Alemania
La extrema derecha alemana se abre a pactar con Merkel

Mientras el partido socialdemócrata elige directiva crítica con la gran coalición, los ultras de AfD mandan globos sonda al partido de Merkel para asumir responsabilidades de gobierno.

Tino Chrupalla
Tino Chrupalla, copresidente de AfD, partido ultraderchista alemán. Foto: Olaf Kosinsky/Wikimedia commons

publicado
2019-12-05 05:00

Este fin de semana ha tenido lugar un cierre de filas doble en la política alemana que puede cambiar el panorama actual de arriba abajo. Los socialdemócratas del SPD y los ultras de Alternativa por Alemania han elegido a sus nuevos co-jefes. Los primeros han apostado por dos figuras críticas con el acuerdo de gobierno con la Unión de la canciller Angela Merkel, hasta el punto de que algunos analistas aseguran que el país va camino de elecciones anticipadas el año que viene. Por su parte, los ultras de la Alternativa por Alemania dejaron claro a la CDU que si los socialdemócratas pactan con la izquierda y los verdes no le quedará otra opción que valorar una coalición con ellos.

La AfD tiene desde este fin de semana un nuevo co-jefe y nueva directiva que acercan al partido a posiciones más extremistas si cabe. El congreso del partido, celebrado en la ciudad de Brunswick y acompañado de protestas antifascistas, conluye con la elección de Tino Chrupalla, un pintor de brocha gorda que asegura venir a representar al ciudadano conservador alemán que se siente traicionado por la CDU de Merkel. Es el candidato propuesto por el hasta ahora co-presidente Alexander Gauland y junto al otro co-dirigente, Jörg Meuthen, que permanece en el puesto. Con esta elección tratan de transmitir una imagen moderada del partido.

Sin embargo, la profundización de las posturas mas radicales queda de manifiesto en la segunda línea de frente. La nueva directiva tiene varios personajes cercanos a la fracción del llamado Flügel (ala en alemán) y nombres como la nieta del ministro de finanzas de Hitler, Beatrix von Storch, personajes de probado pasado en la órbita neonazi como Andreas Kalwitz, o el diputado Stephan Protschka, que participó en la financiación de una placa conmemorativa en Polonia para soldados alemanes que habrían participado en masacres.

La AfD, nacida como protesta chovinista contra el euro y los mal llamados rescates de las economías del sur, transmite la idea de ser una casa de locos, un partido plagado de peleas internas y muy caótico, pero lo cierto es que cada vez hay mas uniformidad ideológica en su interior. Los elementos aglutinantes son la xenofobia, un componente que ya estaba en el germen inicial y las ideas identitarias de la corriente de la Nueva Derecha cuyo mensaje principal es que el pueblo alemán se encuentra amenazado y los alemanes se extinguen.

El nacionalismo exarcebado no se traduce como en los partidos neonazis clásicos en una defensa abierta del Tercer Reich, sino en su relativización y en la entronificación de figuras como Gustav Stresemann o Claus Stauffenberg, apropiándose de sus leyendas y utilizándolas para justificar sus propios fines, algo que en el caso del segundo, artífice del atentado contra Hitler, está siendo denunciado por su nieto, en contra de dicha apropiación.

La profundización extremista tiene en el jefe del partido en el estado de Turingia, Björn Höcke, a su mayor baluarte. Un político que, según dictaminaba en septiembre un juzgado alemán después de una denuncia de éste, puede ser denominado “fascista” sin faltar a la verdad. Höcke aparece entrevistado en un libro que versa totalmente sobre él y que escribió Sebastian Hennig. El libro recuerda a “Mi lucha” de Hitler, en el que reclama un líder que sea capaz de conducir al pueblo con mano dura. Junto con el llamado “Instituto para la Política de Estado”, plantean un proyecto de “remigración” mediante el cual millones de inmigrantes o descendientes de inmigrantes habrían de ser expulsados del país para que los alemanes puedan sobrevivir.

Alemania, un “imperio romano” en decadencia

El sociólogo Axel Salheißer comentaba en el canal de televisión público Phoenix que “las encuestas dicen que la AfD no es votada a pesar de que el partido defiende posiciones de extrema derecha, sino precisamente por eso”. Que el giro a la derecha en el país no es una consecuencia directa de la llegada de refugiados es algo que ha puesto de manifiesto la investigación del periodista David Goeßmann, que entrevistamos en El Salto. Sin embargo, en Alemania se están convirtiendo en normales discursos que hace unas décadas solo se encontraban en la extrema derecha. La lista de escándalos en el país es larga. El último se conocía el domingo a través del semanario Bild am Sonntag, que revelaba que dentro de un comando de élite del ejército habría extremistas de derechas.

