Burkina Faso
‘Les enfants’ de Thomas Sankara

Durante la Revolución de Agosto en Burkina Faso (1983-1987), 600 estudiantes de entre 11 y 14 años se desplazaron a Cuba para recibir formación en diversos ámbitos.

Homenaje a Sankara
Homenaje a Sankara: “Tus niños formados en Cuba no te olvidaran nunca. Solo la lucha libera”. Àlex Meyer Verdejo
15 ago 2019 06:50

La VIIª Cumbre de Países No-Alineados se celebró en Nueva Delhi entre el 7 y el 12 de marzo de 1983. El joven capitán Thomas Sankara asistió en calidad de Primer Ministro del Alto Volta, y allí se encontró con Fidel Castro por primera vez. “Con esta primera conversación entendí que Fidel tiene una gran humanidad, una intuición muy aguda y que era muy consciente de la importancia de nuestra lucha y de los problemas de nuestro país. Nos hemos vuelto muy buenos amigos”. Meses más tarde, el 4 de agosto de 1983, se produjo el alzamiento que haría presidente a Thomas Sankara.

La llegada del gobierno revolucionario removió los cimientos del Estado neocolonial del Alto Volta: cambio de nombre a Burkina Faso (combinando diula y mooré), nacionalizaciones, reforma agraria, mejora en los servicios públicos, participación directa a través de los Comités de Defensa de la Revolución, promoción de los productos locales, apertura de los cargos de gran responsabilidad a mujeres, etc. El nivel de alfabetización rondaba en ese momento el 4%, y se multiplicó entre tres y cuatro veces en cuatro años. Para Thomas Sankara la educación era fundamental para la lucha del pueblo burkinés: “La escuela debe enseñar a leer, a escribir, pero sobre todo a contar. No a contar con los dedos de forma soñadora, sino a contar con sus propias fuerzas”.

En este sentido, la Revolución Cubana es conocida también por dar esta importancia vital al sistema educativo. En su discurso en el Tercer Congreso Nacional de Consejos Municipales de Educación (1962), Fidel Castro aseguraba que “se ha creado un espíritu de superación colectiva extraordinario, un verdadero interés por el estudio. Los cubanos podemos decir con orgullo que en el campo de la educación estamos a la cabeza de América.” Al mismo tiempo, la gran apuesta cubana por el llamado “internacionalismo proletario” ha hecho que a lo largo de las décadas se hayan establecido vínculos con numerosos procesos revolucionarios de todo el mundo.

A pesar del contexto de bloqueo y los intentos de desestabilización de la revolución, Cuba colaboró con unos cincuenta países africanos, según el Hedelberto López en Cuba, pequeño gigante contra el Apartheid. La isla tuvo un papel activo en la lucha contra el apartheid sudafricano, apoyó diversos procesos de liberación de antiguas colonia y procesos revolucionarios de nuevos estados independientes. En diciembre de 1983, Cuba y Burkina Faso acordaron crear una comisión mixta de cooperación. En julio de 1984 firmaron un acuerdo con implicaciones en la industria, la agricultura, el transporte, la sanidad y la educación. En octubre de 1985 se ofrecieron 600 plazas en la Isla de la Juventud, en Cuba, para alumnos de secundaria. En marzo de 1986 el presidente burkinés envió una carta a Fidel Castro asegurando su “constante disponibilidad para seguir reforzando nuestras relaciones en todos los ámbitos con el objetivo de fortalecer nuestras revoluciones”. 

Sankara y Fidel -solo interior.
Thomas Sankara y Fidel Castro junto a niños y niñas de Burkina Faso.
Nebon Babou Bassono, que vive en Barcelona desde hace 11 años, explica que él es “uno de estos 600 estudiantes que fueron a Cuba en el 86.” Las 600 plazas se repartieron entre adolescentes de entre 11 y 14 años de las 45 provincias que entonces formaban Burkina Faso. Podían optar a ellas jóvenes huérfanas (de uno o ambos progenitores) o en situación de precariedad). Había un mínimo reservado para chicas, que fueron 135 del total de 600. 

El gobierno cubano y el gobierno burkinés habían acordado una serie de estudios, la mayoría enfocados a un área profesional concreta. Unas cincuenta jóvenes pudieron optar a estudios dirigidos a una posterior formación universitaria. Bassono narra que “era un momento de euforia revolucionaria. Para mí, ser escogido para ir a otro país con la misma ideología significaba mucho. Entonces en Burkina se respiraba un aire de ruptura, de emancipación del pueblo respecto a la metrópoli. Y Cuba era una esperanza. Siempre estaré muy agradecido por haber podido estudiar allí.” 

