Honduras
Miriam Miranda: “Honduras se convirtió en un laboratorio político después del golpe de Estado de 2009”

Miriam Miranda, defensora de derechos humanos garífuna de Honduras, es una de las voces que advirtieron de que el desarrollo que prometen las empresas que explotan bienes naturales no significa progreso para las comunidades. Hoy que la crisis del clima está aquí, resulta indispensable poner de nuevo en primer plano esas voces.

Miriam Miranda
Miriam Miranda, activista de los derechos humanos hondureña. Álvaro Minguito

publicado
2019-12-12 06:00

Voces del sur llevan décadas advirtiendo de no solo de las consecuencias del cambio climático sino de sus causas: la extracción descontrolada de recursos naturales por parte de empresas a través de prácticas que provocan explotación y división entre sus habitantes, desposesión de tierras y muchas veces desplazamiento de comunidades enteras. Hoy que la crisis del clima está aquí, resulta indispensable poner de nuevo en primer plano esas voces que viven en carne propia —y en sus territorios— lo que empresas extranjeras, muchas de ellas europeas, han provocado a partir de la continua extracción de recursos naturales.

Entre esas voces que advirtieron que el desarrollo no era progreso para sus propias comunidades está Miriam Miranda, lidereza, protectora del medio ambiente y defensora de derechos humanos garífuna de Honduras. Miranda, reconocida hace unas semanas en Berlín con el premio de Derechos Humanos 2019 de la Fundación Friederich Ebert como una de las activistas ambientalistas más respetadas, comprometidas y valientes de Honduras, visitó Madrid para participar en el segundo Encuentro Europeo de Solidaridad con Honduras.

Hubo un antes y un después del golpe de Estado de 2009, que convirtió a Honduras en lo que es hoy día: un narcoestado, un Estado fallido, una institucionalidad totalmente destruida
Miriam Miranda es coordinadora general de la Organización Fraternal Negra de Honduras (Ofraneh), organización fundada hace 30 años para la protección de los derechos económicos, sociales y culturales de 46 comunidades garífunas situadas a lo largo de la costa atlántica de este país centroamericano. En los últimos años han reforzado su trabajo en el combate de las consecuencias del cambio climático en Honduras, justamente por la que varias de sus activistas, como Mirna Teresa Suazo o María Digna Montero, han sido asesinadas en los últimos meses. Estos asesinatos y las amenazas con las que viven otras activistas de Ofraneh, entre ellas Miranda, dan cuenta del grave peligro que corren sus vidas al defender el patrimonio natural ancestral del pueblo garífuna.

En esta entrevista que ofreció a El Salto, Miriam habla sobre las luchas y pequeñas grandes victorias de la Ofraneh, su larga amistad con Berta Cáceres y la situación actual de su país bajo el mandato del Gobierno de Juan Orlando Hernández.

¿Qué momento vive Honduras para que tengamos que seguir poniéndole atención?
Una de las cosas que he manifestado en los últimos años es que Honduras se convirtió en un laboratorio político después del golpe de Estado de 2009. Un laboratorio político a implementar en los demás países de América Latina y el Mundo. Hubo un antes y un después del golpe de Estado de 2009, que convirtió a Honduras en lo que es hoy día: un narcoestado, un Estado fallido, una institucionalidad totalmente destruida.

Justo cuando venía volando hacía aquí se inició el proceso en EE UU contra el hermano del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, y las declaraciones que hace Toni Hernández son catastróficas porque está implicando directamente a su hermano, que recibió dinero de El Chapo Guzmán. Hoy es un escándalo en Honduras, pero al mismo tiempo creo que es la consolidación de ese plan que hubo para destruir y crear lo que es Honduras hoy día, un Estado al servicio del imperio norteamericano, pero sobre todo de la política de Trump. Sólo ese hecho hubiera merecido la atención por parte de los tomadores de decisión política a nivel internacional. De ninguna manera se puede aceptar que un presidente diga “ah, yo no sabía lo que hacía mi hermano”. Mentira eso. Los familiares sabemos donde andamos metidos. Y sobre todo porque en la investigación se comprobó que el ejército y la policía estaban a disposición de él para limpiarle el camino.

