Chile
El estallido de Chile. Crónica desde Santiago en primera persona

Nunca antes me he hecho tan responsable de mis palabras como en este instante. Soy de clase baja y trabajo en un callcenter en el centro mismo de la ciudad. Gano poco más de 500 euros al mes y vivo en las poblaciones de los márgenes de la ciudad de Santiago de Chile. Mi intención es hacer ver que están sucediendo atrocidades inhumanas en mi país y que los medios, en coordinación con el Gobierno, quieren esconderlas.

La Foto Chile
Varias personas en las protestas en Chile. Eric Allende
2 nov 2019 13:07

Nunca antes me he hecho tan responsable de mis palabras como en este instante. No voy a adornar mis palabras con nada más que las precisiones que tengo a mi alcance, y esto es difícil, teniendo en cuenta que represento a la situación más general e indeterminada de la gran masa de la población chilena.

Soy de clase baja y trabajo en un callcenter en el centro mismo de la ciudad. Gano poco más de 500 euros al mes y vivo en las poblaciones de los márgenes de la ciudad de Santiago de Chile. No pertenezco a ningún partido ni asociación política parecida. Mi intención es hacer ver que están sucediendo atrocidades inhumanas en mi país y que los medios, en coordinación con el Gobierno, quieren esconderlas frente a la visita de una misión de la ONU, anunciada en twitter por la alta comisionada de los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, expresidenta de Chile. Por lo mismo, es necesario que se protejan los antecedentes audiovisuales que la ciudadanía ha publicado en las redes para alertar a la población.

Antes de nada hay que decir que esto no empezó a finales de este mes con el anuncio de la subida del precio unitario del transporte por metro. Esto empezó con el golpe de Estado de 1973 [vídeo] y estalló el 18 de octubre de 2019. No haré un resumen de la historia de Chile desde ese entonces hasta hoy, porque extenderme sólo dilataría la crónica de lo que está pasando en este ahora extenso. Pero es necesario aclararlo, para que nadie crea que sólo se trata de una subida en el pasaje del metro a 830 pesos chilenos. 

Aquí el horror viene del ejercicio de reprimir una manifestación pacífica como la que ustedes hubieran convocado
No continuaré además con el contexto, pues es mucho más sensato que un ciudadano español lo entienda por medio de su propia realidad, por sus propios problemas, que ya bastan para que tenga la necesidad de manifestarse. Aquí el horror viene del ejercicio de reprimir una manifestación pacífica como la que ustedes hubieran convocado. Aquí el horror viene del poder que tiene el Estado de Chile, Carabineros de Chile y el Ejército de Chile para reprimir a los manifestantes. Si algún extranjero se sumara a estas manifestaciones sufriría el mismo riesgo que los chilenos aglomerados en los eventos masivos en protesta contra el gobierno de Sebastián Piñera. De acuerdo con esto, prefiero dejarles la tarea a ustedes de contextualizar este momento por otras vías.

La población de Santiago se entera de la magnitud de este estallido no por los medios, sino en las calles. Las evasiones masivas organizadas por los estudiantes secundarios no consisten simplemente en saltar los torniquetes. Consisten en quedarse ahí y promover la evasión a todos los usuarios, abriendo las puertas paralelas, celebrando a cada persona que se sume, asistiendo a quien necesite ayuda, no impidiendo que los trenes transiten y las estaciones sigan activas. Se trataba de no pagar. Se trataba de facilitar la evasión, y con el ciudadano medio funcionó de maravilla. Tambien resultó, que los ciudadanos y ciudadana se fueron sumando y la organización del metro no dio a basto con sus medidas de contención y, como habitualmente lo hace, acudió a la fuerza pública. Se podía ver a tropas de carabineros armados apostados en las entradas de metro, prestos a utilizar toda la fuerza de la represión contra los estudiantes y usuarios por igual.

Acá no se disimula, acá la brutalidad tiene que disuadir de intervenir a cualquiera con el color de la sangre. Disparos de proyectiles de gas lacrimógeno hacia los cuerpos de las personas, en un recinto subterráneo y en vagones cerrados, que van en marcha
Aquí empezó a verse la violencia, una violencia que el chileno común conoce y ha vivenciado él mismo en cada acto de la represión que siempre ha abundado en mi país. Golpes con lumas (bastón que usan los carabineros), dirigidos a las cabezas y caras de menores de edad, independientes del sexo. Acá no se disimula, acá la brutalidad tiene que disuadir de intervenir a cualquiera con el color de la sangre.

