Donald Trump reparte favores para sumar apoyos a su política en Oriente Medio

En su búsqueda de apoyo internacional para el reconocimiento de la capitalidad de Jerusalén, Donald Trump reparte favores políticos a líderes acusados de corrupción, fraude y violaciones de derechos humanos. Guatemala y Honduras encuentran respaldo frente a sus crisis de Gobierno.

Trump Netanyahu Ben Gurión
Donald Trump y su homólogo israelí, Benjamín Netanyahu, en el aeropuerto de Tel Aviv el 22 de mayo de 2017.

publicado
2017-12-26 08:48:00

El cuestionado presidente de Guatemala, Jimmy Morales, anunció a través de las redes sociales el traslado de la embajada en Israel a la ciudad de Jerusalén, en un claro apoyo a la medida ya anunciada por su par de Estados Unidos, Donald Trump.

“Querido pueblo de Guatemala, hoy he conversado con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Hablamos de las excelentes relaciones que hemos tenido como naciones desde que Guatemala apoyó la creación del Estado de Israel. Uno de los temas de mayor relevancia fue el retorno de la Embajada de Guatemala a Jerusalén. Por lo que les informo que he girado instrucciones a la Canciller para que inicie las coordinaciones respectivas para que así sea. Dios los bendiga”, escribió Morales en su Facebook en la víspera de Navidad.

Esta medida viene a consolidar el voto positivo que junto a otros siete países Guatemala dio a Estados Unidos ante la Asamblea General de Naciones Unidas, que el jueves pasado, 21 de diciembre, por una amplia mayoría rechazó los planes de Estados Unidos, secundados ahora por las autoridades guatemaltecas.

“A pesar de que solo fuimos nueve (países) en todo el mundo, estamos con total certeza y convicción de que es la ruta correcta”, enfatizó el mandatario

“Guatemala es pro Israel históricamente. En los 70 años de relación, Israel ha sido nuestro aliado y hay que apoyarlo”, afirmó Morales en conferencia de prensa un día después de aquella votación. “A pesar de que solo fuimos nueve (países) en todo el mundo, estamos con total certeza y convicción de que es la ruta correcta”, enfatizó el mandatario.

La ONU entre amenazas y dependencias

Las amenazas del Gobierno de Trump a todos aquellos países que osaran votar en contra de su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel precedieron la trascendental votación en las Naciones Unidas. El 18 de diciembre, Estados Unidos se había quedado sola en el Consejo de Seguridad, donde ejerció su poder de veto contra los otros 14 integrantes que se mostraron a favor de la condena.

La embajadora estadounidense Nikki Haley afirmó en que su país “recordará” el voto que adoptaran los demás, toda vez que un país les solicite apoyo económico o político e incluso cuando se les pida seguir contribuyendo al presupuesto de Naciones Unidas.


Leer: Trump, Israel y la complicidad del Partido Demócrata


“Todas estas naciones que toman nuestro dinero y después votan en contra de nosotros en el Consejo de Seguridad o la Asamblea; ellos toman cientos de millones de dólares, miles de millones de dólares y votan contra nosotros. Bien, vamos a observar esos votos. Déjenlos votar contra nosotros. Ahorraremos mucho, no nos importa”, amenazó Trump en una reunión de su gabinete en la Casa Blanca, horas antes de la votación final.

La resolución de condena en la ONU salió adelante con un total de 128 votos a favor de un total de 193 Estados miembros. Una derrota que Estados Unidos ha tomado con mal gusto y desagrado por el peso político que representa, pese a que el carácter de la resolución es no vinculante y que ya había anticipado que no cambiaría su hoja de ruta bajo ninguna circunstancia. “Estados Unidos va a situar su embajada en Jerusalén. Eso es lo que los estadounidenses quieren que hagamos. Y es la decisión correcta. Ningún voto en la ONU hará una diferencia”, enfatizó Haley.

Honduras se unió al propio Israel para resistir y oponerse a la condena del máximo organismo internacional. Un día después EE UU reconocía la victoria de Juan Orlando Hernández como nuevo presidente

Honduras, Togo, Micronesia, Nauru, Palau y las Islas Marshall fueron los otros países que se unieron al propio Israel para resistir y oponerse a la condena del máximo organismo internacional. Casualidades o no, un día más tarde el Departamento de Estado de los Estados Unidos reconoció públicamente a Juan Orlando Hernández como el nuevo presidente de Honduras, pese a estar acusado de fraude electoral por la Alianza de la Oposición y en medio de una crisis política y social que se ha cobrado varias vidas.

