Pacientes de salud mental piden prohibir la práctica de atar personas a las camas

El colectivo Locomún lanza una campaña para prohibir el uso de contenciones mecánicas en unidades de psiquiatría. Los colectivos de personas diagnosticadas presionan para abrir el debate sobre esta práctica y allanar el camino a una salud mental que ponga los cuidados en el centro.

Desmesura -funambulista
Página de 'Desmesura' de Fernando Balius, ilustrada por Mario Pellejer.

publicado
2018-06-08 06:00:00

Atar pacientes en unidades psiquiatría es una práctica legal en España, pese a que cada vez más profesionales advierten de sus peligros y muchos países del entorno cuentan con normativa que limita su aplicación. La muerte de dos personas en 2017, en Oviedo y A Coruña, mientras permanecían atadas con correas reabrió un debate con el que el colectivo Locomún espera impulsar un giro en el discurso hegemónico sobre la salud mental.

“Nos gustaría poder abrir un debate social sobre las contenciones sin necesidad de que haya un caso de este tipo”, explica Fernando Alonso, integrante del colectivo Locomún, un grupo activistas en el ámbito de la salud mental que esta semana se ha sumado al trabajo de otras organizaciones para acabar con las correas en psiquiatría con la campaña #0contenciones.

Con “un caso de este tipo”, Alonso se refiere al caso del italiano Francesco Mastrogiovanni, que falleció a los 58 años tras pasar varios días sujeto con correas a una cama del centro psiquiátrico del Hospital Vallo della Lucania, en la provincia de Salerno (Italia). El 31 de julio, Mastrogiovanni ingresó de forma involuntaria. Luego fue sedado mediante psicofármacos y atado con contenciones mecánicas hasta que murió tras una larga agonía el 4 de agosto. Su caso, recogido en el documental 87 horas, abrió el debate y desde 2015 la campaña E tu slegalo subito pide la abolición total de esta práctica en Italia.

Aunque Locomún ha lanzado esta semana su campaña, el trabajo viene de más lejos. Alonso marca el año 2007 como un punto de inflexión. Ese año, explica, España se suma a la convención de los derechos de las personas con discapacidad. Poco después, en 2008 el Comité del Consejo de Europa para la Prevención de la Tortura (CPT) constata y denuncia el excesivo uso de medios coercitivos con personas con padecimientos mentales hospitalizadas en instituciones psiquiátricas y plantea como meta la meta realista la reducción, a largo plazo, del uso de la contención y su abolición a partir de un cambio cultural total dentro de los dispositivos de salud mental.

También Naciones Unidas ha señalado en varias ocasiones que inmovilizar a personas “con discapacidad psicosocial”, incluso durante un breve período de tiempo, puede constituir tortura y malos tratos. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, afirma que estas prácticas nunca están justificadas, ni siquiera en circunstancias extremas y en la actualidad tiene en fase de revisión varios documentos sobre derechos humanos que abordan las contenciones y la restricción de movimientos.

“Me tuvieron aislada y contenida; durante cinco días no pude ver a mis familiares ni a mis allegados”, dice una activista de En Primera Persona

Amaya Villalonga puede hablar en primera persona de lo que significa estar atada a una cama en una unidad psiquiátrica. “Me tuvieron aislada y contenida; durante cinco días no pude ver a mis familiares ni a mis allegados”, cuenta a El Salto. En ese tiempo, “no recuerdo exactamente cuánto estuve contenida, porque a la vez que me ataron que inyectaron un ‘cóctel’, que lo llaman, que es la contención química, y te quedas cao. Fueron muchas horas en las que además yo estaba en un episodio de psicosis y tenía la percepción alterada”.

Villalonga sí recuerda cómo la llevaron a un sótano: “Me dejaron atada y encerrada sola; recuerdo sentirme muy asustada. Nadie me explicó por qué estaba allí ni intentó hablar conmigo. Porque esa es una cosa que pasa, que no te tratan como persona y no se comunican contigo, nadie se acercó a explicarme dónde estaba”. Los efectos, explica, son devastadores. “Yo dije: o me someto o no salgo de aquí; por supervivencia tragas con lo que sea”. “No he sentido tanto terror e impotencia en toda mi vida; me ha costado más curar esa herida que el recuperarme de tener experiencias psicóticas”, dice Villalonga, que es integrante de la Federación Andaluza de Asociaciones de Salud Mental En Primera Persona.