Vemos un deterioro de ese modelo democrático que se vino instituyendo que, con toda su falacia y todas sus carencias, pero es un modelo de convivencia, un pacto, vaya

Yo creo que es importante que a nivel internacional haya una mirada de lo que pasó en Honduras, no solo porque sea un país pequeño, sino porque en este momento juega un papel geoestratégico para la política de Estados Unidos sino por lo que pueda significar para la democracia a nivel internacional. No solo hubo un golpe de Estado —el de 2009—, hubo otro golpe constitucional también de un poder a otro poder —del legislativo a la corte suprema de justicia— en el 2012, y lo que pasó en 2017 con las elecciones, que fue un golpe electoral también. Allí vemos un deterioro de ese modelo democrático que se vino instituyendo que, con toda su falacia y todas sus carencias, pero es un modelo de convivencia, un pacto, vaya. A mí me aterra la poca atención que ha habido sobre esos elementos, y la poca atención que ha significado que el capital transnacional pueda tener una acceso directo a hacer inversiones sin ninguna restricción, supervisión, ni ninguna condición.

En Honduras se aprobó e implementó una ley para crear las zonas especiales de desarrollo, las ciudades modelo, en las se pretende crear un Estado dentro de otro Estado. Por eso estoy acá, porque es importante que también se entienda en Europa esas apuestas que se están dando y cómo las instituciones del Gobierno de EE UU y Europa hacen de la vista gorda. Tenemos embajadores de Europa en Honduras y ellos saben lo que está pasando.

Recientemente hubo eventos donde embajadores de diferentes países de la UE llegaron a validar este gobierno y a este presidente fraudulento. Llegó a montarse un segundo periodo en la presidencia ilegítimamente reprimiendo al pueblo. Nunca antes ha habido tanta represión en Honduras como en los últimos años a través de un gobierno ilegítimo, dictatorial. Eso es lo que está pasando hoy.

En Honduras se aprobó e implementó una ley para crear las zonas especiales de desarrollo, las ciudades modelo, en las se pretende crear un Estado dentro de otro Estado
Y ojo con esto, siempre hay una mayor apuesta por lo que está pasando en otros países como Venezuela o Nicaragua, que se dicen socialistas pero que tienen la misma receta de explotar los recursos naturales. En Honduras, como todo se hace bajo la institucionalidad, es un golpe de un poder a otro poder entonces queda como un golpe ligth, un golpe suave, no hubieron tantos muertos como en los años 70... y eso es a donde se ha llegado hoy. Eso es muy peligroso. La UE y los países de Europa deben de poner atención a estas cosas. Una cosa que me parece urgente entender es el que muchas de las empresas europeas que están haciendo el papel de “verde” aquí [en España], de respetuosos de la ecología, del ambiente y de los derechos humanos, están explotando y destruyendo los recursos en nuestros países, inclusive provocando el desplazamiento de comunidades enteras, de los pueblos indígenas que estamos en resistencia por la defensa de los recursos naturales y la defensa de medio ambiente.

¿En qué momento está Ofraneh? ¿Cuáles son las líneas principales de acción?
Ofraneh nace como una organización de lucha contra el racismo y la discriminación en los años 70 cuando se implementaron las bananeras en Honduras, pero a lo largo del tiempo fue cambiando, mutando. En los últimos años somos una organización que lucha fundamentalmente por la reivindicación de los derechos humanos del pueblo garífuna, por garantizar el buen vivir de las comunidades, la defensa de su cultura, la identidad, los territorios y el que no seamos desplazados. Ofraneh también lucha por los derechos del país. Nosotras hemos impulsado e impulsamos procesos de articulación con otros movimientos sociales, con organizaciones de mujeres indígenas y no indígenas.

