho daño a todo lo que tocáramos. Por el camino dejamos un agujero enorme en la tierra, y toneladas y toneladas de piedras y agua contaminada y emitiendo radiactividad. Parte de ese material se pudo utilizar después incluso para hacer armas con uranio empobrecido. Para ello, además de todos los materiales que dejamos atrás (el 85% del material que se procesa más los residuos), fue necesario utilizar una gran cantidad de energía para todo el proceso desde la mina hasta el combustible utilizable más el transporte de todos los materiales de la mina hasta donde se hizo el enriquecimiento y encapsulado hasta la central.

Después hicimos un viaje muy largo, cruzando el mundo, hasta un sitio que oí que se llamaba central nuclear. Después de la época de zarandeos hasta que nos juntamos todos, vivimos una buena experiencia. Vivíamos en un hotel de lujo, caliente, sin fuertes golpeteos y nos decían que podíamos generar energía buena para los humanos que me sacaron de la tierra, y entonces viviríamos mejor y con más lujo, generando "beneficios caídos del cielo" y mucho dinero a la empresas propietarias. La central era muy grande, con gruesas paredes de hormigón y plomo, que debió costar mucho tiempo, energía y trabajo construir.

Sabíamos que cambiaríamos cuando nos golpeara un neutrón, y que entonces pasaríamos a una vida mucho mejor. En este grupo muchos éramos iguales, y no había un neutrón para cada uno, y teníamos una enorme pelea por ser el átomo al que consiguiera un bonito neutrón.

Por cada kilo de uranio que nos quedamos, tiraron más de 600 kg del material extraído.

Cuando a algún átomo le golpeaba un neutrón, entonces cambiaba, se partía en dos partes más pequeñas y empezaba a golpearnos con más neutrones que hacían cambiar a otros, con más partículas y radiaciones que hacían daño y seguían expulsando mierda y hacía mucho calor, por lo que tenía que pasar agua para enfriarnos. Vamos, que lo que nos habían dicho tampoco era tan bonito. Pero no tuve suerte de probar cómo era la vida de los que habían conseguido un neutrón, que vi que pasaban a golpear fuerte, dar mucho calor y se partían en dos. Nos convertimos una pastilla que estaba tirando cosas todo el tiempo y olía muy mal.

Después de un año, vinieron y nos sacaron del reactor y nos pusieron en una piscina para que nos fuéramos enfriando. En cuanto veíamos a alguien, atacábamos con radiaciones alfa y beta, volviendo incluso radiactivo todo lo que tocábamos, hasta las paredes del reactor, la ropa que llevaban… Éramos tan peligrosos que nadie se atrevía a acercarse a nosotros. Estábamos encerrados en un sitio vigilado todo el tiempo. Desde que entramos en el reactor, nadie se acercó a nosotros. Estábamos encerrados en un sitio vigilado todo el tiempo. Cada año venían y traían más barras como la nuestra a la piscina. Luego cerraron la central y no trajeron más barras.

Luego nos llevaron a lo que llamaron Almacén Temporal Individualizado, o ATI, decían. Después nos llevaron a otro sitio, Almacén Temporal Centralizado, ATC, y luego hicieron un almacén geológico profundo o AGP. El tiempo ahora se hacía muy largo, sin diversión, enfriándonos y aburriéndonos mucho. De vez en cuando, uno de nosotros de repente se partía en dos y emitía radiación que hacía mucho daño. Y así llevo miles de años, aprendiendo todo lo que realmente he contaminado y la amenaza que somos para todos los seres vivos del planeta.

Con todo lo aprendido, pienso que me habría gustado ser un átomo de silicio, que puesto en una célula solar, puede generar energía del sol durante muchos años, sin necesitar ningún cuidado ni estar encerrado y solo. Ahora, cuando recuerdo mi vida activa,  antes de estar encerrado, entiendo porqué hubo tanta lucha antinuclear, tantas voces que gritaban: “¿Nuclear? No, gracias”.

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