Solamente un año después, Thomas Sankara fue asesinado. Blaise Compaoré empezó a presidir un gobierno que duraría hasta el 2014 y que restablecería los vínculos neocoloniales. “Vino el embajador de Cuba en Burkina Faso y nos puso al día. Escuchábamos en la radio lo que había pasado. La incógnita era… ¿Y ahora qué?”, explica este burkinés afincado en Barcelona. Más tarde, una delegación del nuevo gobierno burkinés viajó a Cuba para informar que no cambiaría nada. No obstante, se eliminó todo el espectro de formación militar e ideológica. “Cuándo oímos la noticia del asesinato nos desmoronamos. Hicimos una petición al gobierno de Cuba para que nos formaran militarmente. ¿Qué pretendíamos con eso? Los que estábamos allí sabemos lo que pretendíamos… Pero el gobierno cubano no estuvo de acuerdo”, relata Bassono.

A pesar de la muerte del contexto político que los había llevado a Cuba, los Niños de Sankara continuaron sus estudios. “Hice más redes en cuatro años en esa isla que aquí en Barcelona durante 11 años. Me sentía un cubano más. No era un trato de ‘yo soy africano y migrante, estoy en un país europeo y tengo que tratar con europeos’”, cuenta Bassono. Hasta el 1978, la Isla de la Juventud se había llamado Isla de los Pinos, pero la Asamblea Nacional del Poder Popular la rebautizó en memoria de miles de jóvenes estudiantes que colaboraron en su reconstrucción después del huracán Alma el año 1966. Cuando las estudiantes de Burkina Faso estuvieron en la isla, ésta era un potente foco de formación revolucionaria internacionalista. Así lo ve Bassono: “Angola, Zimbabwe, Sudáfrica, Congo, Nicaragua, Corea… Allá éramos camaradas: la gente pobre del mundo luchando contra el imperialismo.” 

“Acabada la secundaria, escogías una especialización e ibas a la Gran Isla. A mi me tocó Santiago de Cuba. Hacía Industriales”. Entre 1992 y 1994 el grueso de estudiantes volvió a Burkina Faso. El grupo que realizó estudios universitarios regresó una década más tarde, y algunas personas se quedaron en Cuba. El retorno no fue nada fácil: se habían ido siendo muy jóvenes, y muchas hablaban mejor castellano que francés. Y tenían el estigma de ser “comunistas” en un contexto contra-revolucionario. Bassono relata cómo “en el momento irte eras la esperanza de la familia… Y vuelves y eres un pringado al que miran de reojo. Hay algunos casos extremos de persones que se han suicidado.”

Muchas tuvieron graves problemas para encontrar trabajo. La principal excepción eran aquellas que habían estudiado medicina. La necesidad de esta especialidad era tan apremiante que pasaba por encima del estigma. “En una fábrica a la que fui a buscar trabajo, cuando vieron en mi diploma ‘Cuba. Patria o muerte: venceremos’ se quedaron mirando el papel con cara de ‘Bua, nos la va a liar’. Fueron momentos duros: sentirme una persona non-grata en mi propio país. Pero toda la gente a la que llaman ‘los cubanos’ seguimos en contacto: nos apoyamos mutuamente y nos organizamos para exigir nuestros derechos”, explica Bassono.  

“Cuando Thomas Sankara vino a Cuba a visitarnos, nos dijo que para él éramos ‘el relevo de la revolución’. Entonces claro, nosotros íbamos mucho de ‘somos el relevo de la revolución’. Pero pasó un año y lo asesinaron”, concluye Bassono. Sucedió el 15 de octubre de 1987, y su figura fue enterrada en gran medida durante los 27 años del gobierno de Blaise Compaoré. Una etapa que acabó de forma abrupta con las movilizaciones populares de finales de octubre de 2014. El pasado 4 de agosto se realizaba en Ouagadougou un acto de presentación del Memorial Thomas Sankara. Un hombre intervino con entusiasmo hablando de la Revolución de Agosto. En su camiseta ponía: “Thomas Sankara, tus niños formados en Cuba no te olvidaran nunca.”

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3 Comentarios
#38352 14:28 15/8/2019

La revolución cubana fue una revolución burguesa racista (casi todos los dirigentes son y han sido blancos). Su gran logro, la educación, queda deslucido si al enseñar a leer y escribir solo les dejan leer el único periódico que se edita, Granma, por el Régimen de partido único: Fidel y el "Che" mandaron torturar a anarquistas cubanos, al parecer los "revolucionarios" usan los medios de cualquier policía poítica. Si alguien sigue con la monserga de que la URSS era "comunista", ¿podrían al menos definir el término "comunista"? Thomas Sankara intentó hacer la revolución de arriba a abajo mediante un golpe de Estado, y nos enseñó que asi no funciona, ha de ser al revés, de abajo a arriba. Al menos lo intentó, y no se aplotronó (tampoco le dieron tiempo) como Fidel y su hermano el dipsómano. ¡ Cuba, bah!

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#41121 10:16 15/10/2019

la revolución cubana acabó con el racismo en Cuba.

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#38326 8:46 15/8/2019

Thomas Sankara, un personaje histórico fundamental que siempre es necesario recordar

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