Hemos participado en demandas nacionales de lo que se requiere como país. Es una organización que no solo se sujeta a trabajar por su comunidad sino también por su país con una mirada integral. Como pueblo garífuna y organización apostamos por articularnos con otros espacios. No es fácil porque sabemos que hay un racismo institucionalizado en Honduras y que muchas veces eso ha sido interiorizado por organizaciones y movimientos sociales. Pero en los últimos años, después del golpe de Estado, Ofraneh junto con el Copinh, nos mudamos a Tegucigalpa para luchar por el reestablecimiento de la institucionalidad del país, porque creemos nosotras que sin institucionalidad, sin gobernabilidad, es imposible que podamos convivir y coexistir en una comunidad como lo estamos viviendo hoy día, que no podemos si quiera recurrir a nadie.

Estamos en una situación de país donde te violentan tus derechos y tú no tiene a donde acudir para exigir justicia. Producto de esa lucha que estamos enfrentando es como hemos venido desarrollando nuestro trabajo en Honduras

Estamos en una situación de país donde te violentan tus derechos y tú no tiene a donde acudir para exigir justicia. Producto de esa lucha que estamos enfrentando es como hemos venido desarrollando nuestro trabajo en Honduras. Tenemos una organización con un liderazgo totalmente perseguido, criminalizado o judicializado, asesinado. Recientemente tuvimos el asesinato de cinco garífunas, entre ellas dirigentes como la compañera Mirna Suazo, presidenta del patronato de una comunidad de Masca. Y no solo eso, sino que ella era hermana de una miembro de la junta directiva de Ofraneh, eso nos da un doble golpe y es claro que hay un plan para asesinar selectivamente a nuestro liderazgo, particularmente yo, por todo lo que he trabajado estos años en la defensa de la tierra y de los recursos naturales.

No quisiera dejar de decir que nosotras como organización sentimos —y particularmente yo que compartí 24 años de mi vida junto a Berta Cáceres— que el tema de la consulta previa libre e informada es uno de los temas cruciales para los pueblos indígenas y la comunidad garífuna. Lastimosamente ha sido tan manoseado y se ha convertido en una forma maquiavélica del Estado para apoderarse de ese concepto quitando el elemento más importante que es el consentimiento. El hecho de que a la gente no solamente se le pregunte si quiere o no, si no que se acepte lo que decida la gente. En este momento también estamos enfrentando y luchando contra una propuesta que está impulsando el Estado para aprobar una ley de consulta que prácticamente se convierte en un maquillaje para validar lo que el Estado quiera. Es más, dice que el pueblo, la comunidad, no tiene derecho a veto. Y nosotros nos preguntamos, de qué sirve si la gente no puede decir que no o que sí. O sea, no tiene ninguna razón de ser.

En eso andamos ahora, pero en Ofraneh hay otras áreas fundamentales de trabajo. El tema de las mujeres, por ejemplo. El pueblo garífuna es matrilineal, un pueblo en el que las mujeres juegan un papel muy importante dentro de las comunidades. La juventud es un tema que nos ocupa muchísimo por la identidad cultural de los jóvenes y con todo a lo que están expuestos hoy día. Y sobre todo en la ola migratoria que ha habido en los últimos años. El pueblo garífuna ha sido muy golpeado porque es un pueblo pequeño en proporción a todo el pueblo hondureño y los jóvenes se están yendo.

Hemos venido luchando, no por moda sino porque era una necesidad, contra los efectos del cambio climático, porque tenemos comunidades desplazadas ambientalmente por el tema de cómo la sedimentación del mar fue entrando a los territorios de los pueblos garífunas
Pero también nos interesa muchísimo y hemos trabajado mucho el tema de la defensa de los territorios además de la puesta en práctica de un trabajo para generar soberanía alimentaria. En eso estamos trabajando en un territorio que recuperamos de manos del narcotráfico. Y por supuesto, hemos venido luchando, no por moda sino porque era una necesidad, contra los efectos del cambio climático, porque tenemos comunidades desplazadas ambientalmente por el tema de cómo la sedimentación del mar fue entrando a los territorios de los pueblos garífunas, porque nosotros vivimos en la costa. Muchas comunidades han perdido los pasos naturales y han desaparecido muchas casas. La gente se preguntaba ¿y esto por qué está pasando? Y hemos tenido que ir investigando y analizando. Esto pasa por generar una lucha fuerte para que el Estado asuma su responsabilidad de detener o cambiar su política.

