Vamos a contar mentiras

Colombia vive una inflación de momentos históricos. Esta semana tenemos más: con el cese al fuego con el ELN pendiente de un hilo y los políticos asfixiando el acuerdo con las FARC.

Comunidad en el río Tamaná / Rodrigo Grajales
Comunidad en el río Tamaná

publicado
2018-01-07 17:42:00

Que la verdad está sobrevalorada es ya un mantra de la era postmoderna euroocidental. Que la mentira es una forma de ejercer el poder y de manipular a las sociedades ni es un invento de este siglo XXI –aunque ahora se rebautice como postverdad-.

La mentira está directamente relacionada con el poder, en cualquiera de sus esferas, y nosotras, tan amantes de la verdad, mentimos cada vez que ejercemos el poder. ¿No se ejerce el poder desde un blog o desde un medio de comunicación? Por supuesto, por mucho que pinte sus mejillas de rebelde o radical, de altermundista o de anticolonial. Así que voy a mentiros, descaradamente.

Empiezo: en Colombia se está construyendo la paz. He empezado fuerte, ya lo sé, pero a la hora de mentir es mejor soltarla bien gruesa, que si cuela, todo lo demás se filtra sin dolor. En Colombia se está construyendo la paz y bien ha valido ya un premio Nobel, numerosos foros internacionales a gastos pagados y alguna que otra publicación subvencionada por las cooperaciones española, suiza, gringa o noruega… por mentir con ejemplos.

En Colombia están metiendo una pasta limitada –pero que da para bastante- algunos que quieren que no se ponga un arma en la cuna de los niños y niñas –creo que trabajan para la ONU-, aquellas que desde el norte cool de Bogotá quieren que la mujer sea protagonista –creo que trabajan para la ONU-, otros que abogan por la justicia transicional signifique lo que signifique cuando los políticos la transforman en justicia transaccional –creo que trabajan para una ONG inmensa que seguro recibe plata de la ONU-, los hay incluso que verifican la dejación de armas –de un bando- y hacen unos informes muy bien ordenados en los que le dicen al Estado que igual está mal que sean asesinados en un año más de un centenar de líderes sociales –luego los presenta el secretario general de la ONU como si él estuviera aguantando el chaleco azul en el infierno climático del Meta.

¿Será todo esto mentira? Vamos con las verdades que no se cuentan: las organizaciones sociales y políticas de base se están jugando la vida y el prestigio apoyando un proceso de paz que saben fallido porque no-hay-otra alternativa ala visa; las FARC salieron derrotadas de una guerra desigual y andan negociando los posible y perdiendo en cada uno de los imposibles que los llevó a la montaña; la delegación del ELN en Quito mira de reojo lo que pasa en Colombia y se encomienda al fantasma de Camilo Torres para que le dé temple y habilidad en la guerra aún más desigual que se libra entre papeles; el Estado colombiano está mostrando su juego sucio: con declaraciones pomposas sobre paz y democracia y con muy pocos cambios en la estructura y praxis fascistas que sostiene a la “democracia más antigua de las américas”, esta a la que le cuesta anhelar la paz porque no sabe identificarla; en la Colombia rural, ese 30% del país invisible y ignorado por el resto, la vida vale un peso y no hay vida por la que se pague un peso, y en la Colombia urbana, ese 70% despistado y con sueños de clase media, vivir es un trabajar esclavo y una esclavización por imitación que está vaciando de sentido la identidad y el futuro. De todo lo escrito antes ya no sé qué es verdad y que es mentira. O si yo estoy tan despistado que paso de la vigilia al sueño sin necesidad de apagar la última película-serie sobre Pablo Escobar y sin hacer la lista de multinacionales españolas, europeas, canadienses, chinas o gringas que hacen fila a las puertas de Colombia esperando que los paramilitares –con la connivencia de agentes estatales- ‘limpien’ los territorios de revoltosos para llevar allá el ‘progreso’ y terminar con la vida.

De lo único que estoy seguro, de la única verdad que no me apeo es la de los cientos, miles de colombianos y colombianas que están luchando con dignidad para que el país sea diferente, para que el poder deje de mentir para comenzar a cumplir, de los seres anónimos que ponen en riesgo su salud y su vida para gestionar las pocas esperanzas que quedan en su sociedad de que haya un futuro diferente, en el que protestar o enfermarse no sean palabras sinónimo de muerte, en el que los conflictos sean los de la zona del ser y no seguir anclados en los violentos mecanismos coloniales de explotación, dominación y usurpación…

De lo único que estoy seguro es de que los compas de la Liberación de la Madre Tierra, allá en el Cauca, no se venderán jamás por un empleo indigno ni renunciarán a luchar por todos los medios contra los agentes alienados del poder (los que van con armas y los que van con plumas). Para ellas y ellos, para los que empujan en estas horas para que el cese al fuego entre el ELN y el Gobierno se extienda, para los que buscan caminos en lugar de vetar trochas… para todos ellos la única verdad: casi todo es mentira menos la contradictoria honestidad que habita en la periferia del poder.

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1 Comentario
Marina 18:17 7/1/2018

Precioso artículo y preciosa foto. Un abrazo solidario y fraterno para esos miles de colombianos/as que están luchando con dignidad para que ese magnífico país sea diferente, para que el poder deje mentir y comience a cumplir.

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