China
Xinjiang, China y los medios de comunicación occidentales

Tras la repercusión que tuvo hace unos días la entrevista a Carl Zha sobre las protestas en Hong Kong, El Salto publica una segunda parte sobre la China contemporánea, en esta ocasión sobre el conflicto en Xinjiang.

Xinjiang Camp
Xinjiang Camp. Imagen de video (2017)

publicado
2019-08-25 06:51

“La cuestión uigur tiene unas raíces muy complejas en la historia de la región de Xinjiang”, comienza a explicar Carl Zha, creador del popular podcast sobre actualidad china Silk and Steel, a El Salto. “Tanto los medios occidentales como los medios de comunicación estatales chinos presentan una narrativa parcial que no representa la imagen completa”, continúa en referencia al conflicto en Xinjiang, región autónoma donde la comunidad internacional denuncia que un millón de musulmanes de la región han sido detenidos en campos de concentración.

Como de costumbre, Zha insiste en el contexto histórico: “La región que hoy conocemos como Xinjiang se encontraba históricamente en la periferia de los imperios chinos, donde el grado de control chino variaba: la dinastía Han fue la primera en entrar en la región hace dos mil años, cuando se inauguró oficialmente la ruta de la seda. Pero, después de que la dinastía Tang se retirase, alrededor del siglo VIII, los imperios chinos dejaron de controlarla durante mil años, hasta que la dinastía Qing, fundada por los manchús, la volvió a conquistar en 1760 y la rebautizó como Xinjiang, que significa nuevo territorio”, relata.

Durante los 30 y 40, Xinjiang se convertiría de facto en un satélite soviético porque el señor de la guerra chino local, Sheng Shicai, que gobernaba Xinjiang, necesitaba del apoyo soviético para aplastar las revueltas musulmanes

La población de esta región se compone de una mayoría de musulmanes túrquicos. “Xinjiang experimentó diversas revueltas contra el dominio imperial durante la dinastía Qing, la última de las cuales fue aplastada en 1877, y Xinjiang convertida en provincia”, prosigue. Según explica este periodista, durante los 30 y 40, Xinjiang se convertiría de facto en un satélite soviético porque el señor de la guerra chino local, Sheng Shicai, que gobernaba Xinjiang, necesitaba del apoyo soviético para aplastar las revueltas musulmanes. Sin embargo, cuando la Alemania nazi asediaba Moscú en 1941, Sheng purgó a los comunistas, incluyendo al hermano menor de Mao, y se pasó al bando de los nacionalistas. Según Zha, lo hizo porque, “después de que Japón bombardease Pearl Harbor, la figura de Chiang Kai-shek iba al alza como aliado estadounidense”. Mientras, la Unión Soviética apoyó a los insurgentes kazajos y uigures en el noroeste de Xinjiang, fundando la segunda República del Turquestán oriental —la primera, en los 30, surgida de una revuelta, fue suprimida por la propia URSS—. De este modo, “Xinjiang se dividió entre una zona controlada por los comunistas y nacionalistas uigures en Yili (en uiguir: Ghulja) y otra por el Kuomintang (KMT) con capital en Urumqi”, explica Zha.

Esta situación llegó a su fin cuando los comunistas ganaron la guerra civil y 100.000 soldados del Ejército Popular de Liberación (EPL) entraron en Xinjiang en 1949. El ejército del KMT, que igualaba en fuerzas a su rival, se rindió, “la república fue disuelta y se acordó fusionarla con la administración de Xinjiang”, apunta el periodista. De igual modo, los comunistas uigures fueron incorporados al nuevo gobierno, que pasó a llamarse Región Autónoma Uiguir del Xinjiang. “Líderes uigures aliados del KMT como Isa Alptekin huyeron a través de la Cachemira controlada por la India y llegaron hasta Turquía”, añade. Zha señala que “su hijo, Erkin Alptekin, fundaría más tarde el Congreso Mundial Uigur, la organización uigur en el exilio que a menudo aparece citado en los medios de comunicación occidentales”. 

