Política
Bob Pop: “Soy un revolucionario cuqui”

Bob Pop es escritor, pensador, y hace televisión desde 2013 con Andreu Buenafuente. Dice estar a tope con la revolución y se ofrece para conducir tanques, escribir manifiestos y hacer flores de miga de pan. 


publicado
2019-12-22 06:00

Bob Pop dice estar a tope con la revolución y se ofrece para conducir tanques, escribir manifiestos y hacer flores de miga de pan. Los datos biográficos con los que hay que situarle son: nacido en Madrid en 1971, es escritor, pensador, y hace televisión desde 2013 con Andreu Buenafuente. Pero lo sitúan mucho mejor en este mundo los conceptos que él va soltando en la entrevista como si fueran hashtags a medida de las redes sociales, términos compactos ajustados a la velocidad y la concisión que internet exige a los comunicadores en la era del zasca: vedette intelectual, cabaret ideológico, revolución cuqui, fascismo yeyé.

Te has definido como maricón y comunista. Empecemos por lo importante: ¿de verdad eres comunista?
Creo que sí. No sé si soy buen comunista, igual que no sé si soy un buen maricón. Pero esta cosa que a la gente le da miedo de que “lo que van a hacer es expropiarlo todo y repartir la riqueza entre el pueblo”, pues yo digo: firmo, me parece un buen plan, siempre que la gente que lo llevara a cabo fuera responsable, sesuda y no hubiera corrupción. Pero el gran problema de definirte como comunista es definirte a favor de un sistema de poder. Y cualquier sistema de poder es un asco, se corrompe, ejerce presiones. Lo que creo que ha pasado con el comunismo es que nunca se ha llegado a establecer completamente. El capitalismo se ha hecho fetén, con todo lo que tenía que tener de mal, mientras que, cuando se ha instaurado el comunismo en algunos países, ha sido un comunismo larvario y bastante chapucero porque no había forma de hacerlo como realmente está planteado el comunismo, entonces ha dado lo peor de sí mismo.

Comunista, maricón y, además, cojo. El otro día añadiste otro elemento en el programa de Buenafuente, cuando dijiste que el programa se quedaba en manos de tres gordos. Eres la trampa de la diversidad encarnada. ¿Cómo lo llevas?
Me encanta que salga Daniel Bernabé en mis entrevistas. Le tengo mucho cariño y me parece que su trampa de la diversidad fue un muy buen punto de partida para un debate que él impidió. Una vez lanzado este mensaje, ¿cómo lo llevo? Yo no creo en la trampa de la diversidad, yo creo que cada uno lucha por cuestiones de clase y en esta sociedad, al final, hay un montón de factores que influyen en la clase: ser maricón, ser bollera, sobre todo ser trans... tiene un impacto brutal en la clase. No tengo la suerte de tener amigos LGTBI de esta generación, pero entre mis amigos mayores, muchos de ellos renunciamos a posibilidades de ascenso social por la libertad sexual. Nos fuimos de casa antes, cogimos trabajos precarios para poder vivir de un modo más libre nuestra sexualidad sin depender de nuestras familias, que nos habían dado una patada en el culo.

Ser gordo también tiene que ver con la clase. El aspecto físico también está condicionado muchas veces por la clase. Y, además, si tienes una vida precaria y de mierda, al final del día te compensa mucho más un bollo industrial que un apio: nos han educado así y el azúcar es un chute, aunque sea veneno.

Bob Pop 2
Bob Pop coge aire durante la entrevista. Álvaro Minguito

Además ser cojo —en mi caso, tener una discapacidad por una enfermedad degenerativa— lo que me demuestra es lo importante que es tener dinero. Hay cosas que me puedo permitir para facilitar mi vida que no me planteo cómo serían sin poderme gastar, por ejemplo, el dinero en taxis, o sin tener un apoyo brutal y una complicidad de la empresa para la que trabajo.

Por otro lado, el trabajo que se hace desde la Administración para gestionar el tema de la incapacidad, las subvenciones y ayudas, es lamentable, lento e insuficiente. Con lo cual, todo tiene que ver con la clase por lo que no hay trampa de la diversidad, sino que la diversidad forma parte de la lucha de clases.