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En un ingreso voluntario, apunta la activista, una persona puede estar hasta 24 horas hasta que el facultativo notifique al juez y otras 72 hasta que el juez venga a ratificar. En total explica, “puedes estar cuatro días en un vacío legal sin asistencia de abogado; si haces una medida privativa de libertad tienes garantías judiciales, pero en un ingreso involuntario no tienes ni eso·”

La opacidad es una de las quejas de estos colectivos. “Una de nuestras peticiones es que haya transparencia sobre estas prácticas, porque creemos que si cada unidad de psiquiatría tuviera que rendir cuentas sobre cuántos pacientes contiene y durante cuánto tiempo, las contenciones se reducirían drásticamente”, dice Fernando Alonso.

EN PRIMERA PERSONA

La muerte el 24 de abril de 2017 de Andreas F. G. mientras estaba ingresada en el área de Psiquiatría del Hospital Universitario Central de Asturias, donde permanecía inmovilizada por orden judicial, movió algo. “A raíz de este caso empezamos profundizar en esto y a pedir que se eliminen las contenciones”, explica Tomás Corominas, miembro de la Asociación Hierbabuena, que agrupa a personas con diversidad mental y experiencias de sufrimiento psicosocial.

Tras conocer el caso, esta asociación empezó a organizar concentraciones mensuales en La Escandalera, en Oviedo. Tras la tercera concentración, que salió en la tele, la consejería de Sanidad respondió a la petición de reunión y, en un encuentro, miembros de la Asociación Hierbabuena solicitaron información sobre el uso de contenciones mecánicas y un protocolo unificado para la comunidad.

Tras la muerte de una paciente mientras estaba inmovilizada, el Gobierno asturiano ha presentado un protocolo sobre contenciones que ha ignorado las demandas de la Asociación Hierbabuena, que agrupa a personas con diversidad mental

Como resultado, explica Corominas, el Gobierno asturiano les ha presentado un protocolo que, advierte, se ha hecho sin su participación y no recoge las demandas del colectivo. La petición de información ha derivado en contestaciones vagas en las que se dan cifras que oscilan entre un 10 y un 19% de personas ingresadas en unidades de psiquiatría que han pasado por una contención con correas.

Corominas aclara que llevan siete años esperando a que las instituciones se den por aludidas después de que, en 2011, el Tribunal Constitucional declarara la inconstitucionalidad del artículo de la ley de enjuiciamiento civil que permite el ingreso involuntario por un trastorno psíquico. “Si te ingresan involuntariamente es una detención, y tienes que tener unas garantías porque están vulnerando tu derecho a la libertad, que es un derecho fundamental, pero el ingreso involuntario no tiene ninguna garantía”, indica. “Si ya eres vulnerable porque estás en una situación de sufrimiento extremo, con el ingreso te ponen en una situación de absoluto abandono”. “El protocolo que nos han presentado no está hecho pensando en respetar derechos sino en la operatividad de la unidad, que en el fondo es una unidad carcelaria, porque nuestras habitaciones están cerradas con llaves”, se lamenta. 

En Catalunya, las instituciones parecen haber sido algo más sensibles. La petición de acabar con las contenciones ha llegado al debate oficialmente a través de la Federación Veus, que en mayo de 2017 presentó su proyecto a la Comisión de Salud del Parlament de Catalunya para que se legisle la reducción y la eliminación antes del 2025 de la contención mecánica.

Fran Eiroá, vicepresidente de esta organización que conforman en su mayoría personas que han pasado por diagnósticos de salud mental, explica las líneas de lo que podría ser una alternativa, que se sostiene sobre varios pilares: formación, adaptaciones arquitectónicas y voluntad política. “Las contenciones no son necesarias y el hecho de que se permitan deriva en que se conviertan en algo usual”, explica. “Es una situación muy traumática y humillante que se da en un contexto que debería ser de recuperación”, advierte. 

