Brexit
Vuelven los 90, el Brexit no cesa y Europa mira impasible

Ni Reino Unido podría salir indemne de un Brexit duro ni la Unión Europea actual es la respuesta para los millones que se sienten excluidos por el sistema político y económico.

Brexit -Banksy
El Brexit visto por Banksy. Foto de Duncan Hull.
10 mar 2019 07:01

Vuelven los 90. Las Spice Girls protagonizarán una serie de conciertos multitudinarios esta primavera. Las chaquetas de cuero se llevan otra vez. Y un puñado de parlamentarios “sin ideología” prometen haber descubierto la fórmula mágica de la política: el centro sensato, la unión de políticos razonables que sepan implantar medidas basadas en datos.

Efectivamente, el Blairismo vuelve a estar de moda en Gran Bretaña.

Tras media década de problemas internos, el sector del partido más crítico con Corbyn se ha escindido del laborismo para crear The Independent Group. Esta “asociación” (todavía no registrada como partido) integra laboristas de derechas y conservadores contrarios al Brexit. Si bien afirman defender principios progresistas de justicia social, resulta paradójico que sean bienvenidos parlamentarios que llevan años votando a favor de recortes sociales con el gobierno May. Gobierno que, en los dos años transcurridos desde el referéndum, ha fracasado absolutamente a la hora de componer un acuerdo de salida de la Unión Europea que pudiese votar el Parlamento.

Theresa May heredó de David Cameron una mayoría simple conservadora. En 2017, con los medios a su favor y Corbyn aparentemente noqueado, convocó unas elecciones para obtener mayoría absoluta. De haberlo conseguido, su acuerdo del Brexit habría sido aprobado sin problemas. Esto fue, por supuesto, antes de que los tabloides de extrema derecha descubrieran que sus portadas retratando a Corbyn como el nuevo Stalin ya no funcionaban.

Tanto la aparición de un nuevo partido centrista, como la parálisis de May, son consecuencia del sabotaje interno de cierto sector de la clase dirigente. Estas élites son los magnates y líderes de opinión organizados en torno al European Research Group, el ala más extremista de los conservadores.

Su principal objetivo es redoblar la revolución thatcheriana para aproximarse más al modelo social estadounidense. Contratos como la provisión de la salud pública son piezas muy jugosas para estos rentistas transatlánticos. Sus armas para lograr su objetivo: demonizar al partido de la oposición; y asegurarse de que la polarización política es de tal magnitud que no se logra un acuerdo de “Brexit blando”.

La demonización del partido de la clase obrera

Este ascenso del Independent Group es una operación que lleva en marcha desde que Corbyn ganase las primarias para liderar el Partido Laborista en 2015. Contra todo pronóstico, el viejo socialista forjado en los movimientos sociales anti-Thatcher de los 80 derrotó a los candidatos del aparato. Recordemos que hubo un intento de golpe ya en 2016, con miembros de su equipo dimitiendo en masa para forzar su salida. Se le acusó de “no hacer suficiente” para evitar la victoria del Brexit en el referéndum.

Si bien las elecciones de 2017 relegitimaron a Corbyn como candidato, este sector del partido encabezado por Chuka Umunna no podía identificarse con un partido que rompía completamente con el Blairismo. Cabe recordar que el mismo Blair comenzó su carrera como un “populista”. Prometía reparar un país desgajado tras la guerrilla de clases de Thatcher, uniendo bajo su hiperliderazgo a todas las familias progresistas. Sin embargo, para estos parlamentarios formados en aquellos tiempos, el laborismo de la “Tercera Vía” sigue siendo la respuesta a los problemas de hoy. Y, efectivamente, es la ideología (no ideológica) que les permitiría recuperar el liderazgo en la política nacional.

Por supuesto, este movimiento “macronista” se está sucediendo en varias democracias occidentales. Frente al ascenso de la extrema derecha y un cierto renacer del “radicalismo” izquierdista, personajes como Trudeau, Bloomberg, Renzi o Clinton argumentan que hay que olvidar los conflictos políticos del siglo XX. Paradójicamente, es algo incoherente que se hable de Sanders o Corbyn como figuras del pasado. En realidad, son las doctrinas socioeconómicas de finales de siglo las que deberían haber quedado anticuadas cuando estalló la crisis en 2008. El socialismo británico o el norteamericano tratan de construir una visión del futuro en torno a ideas como el Nuevo Contrato Social Verde (Green New Deal).