Dentro ser la encarnación de esa trampa, tú no dejas de ser un privilegiado. Eres consciente, ¿no?
Soy consciente de mis privilegios e intento aprovecharlos para hacer el bien. Intento constantemente entender desde dónde hablo, que es desde el privilegio, pero también desde un intento constante de empatía. También es muy importante entender que yo soy un advenedizo, que no soy rico, que vivo bien porque tengo un montón de trabajos y gasto muy poco dinero, yo solo gasto en taxis, y que hay que entender que los ricos ricos de verdad no somos nunca nosotros. No soy rico porque todo el dinero que tengo es de la gente que tengo a mi alrededor, que lo puede necesitar en cualquier momento. Igual que yo sé que la gente que tengo a mi alrededor me lo va a prestar y, cuando lo he necesitado, me lo ha prestado, también yo lo voy a hacer, con lo que es imposible ser rico si te preocupas por la gente que tienes alrededor, solo puedes ser rico rico rico cuando solo tienes amigos que lo son. Y esa endogamia de los ricos es la que maneja el tiempo.

Entonces te aplicas la idea teórica de la redistribución de la riqueza...
Yo me la aplico a mi vida cotidiana, y eso que sigue habiendo mucho pudor por parte de la gente en pedir dinero a los amigos. Tenemos que tocar el dinero con mucha menos reverencia, como algo que sirve para hacer cosas que están bien.

Mucha risa pero has estado hace poco en un congreso de filosofía y te defines como vedette intelectual…
Vedette intelectual o cabaret ideológico son mis campos de trabajo.

Utilizo la comedia para contarlo pero no soy cómico como ellos. Tampoco sé muy bien lo que soy: soy un señor que cuenta cosas y lo intento hacer con gracia.
Dentro de lo de hacer risa, ¿lo tuyo es filosofía? ¿Política?
No lo sé. Yo hago humor, pero no soy cómico. Lo que pasa es que es verdad que llevo seis años trabajando con Buenafuente, con Berto y con amigos cómicos, Jorge Ponce, Coronas, y en esos seis años he aprendido herramientas de humor que yo uso para contar las cosas que a mí me interesan, que no sé sin son filosofía o política, son cosas que me gusta pensar. Utilizo la comedia para contarlo pero no soy cómico como ellos. Tampoco sé muy bien lo que soy: soy un señor que cuenta cosas y lo intento hacer con gracia.

Lo que está claro que haces todo el rato es política...
Sí, pero no es es que yo haga política, es que todos hacemos política todo el tiempo. Ana Rosa hace política en su corrillo del corazón, el Hola hace política, Marca hace política, todo el mundo hace política. Otra cosa es que lo planteemos de una manera directa o que, como forma parte de la ideología dominante, no se considere política. Todo lo que hacemos en cada momento de nuestra vida es política.

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Hablando de política… Has celebrado el anuncio de gobierno de coalición.
Me permití al menos un día de alegría, un día de alivio, pensando que ya llegará el momento para la decepción, para la hostia que nos peguemos, para el golpe de realidad. Pero necesitábamos ese alivio, sobre todo después de los resultados de la ultraderecha en las últimas elecciones. Ahora, ¿lo sigo celebrando? No lo sé, estoy en una incertidumbre brutal. ¿Me parece la mejor opción entre las opciones posibles? Mira, ya que la revolución de momento queda un rato para hacerla, pues así, como apaño temporal, aguantamos.

Claro, ahí hay diversidad de opiniones porque hay gente que piensa que cuanto peor, mejor. Que cuanto peor estemos, más ganas tendremos de ir a las calles y tomar el Palacio de Invierno. Pero a mí me pilla mayor y muy cansado, y a lo mejor un poquito conservador, y pienso: “Pues que nos den un respiro”. Que seguro que está muy bien que hagamos la revolución pero que nos pille de buen humor y que no tengamos que hacerla solo enfadados, sino que nos den un periodo de tranquilidad para ir preparándola. Igual ahora alguien me pincha el teléfono porque se cree que voy a hacer la revolución y, a ver, no estoy yo como para salir a las calles a correr. Pero para llevar un tanque sí me veo.

