Comunidad de Madrid
La tercera generación de aguirristas llega a la presidencia de la Comunidad de Madrid

La primera sesión de investidura de Isabel Díaz Ayuso muestra su vinculación con el proyecto de Esperanza Aguirre y el empeño del PP de hacer de la Comunidad de Madrid el eje de su oposición a Pedro Sánchez.
Investidura en la Comunidad de Madrid IV
Isabel Díaz Ayuso, junto a David Pérez, en la sesión de investidura de la candidata del PP a presidenta de la Comunidad de Madrid. David F. Sabadell
13 ago 2019 17:17

Es un momento convulso y Madrid es la clave. Es la lectura de Isabel Díaz Ayuso, y sirve para fijar las posiciones respecto a la actualidad política de un verano tras el que solo quedará la incógnita de saber si Pedro Sánchez logrará formar Gobierno o si el 23 de septiembre llegará el final de la legislatura número trece en el Congreso de los Diputados y la repetición de elecciones. Díaz Ayuso es consciente de que la Comunidad puede ser el ariete de Pablo Casado en el supuesto de que Sánchez forme Gobierno, también de que en la Asamblea de Madrid se ensayará una fórmula con la que el nacionalismo español aspira a derribar cualquier otra concepción de España distinta a la que denominan “constitucionalista”. La tarea es tan complicada como frágil, hasta ahora, se ha demostrado el proyecto que encabeza Díaz Ayuso. Pero esto acaba de echar a andar.

La candidata del PP a presidir la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, ha desgranado hoy —13 de agosto— en un discurso de dos horas el argumento principal de la derecha nacionalista española: el Partido Popular, Ciudadanos y Vox encarnan la libertad frente a las tendencias totalitaristas de la izquierda y contra las corrientes políticas secesionistas.

Madrid es la libertad, según Ayuso, y también la comunidad líder en los índices macroeconómicos. Y ahí es donde ha fijado lo más sustancial de su programa para la investidura. La comunidad, gobernada durante 24 años por el Partido Popular, acumula 16 bajando impuestos. Madrid funciona como un resort fiscal para los más poderosos de España y Díaz Ayuso ha constatado que esa es la clave de que la descomposición de su partido no haya inclinado la balanza política de la Comunidad a la izquierda. Una izquierda que, pese a todas las evidencias de crisis de la derecha, se encuentra hoy noqueada en Madrid.

El renacimiento tras el hundimiento

Al citar a las expresidentas Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes en su discurso de investidura, Ayuso ha reivindicado la vigencia del plan del PP para la Comunidad. Un plan definido por Aguirre y que no ha cambiado pese a la profundidad de la crisis económica y social que estalló en 2008 y pese a las dudas razonables sobre el papel de la expresidenta grande de España en tres casos de corrupción de enormes dimensiones: Gürtel, Púnica y Canal de Isabel II.

La tercera generación de populares tomará, a partir de mañana, las riendas de la región. Tras la etapa de conquista de Aguirre y la de crisis de Cifuentes, Ayuso aspira a encabezar un renacimiento del mismo proyecto. Las dudas sobre su papel en el caso Púnica y acerca de las ayudas recibidas por la empresa familiar de los Ayuso en el caso Avalmadrid marcarán las primeras semanas de ese empeño por convencer a la sociedad madrileña de que la fiesta del PP continúa le pese a quien le pese. De momento, la presidenta cuenta con el firme convencimiento de su futuro vicepresidente Ignacio Aguado de que cualquier sospecha de corrupción se conjura citando el caso de los ERE de Andalucía.

La Comunidad, que en el año cero de la crisis adeudaba 11.380 millones a sus acreedores, hoy alcanza los 35.000 millones de euros de deuda

La quiebra de la derecha en tres partidos —consolidada desde el momento en el que Ciudadanos leyó que la coyuntura le situaba como aspirante a suceder al Partido Popular en un plazo medio de tiempo— no impide que las tres opciones electorales converjan en su programa de mínimos; este pasa por “la mayor rebaja fiscal de la historia de Madrid” anunciada hoy por Ayuso, con la que el Gobierno de coalición aspira a conservar la estructura social que ha dado la victoria a la derecha en las últimas dos décadas. En sus términos, es una estructura generada en torno a y por los “buenos ciudadanos”: emprendedores y autónomos agobiados por las cargas burocráticas y por la voracidad recaudatoria del Gobierno socialista pasado, presente o futuro. Ganadores, en una palabra, en una región en la que la desigualdad es, según su teoría, fruto del intervencionismo de los gobiernos “dirigistas”.