Muchos uigures y kazajos que simpatizaban con la URSS, animados por el Consulado soviético, iniciaron un éxodo masivo a la URSS en 1962

Xinjiang en la República Popular China

Aunque Xinjiang estuvo desde 1930 hasta 1960 bajo la influencia de la Unión Soviética, la ruptura sino-soviética cambió por completo la situación: “Muchos uigures y kazajos que simpatizaban con la URSS, animados por el Consulado soviético, iniciaron un éxodo masivo a la URSS en 1962. Ésta fue la segunda ola de la diáspora uigur en la Asia Central Soviética”, continúa Zha, que recuerda un dato poco conocido: “Durante la guerra fría, la URSS esponsorizaría grupos uigures en el exilio como parte de su campaña contra la República Popular China, agitando a favor de la independencia de Xinjiang”.

Todo ello comportó el primero de varios cambios demográficos, una de las raíces de la disputa actual. Bajo la dinastía Qing en 1800, Xinjiang se componía aproximadamente de un 60% de musulmanes turcomanos y un 30% de chinos han, pero “después de una serie de revueltas, masacres y la guerra civil, la población han se redujo drásticamente en 1949”, destaca Zha. Así, “en el primer censo llevado a cabo por la República Popular China había un 75% de población uigur y un 6% han, también kazajos, musulmanes hui, kirguises y mongoles”, continúa. A medida que se agravaba la ruptura sino-soviética, “Mao envió colonos han a la región para protegerse contra la amenaza” del país vecino. Los 100.000 soldados del EPL estacionados en Xinjiang y los otros 100.000 de las fuerzas del KMT “fueron desmovilizados para convertirse en granjeros”, explica el periodista. Además, el EPL “reclutó a mujeres de varias provincias chinas para proporcionar esposas a los soldados desmovilizados”.

La gran hambruna de 1959-1962, como resultado del Gran Salto Adelante, hizo que “millones de personas de Gansu y Henan llegasen a Xinjiang buscando refugio en los hogares de los familiares que se habían establecido antes”

La gran hambruna de 1959-1962, como resultado del Gran Salto Adelante, hizo que “millones de personas de Gansu y Henan llegasen a Xinjiang buscando refugio en los hogares de los familiares que se habían establecido antes”. Era uno de los pocos lugares de la República Popular China que no sufrió la hambruna. Cuando comenzó la Revolución cultural en 1966, este periodista explica que Mao envió a millones de jóvenes con educación superior a las zonas fronterizas como Xinjiang, el Tíbet y Mongolia interior. Todo ello condujo a cambios demográficos importantes, y Xinjiang en 1980 era ya 46% uigur y 40% han. Con todo, Deng Xiaoping “invirtió las políticas de Mao y permitió a aquellos jóvenes regresar a sus lugares de procedencia”, haciendo que “la población han comenzase a declinar hacia alrededor de un 30%. En ausencia de muchas de las restricciones de la Revolución cultural, Xinjiang gozó de un período de apertura en los ochenta”. Según Carl Zha, “muchos uigures y han coinciden en señalar que los ochenta fueron la mejor época para las relaciones, cuando existía una coexistencia pacífica”.

Pero la situación volvió a cambiar en 1990, cuando China inició sus reformas de mercado: “Muchas empresas estatales fueron privatizadas, la disparidad económica se incrementó especialmente entre los han y los uigures”, recuerda Zha. A todo ello se sumó que “los han de Xinjiang, con sus conocimientos de mandarín y vínculos con el resto de China, se beneficiaron de manera desproporcionada de la nueva economía de mercado, mientras que el comercio tradicional uiguir se encuentra en Asia Central, Pakistán y Afganistán, las zonas que más sufrieron en el proceso de desintegración de la URSS”. Este proceso también comportó la caída del “gobierno comunista afgano, y el país fue tomado por los muyahidines”.

Zha no oculta que Beijing “colaboró con EE UU apoyando a la insurgencia afgana desde Xinjiang a través de Pakistán en los 80 para socavar a la URSS”, algo que fue posible gracias “a la autovía de Karakórum de la República Popular China, que unía Xinjiang con la Cachemira controlada por Pakistán”. Fue así como “muchos uigures viajaron por la autovía de Karakórum a Pakistán y muchos terminaron uniéndose a los muyahidines”. Algunos de ellos, veteranos de guerra, “regresaron a Xinjiang en los 90 e intentaron iniciar una insurgencia contra el Estado chino”, trayendo consigo “la ideología wahabita que habían conocido de los combatientes árabes o de las madrasás patrocinadas por Arabia Saudí en Pakistán”.