Entonces lo celebraste un ratito. ¿Qué te provoca desconfianza?
Todo me provoca desconfianza. El poder me provoca desconfianza y, de hecho, me resulté sospechoso a mí mismo celebrando el poder, porque celebrar el poder es peligroso y nuestra obligación es ser siempre críticos con el poder. Y tuve un día acrítico, entregado, abierto de brazos, y ahora me planteo el precio a pagar, las renuncias, los secretos, la gente que se va a quedar fuera, olvidada. Sí, pero no quiero decir nada hasta que no vea qué pasa: qué pasa con Catalunya, qué pasa con Esquerra, porque estamos en un momento en el que podría pasar cualquier cosa. En ese sentido, Sánchez me parece muy interesante como personaje. Todo el mundo dice que es guapo... A mí no me lo parece porque normalmente los estudios de belleza dicen que la belleza tiene que ver con la asimetría, y Sánchez me parece el personaje más asimétrico del mundo. La parte derecha no tiene que ver con la parte izquierda de su rostro, con lo cual siendo tan asimétrico me sorprende que siga pareciendo guapo. Es una cosa que habría que estudiar. Estamos en un momento donde puede pasar lo que sea. Luego vendrán los empresarios, Europa, Paco con las rebajas…

Te has referido a Pedro Sánchez como “personaje”, como si esto fuera un escenario y Sánchez formara parte de esa puesta en escena…
Es que se ha convertido en una especie de crisol de las españas que pueden ser. Creo que ahora mismo es el único político que puede ofrecerte la posibilidad de una socialdemocracia progresista o conservadora. Todo lo puede hacer él, y eso me parece de una versatilidad que ni él mismo sabe que tiene.

Hay un punto de miedo en mí por el que no me he alegrado porque ha calentado a gente que tenía muchas ganas de decir: “Veis, os lo dije, son unos terroristas, lo queman todo”
Vives entre Madrid y Barcelona pero tu hogar, tu amor, está en Barcelona. ¿Te has alegrado como Cristina Morales de ver arder sus calles?
Es muy incómodo eso. Me encanta Cristina Morales y entiendo perfectamente lo que dijo, y además le da coherencia a ella y a su obra. Pero, fíjate, hay un punto de miedo en mí por el que no me he alegrado porque ha calentado a gente que tenía muchas ganas de decir: “Veis, os lo dije, son unos terroristas, lo queman todo”. Por eso no me he alegrado. Y, además, yo soy bastante partidario del orden, la limpieza, la higiene y el civismo, o sea, soy un revolucionario muy cuqui, a mí quemar cosas y esto no me parece bien porque huele, contamina y se gasta dinero público, y se puede hacer de otra manera. Huelga a tope y, por mucho que me perjudique, yo a tope con ello, pero a lo mejor quemar no hace falta. En eso soy un poquito rancia, un poco señora mayor de la revolución.

Eso te iba a decir, ¿estás diciendo que sí a la revolución pero sin ensuciar nada?
Claro, ¡ya te he dicho que no soy un buen comunista! Soy bastante de orden, más de la parte de redactar manifiestos y de decir “no queméis cosas”. Pintadas, paralizar calles, a tope. Es verdad que también pienso que los que se enfadan tienen más fuerza que nosotras, y me acaba dando miedo.

Hiciste este año el pregón del Orgullo Vallekano, y dijiste que no harías el del Orgullo…
‘Comercional’.

‘Comercional’. ¿Eres más de Orgullo Crítico que de Orgullo marca?
Súper de Orgullo Crítico, cada año más. Me parece mucho más interesante porque han puesto sobre la mesa asuntos que me parecen muy importantes, entre ellos el concepto de clase, el concepto de que la G sea menos preponderante que el resto de siglas. Son más inclusivos, más rebeldes y tienen mucho más que ver con la posibilidad de pedir cambiar el mundo desde lo LGTBI, desde la libertad que da el haber estado en los márgenes que pedir que no acepten. Odio el concepto de normalización, yo no quiero que me normalicen porque la normalidad suele ser espantosa, cuando se normalizan las cosas lo que hacen es que nos convierten a todos en infelices. Sí, soy de Orgullo Crítico, que además empezó como algo pequeño pero ha cogido una fuerza muy interesante.

