Día de revolución (julio de 1936)

En el verano de 1936, casi dos millones de personas pusieron en marcha en la España republicana el intento de gestionar la economía de forma colectiva, igualitaria y democrática.

Empresa obrera
Empresa obrera de calzado en Barcelona.

publicado
2018-07-31 06:16:00

Es una mañana cualquiera de finales de julio de 1936. Carmen ha dejado a sus niños en la escuela colectivizada de Altos de la Humosa, en Madrid, y se dirige a comprar el pan en la panadería recién inaugurada por la colectividad. En su colectividad de Guadix, en Granada, Juan cultiva patatas, mientras que Sara coge un libro de la biblioteca colectiva de Fraga, en Huesca, y Rocío guarda algo de dinero en la Caja de Ahorros de la colectividad de Valls, en Tarragona. Poco después, Tamara sirve el almuerzo a los niños del colectivizado hotel Palace de Madrid, reconvertido en orfanato, y Xavi pone ladrillos en uno de los edificios que está levantando la industria colectivizada de la construcción de Terrassa, en Barcelona, justo cuando Amparo se va a dormir tras pasar la noche en el turno de vigilancia de su columna en el frente de Aragón. Manuel, mientras muerde una naranja cosechada en la totalmente colectivizada Albufera, repasa mentalmente la clase que va a dar hoy en la Universidad de Moncada, en Valencia, fundada por la colectividad. En ese momento, Luisa compra un martillo en la ferretería colectivizada de Quero (Toledo), Álvaro descarga la pesca del día, sardinas colectivizadas, en el puerto colectivizado de Villajoyosa (Alicante) y Lucía ajusta unas gafas producidas por la industria óptica colectivizada en Granollers (Barcelona). Ya por la tarde, Mercedes da las últimas puntadas de su jornada en su empresa textil colectivizada de Alcoy (Alicante) y Francisco, por su parte, coge el tranvía colectivizado para volver a casa satisfecho por la nueva remesa de fusiles que hoy ha salido hacia el frente desde su fábrica de armas colectivizada de Barcelona.

Ellos y ellas son algunos de los cerca de dos millones de colectivistas, protagonistas de la Revolución Española, el proceso por el que los trabajadores y trabajadoras se hicieron con buena parte de la economía de la España republicana.

Vacío de poder

El 17 de julio se inicia el golpe militar, y el país quedará dividido entre las zonas donde éste triunfó y aquellas donde la República logró imponerse, gracias principalmente a la movilización de las organizaciones obreras (CNT y UGT) con el importante apoyo de las fuerzas de seguridad leales al régimen. A nivel político, surgieron una serie de comités regionales que, integrados por todas las fuerzas antifascistas, hacían las funciones del Gobierno o las compartían con éste, según el lugar. Estos comités ilustraban la nueva correlación de fuerzas tras unos primeros momentos en los que las autoridades republicanas leales habían estado sumidas en la duda y el caos, tan o más temerosas de entregar armas al pueblo organizado que del golpe militar. Sin embargo, salvo en Aragón, donde se constituyó un Consejo Regional de Defensa que sustituyó a la estructura republicana, a nivel político más allá de lo local no hubo grandes cambios de funcionamiento. Sin embargo, la revolución sí se hizo sentir en la economía, como hemos visto en los ejemplos mencionados. Ante una situación en la que muchos empresarios huyeron de la zona antifascista y los restantes consideraban arriesgado oponerse, miles de trabajadores aprovecharon para poner en práctica lo que durante décadas habían estado aprendiendo en sus organizaciones: ellos y ellas eran quienes creaban la riqueza y quienes debían, por lo tanto, gestionarla.

Como relataba emocionado el escritor y voluntario inglés George Orwell: “Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas ellas vivían y se trataban en términos de igualdad. En teoría, era una igualdad perfecta, y en la práctica no estaba muy lejos de serlo. En algunos aspectos, se experimentaba un pregusto de socialismo, por lo cual entiendo que la actitud mental prevaleciente fuera de índole socialista. Muchas de las motivaciones corrientes en la vida civilizada —ostentación, afán de lucro, temor a los patrones, etcétera— simplemente habían dejado de existir. La división de clases desapareció hasta un punto que resulta casi inconcebible en la atmósfera mercantil de Inglaterra; allí sólo estábamos los campesinos y nosotros, y nadie era amo de nadie”.