Llegados a este punto, Zha se detiene en la cuestión religiosa. “La Revolución cultural —explica— reprimió severamente la religión en Xinjiang”. “En los 80 —sigue, con la relajación política, hubo un retorno del maoísmo ortodoxo a las prácticas religiosas tradicionales: se reconstruyeron mezquitas y los mulás fueron liberados de la prisión”. Sin embargo, muchas de las mezquitas autorizadas por el Estado y sus predicadores fracasaron en la tarea de enseñar a la población la transición de China en un mundo rápidamente cambiante. De este modo, florecieron muchas células wahabitas clandestinas que predicaban que el verdadero islam era el de la península arábiga, como aprendieron en Afganistán mientras combatían con los muyahidines, y no el islam corrompido y herético que se predicaba en las mezquitas autorizadas por el Estado. También “se ‘animó’ a las mujeres a utilizar el velo integral, o burka, y dejar todo trabajo que no fuera el doméstico”. También “se rechazaron las influencias han como kuffar (impuras)”, añade. Las bases para el conflicto etnorreligioso estaban establecidas. “Hubo incluso una serie de apuñalamientos de mulás de mezquitas autorizadas por el Estado, que eran vistos como agentes del Estado chino”, agrega Zha.

Las raíces sociales del conflicto

Pero el conflicto no se puede reducir a una cuestión cultural y religiosa, incide el autor del podcast Silk and Steel. “En 1953 había 4,87 millones de habitantes en Xinjiang, hoy son 20 millones”. ¿Cómo se explica este aumento? “El desarrollo económico llevó a más inmigrantes han a la región”, responde Zha. Y, “a diferencia del traslado forzoso durante los años de Mao, en los 90 la mayoría de inmigrantes han fueron económicos, atraídos por las nuevas oportunidades económicas de la región”. En el año 2000, el equilibrio era de un 46% uigur y un 40% han, pero “la mayoría de los uigures todavía se dedicaban a la agricultura, mientras los han se unían a la economía urbana, en rápido desarrollo”. La agricultura de Xinjiang, especialmente en el sur del Xinjiang, donde viven tradicionalmente los uigures, se basa en los oasis, cuya productividad es menor. “La minoría nacional uigur no estuvo limitada por la política de hijo único”, con lo que “la explosión de población desde 1949 significa que cada más gente dependía de cultivos de un suelo cada vez más escaso y sujeto a la descongelación de los glaciares”.

A medida que el poder económico se concentra cada vez más en empresas dirigidas por han, estas empresas tienden a contratar empleados de su misma etnia

Zha explica que el problema se agrava debido a que “mientras China tiene una política de promoción de la educación superior, no tiene ninguna de empleo”, en particular para las minorías. Así, “a medida que el poder económico se concentra cada vez más en empresas dirigidas por han, estas empresas tienden a contratar empleados de su misma etnia” e “incluso en proyectos de infraestructuras gubernamentales que a menudo se subcontratan al sector privado, los directores, que son han de Henan o Shangdong, traen a los empleados de sus regiones para trabajar en Xinjiang porque forman parte de su red de confianza”.

“Inicialmente, el Estado chino, con su lectura marxista de la situación, atribuyó los disturbios en Xinjiang a la economía”, afirma Zha. Según esta interpretación, “el desarrollo económico erradicaría las condiciones materiales para el separatismo y el extremismo religioso”. Con ese fin, asegura, “China facilitó que trabajadores uigures de Xinjiang trabajasen en las fábricas de las ciudades costeras chinas que manufacturaban bienes de consumo para la exportación al resto del mundo”, una medida que se topó con las resistencias del Xinjiang rural y conservador, especialmente en el caso de jóvenes mujeres uigures que trabajan en fábricas lejos de sus hogares. Aunque el milagro económico chino se basa en gran medida en mujeres jóvenes que abandonan sus aldeas rurales para trabajar en las fábricas costeras, “en el caso de los uigures hay una enorme diferencia cultural y religiosa entre ellos y la mayoría de chinos han”, expone Zha al precisar que mientras la mayoría de mujeres chinas viajaron voluntariamente para trabajar en las fábricas, en el caso de Xinjiang fue el Estado quien lo organizó.