Entre las particularidades británicas, encontramos dos factores fundamentales. En primer lugar, en el contexto anglosajón existe una intención directa de igualar la crítica al Estado de Israel con el antisemitismo. Declaraciones de Corbyn y sus aliados en el pasado, unidos a pequeños pero reales episodios de antisemitismo en el partido, han servido para generar una narrativa muy dañina para la formación. Sin ir más lejos, una de las diputadas que ha salido del partido, Luciana Berger, es de origen judío. Es imposible obviar, igualmente, que esta campaña de difamación ha sido impulsada por el mismo Estado de Israel: en 2017, el diplomático Shai Masot fue filmado conspirando para hacer caer a diputados laboristas.

El segundo factor que completa las particularidades de este “macronismo” es la actitud hacia la Unión Europea de ciertas capas sociales. Representadas por figuras tan diversas como el músico Bob Geldof o la escritora JK Rowling, hay un sector progresista que demanda desde 2016 un segundo referéndum. Este grupo sospecha de Corbyn y su segundo McDonnell, dado que pertenecen a la izquierda euroescéptica. En su opinión, el Partido Laborista debería haber apoyado otra votación desde el principio. No importa que no exista una mayoría efectiva para llevarlo a cabo. Además, hay muchas razones por las que esto habría supuesto un suicidio electoral para el laborismo; en cualquier caso, el Independent Group surge también para satisfacer a este sector.

El resultado final es que este nuevo partido de centro ha llegado para quedarse. Aunque defienden que debe votarse el Brexit de nuevo, es llamativo que los tránsfugas no consideren necesario volver a presentarse para renovar su mandato electoral. A fin de cuentas, ya no pertenecen al “antisemita y euroescéptico Partido Laborista”. ¿No deberían tenerlo muy fácil para revalidar sus cargos?

Nada que perder, todo por ganar

Al otro lado de las bancadas de la Cámara de los Comunes, el gobierno May sigue acumulando récords que nadie querría tener. A principio de año, se convirtió en el gobierno que había perdido una votación por más votos cuando se presentó por primera vez el preacuerdo del Brexit. Corbyn convocó una moción de censura tras el fracaso, que no prosperó pero dejó en evidencia a los “conservadores europeístas” que apoyaron a May (y ahora están en el Independent Group).

Sorprendentemente, la respuesta de May fue convocar a todos los partidos a mantener conversaciones en Downing Street. Esto sorprendió porque lo hacía… ¡a dos meses de la fecha de salida de la UE! Los laboristas, con razón, demandaron que la retirada de cualquier opción a un Brexit duro sería el requisito para iniciar conversaciones. May se negó y, como resultado, no cambió sustancialmente su posición. El resto de partidos que sí acudieron a verla, por su parte, dejaron claro que el gobierno sólo estaba dispuesto a “escuchar”, pero no a cambiar.

Tras otra gira por Europa, May ha vuelto con prácticamente el mismo texto. El problema mayúsculo de la frontera con Irlanda del Norte sigue sin tener una respuesta. Desafiando a sus superiores políticos, el más alto cargo del funcionariado de este territorio británico ha hablado abiertamente del riesgo de violencia en la frontera. Sin un acuerdo que garantice la continuidad de la libre circulación entre ambas irlandas, los grupos paramilitares opuestos a la separación podrían resurgir. Pero la derecha unionista irlandesa que apoya el gobierno May se niega a que la isla esté de facto unificada mientras Escocia, Gales e Inglaterra cierran sus fronteras al resto del continente.

A estas alturas, la única opción es alargar las negociaciones o abandonar la Unión de forma efectiva el 29 de marzo sin ningún acuerdo. Corbyn, con más flexibilidad que May, ha logrado reunirse con representantes europeos y un número considerable de diputados para llegar a una opción de consenso: la noruega. Efectivamente, supondría mantener el Mercado Único y la libre circulación, pero conservando criterios de veto sobre muchos aspectos de la UE. Esta solución sería el compromiso perfecto, si no fuese por la tenacidad de la clase dirigente postimperial británica.