Este posicionamiento y lo que hablábamos al principio de tus intersecciones te ubican teóricamente en la periferia, pero tú no dejas de ser mainstream… ¿No es eso contradictorio?
Sí, pero es que yo soy una contradicción. De todos modos, yo estoy en el mainstream pero no sé si lo soy, no sé si mi discurso es mainstream. Siento que mi discurso lo ha acogido lo mainstream: soy un error del sistema y me parece fenomenal. Prefiero tener este discurso en lo mainstream a hacer un discurso un poco más radical pero que se quede en los laterales, en la periferia. Aprovecho este privilegio, que no sé cuánto me va a durar.

Hay varios ejemplos ahora mismo de cómo hacer humor de izquierdas. Deforme Semanal o No te Metas en Política… ¿No se puede hacer gracia desde las derechas?
Voy a decir algo impopular: el 90% del humor es de derechas en tanto que forma parte del sistema. Otra cosa es que sea humor político de derechas, y no voy a hablar de Arévalo y Bertín Osborne. Pero creo que solo se puede llegar a lo mainstream sin pisar charcos, y eso es un poquito de derechas. El discurso dominante es el que bendice el humor dominante. ¿José Mota es de izquierdas? A lo mejor personalmente sí, pero su humor para llegar a la gente a la que tiene que llegar tiene que abarcar todo ese área de público.

No creo que exista humor de izquierdas y humor de derechas, está el humor dominante y luego están los destellos de rebeldía del humor de izquierdas. Incluso si alguien se define como humorista de derechas, y también se está saliendo del mainstream donde pretenden meter a todo el mundo. Pero creo que casi todo el humor tiene una parte conservadora, porque forma parte del discurso dominante.

Te dices feminista.
Intento. Entiendo mi feminismo como un factor de corrección del machismo que tengo incorporado por educación, por privilegio de hombre cis. Sí, como un intento constante de detectar mis trazas de machismo que contengo como algunos productos contienen trazas de frutos secos.

Bob Pop 3
Un póster de Sara Montiel en el apartamento de Bob Pop. Álvaro Minguito

¿Hay que poner a examen a los hombres feministas?
Depende. Si me ves en una manifestación feminista encabezando la pancarta, ven y dame un toque en el hombro. Pero creo que los hombres que intentamos leer de feminismo, aprender de las feministas y entender que el feminismo es un forma de corregir el machismo que tenemos incorporado en el disco duro, creo que no está mal.

Hablando de feminismo y de humor. En el programa de Buenafuente, ¿dónde están las humoristas?
Te voy a contar. Es una búsqueda constante de mujeres que estén allí, que sean cómicas, que funcionen como colaboradoras. Este año tenemos a Maruja Torres y estamos muy contentos con ella. También hay mujeres cómicas feministas escribiendo los guiones del programa. Hay que entender que a veces somos muy crueles con la tele y creemos que solo existe lo que se ve: la realizadora es una mujer, la ayudante de realización es una mujer, hay guionistas mujeres, hay mujeres en producción… Y con respecto a las colaboradoras, hay una búsqueda constante de cómicas. Las que nos gustan están en otras partes y no hemos podido tenerlas.

Sentarse al lado de Buenafuente es muy difícil, sea mujer o seas hombre, y te prometo que soy consciente de que hay una falta de mirada femenina y feminista que intentamos compensar con los guiones. Pero es una asignatura pendiente y hablamos de ello constantemente.

Te sumaste al #MeToo contando una violación en el programa…
No me sumé exactamente. No fue para apuntarme al movimiento sino por lo que me estaba haciendo sentir, no tanto el hecho de la violación brutal de La Manada sino las reacciones que estaba habiendo entre mucha gente culpando a la víctima de haber podido llevar una vida después de la violación. Ahí me sentí tan tocado que tuve que contarlo para que alguien entendiera en primera persona porque la víctima de La Manada no tenía que salir a contar nada pero yo lo había vivido y estaba más fuerte. Quería contaron y que la gente entendiera cómo se siente uno.