El sábado además se conocía que un juzgado de la ciudad de Gießen había fallado a favor del partido fascista NPD, que denunciaba la retirada de sus carteles durante la campana electoral a las europeas, según informaba el medio especializado Legal Tribune Online. En dicha propaganda podía leerse “Parar la invasión: La inmigración mata”, una frase claramente xenófoba por la cual el ayuntamiento pidió al partido que descolgase los carteles. Sin embargo, la peligrosa ideología identitaria que ya hemos descrito en El Salto en alguna ocasión, se ve reflejada en dicha sentencia, que asegura: “el contenido objetivo de la afirmación 'la inmigración mata' es una realidad demostrable”.

Para ello, el juez se basa en ejemplos históricos que se remontan a los romanos para introducir elementos claramente identitarios asegurando que “de hecho, el movimiento migratiorio hacia Alemania de 2014/2015 no solo llevó a un cambio social que ha provocado la muerte de personas, sino que a largo plazo puede asismismo a acabar con el sistema del orden de libertades democráticas”. Un Armagedon que podría agravarse “si Alemania no es capaz de mantener el monopolio de la violencia dentro de sus fronteras de forma efectiva, con lo cual habría un lento declive como ocurrió con el imperio romano”.

CDU: pactar con la AfD u olvidarse de gobernar

Desde el pasado octubre la AfD ha cambiado su discurso con respecto a la CDU de manera radical. Ese “partido viejo”, como se ha dedicado a tildarlo desde su nacimiento, ahora no es un partido de traidores a la patria, sino un posible colega de coalición. Lo importante sería que dicho partido se apartase de las tesis defendidas hasta ahora en relación a los refugiados y al cambio climático.
Fue una casualidad, pero tenía que pasar en algún momento.

En el mismo fin de semana, tanto la AfD como el SPD elegían a sus nuevos dirigentes y sentaban de este modo las bases de las futuras políticas. El partido socialdemócrata elegía a dos nuevos dirigentes, que llegan reclamando una coalición a la izquierda del partido de Merkel junto con Los verdes y Die Linke, Alternativa por Alemania volvía a recordar a la CDU que no le quedan más opciones que pactar con ella si quiere gobernar en el futuro. Fueron varios los líderes del partido que se expresaron en ese sentido.

El jefe saliente Alexander Gauland aseguraba que “en unas elecciones democráticas podemos salir tan reforzados que no sea posible dejarnos fuera del poder de configuración de este país”. Para él “no está claro que la CDU desaparezca completamente, pero sí que es muy posible que sus bases le planteen la pregunta de crear amplias mayorías populares”, en referencia a una coalición con su partido, que desde hace unos meses repite sin cesar que es un “partido popular”. Y dejaba claro que “cuando los verdes, los rojos y los rojooscuro se unan, llegará el día en que una CDU debilitada solamente nos tenga a nosotros como opción”. El co-presidente Jörg Meuthen aseguraba asimismo que en la AfD “tenemos que estar preparados. Alemania es un país que se encuentra en un punto de inflexión” para concluir que “tenemos que querer entrar en un gobierno y ser capaces de hacerlo”.

A la CDU se le ha planteado un dilema en el estado de Turingia tras las elecciones regionales, donde su partido quedó tercero después de la izquierda de Die Linke y la AfD del fascista Björn Höcke. En El Salto se explicó la disyuntiva de pactar con la extrema izquierda o la extrema derecha.  Allí finalmente se ha llevado a cabo un acuerdo de los socialdemócratas, los verdes y Die Linke, una fórmula que ya funciona en Sajonia, Bremen y Berlín. La hora de la verdad alemana puede llegar en 2020 si el nuevo dúo socialdemócrata decide terminar la gran coalición por adelantado. La CDU se podría ver en las próximas elecciones ante la disyuntiva de elegir entre la extrema derecha o permanecer aislada si hay una coalición progresista. Que partidos conservadores liberales se apoyen en fascistas que acaban tomando el control no sería algo nuevo.

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