El fracaso del PP

En 2018, Ciudadanos ya está a punto para disputarle a Rajoy la hegemonía del nacionalismo español.

Mariano Rajoy durante un mitin en Lleida
Mariano Rajoy durante un mitin en Lleida, en una imagen del PP
Arpad Pou

publicado
2017-12-26 08:34:00

El Partido Popular tiene un grave problema en Catalunya. Los resultados del 21-D son implacables para el partido que liquidó y lideró, vía 155, el autogobierno catalán. Hay una máxima inquebrantable en política cuando los partidos se presentan en unos comicios: las elecciones se hacen para ganar, una sentencia que M. Rajoy ha desdeñado desde el primer momento que convocó elecciones en día laborable.

Hoy, la realidad del partido más corrupto de Europa es que se ha convertido en la última fuerza política en el hemiciclo catalán por detrás de la CUP – Crida Constituent, una efeméride que García Albiol ya alertó, viendo los sondeos, cuando dijo que si quedaban por detrás de la formación anticapitalista sería un descrédito absoluto para ellos. No le faltaba razón. Las presiones europeas, especialmente de Donald Tusk y Angela Merkel, para convocar unas elecciones tras el cese inconstitucional de todo el Govern de la Generalitat, según el Consejo de Garantías Estatutarias, parece que han aniquilado definitivamente a un partido que en España votan casi ocho millones de personas, pero que en Catalunya solamente lo han hecho el 4,24% de los votantes.

Es evidente que el independentismo ha puesto en jaque a todo el régimen del 78. La derecha ya supo diluir el 15M, pero ahora parece mucho más complicado aplacar las aspiraciones de más de dos millones de personas que no se dejan intimidar. En esta coyuntura, la pregunta que se hacía el periodista Enric Juliana es muy pertinente: ¿Se puede gobernar bien España con menos del 5% de los votos en Catalunya?

En esta coyuntura, la pregunta que se hacía el periodista Enric Juliana es muy pertinente: ¿Se puede gobernar bien España con menos del 5% de los votos en Catalunya?

La ineficacia de M. Rajoy para "descabezar" al independentismo, como dijo en plena campaña Soraya Sáez de Santamaría, imponiendo unas elecciones desde Madrid, con un candidato encarcelado y otro a 1.400 kilómetros de distancia, ha sido de proporciones gigantescas. Un fracaso que debería suponer la dimisión irrevocable de su presidente en Catalunya, García Albiol, pero también del presidente del Gobierno de España, que ha vuelto a ver cómo el independentismo conseguía, de nuevo, la mayoría parlamentaria, a pesar de la amplia victoria de un Ciudadanos que no tiene, paradójicamente, ninguna alcaldía en los ayuntamientos catalanes. En efecto, Inés Arrimadas ha sido la candidata más votada, pero las elecciones las ha ganado el independentismo.

El éxito de Ciudadanos, que se convierte en el primer partido no catalanista que gana unas elecciones catalanas después de la restauración de la democracia, quedará, presumiblemente, en una anécdota irrisoria por culpa del desastre del PP y el mal resultado del PSC, el otro partido del frente constitucionalista. Ahora, si el bloque independentista llega a un acuerdo, Catalunya podría investir a un presidente que si vuelve a su país podría ser encarcelado, o a otro que ya lo está, una prueba más de que vivimos en un Estado de excepción perpetrado por un partido que pretende consumar con sus medidas una democracia autoritaria que hilvana todos los poderes del Estado.

Por segunda vez consecutiva, el PP se consolida como un partido residual en Catalunya. De los 19 diputados logrados en 2012 descendió a 11 en 2015 con solo el 8,5% de los votos. En estos comicios, Albiol y Rajoy han terminado como la última fuerza en el Parlament con cuatro diputados —el voto exterior les ha dado el cuarto escaño ganado en la circunscripción de Tarragona en detrimento de Ciudadanos que se queda con 36 diputados—, perdiendo así siete escaños que les supone compartir Grupo Mixto con las CUP.

La campaña electoral del PP, que empezó con el "¡a por ellos!" de Albiol, ha resultado un fiasco colosal que ha acabado condicionando la severa derrota de un bloque unionista que se ha quedado sin ninguna opción de poder gobernar en Cataluyna.

La campaña electoral del PP, que empezó con el "¡a por ellos!" de Albiol, ha resultado un fiasco colosal que ha acabado condicionando la severa derrota del bloque unionista
Estos resultados no solo van a marcar el devenir de los populares en Catalunya, sino también en el resto del Estado, muy mermados por la fractura producida con el PNV tras la aplicación del 155 que ha impedido la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

La revitalización del partido naranja gracias a los resultados cosechados en Catalunya pueden provocar serias dudas en Moncloa. La presión de Rivera para que Rajoy convoque elecciones anticipadas si no se llega a un acuerdo con los nacionalistas vascos para aprobar los presupuestos puede marcar el futuro de un partido que ya no puede tapar más su corrupción estructural. En 2018, Ciudadanos ya está a punto para disputarle a M. Rajoy la hegemonía del nacionalismo español.

3 Comentarios
#5790 10:56 2/1/2018
Excelente artículo. Matizaría que PODEMOS es un partido español-español-español, unionista hasta la médula, defensor de la sagrada Unidad de España, unidad de destino en lo Universal, que decía "PatasCortas". Podemos oculta su verborrea unionista con vacias apelaciones al imposible diálogo con quien NO quiere dialogar (los fachas cerriles) Las CUP, en palabras de su portavoz Gabriela Serra, pecaron de inocentes: ¡ y esto lo reconoción el dia de los inocentes en una mesa redonda en Donostia !
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Rusabot 16:01 26/12/2017
Repintar la fachada azul (PP) con pintura naranja (C's) no soluciona los problemas de un edificio enfermo, podrido y encangrenado desde dentro y atravesado por todas sus estructuras (R78). ¿Hablamos de República?
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#5530 15:14 26/12/2017
Por supuesto que el PP terminará quemado esta etapa increíble. Para eso se creo la copia conforme, Ciutatans, listos para tomar el relevo. Misma operación con el PSOE y Podemos. Hay que entender que hay dos corrientes dentro del fascismo pos-moderno. Están los fascistas clásicos y los neo-liberales. En ciudadanos se creen mejores que sus abuelos golpistas. Y todo con la recomendación de endeudarse a tipo fijo.
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