Memoria histórica
Guerra cultural en el callejero logroñés

Cuatro meses después, el Ayuntamiento sigue sin responder a la demanda del barrio Madre de Dios para el cambio del callejero.

callejero logroño
Un vecino del barrio Madre de Dios, de Logroño, cambia el nombre de la calle Primo de Rivera por Ateneo Riojano. Carlos Benéitez
Aleix Romero

publicado
2017-09-14 11:46:00
El pasado 1 de mayo el sindicato CNT, junto con la Asociación Vecinal y el Centro Cívico de Madre de Dios, realizaron una acción simbólica de cambio de nombre de tres calles con regusto franquista. El acto respondía a una demanda consensuada por el barrio Madre de Dios que, pese a ello, todavía permanece desatendida por las autoridades municipales.

El Ayuntamiento logroñés, regido por el PP, ha llevado a cabo una política errática y contradictoria con respecto al cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica en el callejero. Recordemos que fue capaz de multar a un miembro de la asociación La Barranca por un suceso similar al arriba reseñado, para después, una vez comprobado el apoyo recibido por el sancionado, aprobar deprisa y corriendo, y sin realizar ningún tipo de consulta, el cambio de denominación de seis calles. Tampoco tenía mucho margen de maniobra si consideramos que un pleno de agosto de 2015 le forzaba a sustituir los nombres de diecisiete vías públicas.

Es una labor compleja desentrañar las razones que obedecen a esta resistencia a cumplir con las obligaciones encomendadas. Se ha convertido en lugar común hablar de la oposición de los comerciantes de las calles afectadas, lo cual, en último término, supone el secuestro de la voluntad popular –si entendemos que esta se expresa en los plenos municipales– por parte de unos determinados intereses privados. No deja de ser interesante que fuese la centenaria Cámara de Comercio quien encargase unas encuestas que corroborarían el rechazo de los establecimientos comerciales al cambio de callejero. Hablamos de un organismo que vivió la ocupación de la ciudad por parte de las tropas sublevadas y cuyas publicaciones reflejaron en toda su crudeza la mutación de poderes. ¿Se trata, entonces, de un pasado que no termina de pasar y atraganta?

Sería pesimista, pero realista, presuponer que un porcentaje importante de la población desconoce quién fue José Calvo Sotelo; si este político, en cuyo asesinato la literatura revisionista ubica el inicio de la contienda, pasa tan desapercibido, ¿qué no decir de unos tales Jorge Vigón, García Morato, Víctor Pradera o, incluso –por más que se empeñen quienes aluden a su riojanidad–, González Gallarza? Los motivos de peso de las reticencias a las novedades parecen mucho más profundos. Entiendo que se fundamentan en cuestiones culturales conectadas, a su vez, con la política más reciente, más que con los años treinta del siglo pasado.

La derecha española ha conseguido situar a la dictadura como uno de los presupuestos necesarios de la democracia, instrumentalizando palabras tales como concordia, reforma, consenso… o amnistía
Desde la traducción al castellano del libro del periodista Thomas Frank ¿Qué pasa con Kansas?, se ha puesto de moda hablar de “guerras culturales”, concepto que nos remite a la filosofía gramsciana y que apela a la importancia del imaginario cultural en el debate político. Como se observa en la mencionada obra, los republicanos estadounidenses son capaces de ensalzar unos valores que el propio modelo socioeconómico que defienden socava. Aquí se produce una paradoja de similar magnitud: la derecha española ha conseguido situar a la dictadura como uno de los presupuestos necesarios de la democracia, instrumentalizando palabras tales como concordia, reforma, consenso… o amnistía, concesiones que, lejos de ser arrancadas a los franquistas, habrían de beneficiales también como parte integrante de la élite política del nuevo régimen.

Esta idea podría llevarnos muy lejos, pero, volviendo de nuevo a Logroño y a su callejero, se palpa el temor a las novedades. De hecho, la última vez que se había cambiado un nombre del callejero franquista fue en 1988, cuando el genocida general Queipo de Llano cedía significativamente su puesto a María Teresa Gil de Gárate, la cual, aparte de por la fundación de un conocido establecimiento educativo, había destacado por su militancia en las filas de la Acción Católica, asociación que colaboró activamente con el franquismo. Se trata de una bonita muestra de lo que el maestro Bernat Muniesa llamaría el Logroño lampedusiano, donde las cosas cambian pero para terminar volviendo al redil.

En cualquier caso, y por acabar de responder a la pregunta que hacía antes, lo que provoca inquietud no es el pasado en sí mismo, que no tiene capacidad de asustar a nadie. Pero introducir innovaciones de mayor calado en el callejero, esto es, en la memoria pública, supone el riesgo de suscitar ciertas reflexiones que pueden llevar cuestionar la naturaleza de algunas continuidades a nivel local. El miedo está, por tanto, en segarse la hierba bajo los pies.

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2 Comentarios
Vecino 18:50 14/9/2017

Buen análisis.
Dato documental: el Centro Cívico Madre de Dios no es "de" Madre de Dios, es de toda la ciudad ;)

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Lalala 15:03 14/9/2017

Gracias por tan certero artículo.

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