Pese a que se suele restringir el fenómeno revolucionario a Aragón y Catalunya, en realidad éste tuvo mucho mayor alcance geográfico. En La autogestión en la España revolucionaria, Frank Mintz calculaba, en efecto, más de un millón de personas involucradas en Catalunya, y otras 300.000 en Aragón. Sin embargo, en Castilla daba la cifra de 225.000, así como 190.000 en Levante, casi 70.000 en Andalucía y 20.000 más en el resto de regiones bajo mando republicano. El proceso tuvo mucha fuerza en la agricultura. Según el Instituto de la Reforma Agraria (dirigido por el PCE, hostil a la colectivización), el 54% de la superficie expropiada (que era a su vez la mayor parte de la tierra) fue colectivizada, llegando a extremos como el de Ciudad Real, con la socialización del 98,9% de la superficie cultivada el año anterior. No obstante, el mito de que fue una revolución predominantemente agraria no se sostiene según los datos: los cálculos de Mintz indican 300.000 personas más en la industria que en el campo. Madera, textil, industria bélica, espectáculos, construcción, pesca… son varios de los sectores donde la socialización tuvo su peso.

Estado de bienestar sin Estado

La Revolución fue impulsada principalmente por las bases de la CNT, sindicato mayoritario antes del estallido de la Guerra Civil, pero también participaron gran cantidad de ugetistas, como prueba la colectivización agraria en Castilla, donde la CNT era minoritaria, y también se dieron colectividades vinculadas a partidos políticos. La colectivización no fue la única manera en la que la fuerza de la clase trabajadora se hizo notar en la economía durante la Revolución, aunque sí la más profunda. Muchas empresas que no pasaron a manos de los trabajadores pasaron a control obrero. Según esta fórmula, la propiedad seguía siendo privada pero se creó un comité sindical con amplios poderes a la hora de la toma de decisiones en la empresa. En la colectivización, no obstante, la parte sindical no se dedicaba sólo a controlar o vigilar, sino que dirigía la empresa. La asamblea general de la plantilla era el máximo órgano de decisión y la gestión cotidiana se encargaba a un comité, elegido y revocable por la asamblea.

En los municipios donde la colectivización fue total (generalmente pueblos), ese funcionamiento se extendía a toda la vida municipal, sustituyendo al Ayuntamiento. Las colectividades no sólo se centraron en su ámbito económico o geográfico, sino que subieron los salarios, bajaron los precios de los productos y pusieron en marcha un “Estado de bienestar sin Estado”, es decir, mecanismos de protección social para la población. Así, parte de los beneficios se dedicaban a financiar instituciones educativas (el trabajo infantil fue abolido), bibliotecas o pensiones para la población de más edad.

“La clase obrera tenía las riendas”, en expresión de Orwell, pero aunque hubo rescoldos de colectivización hasta el final de la Guerra, se suele estimar que el momento álgido de la Revolución duró hasta mayo de 1937, con los enfrentamientos en Barcelona entre la Generalitat y los trabajadores revolucionarios, momento a partir del cual el Estado republicano fue recuperando terreno frente a la Revolución. Una fase de nuestra historia que el historiador Gabriel Jackson, poco sospechoso de simpatías revolucionarias, describió como “la revolución social más profunda ocurrida desde el siglo XV”.

7 Comentarios
#21325 11:36 1/8/2018

Hay que tener un estómago con muchas tragaderas para leer este PANFLETO, los que no saben o no han leído historia recomiendo que de documenten antes de opinar. Aquí no se dice nada que se llegó a la República tras unas elecciones MUNICIPALES, y cuando ganaron las izquierdas estas como siempre sacó a las turbas a las calles, alborotando y adueñándose de ellas. En el primer se quemaron 1.429 iglesias, se mataron a miles de curas y religiosos, asesinaron a muchísimos solamente por se católicos practicantes. Aquí no se habla de los asesinatos como el de Calvo Sotelo y muchísimos mas, Paracuellos, el bombardeo del pueblo de Cabra, los asesinatos de Largo Caballero, etc. Por favor no hagáis una fantasía de los que fue una GUERRA CIVIL que es lo peor que le puede ocurrir a una nación. MENTIRAS, NOOOOOOO.

