Teatro
Cadena de montaje

Eva Blanco, Begoña Crespo y Carmen Werner protagonizan ‘Cadena de montaje’, texto teatral de Suzanne Lebeau sobre la violencia incrustada en nuestra forma de vivir.

‘Cadena de montaje’, de Cambaleo Teatro
‘Cadena de montaje’, de Cambaleo Teatro. Foto cortesía de Juan Carlos Toledo.

publicado
2019-05-25 06:00

Dos mujeres clavadas en la arena de un desierto. Suspendamos la realidad para recordar lo que pasó. Lo que está pasando. El poder simbólico del teatro es inconmesurable. Texto de la canadiense Suzanne Lebeau, puesto en escena por el cartógrafo dramático Carlos Sarrió, sale por los cuerpos de Begoña Crespo y de Eva Blanco. Los cuerpos vivos de dos actrices que atravesaron muchos ciclos para mantener la libertad creativa con acciones poiéticas que denuncian estructuras y proponen mapas. Cueste el precio que cueste. Y sin embargo, la entrada a su teatro en Aranjuez, conectado con Cercanías a la metrópoli madrileña, sigue siendo muy accesible. Y agradable.

Lorca se preguntaba por la verdad que espera un desentierro bajo la arena del teatro. Crespo y Blanco escarban en esa arena, desde sus propios cuerpos y circunstancias. Y trascienden las coordenadas de una situación particular. No hay casos aislados. Ellas desentierran ropas y amuletos de mujeres asesinadas en el Norte de México, no solo Ciudad Juárez, en la línea que trazan los más de 1.250 kilómetros de frontera con Estados Unidos. Mujeres cuyos nombres están escritos en la memoria de la piel. Crítica al periodismo de datos. Llamada de atención al contexto. La célula se expresa. Se trata entonces de desenterrar las palabras, como dijo Clara Valverde.

Recuerdo el montaje que hizo Alex Rigola en 2008 a partir de la novela de Roberto Bolaños 2666. Hoy las cuatro cifras se quedan cortas. Eva Blanco y Begoña Crespo se mueven entre el lenguaje de lo que fue, es y será. Las dos actrices son artistas de acción clavadas en el aquí y ahora. Informaciones del feminicidio encubierto que se reptiten en la historia del universo y se mezclan en la arena con sentimientos de rabia y dolor.

Entonces, un coro de nueve mujeres vestidas de negro que han estado sentadas en la primera fila del teatro salen a proscenio, de forma escalonada. Extensión de los cuerpos de Blanco y Crespo a 11 seres que son millones. Las mujeres, integrantes del colectivo La Mirada de Ellas (Aranjuez), arman una fila de palabras y latencias. Un coro atávico de cientos de miles de mujeres menospreciadas, explotadas, esclavizadas, abusadas, asesinadas. El machismo nos mata.

El grupo de mujeres replica la acción de los zapatos rojos que Elina Chauvet activó en Juárez (2009) para reivindicar la erradicación de las violencias machistas. Arte público repetido en cientos de ciudades del planeta.
Cruces rojas para la desmemoria se levantan de la arena. La coreógrafa y bailarina Carmen Werner entra por la izquierda. Su presencia cierra el sentido de esta pieza. Gesto cósmico, fuerte y suave, rudo y preciso. Werner hace un mapa con la ropa desenterrada. Cuerpo Werner baila con las paredes y las asesinadas. Desenterrado el cuerpo, desenterrado el desnudo, desenterrada la verdad.

Cadena de montaje mantiene el halo teatral del siglo XX, una base sobre la que muchas caminamos hacia otro lugar. Lo efímero, lo etérico, lo inefable de una vida, de una experiencia tan bella y subjetiva como intransferible y, quizás, transmisible. La presencia de las artistas transforma el espacio, las relaciones escenario-butaca. Miran con todo. Saltan con todo. Respiran con todo. Ahí, clavadas sobre la arena de un desierto en suspensión. Un cuadrado de arena espera un grito a corazón abierto.

Un teatro en resistencia

Este año la VI Muestra de Creación Escénica Surge Madrid da cobertura a 50 estrenos, creaciones escénicas multidisciplinares que se verán hasta el 2 de junio en 21 salas de Madrid, 19 en la capital y dos en Aranjuez y Navalcarnero.

Según la organización, “la muestra se convierte en la mejor forma de reconocer y promover el movimiento alternativo, un fenómeno que tiene un auge especial en Madrid, dejando su impronta en la cultura de la región”.

Algo pretencioso escribir esto cuando lo que pasa es que las compañías alternativas a la industria cultural y los teatros independientes del poder político de turno aguantan niveles de supervivencia demasiado largos en el tiempo y demasiado peligrosos en el espacio. Se necesitan apoyos materiales, partidas estables de dinero y recursos, inversión a fondo perdido (la cultura no es un gasto), más que gestos simbólicos o palmadas en forma de premios que parchean la falta de estructuras consolidadas para la economía de la cultura.

En este contexto, la compañía Cambaleo Teatro es historia viva de las artes escénicas independientes españolas y también una banda de performance. La Nave de Cambaleo vuela al mismo tiempo desde Aranjuez hasta el ya extinto centro social okupado Tacheles de Berlín hasta el Centro Dramático Nacional de un país sin nombre que defiende los derechos culturales, y hasta el futuro teatro en espiral de Brasil.

Cambaleo es un puente que une generaciones y formas de expresión. Así lo lleva haciendo, década tras década, en una democracia cuarentona del sur de Europa. Cada vez que veo un trabajo de la compañía, generalmente en La Nave de Aranjuez, salgo con una pregunta que une zonas periodísticas y artísticas: ¿permanecemos imperturbables ante el espectáculo de nuestra propia manipulación? El teatro en resistencia que hace Cambaleo “me cambalea” y me dibuja la posibilidad revolucionaria del no.