Parlamentarios como Jacob Rees-Mogg eran una excentricidad hace apenas unos años. Su acento de clase alta, su riqueza y su inflado sentido de la importancia de Reino Unido en el mundo eran ridículos para gran parte de la población. Pero en el mundo de Trump su figura, junto a otros nostálgicos atlantistas como Boris Johnson, representa un nuevo proyecto de país ligado a los intereses económicos de los Estados Unidos. El objetivo: completar el proyecto de Thatcher.

La manera más sencilla de lograrlo es arrastrar al país al Brexit duro, sin acuerdos, por mera inacción. Aunque May lleva dos años intentando ganar su apoyo para diversos formatos de su acuerdo, lo que no ha logrado comprender es que ellos no desean ningún arreglo. El caos económico surgido de una salida sin frenos sería la situación perfecta para acabar con los últimos resquicios del Estado del Bienestar británico. Y hacer mucho dinero con ello, por supuesto. Estos viejos herederos de la Pax Britannica tienen, por tanto, poco que perder y mucho que ganar. Nada les importa que ni los suministros de medicinas estén asegurados el día uno después del Brexit.

La incapacidad de Europa para evitar el desastre

Volviendo al marco global, es evidente que el Brexit no es una crisis localizada. El sistema de gobernanza global establecido tras la Guerra Fría ha quebrado. Los EE UU y China se enfrentan en una guerra que no es estrictamente comercial, sino que busca el control sobre las tecnologías del futuro. Europa, subordinada a sus colegas americanos (como se ha visto en el caso venezolano), está dividida en sus propias esferas de influencia.

Alemania y sus aliados lograron controlar el gobierno de la crisis económica con su receta: devaluaciones internas y devolución íntegra de las deudas. Pero, en el camino, ha perdido sus principales mercados de exportación. Su creciente dependencia exterior, en plena guerra comercial de grandes potencias, es ahora un lastre. Igualmente, tanto Italia como Francia han sido incapaces de ofrecer una alternativa que desbloquease la inversión en el Sur y el Este de Europa. La opción italiana, más radical contra los inmigrantes y la izquierda que contra Frankfurt y Bruselas, es una coalición inestable con futuro incierto.

Pero si hay una visión de la construcción europea particularmente dañina para el Brexit y el futuro de la Unión, esa es el macronismo francés. Esta semana, el presidente galo ha esbozado una propuesta de “más Europa” que realmente no ayuda a seducir ni a los británicos ni a otros euroescépticos. En especial, su “agencia europea para la protección de la democracia” (para combatir las noticias falsas y el populismo) suena como un recrudecimiento de la supervisión europea; esta vez, en el plano político. Algo imposible de generar consensos en una época marcada por movimientos que exigen más soberanía; no menos.

Ni Reino Unido podría salir indemne de un Brexit duro ni la Unión Europea actual es la respuesta para los millones que, en las Islas Británicas y en el continente, se sienten excluidos por el sistema político y económico. Se llegue a la solución que se llegue antes del 29 de marzo, la crisis de legitimidad y las posibles reverberaciones de una inminente crisis económica seguirán marcando el ritmo en las viejas democracias occidentales.

Relacionadas

Carta desde Europa
¿Posbrexit, poslaborismo?

Las elecciones del 12 de diciembre de 2019 tal vez han sellado el divorcio de la clase obrera británica y su partido tradicional.

Música
El sonido de las bombas en el Ulster

Nueva York tenía los grupos, Londres la ropa, pero Belfast tenía el motivo. El punk surgió de lo imposible en Irlanda del Norte en los años más crudos del conflicto armado, que la amenaza del Brexit ha hecho reavivar. Pero no solo el punk se inspiró en los años más sangrientos en Irlanda: desde Boney M a Orbital también abordaron el conflicto.

Reino Unido
Jeremy Corbyn y la izquierda que quiso dejar de ser conciencia

Para muchos, el resultado de las elecciones en Reino Unido estaba anunciado, pero la historia paralela de esta campaña ha sido la ilusionante campaña corbynista. Ilusionante, cierto, y también perdedora.

