Independencia de Catalunya
Declaración de independencia: la vía Groucho Marx

Referendum_Barcelona_IV
Carteles por el referéndum de independencia en los balcones de Barcelona Álvaro Minguito
Arpad Pou

publicado
2017-10-13 11:41

El pasado 10 de octubre, una buena parte de catalanes, preocupados por el contencioso entre Cataluña y España, esperaba la decisión final del president de la Generalitat Carles Puigdemont, con mucha esperanza o con mucha resignación. Los que estaban confinados en los alrededores del Parlament, más de 300,000 personas según la Guardia Urbana, arropados por banderas independentistas frente a pantallas gigantes, en el Arco del Triunfo del paseo Lluís Companys (el amigo de Pablo Casado) tenían la certeza de que esta fecha marcaría un antes y un después en la historia de Cataluña.

Tras la comparecencia de Puigdemont, la incertidumbre, la frustración y la perplejidad se dibujaron en sus rostros. No tenían del todo claro lo que había ocurrido, y todos se preguntaban si el president había declarado o no la independencia.

La comparecencia empezó una hora tarde. Cosas del directo, y ante más de mil periodistas acreditados de todo el mundo, récord en la historia de la Generalitat. Era García Albiol (PP) quien desmentía ciertas informaciones y anunciaba que las CUP y Puigdemont tenían desavenencias en la declaración institucional. Horas antes, Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y máximo dirigente institucional en Europa, envió una carta a Puigdemont pidiéndole que no hiciera nada que pudiera impedir el diálogo.

Lo que pasó a partir de ese momento hasta lo que sabemos a día de hoy es una retahíla de acontecimientos que han ido provocando un desorden mayúsculo que intentaremos procesar para aplacar la frustración o incrementar la perplejidad.

1) El Procés no caduca; como el día de la marmota, aguanta.

2) Cuando terminó el pleno, la desidia y el desconcierto se instalaron entre las miles de personas que no sabían cómo reaccionar. Para muchos, Puigdemont se pasó la República Catalana por “el arco del triunfo”.

3) Más que la vía eslovena: “El Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha declarado hoy la independencia de Cataluña en el Parlament después del referéndum del 1-O, que fue suspendido por el Tribunal Constitucional, en aplicación de la ley del referéndum, también suspendida, pero ha suspendido sus efectos para dialogar”, resumía un teletipo de EFE, parecía la vía Groucho: “La parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte”.

4) Seguramente Donald Tusk fue el barómetro de una crónica anunciada. Pero no ofrecerá ninguna mediación. Si Tusk, polaco, no ha mediado con el caso de su país poca esperanza plana sobre Cataluña.

Europa no intercederá, al menos mientras los resultados democráticos no sean incontestables o no haya negociadores reconocidos y dispuestos a presionar a Mariano Rajoy. De momento, los principales países como Francia y Alemania se han alineado con el presidente del gobierno español. Si no lo hicieran, Córcega y Baviera se podrían sublevar contra Macron y Merkel.

5) Declaración en diferido, pausada, aplazada. Eufemismos incontables.

Puigdemont ha declarado la independencia política pero no jurídica. Por lo tanto, los efectos de los resultados del referéndum del 1-O quedan en modo pausa, suspendidos temporalmente (no así la declaración de independencia), para poder buscar mediadores (dícese soportes como pedían pesos pesados del PdCat como Andreu Mas-Colell).

6) El objetivo estratégico de Puigdemont parece tener efectos solo a corto plazo.

Rajoy ya ha movido ficha. Sus reuniones con Pedro Sánchez, que ha acordado una reforma de constitución en seis meses, y Albert Rivera, pero no con Pablo Iglesias, ha desatado el desenlace de la fuerza y no de la política.

El requerimiento de Mariano Rajoy a Puigdemont para que confirme lo que está confirmado es el paso previo a la aplicación del 155 que tanto ansía Albert Rivera.

7) La mejor noticia de todo el show de los días posteriores al 10-O es la posición de las CUP: firme, pero conciliadora.

El mejor capital político para la futura República Catalana es la movilización en la calle. Así lo ha dispuesto la formación anticapitalista en una carta pública que insta a Puigdemont a proclamar la República Catalana, viendo cómo el Estado español pretende seguir aplicando el artículo 155 de la Constitución española y solo quiere abrir una ponencia en el Congreso para valorar la reforma de la Constitución.

Para las CUP, estas medidas eliminan cualquier esperanza de mediación. La misiva añade que si el gobierno de Mariano Rajoy continúa con las amenazas “es mejor hacerlo con la República ya proclamada”.

En un tuit de ayer por la tarde, Oriol Junqueras respondía a Ernest Maragall, ex miembro del PSC y hermano de Pascual Maragall, que era la hora de asumir la independencia.

8) Lo que pueda ocurrir de aquí a 72 horas es un enigma. Si vamos a una guerra de los diez días como en la vía eslovena, como ha dejado entrever hoy Artur Mas en una entrevista en TV3, a un referéndum a la escocesa, o al final de una legislatura, sólo lo sabe el tiempo.

9) Como decía el director de cine danés Carl Theodor Dreyer: “No se puede simplificar la realidad sin haberla entendido primero”.

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2 Comentarios
gurutxurtu 17:10 13/10/2017

Magnífico e hilarante resumen de la situación en el plano político. Sugerencia, ¿Qué tal un resumen parecido en el "cacao" montado en el plano judicial? (Querellas y contra-querellas de todos contra todos, en diferentes tribunales y con multitud de procesos abiertos)

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matriouska 16:57 13/10/2017

Me he reído mucho con al artículo y está perfectamente aclarado el status de todas las partes contratantes en la vía Groucho Marx.

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