Sobre la formación, Eiroá advierte de que “los países que han reducido o eliminado las contenciones mecánicas no permiten que haya personal que no esté formado para evitar que haya contenciones, cuando ahora amismo casi todo el mundo ha sido formado en cómo hacerlas”. Pero esto no se puede hacer sin que haya voluntad política y “voluntad de sancionar estas prácticas”. 

Otra cosa que está impulsando esta federación y que ya existe el mundo anglosajón es un afigura profesional de personas con experiencia propia en salud mental y que acompañan a personas en dispositivos de salud mental. Porque cuando hay una persona que lo ha sufrido en carne propia, se abren posibilidades, dice Eiro.

Como referencia, este activista, que es además profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Barcelona, explica que un país que suele tomarse como referencia en salud mental es Gran Bretaña, “como experiencia de implantación estatal, aunque no es la mejor”. Un referente para estas asociaciones la experiencia de Thomas Emmenegger, psiquiatra y presidente del proyecto Olinda, en Milán, que implantó en su hospital otras formas de trabajar en una experiencia más participativo.

El cantón suizo de Ticino, donde el incremento de las ratios de profesionales y la reestructuración de los  equipos de salud mental existentes logró eliminar por completo entre 2010 y 2015 las contenciones mecánicas es otra muestra de que se puede, si se quiere.

“Las contenciones son violencia en su estado más puro, y a nivel científicos no hay evidencias de que esto sea terapéutico”, dice Eiroà.

CAMBIO DE PARADIGMA

El debate ha ido calando y se ha traducido en iniciativas parlamentarias que apuntan a que esta práctica que algunos pacientes describen como una tortura tenderá a ser regulada. Un documento firmado por la Asociación Españoa de Neuropsiquiatría, junto con Federación en primera persona, Veus y y la Confederación de Salud Mental en España en 2016 puede suponer el comienzo de un proceso encaminado a terminar con las medidas coercitivas en nuestro campo.

Este manifiesto que recoge las inquietudes de las personas diagnosticadas y la voluntad de los profesionales de la salud mental recoge que la concepción actual de la psiquiatría “ha dificultado el desarrollo de la atención comunitaria y ha favorecido el uso de medidas de control y coerción en lugar de medidas terapéuticas”. El documento incluye el compromiso de trabajar para la eliminación de medidas coercitivas y para la erradicación de las deficiencias que las hacen posibles.

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Entre las propuestas, están el establecer sistemas de registro del uso de sujeciones o contenciones, rediseñar los espacios de hospitalización orientándolos hacia la acogida, establecer unidades pequeñas con ambiente terapéutico y tranquilizador o formar a los y las profesionales en prácticas de relación terapéutica centradas en la persona. Se incluye también en las propuestas la creación de cauces reales de participación de usuarios y usuarias. 

Se trata, en definitiva, de cambiar el discurso hegemónico sobre la salud mental para que el bienestar de las personas esté en el centro. Porque “no nos vale que nos digan que faltan recursos y que no hay personal, eso no es un motivo para vulnerar derechos”, dice Fernando Alonso.

Amaya Villalonga explica que, tras pasar por la experiencia de haber sido atada y permanecer aislada, buscó alternativas a las que recurrir en caso de tener que enfrentar otra experiencia de psicosis. “Cuando años después tuve otra experiencia psicótica, me atendió un grupo de amigos y familiares, con la premisa de que lo prioritario era evitar otro ingreso. Mi gente dejó todo un mes para estar conmigo y atenderme, y yo salí de esa experiencia con el sentimiento de haber sido respetada”, explica. Las contenciones, dice Villalonga, son la punta del iceberg, el ejemplo más espectacular, de un problema cuyo fondo es cómo se concibe la salud mental. Pero hay experiencias que demuestran que otra salud mental es posible, asegura.