Lo específicamente regional, no obstante, no completa por sí solo el esquema de las tres derechas. Hacen falta los símbolos de pertenencia a la nación: “Bandera, escudo e himno”, un arsenal ideológico con el que la próxima presidenta de la Comunidad de Madrid confía en hacer frente a los “nacionalismos”. Porque, según la candidata a la investidura, en la región no viven seis millones y medio de madrileños y madrileñas sino de “españoles que hay en Madrid”. 

neolenguas

El perfil político de la Comunidad ha quedado irremediablemente determinado por el auge del Partido Popular en los años de formación de la familia “genovesa”. Alberto Ruiz.Gallardón y Esperanza Aguirre son las cabezas visibles de un proyecto que solo fue completamente explícito con la llegada de Aguirre a la presidencia de la Asamblea y de Gallardón al Ayuntamiento. El turbocapitalismo de amiguetes, a partir de ese momento fundacional, estuvo definido en lo material por la apertura de vastos nichos de beneficio: principalmente en el ámbito de la sanidad —hospitales privados— y las infraestructuras —carretera de los pantanos o soterramiento de la M30 son los más reconocidos—. En lo simbólico, en una disputa del “sentido común” a la izquierda, disputa que pasó por una denuncia del supuesto “colaboracionismo” del PSOE con los enemigos de España: a saber, ETA y los separatistas. Los ecos de esa disputa se han visto hoy reflejados en el anuncio, ciertamente enfático, de que la Consejería de Justicia pasará a llamarse también de Interior y de “Víctimas del Terrorismo”.

La expansión del crédito en el ciclo de la burbuja que comenzó con el fin de la etapa socialista y la primera crisis del ladrillo de los años 90 y concluyó en 2008 situó a la comunidad en las cotas a las que se remite una y otra vez Díaz Ayuso. La región se posicionó pronto en competencia —a codazos— con otras comunidades autónomas, principalmente País Vasco y Catalunya, para la captación de inversiones, término neolingüístico que apenas enmascara los costes sociales de esa política: peor servicio hospitalario y segregación educativa en los nichos abiertos para los grupos privados; política de dumping fiscal para captar fortunas a través de los impuestos de patrimonio —suprimido— y la bonificación del de sucesiones, así como el mal uso del patrimonio público, como muestra el Canal de Isabel II y sus locas inversiones.

El resto de ese naufragio, que estuvo destinado y consiguió enriquecer a actores seleccionados del poder, y el estímulo de los bajos impuestos fueron pagados —o, en sentido estricto, serán pagados— por el aumento de la deuda durante la etapa post-crisis gestionada por Cifuentes y el efímero presidente Ángel Garrido —hoy en Ciudadanos—. La comunidad, que en 2008 adeudaba 11.380 millones a sus acreedores, hoy alcanza los 35.000 millones de euros de deuda. En los últimos cuatro años, la región ha incurrido en un déficit por encima de los 5.500 millones de euros.

El plan que Ayuso ha enarbolado hoy —la rebaja de medio punto en todos los tramos del IRPF y las posibles fórmulas de “compensación” si se produce una reforma fiscal por parte del Gobierno central— profundiza la vía de sus antecesores en el cargo: la proyección de la comunidad autónoma como un espacio de competencia y en competencia con el resto de pueblos y regiones del país. La hipótesis para sostener ese programa es que con bajos impuestos se genera más empleo, pero lo cierto es que la mejoría del empleo está relacionada con esas políticas agresivas de captación de inversiones, y tiene consecuencias claras sobre el empleo que se genera —más temporal y con peores contratos— y en la situación de la vivienda —con un mercado del alquiler en plena burbuja—. 

La investidura de esta madrileña de 40 años mantiene vigente el proyecto del milenio del Partido Popular en los tiempos de la pospolítica. Se trata de una victoria bajo sospecha, sobre la base débil del acuerdo de tres derechas, pero muestra la capacidad de resistencia de un PP en sus horas más bajas. Si se confirma que Pedro Sánchez es incapaz de presentar un programa de Gobierno que sea aprobado por el conjunto del Congreso, la victoria con alfileres del Partido Popular en la investidura de mañana será un primer paso para el desarrollo de la tercera fase del PP en el nivel estatal. Un año después de la sentencia de la Gürtel, y pasados pocos meses del peor resultado del partido en este siglo, la realidad se empeña en sonreír a Pablo Casado.

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2 Comentarios
#38438 13:28 18/8/2019

Pues no sé, parece que a un buen número de castellanos les sigue gustando el dumping fiscal, el expolio humano de todo lo que vivía a su alrededor, el engendrismo como forma de vida, el regionalismo cateto y los tics autoritarios.
Para sorpresa de nadie, la verdad.
Y sí, que si soy victimista, que si los perfiéricos que si blablablá pero lo que hay es que la comunidad y la capital son un engendro que arrasa con todo, una fuente de desigualdad brutal y un monstruo que crece con el dinero y el trabajo de todos. Y nadie de los que allí habita se lo plantea, así que lo comento por aquí. Feliz domingo.

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#38321 24:52 14/8/2019

La suerte de los Madrileños de pro, es que esta señora se ha quedado huérfana, de padre. Imaginaos al gran estafador de Avalmadrid, aconsejando a su hijita. Yo alucino y no sigo ni lineas blancas, ni fumo.

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