Trabajamos en todo esto sin dejar de lado la cuestión de la cultura y la identidad. Desde Ofraneh hemos puesto en la palestra un tema que casi no había sido trabajado, la cuestión de cómo las organizaciones y los movimientos sociales tenemos que entender que sin la identidad cultural y sin el fortalecimiento de la cultura no puede haber ningún tipo de revolución y esto tiene que ver también con lo cuerpos de las mujeres, la participación de los jóvenes, de la niñez, porque tiene que haber identidad de lo que somos, de lo que hemos sido, y cómo ante un sistema como este, voraz capitalista que cada día te destruye esa posibilidad de ser diferente, para uniformarte y convertirte en algo que no tiene sentido, algo amorfo, en el que todos somos iguales, sin tomar en cuenta que somos pueblos con diferentes culturas, identidades, cosmovisiones y formas de ver la vida.

Tiene que haber identidad de lo que somos, de lo que hemos sido, y cómo ante un sistema como este, voraz capitalista que cada día te destruye esa posibilidad de ser diferente, para uniformarte y convertirte en algo que no tiene sentido
¿Manejan también la vía judicial como herramienta de lucha?
Sí, hemos ganado dos casos... Al ver que no había ningún tipo de aplicación de justicia en Honduras tuvimos que acudir al sistema interamericano. En 2015 hubo dos sentencias condenatorias contra el Estado por las comunidades de Punta Piedra y Triunfo de la Cruz. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) determinó que el Estado de Honduras había violado y violentado el derecho a la consulta libre informada, y el derecho de posesión de los territorios ancestrales de la comunidad garífuna. Y nos encontramos en este momento con lo que comenté antes, si no hay institucionalidad, en un Estado como el hondureño, a pesar de que haya sentencias no hay ninguna voluntad política, ni condiciones para que pueda cumplir esas sentencias. En mayo de este año la CIDH hizo un informe de supervisión del cumplimiento de la sentencia donde precisamente mandataba al Estado a que retomara y acatara la sentencia porque ya se había agotado el tiempo que le dio —dos años y medio—. La sentencia tiene que ver con la restitución total de las tierras a la comunidad, con el respeto a los títulos ancestrales y que el Estado garantice que no sean despojadas de sus tierras nuevamente, entre otras cosas. De eso, no se ha cumplido nada.

En un Estado como el hondureño, a pesar de que haya sentencias no hay ninguna voluntad política, ni condiciones para que pueda cumplir esas sentencias
Nosotras venimos todavía insistiendo y luchando para que el Estado cumpla la sentencia porque ¡son obligatorias! Es decir si el país es signatario de la CIDH debe cumplir esa sentencia. Pero claro, un país como Honduras que está dado de vueltas hoy... cuyo presidente y gobierno se ha dedicado más a legitimarse internacionalmente que a cumplir las sentencias que tienen que ver con este caso. Somos la única organización afroindígena que hemos llevado casos a la CIDH y que los hemos ganado. También hemos incursionado en poner demandas ante el panel de inspección del Banco Mundial y en su momento también nos dio la razón. Hemos presentado también informes alternativos ante mecanismos internacionales en Europa como en el Comité de erradicación del racismo.

Entonces, como organización hacemos un trabajo local al mismo tiempo que acudimos a los mecanismos internacionales que tienen que ver con la vigencia, reconocimiento y respeto de los derechos humanos de los pueblos indígenas y la población en general. También estamos poniendo nuestra experiencia ganada a disposición de otros pueblos indígenas, que las mismas organizaciones nos demandan. Tenemos el gran orgullo de que llevamos los casos directamente como organización sin ninguna sombrilla, fuimos ganando experiencia y eso nos ha dado fortalecimiento y también el poder conocer todos los instrumentos internacionales. Creo que es importante que las organizaciones nos empoderemos de esos mecanismos, entendiendo que no son la última esperanza de resolución de un conflicto. El sistema interamericano es un sistema montado por los mismo gobiernos, pero nos ha valido para visibilizar a nivel internacional la problemática y la situación del pueblo garífuna.