Coser sí empodera si diriges una multinacional y en tus ratos libres haces punto de cruz para hacerle un bordadito al techo de cristal que ya no existe
¿Coser empodera?
Pues me encantaría saber coser. Ahora, dirigir una multinacional y en tus ratos libres hacer punto de cruz para hacerle un bordadito al techo de cristal que ya no existe porque se ha caído y lo rodeas con ganchillo, pues coser sí empodera. Limitar la posibilidad de empoderarte a coser, pues recuerda un poquito a épocas oscuras de Pilar Primo de Rivera.

¿Son hoy las redes más hostiles, más violentas?
No sé si la red es más hostil, mi timeline es bastante saludable y no lo siento así pero veo cosas que la gente comparte donde hay hostilidad y odio. Es responsabilidad nuestra tener el timeline limpito y no darle bola a la gente que está ahí para hacer ruido y, sobre todo, eliminar el concepto de zasca, por el que la gente quiere tener la última palabra con algo ofensivo que calla al otro. La red tendría que servir para tener una conversación.

¿Hay mal rollo? Sí, también 52 escaños en el Congreso empoderan según a quién. Cuando hablamos de empoderar siempre pensamos que es algo positivo, pero hay gente que se está empoderando en cosas bastante chungas. Gente que está crecidita y que se ve apoyada. Y hay otro elemento que tiene que ver con la precariedad de los medios de comunicación que se dedican a sacar de contexto elementos de Twitter porque es lo más barato. Y, además, hay que pensar otra cosa: yo soy relajado en Twitter porque hablo desde el privilegio de tener una voz en otros medios, pero hay gente que habla desde la rabia y su única sensación de voz es la red. Es gente que en su día a día no tiene ni voz ni voto y no les puedo culpar de eso desde el privilegio, sería un gilipollas y un pijo. Yo soy esa señora que no quiere que se quemen cosas todo el rato, o sea, cuando hagáis la revolución quiero estar en el Ministerio de No Quemar Cosas: de pensar en alternativas como hacer pulseras o flores de miga de pan, la revolución handmade.

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Has mencionado a Vox… ¿Qué significan esos 52 diputados de la extrema derecha en el Congreso?
Pueden significar muchas cosas a la vez. Uno, que hay mucha gente que hasta ahora pensaba que votar era una cosa de modernos demócratas y no se veía representado y de pronto ha visto un partido yeyé que les da opción de votar y se han tirado ahí. Creo que hay mucha gente que venía de la derecha rancia PP y que ha decidido que esto iba más con ellos, y gente para quien ha sido un voto de protesta y de rabia porque lo que ha aprendido Vox de las elecciones de abril a estas ha sido a convertirse en un partido antisistema, dejar de tener esa pinta de pijos del barrio de Salamanca o de Cortijo y tener un punto antisistema. Hay muchos elementos ahí que yo no voy a justificar. Es gente que en vez de lanzarse a la calle a quemar cosas ha decidido quemarse a lo bonzo, porque es ridículo pensar que este voto, que te perjudica a ti, va a servir para mostrar tu disconformidad. No conozco a nadie que haya votado a Vox.

Te voy a pedir una sesión de tu Bobsultorio literario. Verás: somos un medio independiente, asambleario del lobby ruso y todo eso. ¿Qué nos tenemos que leer?
Pues El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui, que habla y de hecho se adelantó a hablar de ello, del poder asambleario. Parte de una premisa que me encanta. Siempre se habla de la madrastra de Blancanieves como la mala del cuento pera nadie piensa nunca en que el padre de Blancanieves estaba allí viéndolo todo y no hizo nada. 

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2 Comentarios
#45007 24:24 22/12/2019

No sigo su trabajo habitualmente porque no tengo TV desde hace años por decisión unilateral consciente, aunque de vez en cuando recojo algún comentario y/o mini-video en en twinker y/o entrevistas/pieass como esta en medios respetables como este que me gustan. Gracias.

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soniadianez 23:11 22/12/2019

Gracias. Y también por inspirar.

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