Disparos de proyectiles de gas lacrimógeno hacia los cuerpos de las personas, en un recinto subterráneo y en vagones cerrados, que van en marcha, lo que permite que cualquier persona sufra la asfixia que estos provocan; persecuciones de arresto en los estrechos pasillos de los vagones, cuando los estudiantes o los usuarios osaban revelarse contra las fuerzas de orden, frente a este escenario de brutalidad desmedida. La gente de todas las edades tenía que esquivar a hombres corpulentos que se lanzaban como perros sobre los perseguidos. Veíamos como los golpeaban aun cuando estaban reducidos, esposados y tirados boca abajo, mayormente menores, incluso en las evasiones masivas, cuando lo único que se pretendía era huir de tanta barbarie.

Cada uno de estos arrestos termina con menores llevados a comisarias, de las cuales todas tienen antecedentes de abusos físicos y sexuales. El chileno y la chilena ven como se llevan a niñas y niños a jaulas y con las manos atadas, ven como los empujan con el brazo torcido a la espalda, tirando de la muñeca hacia arriba, mientras gritan de dolor. Y nadie confía en la seguridad de estos.

Los días siguientes las medidas del Metro se van ampliando. Deciden cerrar las estaciones. Las personas se agolpan en rejas sin tener vías para ir o regresar a sus casas
En resumen, el chileno no se entera sólo porque le llegó un vídeo compartido. Lo ve él mismo. Se ve atrapado en la violencia que acostumbra a mostrarse ante los estudiantes secundarios y universitarios. Y no puede evadir esa violencia porque tiene que usar el metro para presentarse en su trabajo. Cada día es inicio y parte del trayecto por donde tiene que circular para trabajar. No es algo que alguien pueda ahorrarse.

Los días siguientes las medidas del Metro se van ampliando. Deciden cerrar las estaciones. Las personas se agolpan en rejas sin tener vías para ir o regresar a sus casas. La administración de los buses declara que no puede suplir el transporte suburbano. La gente se enfada y reportan a sus superiores por medio de sus teléfonos de sus atrasos. Algunos se dirigen a pie a otras estaciones para con suerte encontrarlas abiertas.

Los estudiantes ya han llegado ahí, prosiguen con sus evasiones, y circulan por medio de la misma línea del metro, pues cerrar una estación no significa que detengan el servicio. Los estudiantes animan al pasajero a evadir, a no pagar, aun cuando los carabineros, ahora con equipos de antidisturbios invaden las estaciones del metro. Es tal la cantidad de operativos en las estaciones, que se bromea por memes con que se trata de una boda de uniformados.

Los y las estudiantes ya tienen aliados, los usuarios que se agitan con ellos. Los menores abren las puertas, la gente pasa y los carabineros o guardias no pueden hacer nada
La masa de gente permanece enojada por el caos y la imposibilidad de acceder al transporte público. Las rejas de las entradas no resisten a la multitud en las escaleras que, por lo empinado de estas, aumentan la presión sobre ellas. Empiezan todos a agitarlas, sabiendo que se trata de pasar para subirse a los vagones. Y las botan (las tiran), para entrar con la voz del triunfo a las instalaciones. Los y las estudiantes ya tienen aliados, el grupo de usuarios que se agitan con ellos. Los menores abren las puertas, la gente pasa y los carabineros o guardias no pueden hacer nada. El metro es gratis, aunque siempre están los que usan sus tarjetas para pagar.

Esto no se detiene en el escenario de los primeros días. No por esto se acaban los arrestos. Por el contrario, se incrementan las imágenes de brutalidad policial, ahora contra el trabajador promedio. Son cada día más los detenidos, provenientes de todo Santiago y en todas las comunas donde llega la red de metro.

Independientemente de la ideología política, el descontento es general. Todos alabando a los menores por su valentía. Reconociendo la legitimidad de las demandas
Los medios lo reportan ya por todos los canales y redes sociales, criminalizando a todos aquellos que se adhieran. Quien busque información al respecto, encontrará los reportajes de noticieros, con analistas, reprochando y atacando al estudiante común y al usuario indiscriminado que no paga su pasaje como corresponde. Esto no es exclusivo de los noticieros, todo tipo de programa se encarga de satanizar a los estudiantes, hijos de los televidentes mismos.

Yo puedo constatar que, independiente de la ideología política, el descontento es general. No pueden sino utilizar el amplio vocabulario de groserías para referirse a las autoridades, sin que nadie se los pidiera, en conversaciones dispersas en un radar enorme. Todos alabando a los menores por su valentía. Reconociendo la legitimidad de las demandas.