1 Comentario
#31470 15:17 10/3/2019

Una cantinela muy parecida al periodo prebelico al que nos empuja la industria que ganó las 2 guerras mundiales, la militar/farmacéutica/agrexpoliadora

Responder
0
0

Destacadas

Coronavirus
Sanidad reduce en casi 2.000 personas el número de muertes por la pandemia

El Ministerio revisa a la baja el número de fallecidos a causa del covid-19. Catalunya y Madrid son las comunidades donde la cifra se rebaja más, con 1.126 y 291 menos, respectivamente.

Sanidad
Historias de enfermeras que emigraron para trabajar

Entre el 2010 y el 2016 España perdía miles de profesionales de enfermería, en su mayoría mujeres, que ante la falta de empleo, se marchaban a trabajar fuera. Para algunas es difícil volver, otras no se lo piensan. La mayoría coincide en las deficiencias de las condiciones laborales y la falta de horizonte.

Multinacionales
Grandes empresas estudian cómo hacer millones gracias a las medidas contra la pandemia
Varios estados, entre ellos el español, podrían recibir reclamaciones por daños y perjuicios de inversores extranjeros debido a las leyes de emergencia por covid-19.
Siria
Hasaka, una muerte anunciada para los yihadistas

No hace mucho tiempo los combatientes de Daesh se sentían invencibles. Ningún otro grupo insurgente en la historia contemporánea ha estado tan cerca de controlar tanto territorio y a tanta gente. Ahora, sus cuerpos raquíticos cuentan una historia muy distinta; son hombres despiadados que piden misericordia.


Coronavirus
Sanitarios organizan la primera protesta de la desescalada en Madrid
El lunes 25 de mayo a las 20 horas trabajadoras y trabajadores llaman a secundar una protesta en las puertas de todos los centros de Madrid
Migración
Las administraciones dejan en desamparo a un grupo de migrantes argelinos

Las 16 personas argelinas que tras llegar a la costa de Motril, y pasar por el Centro de atención temporal de extranjeros, fueron abandonados ante la subdelegación del gobierno y después retenidas en instalaciones no aptas están siendo ya derivadas con el apoyo de APDHA.

Laboral
Telefónica o cuando trabajar es una heroicidad

El pasado 7 de mayo, una de las principales empresas de telecomunicaciones del mundo anunció que premiaría con 650 euros a una parte de la plantilla por haber estado expuesta al covid-19. Una de las trabajadoras explica por qué considera que se trata de una “muestra más de la hipocresía de la empresa”.

Desigualdad
Las radicales tenemos que ser nosotras

En esta crisis la radicalidad es un activo. Eso lo ha entendido la derecha perfectamente, pero es un activo que utilizan para aceitar la inmovilidad y evitar el cambio. Por eso las radicales tenemos que ser nosotras, porque son radicales las políticas necesarias para conquistar derechos.

Venezuela
El desprestigio de Guaidó da un balón de oxígeno a Maduro

En esta tercera y última parte de la investigación sobre el contrato firmado por Juan Guaidó con los mercenarios estadounidenses, el autor analiza las consecuencias políticas de esta revelación y las nuevas amenazas de EE UU.

Últimas

Laboral
El sindicato gallego CUT se querella contra Marlaska por la prohibición de la manifestación del primero de mayo

Considera que existe una discriminación ideológica, ya que las manifestaciones de la ultraderecha han podido llevarse a cabo durante el estado de alarma, mientras su propuesta fue prohibida.

Huelga
CNT denuncia el despido de más de treinta huelguistas de Productos Florida

El sindicato ha comunicado que la empresa ha despedido a más de treinta personas empleadas que secundaban la huelga desde finales de febrero, por la que exigían acabar con la práctica de falsos autónomos y habilitar contratos dignos en la planta cárnica.

Coronavirus
Cuéntame un cuento para acompañarme en el confinamiento
30 narradoras y narradores orales escenifican relatos de manera virtual para más de 80 personas en situación vulnerable.
Alcorcón
Alcorcón defiende la sanidad pública y acalla las cacerolas

Después de una semana de tensiones en el municipio madrileño, el pasado sábado 23, vecinas y vecinos salieron a reivindicar la sanidad pública eclipsando las protestas contra el gobierno.