25 Comentarios
Daniel 14:49 8/6/2018

Hola yo trabajo en salud mental muy bueno el debate las contenciones mecanicas es.el ultimo recurso no se hace por puro disfrute eso que quede claro, a los que trabajamos en salud mental en españa no nos cubre nada el estado os recuerdo personas con problemas psiquiatricos o ancianos que se pueden hacer daño , me gustatia todos que os pongais delante de un paciente agresivo y en ese momento hber cmo reaccionais ya que hemos visto casos de personas de salud mental an agredido o incluso matado a personal

Pensarlo

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#18417 15:23 9/6/2018

Ya, la justicia por nuestra mano.... Para que queremos jueces y justicia en este país que apliquen correctivos a delincuentes. Ah, no!!! Hablamos de enfermos y personas vulnerables que no podrán denunciamos siquiera si nos "pasamos" ( y nos palos)

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#21510 10:18 6/8/2018

Eres muy tonto. ¿Pero tú te crees que los trabajadores de salud mental, que es un trabajo bastante desagradable, se meten en ese campo para torturar enfermos? Creo que el que necesita mejorar su salud mental eres tú.

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Anónimo 13:55 16/6/2018

¿Quién decide que hay un riesgo significativo para uno mismo o para los demás? ¿Cuál es el baremo del riesgo? ¿Cuánto es "significativo"?
Ingresé en psiquiatría por ideación suicida, no había hecho nada peligroso para mí mismo ni para los demás, incluso en el informe médico de alta señalan mi actitud tranquila, sin embargo, por alguna extraña razón igualmente decidieron atarme casi 24h, hasta la mañana siguiente que pude ver al psiquiatra que me habían asignado en planta; no me resistí, simplemente me quedé absolutamente confundido, aterrado y angustiado. Cuando me tocó hablar con el psiquiatra que me asignaron le mentí para conseguir el alta lo más rápido posible, salí a los pocos días mucho peor de lo que había entrado. Antes de esta experiencia, cuando tomaba un fármaco que me estaba sentando muy mal sin aportarme ningún beneficio, dejé de tomarlo y al comentárselo al psiquiatra, este amenazó con pinchármelo a la fuerza si no lo volvía a tomar. Obviamente no volví a su consulta (ni a tomarlo). Afortunadamente también hay muy buenos profesionales en el campo de la salud mental, que siempre tienen en cuenta que primero eres un ser humano.

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#18917 12:23 18/6/2018

Y aquí es donde nos podemos creer tu historia o pensar que es un invent de los buenos.

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#18977 19:45 18/6/2018

Bueno, eso se puede decir de todo aquello que salga de la boca de una persona o de sus dedos contra el teclado; dudo que se pueda llegar a ningún acuerdo partiendo de que todo lo que no nos gusta es mentira...

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#19061 12:16 20/6/2018

La misma que partir de pensar que todo lo que nos conviene es verdad.

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#21260 11:21 31/7/2018

No hace falta saber si es cierta o falsa su historia, lo importante es saber que hay hechos comprobados y confirmados parecidos al suyo o prácticamente iguales y por tanto es una mala praxis que hay que denunciar y cambiar.

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#18319 12:33 8/6/2018

¿Y quienes son los pacientes de salud mental para pedir nada? En un hospital no se aplican medidas de retención a pacientes de salud mental por gusto, solo se hace para controlar a pacientes en episodios agresivos o autolesivos. Supongo que los pacientes de salud mental tampoco se harán responsables de partirle la crisma a una auxiliar o pediran indemnización si se lesionan por no estar sujetos.

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#18404 12:45 9/6/2018

L@s enferm@s mentales acaso estàn privad@s de pedir lo que les parece conveniente para su salud?,es que no tienen derechos igual que cualquier otro paciente que sufra otro tipo de enfermedad?.La pregunta es tan mezquina que no merece màs contestación.
Con respecto a las personas que trabajan en instituciones mentales y abogan por estos métodos ante las experiencias que han vivido tengo varias preguntas:os habéis puesto por un instante en el lugar de esas personas? Las considerais siquiera como tales? Pensais que tal vez con otros métodos su calidad de vida podría mejorar? A quien benefician estos métodos,a los que " cuidan" o a l@s enferm@s? Igual os equivocasteis de profesión,sino fue escogida,como en la mayoría de los casos,pensad que tal vez mañana podríais ser vosot@s

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#21509 10:14 6/8/2018

L@s enferm@s mentales, para bien o para mal, dada su incapacidad para obrar de forma racional en determinadas circunstancias, están privad@s de determinados derechos y obligaciones. Todo en función de su discapacidad y el grado de la misma.

