¿Qué pasa con nuestros residuos?

Más de cien municipios del País Valencià han iniciado la implantación de diversos sistemas de recogida selectiva de la fracción orgánica de los residuos urbanos, un paso fundamental en el trasiego hacia un modelo de gestión sostenible

¿Qué pasa con nuestros residuos? 1
Muchos de los residuos orgánicos que se pueden convertir en abono acaban mezclados con los demás materiales. Ramón P. Yelo

publicado
2017-11-17 15:00:00

Es domingo y está atardeciendo. Una persona camina por las calles de una localidad pequeña y transporta una bolsa llena de restos orgánicos. Cruza el umbral, saluda a vecinas y vecinos y se dispone a volcar la bolsa en los depósitos de compostaje. Lo mezcla todo y aporta el estructurante para que crezca y se desarrolle el valor en su interior, para obtener el compost que nutrirá la tierra, esa misma que alimenta. Antes de salir, es posible que intercambie algunas impresiones o inquietudes con la gente sobre temas sustanciales o triviales. Luego, quién sabe. Quizás de vuelta al hogar.

Ésta podría ser una de las escenas cotidianas que tendrán lugar en varios municipios del País Valencià si se cumplen y desarrollan los proyectos de recogida y tratamiento selectivo de materia orgánica que se están impulsando en más de 120 poblaciones del territorio. Dicha imagen se presenta como una declaración de intenciones con respecto a la reducción y la gestión sostenible de residuos urbanos, pero, más allá de eso, integra un componente de sinergia en el que una comunidad comparte una labor que beneficia a todo el mundo. También al planeta.

Hace dos años y medio, no había ni rastro de este tipo de iniciativas. Pero con el cambio de gobierno en el Consell y en multitud de ayuntamientos valencianos, parece que existe cierta determinación a cambiar las tendencias impulsadas por los ejecutivos anteriores. Fuentes de la Secretaría Autonómica de Medio Ambiente y Cambio Climático confirman que la administración está ayudando y potenciando la implantación de mecanismos para “para profundizar en la separación de los residuos en origen con la disposición de contenedores, vías de financiación, nuevas plantas de compostaje y la puesta en marcha de campañas de concienciación”.

En torno al 40% de los residuos son materia orgánica, por lo que su tratamiento selectivo supondrá un gran paso para minimizar las tasas de vertido

Este viraje ha sido saludado y respaldado por grupos en defensa del medio ambiente. María Vicente, coordinadora de la campaña 'Al suelo lo que es del suelo. Gestión de residuos 2017', de Ecologistas en Acción se alegra de que “las medidas que llevamos defendiendo durante veinte años empiezan a tener cabida en la política nacional y local”. De esta manera, la activista explica las virtudes de un modelo de economía circular que aspire a la extinción de los residuos urbanos: “La primera ventaja de la recogida selectiva de las basuras es que favorece que te pares a pensar sobre el impacto de cada individuo y de la sociedad en el entorno natural. En torno al 40% de los residuos son materia orgánica, por lo que su tratamiento selectivo supondrá un gran paso para minimizar las tasas de vertido”. Además, Vicente cree que se incrementará el reciclaje “ya que los envases contaminados de orgánica son más difíciles de recuperar”.

separación en origen

La separación en origen de la fracción orgánica es un ámbito en el que diversas técnicas ponen a prueba su capacidad para disminuir la cantidad de residuos domésticos y urbanos que acaban en el vertedero. Según Joan Marc Simón, director ejecutivo de la organización Zero Waste Europe, “el sistema de recogida selectiva de materia orgánica que mejor ha funcionado a nivel europeo es el puerta a puerta, así lo comprobó también la Agència de Residus de Catalunya tras un estudio que comparaba diferentes métodos”. La metodología del puerta a puerta implica que cada vivienda gestiona y clasifica su basura en casa y se encarga de sacarla al portal para su recolecta en los días fijados para cada fracción de material.

“Una de las experiencias más destacables de este tipo de recogida es la de Guipúzcoa. Se ha constatado que, cuando se quiere, se pueden alcanzar porcentajes de recuperación del 80% o incluso del 90%. Otras zonas del País Vasco, pero también de Navarra y Cataluña, cuentan con excelentes sistemas de recogida”, reseña Simón.

Hernani es uno de los municipios de esta provincia que han desempeñado un gran papel en el avance acontecido. Tiene 20.000 habitantes y ha desplegado un sistema de compostaje comunitario y doméstico para 1.400 hogares, además de la mencionada recogida puerta a puerta de la fracción orgánica. La iniciativa arrancó en 2012 y estimaciones recientes señalan que cada año se recolectan unas 30 toneladas de materia orgánica con un nivel de impropios inferior al 2%.

"No puede pagar lo mismo una persona que reduce su impacto y los costes de la gestión que otra que contamina y dificulta el proceso", subraya María Vicente

Vicente es una gran admiradora de esta experiencia: “Un porcentaje de impurezas —materiales inorgánicos o no procesables— inferior al 5% proporciona la posibilidad de elaborar un compost de inmensa calidad”. Además, complementa esa eficacia con una subvención que cubre el 40% de la tasa municipal de basuras para aquellas personas que participan de las labores de clasificación y manejo de sus desechos domésticos, un poderoso incentivo para pasar a formar parte del sistema. “No puede pagar lo mismo una persona que reduce su impacto y los costes de la gestión municipal de residuos que otra que contamina y dificulta el proceso”, subraya la técnica ecologista.

modelos de recogida en el País Valencià

En el territorio valenciano, es evidente que la recolección puerta a puerta es el modelo de las pequeñas poblaciones. Ayora, de apenas 5.000 habitantes, ha realizado varios talleres de compostaje doméstico y está embarcada en la implantación de un sistema de recogida domiciliaria de residuos, un punto de compostaje comunitario y una pequeña planta de tratamiento de residuos.

