Armas nucleares
El infatigable y admirable compromiso de un ciudadano ejemplar II

Prólogo del libro Silencios y deslealtades, sobre el incidente de Palomares de 1966.

Libro "Silencios y deslealtades", sobre el incidente de Palomares de 1966.
Libro "Silencios y deslealtades", sobre el incidente de Palomares de 1966. José Herrera Plaza Salvador López Arnal
Prólogo del libro Silencios y deslealtades, sobre el incidente de Palomares de 1966.
Co-autor de "Silencios y deslealtades"

publicado
2020-01-06 06:52

Viene de la primera parte.

Cuando empecé a leer Accidente nuclear en Palomares. Consecuencias (1966-2016) me di cuenta enseguida que mi primera intención no era ajustada, que era imposible, totalmente imposible, hacer una única entrevista sobre una investigación como aquella que hiciera justicia al trabajo y al resultado obtenido. Volví a escribir al autor y le sugerí la posibilidad de hacerle una serie de entrevistas, una por capítulo, a veces por apartados y sin urgencias, sin prisas, si tenía tiempo, añadí. Deseando, por supuesto, que lo tuviera, que tuviera mucho tiempo.

Herrera Plaza lo tenía... o lo buscó. Y así empezamos, poco a poco, intercambiándonos preguntas, respuestas, comentarios y observaciones, y así hemos seguido durante más de un año. Para mí todo un honor, una gran experiencia cultural y política, un gran seminario de doctorado. He aprendido, he intentado aprender todo lo que he podido de lo mucho que el entrevistado me ha enseñado.
Lo conseguido lo tiene el lector en sus manos. No le decepcionará, estoy seguro de ello.

¿Qué temáticas, qué nudos, qué informaciones, qué conjeturas es justo destacar de este conjunto de conversaciones político-filosóficas e históricas con Herrera Plaza? La lista es larga, imposible detallarla aquí completamente. Resumo:
1. Conviene remarcar de entrada la inconmensurable documentación del entrevistado. ¿Existe alguien que sepa más de lo sucedido en Palomares que él? Mi respuesta: a día de hoy, no, no creo.
2. De igual modo hay que destacar el apetito insaciable de saber de Herrera Plaza, que hace bueno el verdadero sentido de la palabra “filosofía”, la aspiración -verdaderamente inagotable en su caso- al conocimiento.
3. Su sensibilidad moral, su mirada desde abajo, desde los más desfavorecidos, es otra arista muy presente. Un ejemplo entre muchos otros: ¿puede alguien seguir como si nada hubiera pasado después de leer la hermosa historia que explica sobre Bartolomé Roldán, “un verdadero héroe” a su pesar?
4. Las reflexiones epistemológicas que Herrera Plaza nos va dejando aquí y allá tampoco merecen ser desatendidas. Sin pretenderlo tal vez -o pretendiéndolo por supuesto- se nos dan varias lecciones de buena filosofía de la ciencia muy pegadas a las reales prácticas tecnocientíficas.
5. Lo mismo cabe apuntar sobre asuntos -importantes asuntos, cada vez más importantes- relacionados con la política de la ciencia.
6. Punto destacable también es la magnífica deconstrucción crítica que Herrera Plaza realiza de las técnicas de manipulación de la opinión pública por parte de gobiernos con el apoyo, consciente o inconsciente, de sus intelectuales orgánicos. Las imposturas son muy abundantes.
7. Conmueve igualmente el justo reconocimiento de una figura central en toda esta gran y dilatada lucha ciudadana y popular: la llamada, la que debemos seguir llamando, duquesa Roja. Es digno de atención, y reconocimiento, la respetuosa manera en que el entrevistado nos acerca a una mujer tan singular, tan luchadora, tan poco “duquesa”, tan comprometida en esta historia, en momentos en los que la opresión sobre las mujeres no tenía límite en nuestro país. Su compromiso con los de abajo, con los más desfavorecidos, sigue conmoviendo.
8. Las reacciones, no siempre mostradas ni recordadas, entre la oscuridad y el olvido, con los que se intentaron cubrir el accidente y la incipiente industria nuclear española es otro nudo que debe ser recordado.
9. Lo mismo que la documentada constatación, mil veces corroborada, del mucho mando en plaza que ejercieron las autoridades usamericanas en un lugar que, en principio, no formaba parte de su “territorio natural” ni de su soberanía. Pero sabemos bien que, desgraciadamente, los imperios son los imperios del mismo modo que los negocios son, para algunos, los negocios sin bridas ni límites.
10. No puedo olvidarme tampoco de una bella, una bellísima historia, muy bien contada por el autor, que muestra las arriesgadas acciones de esos héroes populares anónimos de la historia que solemos olvidar. Una persona, nos explica Herrera Plaza, que firmaba como "El Emigrante», natural de Villaricos, se convirtió en un activista que enviaba a La Pirenaica frecuentes notas usando la infraestructura del PCE.
11. En una cara muy distinta de la moneda, Herrera Plaza consigue que pongamos nuestra atención sobre el largo y persistente recorrido del negacionismo oficial, no sólo durante la dictadura fascista sino años después, durante la transición política y los treinta primeros años de la democracia demediada y mejorable en la que seguimos viviendo.