Por la abstención se inclinaron 35 países, entre los que destacan México, Argentina, Canadá, Croacia, Australia, Hungría, Letonia, Rumanía, República Checa, Filipinas o Ruanda, entre otros. Y hubo 21 Estados que no se presentaron a votar, entre ellos destaca el cambio de postura de Ucrania, que sí había apoyado la resolución de condena en el Consejo de Seguridad, apenas setenta y dos horas antes.

Otra vez las casualidades —o no—. El día después, Estados Unidos anunció que proveerá de armamento al ejército de Ucrania, aunque se apresuró en aclarar que será “exclusivamente defensivo” y con intención de disuadir intentos de agresión de terceros países. Para Rusia esta decisión es “peligrosa” y “conduce hacia un nuevo baño de sangre”, aseguró el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Ryabkov.

La complejidad Guatemalteca

A la hora de analizar las razones que llevaron a Guatemala a apoyar la postura de Israel y EE UU, no pueden soslayarse las complejas relaciones entre Estados Unidos y su tradicional patio trasero. Unas relaciones que en el caso de Guatemala y Honduras son especialmente complejas por crisis de gobierno que atraviesan los gobiernos del humorista Jimmy Morales y Juan Orlando Hernández.

El Gobierno de Morales está sitiado por acusaciones de corrupción diversas, entre las que destacan el financiamiento ilegal de la campaña que le llevó a la presidencia y el cobro de dinero indebido por parte de responsables del ejército. Además de su enfrentamiento con el jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Iván Velázquez, organismo que junto al Ministerio Público (MP) ha sido un auténtico acicate en la persecución del entramado político que protege al presidente.

En este marco, tras un frustrado intento de querer expulsar a Velázquez del país negándole la renovación de su visado, y cuando los movimientos sociales y populares parecían torcer el pulso a la gestión de Morales, una delegación de congresistas de Estados Unidos visitó Guatemala para brindarle su apoyo.

Fue el pasado 22 de septiembre, apenas 48 horas después de manifestaciones históricas en todo el país, cuando nueve legisladores de EE UU, encabezados por el congresista republicano de Illinois, Peter Roskam, se reunieron en privado con el presidente guatemalteco. Si bien en declaraciones posteriores se negó en forma tajante que se haya hablado de la situación personal de Morales, la lectura política —como no podía ser de otra manera— fue de un claro respaldo a la gestión oficial. Con independencia de confirmar el apoyo de Guatemala a la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, con la que junto a El Salvador y el propio Estados Unidos pretenden establecer medidas para “prevenir” la migración rumbo al Norte.

Además, el mismo día de la votación en la ONU, el Gobierno de EE UU anunció sanciones al diputado guatemalteco del partido en el Gobierno, el Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación), Juan Antonio Juárez Romero, en aplicación de la Ley Global Magnistsky, que se emplea contra personas señaladas de abusos contra los derechos humanos y corrupción.

Juárez Romero ya estaba bajo el ojo del Ministerio Público de Guatemala, investigado por los asesinatos de dos periodistas en la región de Mazatengo, Danilo López y Federico Salazar, ocurridos en 2015. Y es ahora Estados Unidos quien señala que existe “fuerte evidencia de serios abusos a los derechos humanos o hechos de corrupción”.

Algunas voces comienzan a preguntarse si hay alguna vinculación entre los respaldos estadounidenses a la gestión de Morales y la decisión de plegarse a los designios del Gobierno de Trump

Las sanciones serán la restricción de ingreso a Estados Unidos, la congelación se posibles activos económicos en ese país y la prohibición de todo individuo, empresa y organismo estadounidense, se realizar transacciones de ningún tipo con la persona sancionada.

El congresista es del núcleo cercano a Morales y “por ahora” sería el único miembro del gobierno guatemalteco afectado por la medida. El listado de sancionados señala a otras 12 personas de América Latina, entre las que destaca el presidente del Consejo Electoral Supremo de Nicaragua, Roberto José Rivas Reyes.

Conocida la noticia, el presidente de Guatemala no ha querido hacer referencia al caso, pese a que hace un mes en la inauguración de una carretera agradeció la labor del diputado en el Congreso y pidió a los asistentes un “aplauso” para él.

Ya algunas voces en el espectro político guatemalteco comienzan a preguntarse si hay alguna vinculación entre los respaldos estadounidenses a la gestión de Morales, esta sanción y la decisión en política exterior de plegarse a los designios del gobierno de Trump.

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