Responder
2
13
anders 11 18:51 3/8/2018

Leese la historia buen señor y luego hablamos!!! Para empezar le recomiendo a Paul Preston y al final Miguel Amorós!!! Y deje de escuchar a Losanto y ver Intereconomia!!!

Responder
2
0
#21376 10:38 2/8/2018

Una nación ¿? que hablas de catalunya ¿?

Responder
2
0
#21330 13:44 1/8/2018

El valle no se toca, se revienta!

Responder
4
2
Hodei 23:42 4/8/2018

Así es como se construyó y se debe de construir la revolución. Ni medias tintas, ni cuentos: El poder deber de recaer exclusivamente en la clase obrera.
Que eso millones de trabajadores vivieran bajo la colectivizacion, demostro que la utopía no es un imaginario, sino algo totalmente aplicable y verídico que bebeficia al pueblo

Responder
2
0
#21436 17:42 3/8/2018

Al personaje que ha remitido el comentario anterior lo que hay que decirle es que la violencia fue ejercida por el Estado, dentro de la República y con especial saña del bando franquicia, una violencia ejercida durante decenios a cualquier aspiración popular y que con el franquismo fue genocidio, no es quitar importancia a cualquier rastro de violencia, sino ubicar que la obliteracion de las causas son el olvido o la nimiedad de la historia. Y la realidad es que desde el Estado, el republicano hubo una violencia dentro del marco burgués en que se movía. Y desde el franquismo un genocidio planificado y alentado por la iglesia, la católica claro.

Responder
1
0
#21317 8:51 1/8/2018

Se me ha puesto la piel de gallina. Me ha gustao mucho.

Responder
7
2

Destacadas

Nicaragua
Las peticiones de asilo de nicaragüenses marcan un récord histórico
La feminista Norma Chavarría es una de las 256 personas de Nicaragua que han solicitado asilo en España hasta julio de 2018. En 2017 lo hicieron 31.
Vejez
Residencias en precario

Profesionales, familiares y expertos afirman que la falta de personal es uno de los principales problemas en las residencias de la Comunidad de Madrid, que aún se guían por ratios fijadas en los años 90.

Catalunya
Un cementerio en la vía de Montcada i Reixac

Un tren de la línea R2 de la vía de Montcada i Reixac (Barcelona) atropelló a la víctima 172 del municipio hace solo una semana. La Plataforma Tracte Just Soterrament Total y el Ayuntamiento advierten al Ministerio de Fomento y a Adif que, o cumplen los plazos para el soterramiento de la vía, pactado para el año 2020, o se convocarán nuevas movilizaciones.

Últimas

Medios de comunicación
Madrid acoge el primer encuentro sobre feminismo y medios de la PDLI
El I Encuentro Feminismo, Medios e Igualdad propone mesas de debate sobre periodismo deportivo, medios feministas o periodismo antirracista.
Pensamiento
Inmovilizadas por la "confianza"

La fe en el “progreso” y nuestra confianza en los “líderes” son las dos falsas esperanzas de la sociedad actual.

Vivienda
El Congreso aprueba debatir la Ley de Vivienda de la PAH
El Congreso de los Diputados ha aprobado considerar la propuesta de ley de la Ley de Vivienda impulsada por la PAH con el voto en contra del PP y Ciudadanos, y la abstención de PNV.
Extremadura
Notas sobre el caciquismo extremeño en el siglo XXI

Con gobiernos socialistas que se suceden a sí mismos desde hace ya décadas (excepto la legislatura de Monago) y una tupida red clientelar tejida a través del omnipresente sector público, el caciquismo extremeño ha generado un modelo bien adaptado a los tiempos, incólume al naufragio parcial del bipartidismo en el resto del Estado.