Es que los pueblos somos sabios, hay sabiduría. En asamblea, y por decisión del mismo pueblo garífuna, dijeron hay que trabajar toda las diversidad interna del pueblo garífuna y no podemos dejar a nadie

¿Nos puedes contar qué es Vallecito?
Vallecito fue un territorio tomado por narcotraficantes donde instalaron una pista clandestina en la que aterrizaban avionetas con droga. En 2011 fue dinamitada la pista. El 90% de ese territorio estaba en manos de un solo traficante que ya murió, 1.200 hectáreas de tierra tituladas a favor del pueblo garífuna. Es un valle precioso, de las cosas más lindas que puede haber... en 2012 decidimos recuperarlo. La Ofraneh decidió recuperarlo como un derecho que nos asiste como comunidad garífuna. Es una cosa increíble porque nosotros fuimos con nuestros tambores, con nuestra cultura, identidad y allá por el otro lado escuchábamos las balaceras, los disparos de los narcotraficantes. Fuimos resistiendo y persistiendo. En 2014, fuimos secuestrados yo y varios compañeros y compañeras por sicarios con intento de asesinato. Es una zona muy apetecible porque es estratégica para el crimen organizado, tiene playa, tiene laguna y es una zona muy montañosa. Cuando fuimos secuestrados el 14 de julio de 2014, no se me olvida la fecha, hubo mucha solidaridad nacional e internacional, y la presencia —recuerdo bien— de Berta Cáceres, que llegó rápidamente. Nosotras dijimos, no nos vamos a salir, y hoy en día es un territorio en el cual estamos ejerciendo soberanía alimentaria. A nivel de Centroamérica va a ser el territorio con mayor producción de palma aceitera, con más de 150 palmas sembradas para el próximo año. Y además, ahí vamos a crear la próxima Universidad Indígena a disposición del pueblo garífuna y todos los pueblos indígenas. Allí estamos resistiendo permanentemente.

Ofraneh es también un contenedor de muchas diversidades. ¿Es como un continente en si misma, cierto?
Es que los pueblos somos sabios, hay sabiduría. En asamblea, y por decisión del mismo pueblo garífuna, dijeron hay que trabajar toda las diversidad interna del pueblo garífuna y no podemos dejar a nadie. Es decir, si hablamos de las mujeres, los jóvenes, los niños y niñas también tenemos que hablar de la diversidad de género. Hemos venido haciendo un trabajo muy lindo, y a mi me encanta porque me ha tocado estar con los chicos y las chicas, y hemos conversados con mucho respeto.

Comenzamos con unos talleres no solo de autoreconocimiento, aunque hay también muchos elementos que se han venido introduciendo en la mente de los garífuna que antes no existían. Lo digo con mucha propiedad porque en el mundo garífuna ha sido siempre respetada la gente que es diversa sexualmente, pero la intolerancia es algo que lo viene metiendo la iglesia, las religiones, el tema educativo, los medios de comunicación. Antes de eso la gente convivía con alguien que fuera gay, lesbiana, y no era una cosa escandalosa, pero cuando ya entra la religión empieza a juzgar entonces cambia la mentalidad y viene la intolerancia. Esto es importante entender porque los pueblos hemos vivido muy armónicamente y muy tolerantes con la diversidad en nuestras comunidades.

No solo fue el tema del autorreconocimiento sino, como ellos y ellas, fuimos hablando sobre la relación de familia y la comunidad LGTBI. Por ahí fuimos trabajándolo, no es fácil porque son jóvenes que muchos de ellos han tenido que migrar a las ciudades, no viven en sus comunidades. Eso cambia todo muchísimo, pero hoy tenemos un grupo maravilloso de jóvenes que están apostando por ello. A mí me dan fuerza porque me llaman para decirme “tenemos que reunirnos”, y dicen que este es un tema central también así como el de la tierra, así como el tema de producción alimentaria. Lo lindo es que también ellos y ellas han ido a Vallecito, hemos hechos jornadas con ellos allí y se han incorporado al trabajo de soberanía alimentaria, han participado en las movilizaciones... porque nosotros somos una organización de movimientos, de acción, acompañamiento y solidaridad permanente. El movimiento LGTBI se involucra en todo el quehacer de la Ofraneh no solamente en el área que les corresponde, yo creo que es parte del crecimiento, el no solo centrarse en la discriminación que puedan sentir por su realidad.