Otras localidades como Orba y Sax han licitado ya sendos proyectos de servicio puerta a puerta. Los municipios de la Vall d’Albaida siguen la misma senda, pero las cotas más punteras se encuentran en el norte de Castellón, donde los diversos sistemas de discriminación en origen han eliminado casi por completo la existencia de vertederos. El valor de la gestión local y descentralizada de la basura se muestra diáfano en la singladura de esta región. Por otra parte, un compost de buena calidad resulta imprescindible para el desarrollo de la agricultura local: según el Ministerio de Agricultura, cada año se pierden más de mil millones de toneladas de suelo fértil en el territorio peninsular.

La alternativa al sistema puerta a puerta más adaptada a las grandes urbes es el contenedor marrón de materia orgánica. Esta es la opción escogida para ciudades como Castellón, Valencia, Alicante, Sagunto o Alzira. El Consistorio de la capital del Turia ha valorado como un éxito el programa piloto de recogida selectiva de la fracción orgánica que se llevó a cabo en los barrios de San Marcelino y Benimaclet. Los contenedores, que están abiertos a toda la población, recogieron más de 800 toneladas de restos orgánicos procedentes de hospitales, colegios y mercados.

El contenedor de materia orgánica de Alicante se abre con una tarjeta de acceso.

Joan Marc Simón, por su parte, desconfía de la efectividad de este modelo: “Los contenedores sin llave, sobre todo en poblaciones no sensibilizadas, no funcionan en la mayoría de los casos, está probado. Barcelona adoptó esta fórmula y la fracción orgánica que obtienen tiene alrededor de una quinta parte de impurezas, con eso no puedes elaborar un compost de calidad”.

El caso de Alicante es distinto. La Concejalía de Medio Ambiente ha impulsado un proceso de renovación de la gestión municipal de basuras basado en la instalación del quinto contenedor con tarjeta de acceso y de varios puntos de compostaje comunitario, once hasta la fecha. Víctor Domínguez, el ex-edil encargado del proyecto, explica que el objetivo es “extender el uso para que, al menos, se equipare al del resto de contenedores contenedores de recogida selectiva, y tener buenos resultados para no provocar el rechazo de la población y el aplazamiento de estos cambios tan necesarios”. Por esa razón, según Domínguez, han optado por la distribución de “tarjetas individualizadas por domicilio” que les permiten contar con una buena predisposición por parte de los usuarios y obtener un bajo nivel de impropios. También es un método que ofrece una serie de datos estadísticos que servirán para reconocer los errores y adecuar el servicio.

Igualmente, existen más consideraciones para optimizar el rendimiento del sistema que no se han tenido en cuenta a la hora de planificar su aplicación. Daniel Kratzer trabajó antes de jubilarse como responsable del proyecto de recogida de residuos recuperables de una región del cantón de Vaud en Suiza, país con una extensa tradición de buenas prácticas, y plantea que la separación en origen de los desechos urbanos requiere una reflexión más profunda. “Por ejemplo, los contenedores no deben ser de gran tamaño, pues aumenta la probabilidad de que se pudran los restos orgánicos por la compactación y la falta de aire”, precisa el ingeniero. Asimismo, señala que los documentos sobre gestión de la basura municipal del norte de Italia llegan a dar recomendaciones sobre la forma de los contenedores para que tengan el fondo curvo, sin ángulos cerrados, y sea más sencilla su limpieza.

LA VANGUARDIA DE EUROPA

La vanguardia de Europa se encuentra en regiones tan distantes como Eslovenia y Bélgica, Hamburgo y la Italia septentrional. Milán es uno de los casos más paradigmáticos: tras aplicar la recolecta puerta a puerta de la fracción orgánica, aumentó en tres años su recogida selectiva del 37% al 54% de la basura urbana. Otros indicadores oficiales también apuntan valores muy positivos: la tasa de recuperación de residuos era del 35% en 2011, con indicadores del 5% en el caso de la materia orgánica; la misma tasa fue del 52% en 2015, con cifras del 19% para la porción orgánica de los desechos milaneses.

Flandes trata el 40% de la materia orgánica a través del compostaje local y recicla casi tres cuartas partes de sus residuos

Simón tampoco es ajeno a la realidad italiana: “La zona de Treviso, con una población de más de medio millón de habitantes, está generando unos 350 kilogramos de residuos por habitante al año, que son unos ciento y pico menos que la media española, y el 85% de los materiales de deshecho”.

Ljubljana (Eslovenia), por su parte, merece una mención especial en este elenco de prácticas pioneras. En 2012, la ciudad implantó la recogida domiciliaria de la fracción orgánica. Dos años después, la tasa de reciclaje de residuos urbanos fue del 61%, gracias a un descenso del 59% en la producción de desechos mezclados y del 15% en la generación total de residuos.

Igualmente, María Vicente destaca el trayecto de Flandes que, en la actualidad, “trata el 40% de la materia orgánica a través del compostaje local y recicla casi tres cuartas partes de los residuos que genera”.

El compostaje comunitario favorece la cohesión social.

Estos ejemplos se configuran como una orientación para lo que los expertos afirman que podría llegar a ser —si se atiende a las necesidades reales de la población y al entorno natural— la primavera de la gestión de residuos en el País Valencià. Pero eso implica a todos los municipios y a todas las personas; es también el turno de Vila-Real, Burriana, Xilxes, Moncada, Aspe, Canals, Xeraco, Beneixama, Villena, Monóvar, Alcalá de Xivert u Ontinyent.

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