Catalunya
La sentencia, un terremoto político en Catalunya

En medio de las balas de goma, de foam, y las porras, Catalunya se encuentra con una clase política sin líderes claros, en la que los dos partidos hegemónicos (Esquerra Republicana de Catalunya y Junts per Catalunya) se apuñalan entre ellos y en la que las entidades sociales (Òmnium Cultural y Assemblea Nacional de Catalunya) se han quedado sin el carisma de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez.

Barcelona coche incendiado proces
Coches incendiados durante la noche del 16 de octubre en Barcelona. Víctor Serri

Barcelona


publicado
2019-10-23 09:00

14 de octubre de 2019 por la mañana. Se confirma una setencia histórica para el Estado español. De nueve a 13 años de cárcel para los presos políticos independentistas. Se descarta rebelión, pero se confirma la sedición. La abogacía del Estado celebra que no haya habido indulto. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, asegura que “se abre una etapa nueva”.

En Catalunya lo saben, pero puede que no tengan la misma idea de etapa nueva que el líder del ejecutivo español. Hace días que se oye un chup-chup del Tsunami Democràtic, una iniciativa social anónima que promete movilizaciones a través de una aplicación y de las redes sociales, cuyas webs están cerradas debido a una investigación secreta por terrorismo. Pese a ello, hasta el lunes pasado mucha gente no sabía muy bien qué hacer. Ahora bien, cuando sentencian a nueve años a los Jordis por subirse a un coche de la Guardia Civil para calmar a las miles de personas el 20 de septiembre de 2017, el movimiento independentista sale a la calle con aún más indignación. Con y sin Tsunami.

El fuego en las calles

Desde entonces ha habido varias protestas, algunas masivas y convocadas por Tsunami Democràtic y/o por los Comités de Defensa de la República (CDR), otras más minoritarias pero igualmente concurridas, y que han subido el tono a las concentraciones conocidas hasta ahora, en las que ha habido confrontación directa con la policía hasta la madrugada.

“¿Qué se esperaban? ¿Que aceptaran los 13 años de cárcel por votar? ¿Celebrar que no son 24? Ellos esperaban que hubiese respuesta de siempre, que es salir y hacer la revolución de las sonrisas, y creo que las sonrisas hace tiempo que las hemos perdido”, subraya el politólogo e investigador para el Institut d’Estudis Andorrans Andreu Paneque Martín. “No sabemos si se manifiestan para que se haga una declaración universal de independencia, para que gobierno español apruebe una ley de aministía, para que haya indultos... no se ha concretado, es una pura expresión de descontento, cosa que no quiere decir que pueda tener consecuencias a largo plazo”, opina el politólogo por la Universidad Pompeu Fabra Joan Monje Cano.

Por su parte, la abogada penalista Carla Vall considera que el abordaje de un conflicto político, si se hace desde una óptica penal, “es ineficiente, ineficaz y contraproducente”. “Estás reaccionando más a nivel social y que además estás haciendo que cada vez más haya más represaliados de forma que este conflicto se vaya agudizando día a día”, añade. En ese sentido, ha habido unos 600 heridos, 194 detenidos (104 de los cuales han pasado a disposición judicial, 28 en prisión provisional y sin fianza y el resto en libertad con medidas cautelares para el resto), y más de 60 agresiones a periodistas y fotoperiodistas, uno de ellos, Albert García, acusado de agredir a un agente la policía nacional.

El uso de balas de goma por parte del cuerpo español, munición prohibida en Catalunya, es uno de los principales reproches. “Hemos visto cómo se ha estado disparando a distancias muy cortas, cuando se debería disparar a una distancia mínima de 50 metros con rebote, ya que van a una velocidad de 720km/h al dispararse. Cuando disparas a distancias tan cortas con un material indicado como a potencialmente letal se contempla la posibilidad de muerte. Esto lo único que hace es agravar el conflicto”, denuncia la abogada.

Parálisis y división de la clase política

Pese a estas cifras, los gobiernos español y catalán únicamente denuncian la actitud de los manifestantes. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, asegura que las agresiones a los periodistas están hechas por manifestantes, pese a que el informe de Media.cat recoge que el 72% han sido perpretadas por los Mossos d’Esquadra y la Policia Nacional. Por su parte, el conseller d’Interior, Miquel Buch, ha definido a los manifestantes como “violentos extremos” y “no independentistas”, al igual que el president de la Generalitat Quim Torra, quien asegura que “no representan al movimiento independentista”. Ambos han lamentado la quema de containers y destrozo de mobiliario urbano, pero no han denunciado con el mismo ímpetu la brutalidad policial ocurrida en las calles en las manifestaciones. Para Paneque no es casual. Como señala el investigador, condenar todo acto de violencia o no colaborar con la policía española, como pasó en el referendum de autodeterminación del 1 de octubre, tiene consecuencias. “No vendría un 155, vendría un 116 o algo peor. No solo nos dejarán sin autonomía, sino que podrán empezar a detener sin tener que pedir permiso, podrías pedir permiso a posteriori”, aventura el politólogo.