La lucha la tenemos que hacer integral, es decir que no podemos ir solo con el tema del derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos y desligarnos de esa otra realidad que viven muchas mujeres que es que no tienen ni tiempo para pensar en sus cuerpos
Por todo lo que cuentas ¿llevan a la práctica el ecofeminismo?
La lucha la tenemos que hacer integral, es decir que no podemos ir solo con el tema del derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos y desligarnos de esa otra realidad que viven muchas mujeres que es que no tienen ni tiempo para pensar en sus cuerpos, pero que a su vez están sosteniendo economías, están sosteniendo sabiduría, conocimiento. Solo hay que ver que las mujeres son las guardianas de las semillas. Hay una necesidad de que el feminismo —para mí el feminismo no solo son movimientos de mujeres diversas— trabaje el derecho sobre nuestros cuerpos, pero también el derecho sobre los territorios, los recursos y los bienes comunes de la naturaleza porque no estamos separadas de eso. Las mujeres no solo damos vida sino hemos dado mucho conocimiento y sabiduría a lo largo de la historia del mundo.

Hoy día nosotras tenemos ese privilegio en Honduras y es que hemos iniciado un proceso de trabajo con las mujeres. La Ofraneh fue la impulsora de un encuentro de mujeres en Vallecito, pensando en que en ese escenario las mujeres teníamos que dar la palabra y accionar. En la fecha de la conmemoración de los diez años del golpe de Estado hicimos un encuentro el que llegaron más de 1.500 mujeres de 16 departamentos del país, con más de 400 niños y niñas, y en un espacio muy difícil porque es montaña, pero creamos las condiciones para hacer ese evento. Un tiempo antes habíamos estado pidiendo agua para los cocos rogando a nuestros ancestros, a la tierra, al mar, al aire... ¡y nos llovió se día!, pero fue bellísimo.

Las mujeres no solo damos vida sino hemos dado mucho conocimiento y sabiduría a lo largo de la historia del mundo
Vinieron mujeres obreras, campesinas, feministas, de la capital, de todos lados... y llegar a ese espacio, irse al mar un rato, conectarse con la naturaleza. No hay energía eléctrica, entonces la gente se conectaba de inmediato con la naturaleza, escuchando a los pájaros, los árboles y respirar aire puro. De allí es que surge la Asamblea de Mujeres Luchadoras de Honduras que es un espacio de articulación que tenemos hoy, en el que nos estamos acuerpando como mujeres. No es una organización piramidal ni estructural, queremos un espacio de mujeres para que todas tengamos voz y nos escuchemos.

Si nos damos cuenta que una compañera está en peligro, o tenemos que ir a visitar a otros compañeros y compañeras —porque también acompañamos movimientos— como el caso de Guapinol recientemente, mujeres que han sufrido mucho porque se llevaron presos a sus compañeros, muchas veces se habla de los presos políticos pero de sus esposas y compañeras que vienen soportando toda esa carga no se habla de ellas, pues allí estamos. Yo tengo mucha fe en ese espacio. Ahí tenemos compañeras feministas, lesbianas, transgénero, de todas las diversidades, pero creo que uno de los temas más importantes es el de la tolerancia, el del respeto, que tenemos que trabajarlos tanto en todos los espacios en que estemos. No importa que la compañera sea una campesina, pero que se escuche su voz es importantísimo porque tienen mucho conocimiento acumulado, a la vez que la de las mujeres feministas y profesionales que tienen un camino andado. En ese espacio todas respetan que esta compañera campesina que es una mujer que está apostando también por los derechos de su comunidad. Es una cosa muy linda la que estamos construyendo.

