Medios de comunicación
Verlo todo es no ver nada: cuando las imágenes ocultan lo real

En La Máscara sobre la realidad. La información en la era digital, el profesor Rafael R. Tranche analiza cómo las imágenes se han vuelto autosuficientes, suplantando el relato construido por los medios de comunicación. El resultado es una realidad en disputa sin mediadores para dotarla de sentido.

Aylan Montaje artículo opinión
La imágenes no solo sustituyen al relato informativo, sino que además prepondera el impacto emotivo por encima de la crítica social. Arte El Salto

publicado
2019-07-24 06:00

La fotografía de Javier Bauluz en la playa de Zahara de los Atunes, el caso de la estudiante iraní Neda Soltan —asesinada durante las protestas de 2009— o el más reciente caso del niño de origen Kurdo Aylan, cuya imagen dio también la vuelta al mundo. Son algunos de los acontecimientos hacia los que el profesor de Comunicación Audiovisual Rafael R. Tranche dirige su mirada en La Máscara sobre la realidad (Alianza, 2019). La información en la era digital, donde analiza cómo las imágenes se han vuelto autosuficientes, suplantando el relato construido por los medios de comunicación.

R. Tranchea argumenta que, en estas situaciones, se nos sitúa en un lugar fraguado en la pasividad desde la que contemplamos a los sufrientes, muchas veces sin rostro ni nombre. Pero, en imágenes como la de Bauluz, la eficacia simbólica de la imagen reside, precisamente, en representar la indiferencia de quienes miran sin ser vistos. El giro de las imágenes radica ahora no solo en la sustitución por el relato informativo, sino también en la preponderancia del impacto emotivo por encima de la crítica social. Como señala el profesor Rafael R. Tranche: “Antes que mover, las imágenes deben conmover”.

Accionadas mediante el motor de la viralidad, las imágenes entran en circulación a través de las redes sociales, reciben favs, se retuitean, se mencionan, se descargan y pasan a ser transmitidas por otros canales. Muchas veces, dichas imágenes son tomadas por los medios y devueltas al público en forma de noticia sin que hayan sido sometidas a la mediación del discurso informativo. En estos tiempos de lo viral, las imágenes parecen haberse tornado autosuficientes y hacia ellas nos guían titulares en forma de clickbait que prometen descorrer el velo que cubre lo desconocido para mostrarnos la realidad completa como nunca la habíamos visto antes. Lo peor es que, aun sabiendo la farsa que encierra, volveríamos a clicar.

No obstante, a pesar de que la viralidad haga de los fenómenos algo esporádico y fugaz, hay imágenes que tras popularizarse en las redes devienen en icono y son difíciles de borrar del imaginario colectivo. Así pasó con la fotografía del niño Aylan. Hay fotografías como ésta que se incrustan y, como la marea que sube y baja, vuelven de nuevo, cada poco, para golpear la conciencia.

En tiempos de viralidad, los titulares en forma de clickbait nos llevan hasta imágenes que prometen mostrarnos la realidad completa, y clicamos a pesar de saber la farsa que esto encierra

Del mismo modo, en el pasado mes de junio, apareció en los medios de comunicación la fotografía de un padre y su hija, engarzados por la camiseta de él, ahogados y boca abajo sobre la orilla de un río. En este caso no se trataba de una playa de Turquía, sino de Río Bravo. Ambos, padre e hija originarios de El Salvador, trataban de llegar a los Estados Unidos a través de su frontera con México. Así, muchos volvieron a recordar la imagen de Aylan, pero también a unir dos crisis migratorias de continentes diferentes, aunque con terribles consecuencias para los migrantes.

En su libro, R. Tranche realiza una panorámica por medio de múltiples casos de estudio, con el propósito de desentrañar las funciones que desempeñan hoy día las imágenes en los medios de comunicación. Somos conscientes de cómo esas noticias de lo intranscendente copan no solo noticias web, sino también minutos de telediario. También vemos cómo el suceso se ha vuelto primordial a la hora de redirigir nuestras miradas hambrientas por el accidente.

Hoy las fronteras se han disuelto y se produce una hibridación continua entre información y opinión

De ahí que, como bien señala Tranche, se haya producido esa disolución de fronteras de las categorías de noticias (entre las hardnews y las softnews), a la vez que vemos cómo se produce esa hibridación continua entre información y opinión, ya sin saber distinguirlas con la certeza de antes.