Pese a que Carla Vall dice que augurar una posible declaración del estado de excepción es “alarmismo”, asegura que asumir los errores por parte de los cuerpos policiales “significa asumir que parte de estas lesiones las pueden haber provocado los Mossos d'Esquadra, y esto implica una revisión de muchas de las actuaciones que hemos visto”. Pese a que Torra aseguró ayer que investigarían las actuaciones de Mossos d’Esquadra de estos días, son unas palabras que llegan una semana tarde y que, de momento, no se han trauducido en hechos.

Y, en medio de las balas de goma, de foam, y las porras, Catalunya se encuentra con una clase política sin líderes claros, en la que los dos partidos hegemónicos (Esquerra Republicana de Catalunya y Junts per Catalunya) se apuñalan entre ellos y en la que las entidades sociales (Òmnium Cultural y Assemblea Nacional de Catalunya) se han quedado sin el carisma de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez. Hay miedo a la represión, lo que podría explicar el nacimiento de Tsunami, que no tiene ningún líder visible. “Tsunami Democràtic es la máxima expresión de la invisibilidad que dan las redes sociales. ¿Los peligros? Es que no hay un liderazgo y el peligro es que no hay nadie que frene esto. ¿Cuál es la ventaja? Que nunca más se podrá acusar al movimiento independentista de unas posturas, de unas personas que movilizan y que han hecho creer que este movimiento era instrumentado desde una persona concreta”, reflexiona Paneque.

Una de las activistas de un CDR de Barcelona, que ha preferido mantener su anonimato por seguridad, señala que “cuando un movimiento tan transversal como el independentista no tiene liderazgo se autoorganiza”. “Eso es muy positivo en una sociedad y lo tenemos que positivizar y el Govern, dentro de lo que cabe, debería hacerlo porque esoquiere decir que tiene una juventud que quiere luchar por sus derechos”, concluye.

Por otro lado, Monje señala que antes, la interlocución entre Òmnium, Assemblea y el Govern era sabida, conocida y constante. “En este momento, seguro que hay personas concretas que se conocen, pero no hay canales de comunicación establecidos. Esto es también una de las cosas que hace que ahora mismo el gobierno de la Generalitat no sea capaz de tener ningún control ni de vehicular las protestas”, afirma.

Es la falta de control, esta superación de las dinámicas políticas conocidas hasta ahora, nos lleva al fondo de la cuestión, según Paneque. “Por primera vez desde que España hizo la transición, nos encontramos en un callejón sin salida, y es que ha llegado un momento en que las propias instituciones políticas no pueden dar la solución. Se tiene que replantear hasta donde llega la acción política y eso no lo pueden hacer las instituciones”, vaticina.

Elecciones en el horizonte

Además del miedo a la represión y la fuerza del movimiento popular, también hay un punto clave en las miras de los partidos catalanes: las elecciones del 10 de noviembre y un posible adelanto electoral en Catalunya. Como señala Monje, el Govern tiene desde hace mucho tiempo una debilidad estructural sobre todo porque no hay un relato compartido de los últimos dos años no ha habido una linea estratégica a seguir.

Mientras que ERC ha optado por un discurso de pedir una ley de amnistía, que no deja de ser una forma de reintroducir el conflicto en el terreno político e implícito de abandono de la vida unilateral y volver al escenario de 2014, y a partir de aquí negociar, pero una vía por la que no hay incentivos, el espacio postconvergente no reconoce el propio president de la Generalitat, Quim Torra, y sigue interesado en mantener la tensión porque, entre otras cosas, su líder está en el exilio (Carles Puigdemont) y sigue siendo un actor político relevante, pero dejará de serlo en un escenario de abandono de la vía unilateral.

Mientras que en estos últimos días hemos visto gestos y traiciones entre los dos partidos mayoritarios, las CUP, que se presentarán por primera vez a las elecciones del Congreso de los Diputados, se han mantenido en silencio. Para Paneque, este es un silencio premeditado. “Yo creo que volveremos a tener una CUP de los 10 y no de los cuatro en el Parlament, porque se han posicionado muy bien. Se siente por primera vez apoyada y respetada en las nuevas formas de participación que hace muchos años que está pidiendo”, concluye.

A su vez, la entrada en el Congreso puede ser peligrosa para el partido porque, como ya pasó con Bildu, se podría llegar a ilegalizar, según Paneque. “Me da miedo que la CUP entre en el Congreso, porque entiendo que su voluntad será dinamitar la lógica parlamentaria y esto dará base para ilegalizarla. Ahora bien, me gustaría ver qué pasaría si se atreviesen, porque en el momento de la ilegalización de Bildu el movimiento independentista vasco no tenía la fuerza que tiene el movimiento independentista catalán en cuanto a adeptos”, asegura.

Por otro lado, Vall avisa que la ilegalización de la formación política no resolvería el conflicto, sino todo lo contrario. “Siempre que se ha buscado un proceso de clandestinización de los movimientos acabas enquistando estos problemas de carácter político y acabas desgastando a través de la represión, pero continuará existiendo. No creo que sea la carta que el Estado quiera utilizar”, explica.

Hay movimiento constante: Torra y el president del Parlament de Catalunya parecen estar subiendo la intensidad y acercarse a un nuevo choque con el Estado, pero pueden ser solamente gestos para ver quién de los dos tiene más poder o un compromiso real de desobediecia. Solo ha pasado una semana, así que cualquier proyección es un riesgo. Sonará a cliché, pero solo el tiempo dirá hasta donde llegará este terremoto.

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