Piel con Piel, teatro contra la trata

80 adolescentes madrileños participan en una iniciativa teatral en la que reflexionan sobre la trata de personas con fines de explotación sexual.

Festival Piel con Piel.
Ensayo de uno de los grupos de estudiantes participantes en el festival Piel con Piel. Álvaro Minguito

publicado
2017-04-01 14:55:00

“Todo empieza, claro está, con el sueño europeo. Le prometen un trabajo digno, con un buen sueldo que de vez en cuando puede mandar a su familia. Después, se la llevan muy lejos y, cruzando los mares, la convierten en un objeto de mercancía. La atan a deudas, le rompen el pasaporte y amenazan a ella y a su familia. Y, mientras tanto, nosotros, las personas que lo vemos día a día, parecemos estar ciegas”. Así dio comienzo la primera muestra teatral del festival Piel con Piel, en el que 80 adolescentes de cinco institutos de Madrid se subieron al escenario para reflexionar sobre la trata de personas con fines de explotación sexual, la violencia hacia la mujer y la forma de vivir la sexualidad y el amor.

Estos jóvenes de entre 14 y 16 años han cambiado durante unas horas a la semana los pupitres, los libros y las lecciones magistrales por la improvisación, el juego y el debate. De la mano del proyecto Calatea, un grupo de profesionales del ámbito de la educación, las artes escénicas y la filosofía ha descubierto en el teatro una herramienta para la reflexión y el pensamiento a través del cuerpo. Hace tan solo unos días pusieron en escena las obras colectivas que habían creado en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid.

“La trata ha sido el punto de partida de los talleres, pero como es un trabajo que se hace con adolescentes en el que se quiere llevar el tema al terreno cotidiano, hemos estado trabajando mucho cuestiones afectivo-sexuales”, explica Paula Pascual, integrante de Calatea y artista educadora del proyecto. Temas como la afectividad, la sexualidad o la relación con los demás para acercar a los jóvenes el problema de la trata, que según la ONU afecta a alrededor de 140.000 mujeres en Europa.


Sin embargo, la cifra podía ser mucho mayor, ya que, según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la obtención de datos fiables es un obstáculo debido a la vulnerabilidad de las víctimas y su miedo a denunciar. La prostitución es el principal destino de estas mujeres, un negocio que en nuestro país mueve en torno a los 3.024 millones de euros anuales, lo que sitúa a España como el primer país de la Unión Europea en su consumo.

El proyecto educativo ‘Piel con Piel’ se inició hace dos años gracias a la Fundación Lydia Cacho, que trabaja desde el ámbito legal para la defensa de los Derechos Humanos. Una de sus labores principales es sensibilizar sobre la violencia hacia las mujeres y la situación en la que viven muchas víctimas de trata en España que son obligadas a ejercer la prostitución.

“Pensamos en trabajar con los jóvenes a través del teatro ya que la adolescencia es una etapa de normalización de conductas futuras. Si tú no conoces para poder decidir, entonces vas a repetir los estereotipos. Sin embargo, si tienes la posibilidad y la confianza para reflexionar, puedes actuar de otra manera”, comenta Ana Noguerol, presidenta de fundación, quien además destaca la importancia de estimular en los jóvenes una inquietud reflexiva ante las problemáticas sociales que les rodean.

La escena como herramienta pedagógica

¿Contribuye nuestro modo de vivir la sexualidad y el amor a que exista la trata de personas con fines de explotación sexual? ¿Qué es ser mujer hoy? ¿Y ser hombre? ¿Qué relaciones de pareja quiero tener? ¿Qué sería vivir en igualdad? ¿Dónde aprendemos lo que sabemos de sexo?

Estas fueron algunas de las preguntas que se hicieron los participantes en el proyecto y sobre las que han creado las piezas teatrales colectivas analizando no solo el mundo en el que viven sino también a ellos mismos y sus conductas. Un espacio de reflexión en los centros educativos para conocer su mirada sobre el amor, la sexualidad y poder acercarles temas como la trata de mujeres a través de las artes escénicas como herramienta pedagógica. 

“Una de las cosas que he aprendido es a dejar de culpar a la sociedad y darnos cuenta de que la sociedad somos todos. A la hora de cambiar algo tenemos que cambiarnos a nosotros mismos porque no nos damos cuenta que nosotros somos la sociedad. ¿Qué hacemos nosotros para luchar contra el machismo o contra ciertos tabúes que se nos han impuesto desde pequeños?”, comenta una de las participantes, alumna del IES Ramiro de Maeztu, en la charla posterior a la obra. 


Desde Calatea destacan que una de las bases del proyecto ha sido que los adolescentes se mirasen a ellos mismos para analizar los problemas de la sociedad en la que viven. Durante cuatro meses, dos monitores en cada sesión les han ido guiando en un proceso en el que no han existido certezas ni nadie ha tenido una respuesta más acertada que otro. Todo han sido dudas y aprendizajes que se han ido formando a fuego lento en unos jóvenes llenos de inquietudes y preguntas.

“El cuerpo nos permite jugar a ser otra persona, ponernos en la piel de otros. El teatro, al ser planteado como un juego, es totalmente horizontal, entonces el proceso puede ser colectivo porque estas trabajando en grupo relacionándote con otras personas y cooperando con ellas”, continúa explicando Paula.

En las sesiones de teatro ha habido juegos en los que cada alumno ha tenido que interpretar desde roles y conflictos que viven en su día a día en los institutos hasta situaciones que les son más lejanas pero a las que han podido acercarse gracias a escuchar testimonios de casos reales de víctimas de trata. Historias como la de Joy, una chica nigeriana explotada y vendida en España cuando tenia 16 años por su propia familia, que fue amenazada y engañada. Con este testimonio los alumnos del IES Madrid Sur decidieron empezar su obra.

Han podido también leer sentencias, analizarlas y consultar información sobre temas de actualidad, como los mensajes tránsfobos de los autobuses que recorrieron las calles de Madrid hace unas semanas. Todo para confeccionar obras de creación colectiva. “Nosotros les hemos dado imágenes, conceptos, pinturas… Les entregábamos material y ellos se encargaban de traducirlo en escenas teatrales. Ellos han creado todas las obra desde el principio, nosotros solo les guiábamos”, destacan Olga y Dario, dos de los educadores de Catalea. 

NUESTRA disPUTA, Trata de nosotras, trata de nosotros, La trata en Siria, Carne Viva y ¿Tabú?, fueron las muestras teatrales que se representaron. Cada una con un título diferente porque las preguntas que se han hecho los alumnos de cada centro en torno a la trata y la prostitución han sido distintas, como diferentes son cada uno de estos chicos y chicas.

Paula Pascual lo tiene claro: la clave es dar voz a los adolescentes, que están vivos, totalmente abiertos a aprender y que necesitan que se les escuche. “Ellos perciben el mundo desde la duda total, tienen todas las inquietudes del mundo porque están en la fase de la pregunta. Les inquieta el futuro, el presente, la cuestión de la identidad, la manera en la que se tienen que relacionar con los demás”. De ahí la importancia de una educación afectivo-sexual en las aulas. Y, por supuesto, de las artes escénicas para dar visibilidad a las problemáticas sociales y construir generaciones críticas que no sean pasivas ante las injusticias.

“Quiero decirle a nuestros padres que no somos demasiado pequeños para todos estos temas, que queremos hablar de ello”, decía una alumna cogiendo el micrófono en el último momento, cuando la gente estaba ya abandonando la sala tras la actuación. La pelota está ahora en el tejado de los adultos.

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