A nadie le extraña ya que, en esos sucesos de última hora, los medios recojan en sus ediciones digitales esas imágenes que dan cuenta del acontecimiento ocurrido. Y es que, es en estos momentos cuando, para el profesor Tranche: “Las imágenes, antes que prueba o evidencia de lo sucedido, sometidas a este enfoque e intermitencias serían, más que una ventana, una máscara sobre la realidad”. Dichas fotografías o vídeos ya no se someterían a la elaboración del discurso periodístico, sino que quedarían reenmarcadas y tituladas para volver a ser puestas en circulación para ser objeto de clickbait.

Cuando las imágenes sustituyen lo Real

Emplazados en la distancia, elevados por la posición de las cámaras de seguridad y por medio de imágenes precarias de baja definición, pudimos ser testigos de cómo se produjo el asesinato de Kim Jong-nam, el hermano mayor de Kim Jong-un. A través de estas imágenes se nos muestra el suceso tal cual es, desprovisto de censuras, mediante diferentes ángulos de cámara, para decirnos cómo de real fue el suceso, y añadirle así esas dosis de veracidad inquebrantable de la noticia.

Según Rafael R. Tranche, en casos como el de las imágenes del asesinato de Kim Jong-nam se encuentran algunas razones para reformular la crítica hacia cómo son tratadas tales imágenes. Para este profesor, el error reside en creer que esas representaciones son autosuficientes. Es por ello por lo que no habría que conformarse con titularlas y enmarcarlas, defendiendo así que habría que dar un paso más allá. “Al ser precarias, necesitan un trabajo de exploración y análisis, de relectura, en ausencia de códigos como la iluminación, la composición o el foro”, dice Tranche.

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De esta manera, las imágenes no sirven solo como prueba de lo sucedido, sino que sustituyen la ventana desde la que se contempla la realidad por una máscara que envuelve dicha realidad. Además, “las imágenes parecen ser intercambiables con la experiencia real o confundirse ya plenamente con ella, donde nos proyectamos como espectadores impasibles de nuestra vida”.

La figura del espectador es el sujeto voyeur por excelencia que, cambiando la ventana y las cortinas descorridas, ahora desliza el dedo por el scrolldel móvil sin necesidad de abrir pestañas de incógnito. La ‘realidad’ que las imágenes cuentan llega hacia nosotros con una facilidad pasmosa, no hay apenas que buscarla. De ahí que, ese régimen de hipervisibilidad, donde nada queda sin ser mostrado, no solo quede consolidado, sino que cada vez más es la forma en la que vemos el mundo a través de los medios de comunicación.

El shock, nuevo relato del mundo

Y es en ese amplio panorama informativo, saturado de imágenes que dan cuenta de la anécdota banal o del suceso del día donde, en ocasiones, resuena la voz de los sufrientes que claman una llamada de atención. Retomando la crítica de Susan Sontag, Tranche señala cómo las imágenes que reflejan el dolor ajeno pugnan por ser miradas con el propósito final de sacudir nuestras conciencias.

Imágenes como las del fallecimiento de Neda Soltan colocan al público la posición de testigos, testigos que en momentos tan dramáticos decidieron coger su teléfono móvil y grabar la escena

Quizás el mayor problema evidenciado con las imágenes de la conmoción es que es en ellas donde se produce un distanciamiento mayor entre el impacto emotivo y el valor informativo. Lo que para Tranche surge en estos momentos es una nueva visibilidad, esta vez basada más en la impresión sensorial de aquello que se exhibe, y no tanto en la articulación del discurso informativo. Por ello, algo nos transmiten imágenes como las del fallecimiento de Neda Soltan que tienen el efecto de sumergirnos en un ambiente que nos coloca al público la posición de testigos, unos testigos que e esos momentos tan dramáticos decidieron coger su teléfono móvil y grabar la escena.

“El resultado es una realidad en disputa entre diversos actores sin que tengamos mediadores legitimados para dirimirla”, dice Tranche. Mientras tanto, los medios de comunicación ya no ejercen de mediadores de lo real, sino que la realidad misma es presentada envuelta. De ahí que esa máscara que se cierne sobre la realidad sea, en definitiva, “la inconsistencia de la palabra y la imagen para levantar acta de su acontecer en el mundo actual”.

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1 Comentario
#37609 5:14 25/7/2019

No me he enterado que tesis es la que presentan

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