Y que nos puedes contar de la Red de Radios Comunitarias.
Fuimos las primeras en Honduras en crear radios comunitarias y una de ellas, la de Triunfo de la Cruz, fue impulsada por la misma comunidad. Después fuimos acompañándolas justamente por la presión del Estado sobre ellas. Por ejemplo, la radio comunitaria de Coco Dulce, Faluma Bimetu en garífuna, fue quemada y destruida justo después del golpe de Estado, en diciembre de 2009, pero con mucha solidaridad y acompañamiento fue restaurada en 2010.

Nuestra red comprende siete radios que están asediadas siempre por el Estado porque dicen que no tenemos derecho al espectro radioeléctrico, ya se sabe ahora la historia de cómo enfrentamos las comunidades y organizaciones por instalar y tener derecho a nuestros propios medios de comunicación. Yo tengo varias demandas del Estado contra mi persona. La radio juega un papel importante no solo por dar a conocer la problemática de las comunidades, sino que ayuda también al tema de la identidad, de la cultura. El hecho de que una radio hable y se den las noticias en garífuna, o que vaya una señora que tiene un conocimiento ancestral a hablar sobre su experiencia cuando sobre todo porque somos una comunidad con mucha tradición oral, ahí la radio juega un papel fundamental. Por eso nos parece terrible que sean criminalizadas y judicializadas.

Somos parte de una red en la que convergemos varias radios a nivel de Mesoamérica —México, Guatemala, Honduras, Nicaragua El Salvador— porque creo que unidas nos hacemos más fuertes y sobre todo porque cada vez más se utiliza la legislación para acallar las voces. En Honduras se han creado leyes para regular lo más que pueden y destruir todas las iniciativas. Algunas radios están totalmente manejadas por jóvenes, hemos buscado también que algunas sean administradas y llevadas por mujeres, es un poco más difícil, muchas veces por el tiempo, las mujeres tenemos que tener cinco veces más tiempo para poder atender las cosas, pero es un tema por el que queremos seguir apostando y fortaleciendo, Decir que también estamos apoyando la creación de radio en otras comunidades indígenas que no solo son garífunas. Estamos apoyando al pueblo pech, y queriendo acompañar al pueblo misquito que nos han solicitado a partir de la experiencia pues podamos trabajar con ellos.

Hemos venido luchando 500 años por nuestra existencia, aunque muy calladamente pero allí estamos, con una forma de ver la vida diferente y que merece respeto y reconocimiento, y sobre todo que nos dejen vivir como nosotros queremos vivir
¿A dónde debiera llevarnos el legado de Berta Cáceres?
Hoy está siendo estudiado en muchos lugares la palabra de Berta no solo en Honduras, pero yo siempre reivindico a esa Berta mujer, Berta de renuncias, Berta que enfrentó también tanta discriminación y racismo, tanto ataque, esa mujer internacionalista en todo el sentido de la palabra. Una mujer que entendía que el tema de las alianzas y articulaciones era tan fundamental, y el conocimiento de lo que pasa a nivel internacional, por eso ella conocía tantos países y mucha gente la añora por eso. Esa palabra de Berta que dicen se multiplicó, eso tiene sentido y contenido porque en el lugar donde menos te imaginás ahí la vas a encontrar, pintada, es increíble. Luego donde se escuchan los medios de comunicación o allá en la montaña más profunda, conocen quién es Berta.

Tenemos que ir luchando para que no solo se conozca su imagen sino una Berta con contenido, cuál era su ideal, por qué luchaba y qué significó Berta para el pueblo hondureño. Yo la recuerdo fundamentalmente por que con ella empezamos el proceso de visibilización de los pueblos indígenas. Eso fue maravilloso porque antes estos pueblos eran piedras, para el imaginario hondureño eran algo que existió muy muy atrás. Y cuando se inició ese trabajo a través del Copinh nos sumamos varias organizaciones y personas a acompañar ese proceso dijimos, no, los pueblos indígenas no eran, son y aquí están. Hemos venido luchando 500 años por nuestra existencia, aunque muy calladamente pero allí estamos, con una forma de ver la vida diferente y que merece respeto y reconocimiento, y sobre todo que nos dejen vivir como nosotros queremos vivir. Eso es, para mí uno de las mayores aportes de Berta, en Honduras, que casi no se sabe, pero que yo siempre reivindico. 

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