Arte
Los ‘tours’ que desafían la narrativa imperialista de los museos de Londres

La historiadora Alice Procter organiza visitas guiadas por las principales instituciones de Londres con el objetivo de desafiar la narrativa imperialista del arte británico.

Alice Procter, en una de sus visitas incómodas a la Tate Britain de Londres
Alice Procter, en una de sus visitas incómodas a la Tate Britain de Londres. Javier Domínguez Reguero

publicado
2019-04-11 06:00

Alice Procter acaba de finalizar uno de sus tours. Es el segundo del día y teme que termine con la voz cascada. Se ha paseado por la Tate Britain con una veintena de personas y de nuevo ha vuelto a cuestionar las representaciones de la identidad británica en el arte.

A través de distintos cuadros ha enlazado el periodo de la “esclavista” Isabel I, las maniobras ilegales de la East India Company y la abolición de la esclavitud. Ha insistido en el colonialismo comercial británico, en las representaciones idílicas e infantilizadas de los territorios saqueados y en la apropiación cultural. Y no se ha olvidado de nombrar al comerciante de azúcar Henry Tate, que usó mano de obra esclava en sus plantaciones. Sí, el mismo que financió la galería que el grupo recorre.

Procter hace giras guiadas por British Museum, Victoria & Albert Museum o National Portrait Gallery, entre otros, con el objetivo de discutir la narrativa estética de sus colecciones. “Organizo estas visitas porque los museos no lo están haciendo. No están contando historias que necesitan ser contadas y que la gente quiere escuchar”, dice mientras atiende a El Salto en la cafetería de la Tate Britain.

La joven historiadora reconoce que no ha inventado nada. Desde hace años se busca hacer estas instituciones más inclusivas aunque parece ser que su iniciativa ha tocado la puerta de algún despacho. Por ejemplo, Tate Britain ha lanzado unos recorridos semanales que incluyen artistas, obras de arte o temas que a menudo se han ignorado, olvidado o censurado históricamente.

Las incómodas visitas de Procter se han convertido en una china en el zapato. A pesar de las advertencias de su madre para que deje de incomodar a grandes organismos culturales, ella seguirá con su pedrada. Porque cree en la responsabilidad social de los museos y, sobre todo, en unos tiempos donde el discurso político está cargado de nacionalismo. “Se puede apostar por lo seguro y apelar al conservadurismo o se puede ser inclusivo. Es una elección que toda institución, e incluso los países, tiene que decidir”.

Procter apostó por reñir con las representaciones elitistas, blancas e históricamente tradicionales aunque los grandes museos se muestran evasivos.

“Tienen miedo a cambiar y a perder esa autoridad suprema”, dice la historiadora. Y sigue: “Hay reticencias a conectar con la historia porque supone un reconocimiento de las implicaciones actuales. Si se habla de la proveniencia de una colección se abre la puerta al tema de las repatriaciones, a las críticas”.

Las corporaciones culturales se encuentran con el dilema de enfrentarse a su pasado “desagradable” e incluso “doloroso” para poder sumarse al cambio cultural. En unas sociedades cada vez más multiculturales buscan el equilibrio entre la alienación de los visitantes actuales y la captación de nuevas audiencias.

Una tarea imprescindible para Procter ya que “si no se desarrollan nuevas narrativas y se reconocen los cambios en la historia, se acabará con exhibiciones anacrónicas que no serán política ni socialmente relevantes”.

Procter no duda en tildar de “esclavista” a Isabel I y vincula los inicios de las principales instituciones culturales en el Reino Unido con el imperialismo
Procter no duda en tildar de “esclavista” a Isabel I y vincula los inicios de las principales instituciones culturales en el Reino Unido con el imperialismo. Foto cortesía de Alice Procter.

Hay muchos museos que han adoptado unas medidas más creativas y atrevidas. Están fuera del circuito cultural principal y cuentan con un número de visitantes principalmente local. “No dependen tanto del turismo y por eso los trabajos más avanzados y atractivos en la actualidad en el Reino Unido se realizan en sitios como Birmingham o en Derby”, comenta Procter.

En Londres el debate se diluye ya que los turistas no representan una audiencia crítica, explica Procter. Para ella es el público local el que acude al museo dependiendo de las historias que se cuenten, de las representaciones expuestas y no por una simple fotografía.

Exhibe cómo lo robaste

En The Exhibitionist, la página web que administra Alice Procter, hay una campaña que anima a los museos a ser honestos sobres sus adquisiciones y cómo llegaron a formar parte de sus colecciones.

Con el lema “exhibe cómo lo robaste”, se plantea el debate sobre la proveniencia del que algunos ya han tomado nota. British Museum ha puesto en marcha unas charlas que exploran la historia de cómo, por qué y en qué contexto se han adquirido, exhibido e interpretado los objetos de su colección.

Sin embargo, las esperanzas de Procter sobre un futuro aperturismo se derrumbaron con las reacciones al informe encargado por el presidente francés, Emmanuel Macron, sobre las repatriación de obras robadas y expoliadas. “La paranoia y el pánico fueron desmedidas”.

La historiadora ve muy “deprimente” el hermetismo con respecto a este tema y lo califica de “inapropiado” para los tiempos que corren. La joven, además, rechaza el argumento apocalíptico sobre la clausura de estas instituciones si se consolida un proceso de repatriación de las obras. “Eso no va a pasar. Los museos seguirán existiendo, solo que de una manera diferente. Nos contarán otras historias con otros objetos”.

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