Herrera Plaza consigue que pongamos nuestra atención sobre el largo y persistente recorrido del negacionismo oficial, no sólo durante la dictadura fascista sino años después.

12. Las resistencias, a veces silenciadas, a veces silenciosas, de muchos ciudadanos, de Almería y de otras provincias andaluzas, no caen tampoco en el saco de su olvido o descuido.
13. Tampoco las repercusiones, asunto muy olvidado aquí y también allí, del accidente atómico en los militares usamericanos de baja graduación que se vieron implicados.
14. Nos explica también con detalle Herrera Plaza la significativa ausencia de repercusiones en las relaciones bilaterales. Brillaron por su ausencia. Jamás se pensó por parte del Gobierno español en la anulación o revisión de los acuerdos. Adelante con la subordinación, siempre adelante, sin vacilación, sin preguntas inoportunas, pasara lo que pasara. Los mismos mandos norteamericanos se extrañaron por la inesperada docilidad servil de las autoridades franquistas.
15. Son desde luego pertinentes las críticas documentadas del autor al CSN y a la JEN-CIEMAT. También, y de forma destacada, a determinados comportamientos, nada comprensibles (¿o muy comprensibles?) del ex ministro de Exteriores Moratinos.

Hay más cuestiones, muchas más. El saber de Herrera Plaza parece no agotarse nunca. Algunos ejemplos: algunas de las zonas valladas de Palomares tienen una de las mayores concentraciones de plutonio del mundo; la marginación sufrida, en todos estos años, por los afectados, en su salud, en sus planes de vida y en su seguridad; la dura e interesante historia de las migraciones de los pueblos de aquella zona; los apuntes y notas que nos proporciona para hacernos idea de lo caliente que fue aquella guerra de enormes dimensiones que seguimos recordando, erróneamente, con el inexacto nombre de “guerra fría”. Etc, etc.

Por debajo de todo ello y como he intentado indicar: una tensión poliética admirable, una tenacidad a prueba de golpes y momentos de retroceso o desánimo, una entrega casi sin parangón a un momento crucial de nuestra historia reciente que, a pesar de lo mucho hecho, sigue siendo muy desconocido, un compromiso ciudadano que figurará, que debe figurar en los libros de la historia popular, la que nos importa realmente. Herrera Plaza es, en el mejor sentido de la palabra, un ciudadano libre, informado, activo, indignado, en pie de rebeldía contra las injusticias. Incansable, un luchador imprescindible.

Estaba a punto de titular esta presentación con estas palabras: “Lo olvidado y los olvidados”. No lo he hecho finalmente, hubiera sido un error, hubiera cometido una injusticia. Personas como el director de Operación Flecha Rota han evitado que en un asunto así, de sus dimensiones políticas, económicas, sociales, culturales y humanas, habite nuestro olvido.

Hablando de olvidos. He olvidado decirles antes que el título de este libro, en el que me siento muy honrado de figurar como coautor, es un acierto compartido. De eso van realmente estas conversaciones: de silencios y de deslealtades, de una historia atómica y militar iniciada en la Guerra Fría que sigue muy viva y caliente, aunque de otro modo, en el día de hoy.

No creo equivocarme si les garantizo horas de información contrastada, de argumentos bien meditados, de senderos informativos insospechados, de interés creciente, de magníficas reflexiones, de buena lectura en definitiva. Palomares, con seguridad, será también asunto suyo… si no lo es ya.
Pasen, pues, lean y gocen. No se sentirán defraudados.

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