Se viralizan las imágenes en Facebook, Instagram, whatsapp con los estudiantes arrojando un plasma a las vías del metro. El nerviosismo se esparce invisible por toda la ciudad
Ahora llegamos al viernes 18 de octubre. El ambiente es caótico, ya que la brutalidad aumenta en las estaciones. Los estudiantes hacen desmanes, donde los sensores de los torniquetes han sido destruidos, por lo que todos tienen que pasar gratis. Se instala un ambiente de alerta. Los empleadores deciden enviar a sus trabajadores a sus casas. Probablemente porque ellos mismos quieren retirarse y no pueden controlar quién trabaja o no. Para las ocho de la tarde, debería estar vacío el centro, pero nadie puede desplazarse. Las calles están llenas de gente. Las fuerzas de carabineros sólo están preocupadas por los operativos de arresto a evasores. Las calles con tacos (atascos de tráfico), las bocinas retumbando el oído de cualquiera. Los buses con gente apretada o colgando. Se viralizan las imágenes en Facebook, Instagram, whatsapp con los estudiantes arrojando un plasma a las vías del metro. El nerviosismo se esparce invisible por toda la ciudad.

Ahí es cuando se propaga la foto del presidente Sebastián Piñera, celebrando aparentemente un cumpleaños en un restaurante en una de las comunas con más ingresos del país. A cualquiera, estuviera a favor o en contra de las manifestaciones, le sentó como una patada en la “guata” (barriga).

Los empleadores de Metro colaboran a sembrar este pánico, permitiendo tradicionalmente la retirada temprana de sus trabajadores en las fechas mencionadas
Se anuncia una reunión de emergencia en La Moneda. Se han sumado manifestaciones de encapuchados y barricadas en varios sectores del país. La gente ya de desde antes ha asociado el terror mismo a este tipo de manifestaciones, confundiendo a menudo el día del joven combatiente (29 de marzo) con el día del golpe de estado (11 de septiembre), gracias a la falta de educación y a la propaganda televisiva. Los empleadores de Metro colaboran a sembrar este pánico, permitiendo tradicionalmente la retirada temprana de sus trabajadores en las fechas mencionadas, a pesar de que los días de insurgencia no reportan muertos civiles, y si alguno, una baja de carabineros por año. Los chilenos mueren fundamentalmente en las fiestas patrias (18, 19 y 20 de septiembre) y el año nuevo, fechas para las cuales es lícito tomar alcohol en las calles.

El presidente anuncia la declaración del Estado de Excepción Constitucional de Emergencia en la Región Metropolitana (Santiago y localidades aledañas). Esto no supone un estado de sitio. Se trata de un estado de emergencia que tiene la atribución explícita en la constitución vigente (la de Pinochet, de 1980) de "restringir las libertades de locomoción y de reunión". Pero esto no es de dominio público, se ha dado a conocer a mediados de esta última semana, posteriormente a todos los abusos que se irán incrementando en la medida que va pasando el tiempo. Me refiero a que ningún medio informó de las limitaciones de este Estado de Emergencia, como tampoco fue aclarado en las declaraciones públicas del presidente ni de su infame Ministro del Interior, Andrés Chadwick. Lo acentúo porque esta crónica intenta testificar lo que vive la población de nuestro país, y si la sociedad no sabe qué es ilícito o no, esto puede llevar a que se lleven a cabo los actos más terribles, ya sea porque la autoridad en las calles declare a gritos y golpes su poder o porque el individuo confíe que en caso de un arresto, sólo debe esperar en una celda. Lo cierto es que no ha sido así.

Han sido los ciudadanos y ciudadanas por las redes sociales los que han grabado a los operativos de la policía iniciar los incendios con gente adentro 
Desde acá en adelante, se extenderán los eventos horribles. Esa noche empiezan los incendios de las estaciones de Metro. Se puede ver las llamas desde toda la ciudad. La televisión responsabiliza inmediatamente a los encapuchados. Y la población lo asume como evidente. El gobierno, sin previa investigación, lo corrobora. Por mi parte, yo lo niego. Esto es parte de una estrategia de montaje aplicada por el gobierno en conjunción con Carabineros de Chile: El material audiovisual que está recopilado y entregado demuestra que personal de Carabineros ha iniciado los incendios [uno de los vídeos]. Han sido los ciudadanos y ciudadanas por las redes sociales los que han grabado a los operativos de la policía iniciar los incendios con gente adentro. Además, las estaciones de metro están provistas de un sistema de cámaras muy moderno, y a pesar de ello, no se ha publicado en ningún medio, un solo documento visual que respalde la autoría de los encapuchados, ya que evidenciaría ante sus ojos, lo que hasta ese entonces, la noche de ese viernes, se había llevado a cabo.