Entre otros temores, “a muchas familiares de uigures conservadores les preocupaba que sus hijas pudieran ser ‘corrompidas’ por los han e incluso que se casasen con uno y no regresasen a sus hogares”. Este descontento sería aprovechado por los grupos uigures en el exilio para agitar contra el gobierno chino. 

En junio de 2009 se registró el primer incidente. “En el dormitorio de una fábrica en Shaoguan, Guangdong, se produjo un enfrentamiento luego que una turba de han atacase a los uigures en sus habitaciones”, narra Zha. Explica que “todo comenzó con un rumor en Internet sobre una chica han violada por un grupo de uigures, una situación que supuestamente el gobierno trataba de ocultar”. Todo ello, recuerda, “ocurrió durante la crisis financiera, cuando muchas fábricas en Guangdong despidieron a los trabajadores migrantes mientras seguía el traslado de trabajadores uigures de Xinjiang, facilitado por la política del gobierno de incentivos fiscales por su contratación”. Dos uigures murieron y muchos otros resultaron heridos, provocando una protesta en Urumqi el 5 de julio. En la concentración, frente a la sede del gobierno, pidieron al gobierno chino que investigase los incidentes y castigasen a los autores. Después Zha afirma que “no está claro lo que ocurrió”, aunque “según los grupos uigures en el exilio, la policía cargó contra los manifestantes para dispersarlos”. En cualquiera de los casos, grupos de ellos “entraron en los vecindarios colindantes, golpeando y matando a todo han que pudiesen encontrar”, algo que sucedía incluso en el transporte público, que muchos trabajadores han utilizan, atravesando barrios uigures antes de llegar sus casas. Muchos de ellos, destaca, “fueron sacados de los autobuses y golpeados”. Las autoridades cifraron en 196 los muertos y 20.000 los heridos, la mayoría de ellos han, pero muchos creen que el número fue mayor, ya que los disturbios se extendieron al día siguiente.

El 7 de julio, continúa su relato Zha, los residentes han de Urumqi organizaron un tumulto en respuesta. “Afortunadamente, el EPL fue desplegado a tiempo para evitar que llegasen al barrio uigur”. Con todo, “los residentes han pidieron al gobierno represalias y el gobierno se las dio: la policía realizó redadas, detuvo a varios jóvenes uigures sospechosos de haber estado implicados en los disturbios”. El gobierno de Xinjiang tuvo que trasladar a agentes del sur de Xinjiang para llevar a cabo los interrogatorios, comenta Zha al llamar la atención sobre el hecho de que “Urumqi es mayoritariamente han desde su fundación como ciudad fronteriza por los conquistadores manchús en 1760, así que la mayoría de los policías en Urumqi son han”.

Tratándose de China, la desinformación no tardó en aparecer, y los medios occidentales informaron de los disturbios en Urumqi como una medida de represión del gobierno chino contra los uigures, y las imágenes de ciudadanos han cubiertos de sangre y siendo atacados fueron presentadas erróneamente para sugerir que se trataba de víctimas uigures de la represión china, según señala Zha. El entonces primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, “llegó a calificar los incidentes de julio de genocidio del pueblo uigur”.

Sea como fuere, Zha califica ese episodio de“un punto y aparte en las relaciones entre han y uigures, y la gestión de Xinjiang por parte del Estado”. El Estado ordenó a muchos inmigrantes uigures en Urumqi abandonar la ciudad y regresar a sus hogares en el sur de la región. Una medida, como se apresura a indicar Zha, que no hizo “más que radicalizar a un sector de la población uigur”. “En los 80 y 90 no era habitual ver a mujeres veladas, pero a finales del 2000 se veían mujeres uigur en burka en todas partes y las mujeres sin velo eran objeto de agresiones”, recuerda. Los ataques se multiplicaron. “En 2013, un grupo de uigures embistió con un automóvil a la multitud en la plaza Tianmen en un ataque suicida —cita Zha—, y el Partido Islámico del Turquestán, una organización yihadista uigur con base en Afganistán, se atribuyó la responsabilidad del ataque”.