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#18487 14:43 10/6/2018

Atar se ata no sólo porque el paciente sea agresivo, también se ata por demostración de poder

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#18767 9:00 15/6/2018

Si claro, por gusto. Se aplican sujeciones mecanicas por gusto.

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#19335 17:46 24/6/2018

Por demostración de poder, dice el comentario. Y así es, con o sin gusto en ello. Si no lo sabías, quizá mejor te informas, en lugar de opinar por opinar.

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#18436 21:16 9/6/2018

Pues no,no son responsables ante la ley de los daños que puedan inflingir a otra persona porque en ese momento no son dueños de sus actos,te guste o no.El que los cuida si,y debe ser consciente de ello.

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#18918 12:24 18/6/2018

Pues si no es responsable de sus actos tampoco puede pedir que no se le aplique una sujección mecánica. Que ya está de bien de querer todos los derechos y cero responsabilidades.

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#18419 15:33 9/6/2018

Los enfermos de salud mental son seres humanos en igualdad de derechos que los trabajadores que los atienden. La sujeción es una agresión en si misma, y una vejación y un trato degradante. Los trabajadores que tengan otra actitud deben ser declarados incompetentes para atender a otras personas

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#18366 0:00 9/6/2018

La psiquiatrìa tiene nula credibilidad , solo hay que leer el experimento Rosenhan

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#18331 15:45 8/6/2018

¿Y quienes son los pacientes de salud mental para pedir nada??????"
Personas? Ciudsdanss? Seres humanos? Quién o qué eres tú o esto para preguntar eso, así?

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#18321 13:14 8/6/2018

Como se menciona en el artículo aquellos países que cambiaron el modelo y aumentaron el personal que trabaja en estas unidades han conseguido recudir o eliminar la utilización de contención mecánica. Pudiendo hacerlo, y vemos que se puede si se quiere, es absurdo seguir tratando a estas personas como animales y saltándonos su derecho a la dignidad y respeto.

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Agustina 16:00 8/6/2018

Pienso q no todos los enfermos mentales son iguales. Lo q pienso es q habrá personas agresivas para ellas mismmas y para el personal.
No obstante creo q deberia existir personas como terapeutas ocupacionales en las unidades de salud mental de un hospital.
Ademas pienso q con cariño y cercania se aplaca bastante a los enfermos mentales.
Lo dice una persona bipolar.
No dudo de q la mayoria de las personas q trabajais en salud mental sois buenos profesionales.
A veces es bastante difícil tratar con los enfermos.
Tb depende por supuesto del tipo de enfermedad mental y de la colaboracion del paciente.

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#18358 21:34 8/6/2018

Trabajo en salud mental y se que cuando se hace una contencion es para proteger al propio paciente y resto de pacientes en ocasiones ante agresividad para ellos mismos y los demas es necesario y se hacen con medios autorizados

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#18434 21:10 9/6/2018

Los trabajadores que tratan con estos enfermos si creen que sus derechos laborales son vulnerados que luchen por cambiarlos como hacemos el resto.Si no han recibido la formación suficiente para tratar con estos casos,reivindíquenla,si simplemente tratan a los enfermos como si no fuesen seres humanos cambien de trabajo como hemos hecho otros cuando en nuestra profesión no podíamos ejercerla al cien por cien y otras vidas dependían de la nuestra,y la nuestra de otros

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#18418 15:26 9/6/2018

Atar puede matar a la persona ( y causarle graves daños psicológicos). La persona que ata está dispuesta a asumir las consecuencias? En Oviedo se va a tratar un caso de una fallecida de 26 años creo que como homicidio....

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#18359 21:38 8/6/2018

Es doloroso constatar que si los servicios de salud públicos pierden recursos y calidad, en los servicios públicos de salud mental se sigue atando a las personas, porque aquí no es que la calidad haya bajado, es que el servicio no tiene recursos, por eso se ata a los enfermos. Gracias

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