Impresiones personales

La mirada de alguien que nació en Zaragoza, España, hace 39 años. Un país como este, con una historia colonial y racista negada, es un territorio que no ha sanado, que hoy muestra en Instagram o Twitter las fisuras de una transmisión generacional del silencio y de la violencia de Estado. Un lugar que no quiere recordar el dolor, la herida causada, es un lugar dañado, dañido y perdido. Pero muchas y muy diversas gentes estamos haciendo brechas de memoria y acción.

Deseo que Cambaleo siga haciendo lenguaje teatral durante al menos cuatro décadas más. Atando en corto, deseo un Díptico de los Feminicidios, cuya primera parte acaba de ser estrenada en el VI Surge Madrid y ya estaría lista para girar por el mundo.

En 2020 podría llegar una segunda pieza que nos pusiera de frente a la costa andaluza, sur de España, al Estrecho de Gibraltar, a la Europa Fortaleza, al negocio de la fronteras, al genocidio del mediterráneo, a Frontex, EASO, los CIE, a la mercantilización de los cuerpos otros no blancos que vienen de África huyendo de la miseria y la guerra que desde aquí —mundo civilizado enriquecido— generamos para perpetuar un bienestar tan individualizado como insano.

Se trataría de hablar de lo que pasa en El Ejido, hablar de las denuncias de las trabajadoras de la fresa en Huelva, hablar con mujeres migrantes, valientes y empoderadas a pesar del silencio mayoritario de la sociedad y de los medios de comunicación. Se trataría de contar lo que pasa al lado. Y hacerlo desde lenguajes creativos, formas de expresión compartidas que nos ayuden a crear herramientas y caminar juntas sin rompernos.


Fragmento de Cadena de montaje, cedido por Suzanne Lebeau
Parte 2 - El contexto
Está lejos el contexto.
Hay tantos kilómetros.
Tantos y tantos kilómetros.
Tantas ciudades.
Tantas rutas.
Tantas diferencias.
Cerrar los ojos y olvidar.
Cerrar los ojos es peor.
El contexto se vuelve tan preciso.
Tiene un nombre
una historia
un rostro
Ciudad Juárez, Chihuahua.
1,5 millones de habitantes.
Ciudad desproporcionada en el norte de México
en un estado cuyo nombre ladra y muerde.
Chihuahua.
Una de las fronteras que más se traspasa en el mundo:
pasan 55 millones por año
pasan 150 000 por día
personas
automóviles
camiones.
Un cartel de la droga…
Dos carteles…
Tres carteles…
Se matan entre ellos
por la supremacía.
No basta con ser poderoso.
Hay que ser el más poderoso.
100 toneladas de cocaína colombiana entran en los Estados Unidos
pasan por Juárez.
Ciudad frontera
entre dos modos de vida.
El Sur y el Norte.
Entre las ciudades,
el Río Grande en USA
el Río Bravo en México.
Incluso ese hilo de agua casi siempre seco
tiene dos nombres.
Al norte del Río Grande,
El Paso
USA
ciudad próspera
edificios, orden y limpieza
para aquellos que logran pasar.
Al sur del Río Bravo,
Juárez.
Entre las dos ciudades,
la frontera.
El Norte devora.
Tiene hambre.
Siempre hambre.
Engorda.
Todos los días,
tiene que engordar.
Condenado a crecer.
Bajo pena de muerte.
Los índices
TSX
Dow Jones
Nasdaq
tienen que subir
subir
jamás bajar
es fatal
subir.
¿Hasta dónde?
Hasta el cielo.
Sky is the limit.
El Sur también está condenado,
condenado a ser devorado.
Está en el sur
y la costumbre existe hace siglos.
Dos ciudades frontera
una al norte
otra al sur
dos países.
Dos banderas y un tratado.
El TLC, tratado de libre comercio.
¿Libre?
¿De qué libertad hablamos?
¿De qué comercio se trata?
Es a causa de ese comercio que todo empezó.
Parece…
Sí, parece que todo empezó con el TLC.
Sería la única certeza.
Hilo frágil
pero hilo al fin.
El TLC es un regalo de Año Nuevo.
Primero de enero de 1994.
El acuerdo abre las fronteras.
Abrir.
La palabra inspira.
Abrir las fronteras…
las puertas
las ventanas.
Sí.
Abrir…
El acuerdo abre a la libre circulación…
de mercancías
de capitales
de intereses
de ganancias.
Mientras que las fronteras se abren…
un muro se levanta.
¿Un muro?
Sí, se construye un muro
entre el Norte y el Sur
entre El Paso
y Juárez
1125 kilómetros de largo
la obra humana
humana, es lo que dicen
más importante después de la Gran Muralla de China.
La paradoja de la civilización.
Se abre y se cierra.
Se abren las fronteras
a los productos.
Se cierra la entrada
a la gente.
El tratado es perfecto.
Eficaz.
Seguro.
Definitivo.
Impide la inmigración clandestina
y la mano de obra
barata
se queda de su lado de la frontera
mientras
que los productos
baratos
entran por las puertas bien abiertas.
El mejor de los mundos.
Las fechas concuerdan, pero…
Hay algo más.
Debe haber algo más.
Tiene que haber algo más.
Acusar al TLC
sería demasiado simple.
Releer las investigaciones.
Los testimonios.
Mirar los rostros
los mapas
la topografía de la ciudad.
Acumular nombres
estadísticas
¿cómo hablar de estadísticas
cuando nadie tiene las mismas cifras?
Los hechos
uno tras otro
en orden.
Volver a leer los relatos
las reseñas
las estadísticas aproximadas.
Y siempre
y siempre
de regreso a 1993 justo antes de la firma del tratado.

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