La situación se fue complicando. “Muchos uigures, religiosamente conservadores, huyeron en 2009 después de los disturbios”, dice Zha. Su ruta: “Después de que la frontera china fuese sellada, viajaron hasta la provincia de Yunnan, en el suroeste, y desde allí a Malasia”. El gobierno turco cerró un acuerdo con las autoridades malayas mediante el cual a cualquier uigur que llegase al país se le proporcionaría un pasaporte turco en el Consulado y, de ese modo, poder viajar hasta Turquía. Allí “muchos fueron reclutados por organizaciones yihadistas para ir a Siria”, afirma Zha, donde también el “Partido Islámico del Turquestán envió a sus combatientes y reclutó desde Turquía”. Como ha aparecido en muchos medios de comunicación, estos uigures actuaron como punta de lanza de Al Qaeda en Siria, el Frente al Nusra, que capturó la provincia de Idlib al gobierno sirio en 2015. El partido integrista también “mantuvo una fuerte presencia en la ciudad siria de Jisr al Shugur, que ayudaron a capturar. En consecuencia, “el gobierno chino comenzó a reforzar el control fronterizo en Yunnan”, destaca Zha.

Xinjiang y los medios occidentales

A partir de aquí la historia es más o menos conocida para cualquiera que haya seguido los medios de comunicación estos últimos años: “El 1 de marzo de 2014, en la capital de la provincia de Yunnan, Kunming, un grupo de ocho atacantes uigures, incluyendo dos mujeres en burka, acuchilló a varias personas en la estación de tren, asesinando a 31 civiles e hiriendo a otros 140; cuatro atacantes fueron abatidos y otros cuatro capturados por las fuerzas de seguridad”. Según su confesión, remarca Zha, “llegaron a Yunnan esperando salir de China para ir a Siria, pero se encontraron la frontera bloqueada y decidieron llevar a cabo la yihad localmente”.

No fue el primer ataque y tampoco el último. El 30 de abril de ese mismo año, otro grupo realizó otra acción similar en la estación de tren de Urumqi, coincidiendo con una visita del presidente Xi Jinping. Tres personas murieron y otras 79 resultaron heridas. El 22 de mayo, un mes después, cinco uigures arrojaron bombas desde un automóvil en una calle comercial de Urumqi antes de detonar el propio coche en la multitud, causando la muerte de 43 personas e hiriendo a 90. Al año siguiente, las autoridades tailandesas repatriaron a un grupo de uigures perseguidos por la justicia china y, en respuesta, un grupo de radicales detonó un explosivo en un templo budista frecuentado por turistas chinos, asesinando a 20 personas e hiriendo a 125. Las autoridades tailandesas, subraya Zha, encontraron pasaportes turcos en el apartamento de los terroristas uigures. En septiembre, otro grupo atacó una mina en Baicheng y asesinó a todos los mineros en su dormitorio. El gobierno chino desplegó en respuesta al EPL para rastrear a los autores por las montañas antes de darles caza y abatirlos. “Éstos fueron los atentados que tuvieron una mayor repercusión, pero hubo cientos de ataques en Xinjiang contra el gobierno y la policía”, observa Carl Zha.

“Éste es el trasfondo de las represalias del gobierno chino a la religión que tan a menudo se oyen en los medios de comunicación”, explica. Zha describe como “contundente” la respuesta del gobierno chino: “Las autoridades de Xinjiang prohibieron el burka, el hiyab, la barba para los hombres menores de cincuenta años, y se impidió la entrada a las mezquitas a los menores de 18”, además del ayuno durante el ramadán para estudiantes y funcionarios. El objetivo sería hacer “retroceder el reloj 30 años para hacer que Xinjiang sea una región secular, como lo era antes de los 90”.

En 2017 fue cuando el gobierno chino inició la campaña de los ‘centros de instrucción vocacional’

En 2017 fue cuando el gobierno chino inició la campaña de los ‘centros de instrucción vocacional’. A través de esta iniciativa, “cuadros y trabajadores gubernamentales de Urumqi, con frecuencia han pero en ocasiones uigures, son enviados a hogares uigures en el sur de Xinjiang”. Un programa que tenía como fin declarado “ayudar a los residentes rurales empobrecidos”, pero por el cual “personas a las que se consideraba influidas por el extremismo religioso han sido enviadas a los centros para atender cursos de chino mandarín, cantar canciones comunistas, recibir una ‘educación patriótica’ y, finalmente, formación laboral para trabajar en las fábricas adjuntas a las instalaciones”.

