Humor
“Tendríamos que ser veinte cómicos en la Audiencia Nacional”

Entrevistamos a la humorista, actriz y directora de teatro Patricia Sornosa, que nos habla sobre las dificultades de hacer humor feminista en una escena dominada por hombres. 

Las razones de Patricia Sornosa para dedicarse a la comedia son profundas, aunque el camino haya sido sencillo. Le gusta hacer que los demás lo pasen bien, y no ve viable la posibilidad de acostarse con cien personas a la vez para conseguirlo. Insiste en no ser representante de nada más que de sí misma, considerándose dentro del feminismo como una humilde voz que aborda esos temas porque son necesarios.

¿Qué dificultades padeces para hacerte valer en un entorno dominado por hombres?
Hay cosas sutiles que solo se ven cuando te alejas un poco, como carteles siempre copados por hombres. ¿Por qué hay tan pocas mujeres dando su opinión en un ámbito tan proclive como la comedia? Hay diversos niveles de conflicto entre los que creo que el más importante es el que tenemos con nosotras mismas. Lo problemático es quitarse de encima todas esas cosas que damos por supuestas, como que no puedo hacer según qué cosas o que no debería hablar de según qué cosas, o que si quiero que me acepten voy a tener que ser de esta forma.

Nos da miedo que nos juzguen. Imagino que a los hombres también, pero creo que en las mujeres es un miedo doble: el que tienes como ser humano de quedarte solo, y como mujer porque se te suponen ciertas cosas que no coinciden con la realidad. Y a veces es mejor desaparecer que ponerte en la palestra y que te señalen. Entiendo que es un lugar incómodo, pero es que el otro también lo es. Al final es muy molesto acabar haciendo lo que se supone que tienes que hacer, porque no es para nada lo que tú quieres. Me encanta cuando una feminista mete la pata, porque es en esas pequeñas crisis donde la libertad personal se hace más evidente. Las mujeres también tenemos derecho a ser mediocres.

"Me encanta cuando una feminista mete la pata, porque es en esas pequeñas crisis donde la libertad personal se hace más evidente

En España el humor ha sido tradicionalmente un campo acotado en difusión y en límites éticos. ¿A qué vinculas esta cerrazón y cómo se plantea el debate de los límites del humor?
Estamos muy apegados a la tradición y muy poco dados a la reflexión. El cambio nos asusta mucho. Que el miedo al cambio se traduzca en aferrarnos a estructuras corruptas que ya no funcionan es un reflejo de cómo estamos por dentro. Quizás el miedo también influye a la hora de que la gente se atreva, o no, a decir según qué cosas. Que haya doce raperos y solo Facu Díaz en la Audiencia Nacional es un síntoma de que la comedia no está siendo tan contestataria como debería. Tendríamos que ser veinte cómicos en la Audiencia Nacional.

La comedia es paradójica porque puedes decir cosas que ofendan mucho sin hacer ningún daño.Hay que preguntarse por qué se está tan apegada a determinadas ideas que cualquier broma puede hacer saltar en mí todo este malestar. Hay gente que no tiene ni puta idea de lo que es el humor, y pretende limitarlo. Normalmente quien le pone límites es quien menos sentido del humor tiene. Ahí están los limitados, poniendo límites. 


Abordas en tus monólogos problemas sociales como el alcoholismo o machismo desde la óptica vivencial. ¿Crees que la esencia de la buena comedia proviene de los lugares más oscuros del ser humano?
Sí. Creo que la buena comedia, o al menos la que me gusta a mí, es la que sale de los lugares dolorosos. Es la que te rescata de abajo y te eleva, la que permite poner en la mesa todos estos asuntos tan hirientes que, trabajados de otra forma, serían prácticamente insoportables. Hacer comedia es un poco como coger a alguien de la mano y llevarlo por un descampado horrible. Y decirle: “Mira, aquí hay jeringuillas, hay gente que está siendo violada, ven conmigo que cuando pasemos este descampado te voy a llevar a ver el paisaje más bonito que has visto en tu vida, que es el final: la risa”. Esa es la comedia que vale la pena, la que te lleva por ese viaje.

"La buena comedia es la que permite poner en la mesa todos estos asuntos tan hirientes que, trabajados de otra forma, serían prácticamente insoportables

¿Y en qué ola del feminismo está el nivel ‘puta loca’?
[Ríe] En una ola que viene sola y que se irá sola también. En una ola que cuesta coger.

¿Por qué te jode no ser lesbiana?
Porque es una paradoja. Que seas consciente de que detrás del machismo lo que hay es un hombre o varios que están ejerciendo a la fuerza —sea por presión de grupo o por iniciativa propia— por un determinado estilo de vida que los beneficia. Joder, si fuera lesbiana sería todo bastante más fácil porque ahora tengo que relacionarme con mi opresor en cierta forma. Si tengo pensamientos machistas, que los veo y los noto… Pues imagínate el tipo que tienes enfrente, quizás no es consciente o no se hace ni siquiera ese examen. Se establece una relación conflictiva. Así que sí, ojalá fuera lesbiana, ojalá...

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