La mañana del Sábado 19 de octubre trae consigo toda la propaganda, todo el pánico y las acusaciones de saqueos a supermercados y a comercios locales. La gente acepta esta verdad, pues ellos han podido ver como personas transportaban mercancía variada, pero principalmente televisores de plasma, reconocibles a distancia por sus cajas grandes pero delgadas. A pesar de la apariencia, esto ha sido organizado por las fuerzas de Carabineros que tras estimular a la gente, los han hecho pasar dentro de los establecimientos, para arrojar bombas lacrimógenas inmediatamente después de que todos están adentro. Entre lágrimas y asfixia, la gente va saqueando lo que puede, cargando a sus espaldas o en carros de supermercado lo que sea que se pueda transportar. Cuando, de pronto, los supermercados se llenan de humo y parpadean las llamas en la negra nube que se abalanza sobre los pasillos.


Así es como el sábado pasado, día 26, el Gobierno anuncia la intervención de los militares, designando al entonces desconocido General de División del Ejército, Javier Iturriaga del Campo, para encargarse de la tarea de acabar con las manifestaciones masivas que llenan las calles. Manifestaciones en las principales avenidas y también en toda la periferia. Personas que además de agruparse en las estaciones de Metro, golpean las cacerolas hasta convertirlas en el ritmo irrefrenable del descontento popular.

Los militares apalean a personas caídas, hasta mucho más allá de decir basta. Cuando los golpes les dejan inconscientes, los militares los recogen y los arrastran a camionetas. Esto no recuerda a los tiempos del régimen militar: esto es un régimen militar.
Se anuncia toque de queda en la región metropolitana a partir de las 19 horas. Cuando llega dicha hora, nadie se retira, y no porque sepan que el toque de queda es ilegal, o porque cuenten con un salvoconducto que se lo permita. La gente permanece en las calles porque se revela a la autoridad de los militares que insolentemente han puesto el pie en ellas. Así es como las manifestaciones se han extendido a través de todo el país, y se irán sumando más y más ciudades. La más afectada y repentina será Valparaíso, cuyos ciudadanos tendrán algunos minutos para retirarse antes de que caiga la represión militar.

Las imágenes son brutales. Los militares no sólo disparan fusiles o pistolas, sino metralletas de asalto M16 y apalean a quien encuentren en las calles. Se ven palizas del nivel de una banda de criminales. Se ve a grupos de militares golpeando con bastones a personas que, aún caídas, son agredidas y apaleadas hasta mucho más allá de decir basta. Cuando los golpes les dejan inconscientes, los militares los recogen y los arrastran a camionetas. Esto no recuerda a los tiempos del régimen militar: esto es un régimen militar.

Esto y más ocurrió en todas partes de Chile, rompiendo la normativa constitucional en toda índole. Se reportaron muertos y desaparecidos en las redes sociales. Los medios tradicionales hicieron un silencio similar al de la matanza de argelinos, que llenó el Sena de muertos (17 de octubre 1961). El terror acababa de empezar.

Represión a masivas manifestaciones pacíficas con carros lanzando agua y gases, con atropellos de patrullas a civiles. Disparos, muchos disparos y de todas las variedades
A partir de aquí, los días avanzan rápido, pero llenos de impurezas, y digo impurezas porque el pueblo muestra una dignidad hermosa nunca antes vista, y es el Estado quien representa la mugre de este país. Represión a masivas manifestaciones pacíficas con carros lanzando agua y gases, con atropellos de patrullas a civiles. Disparos, muchos disparos y de todas las variedades: de bombas lacrimógenas, de rifles de perdigones, de pistolas de servicio, de metralletas USI y fusiles de asalto. Hasta se han reportado arcos y flechas. Helicópteros, rondando a baja altura y disparando con rifles, tanques blindados atravesando las alamedas y avenidas principales del centro. Tropas avanzando por todas las calles, armadas hasta los dientes, amenazando a los espectadores, haciendo alarde de su poder. Saqueos organizados por los militares, montajes de saqueos a los mercados populares tan comunes en Chile, policías disfrazados de encapuchados y policías de civiles, cargando camionetas policiales con productos y tecnología robada de los centros comerciales. Y al final de cada evento, un incendio que inunda los cielos de humo, como si ese fuera su color natural a pesar de la llegada de la primavera.

Aquí la segunda parte de la crónica

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1 Comentario
#42395 12:14 3/11/2019

Gracias por publicar esta crónica, enorme, sincera, terrible!!!. Gracias, aunque sea "echar flores a los cerdos" de la imbecilidad colectiva de este país de mierda.

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