Esta situación, según Zha, ha sido asimismo groseramente distorsionada por algunos medios de comunicación. “Las noticias de medios occidentales, que cifran entre uno y tres millones los uigures encerrados en campos de concentración, proceden de dos fuentes: un informe de activistas de derechos humanos en China que extrapola la cifra a partir de una entrevista con ocho informantes, cada uno de una aldea diferente; basándose en esos ocho pueblos en torno a Kashgar extrapolan a toda la población de Xinjiang para llegar a la cifra de un millón”, desgrana. La otra fuente es la del “antropólogo y cristiano renacido Adrian Zenz, que incluye inteligencia satelital”. Zha afirma que, en realidad, nadie sabe cuántas personas se encuentran en esos centros, pero “se puede avanzar que razonablemente se trata de muchas, posiblemente decenas de miles o incluso cientos de miles”. Agrega que “el gobierno chino afirmó el mes pasado que la mayoría de la gente detenida en esos centros ha sido liberada”, una afirmación que los grupos de uigures en el exilio disputan.

¿Es Xinjiang un estado de vigilancia masiva, como sostienen muchos medios? “Sí —responde claramente Zha—, y, de hecho, en la mayor parte de China hay cámaras de seguridad por todas partes”

¿Es Xinjiang un estado de vigilancia masiva, como sostienen muchos medios? “Sí —responde claramente Zha—, y, de hecho, en la mayor parte de China hay cámaras de seguridad por todas partes”. Entre los ejemplos, enumera los de la tecnología de reconocimiento facial, que se utiliza “para pedir un taxi o cruzar el control de seguridad en una estación de tren”, y reitera que todo ello no se limita a Xinjiang. La mayoría de ciudadanos chinos “tienen una actitud diferente hacia este tipo de tecnología que los occidentales, ya que en la mayoría de casos sirve para hacer que se cumplan las normas de tráfico”. Xinjiang, concluye, “puede ser otra historia, pero en ese caso la gente tiene preocupaciones más importantes que la presencia de cámaras en las calles y en los centros comerciales”.

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7 Comentarios
tengo_otros 2:33 26/8/2019

El yihadismo se está abriendo paso en el Asia Central ex-soviética y china, con la financiación saudí y la connivencia de las neoizquierdas filonacionalistas.

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Viajero Cormorán. 20:02 25/8/2019

A pesar de ser crítica, no deja de ser una visión Han. Estuve en el 2008 y pude ver la discriminación de los uigures. Poblados de 'postal' al lado de pobreza y abandono en los uigures. En Urumqui ningún taxista, todos Han, me quiso acompañar a los barrios uigures. Supe que si renegabas de tu etnia uigur - no solo tu, también debe hacerlo tu familia - el futuro, las universidades se te abren. Si no renegabas, no tenías opción. Y no todo eran burkas ni mucho menos: mujeres uigures sin velo, hablando inglés y reclamando sus derechos como pueblo.
Los Han - en general no todos, por supuesto - ni el gobierno de Beijing, entienden de incorporación, solo comprenden y practican la asimilación. De no acceder...
Preguntad a los tibetanos, por poner un ejemplo no musulmán.
Lo tienen mal los uigures con el mal llamado mundo occidental, que si bien se opone a China más lo hace - de momento - con los musulmanes pobres. Los ricos llevan Ferraris y son bien recibidos por todo tipo de monarcas - elegidos y designados por sangre -.

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Ramón 19:32 25/8/2019

Muy buen reportaje.
Gracias!

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Diógenes 13:49 25/8/2019

¡Vaya con El Salto!, generando confusión mediática pro occidental dejando caer el victimismo uigur, que no es otra cosa que islamismo, o sea, patriarcalismo retrógrado, atraso social de la peor especie contra la libertad y la democracia...
¿Prefieren el modelo saudí al chino por malo que sea?, que esto lo publiquen en El País, lo podría entender, aquí, me defráuda.

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#38762 20:23 25/8/2019

Pero has leído el artículo completo?

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#38760 20:09 25/8/2019

Pero tú te has leido el articulo sqiuiera? Porque precisamente es uan crítica a la visión occidental.

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#38757 19:32 25/8/2019

De dónde sacas esa conclusión? Yo he leído con mucho interés el texto y no veo la “manipulación pro islamista” que sugieres.

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