Editorial
28A, el yo contra el nosotras

La derecha plantea soluciones simples a problemas complejos para capitalizar las incertidumbres. La feminización de la política no ha cambiado el modo de hacerla, pero no todos son iguales.

Resumen 2018 Feminismos
Concentración en la Puerta del Sol durante el 8 de marzo en Madrid. David F. Sabadell

publicado
2019-04-28 06:00:00

Ha ocurrido en varios países, y España no es una excepción: la reacción contra la primera gran crisis de la globalización económica se ha materializado en forma de promesas de una vuelta a un mundo más sencillo. Promesas falsas, porque el neoliberalismo no nos conduce a un mundo más sencillo. No puede hacerlo en un momento en el que se conjugan elementos de alcance como llegada de inteligencia artificial, los monopolios de la comunicación, el reequilibrio internacional de fuerzas, el rigor de la austeridad, el vislumbramiento del colapso energético.

Y, ante las incertidumbres y la complejización, la derecha ha planteado soluciones simples, que van desde la prisión permanente revisable hasta la extensión de un contrato único precario. Para presentar esa presunta simplicidad, se apoyan en casos individuales: el niño que tiene que pagar impuesto de sucesiones, la familia asaltada por quinquis, el estudiante que no recibe tantas clases en español como sus padres consideran que necesita.

La potencia del movimiento feminista internacional hoy es solo comparable a la del movimiento obrero del siglo XIX

Frente a eso, hay a lo que agarrarse. Los Fridays for future han mostrado cómo jóvenes activistas han sabido utilizar la globalidad para afirmar su compromiso con el clima y movilizar con ellos. Los movimientos LGTBI y antirracistas están confrontando los argumentos y enfrentando los envites ultras en EE UU, Brasil, Hungría, España. La potencia del movimiento feminista internacional hoy es solo comparable a la del movimiento obrero del siglo XIX.

El feminismo ha vacunado contra Vox a una buena parte de la población, que sabe lo que significa valorizar la reproducción y cuestionar la propia base del beneficio capitalista. Las huelgas del 8 de marzo de 2018 y 2019 y la consigna “sin nosotras se para el mundo” han servido para explorar ese otro mundo posible que pone la vida en el centro.

Sin embargo, son cuatro los candidatos: cuatro varones. La feminización de la política no ha cambiado el modo de hacer la política, que sigue siendo profundamente patriarcal, como se ha visto en los dos debates, planteados como un cuerpo a cuerpo, con vencedor y vencidos. 

El lugar de El Salto será el mismo tras la redistribución de fuerzas que se dirime este domingo: la denuncia de las lógicas neoliberales que aprietan más que la talla 38

Pero no son todos iguales ni dicen lo mismo. La posibilidad de ampliación de espacios mediante la intervención económica sobre los mercados del alquiler o el mercado laboral permite la expansión de ese cuestionarlo todo, un cuestionarlo todo que deja espacios para pensar en la autonomía, el derecho a la autodeterminación, la diversidad linguística. En contra, la campaña contra la supuesta “dictadura de género” plantea, otra vez, una vuelta al franquismo sociológico y al papel que este destinó a las mujeres —y, con ellas, cualquier persona leída como “otra”—, salpicado con la meritocracia thatcheriana, un espejismo dentro de esa estructura jerárquica y patriarcal.

No es culpable quien se abstiene, consciente de las trampas de un sistema que con la ley en la mano sepulta migrantes en el Mediterráneo y extiende sus concertinas, las de alambre y las simbólicas. Tampoco es el papel de este medio pedir el voto, sino en todo caso emplear nuestros recursos y nuestro esfuerzo en contribuir a que la decisión, sea cual sea, sea libre e informada.

Ante una hipotética suma de derechas, seguiremos explicando que hay otra economía, una centrada en la gente, y denunciando las políticas racistas y machistas. Lo haremos también si en las cuentas suman las fuerzas “progresistas”, para vigilar que la institucionalización no vuelva grises los programas rojos, verdes y morados. 

El lugar de El Salto será el mismo tras la redistribución de fuerzas que se dirime este domingo: la denuncia de las lógicas neoliberales que aprietan más que la talla 38. Y la propuesta de otro mundo posible en el que nos envolvamos con la vida buena como bandera.

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