Brasil
Glenn Greenwald, el periodista que se enfrenta al bolsonarismo en Brasil

Es el periodista que ha sacado a la luz las conversaciones entre juez y fiscales que demuestran las irregularidades cometidas en el proceso judicial contra Lula. Greenwald, casado con un diputado de la izquierda brasileña, se ha convertido en protagonista del Brasil de hoy.

Glenn Greenwald
El periodista Glenn Greenwald (derecha) y su marido, el diputado David Miranda (izquierda), junto a sus dos hijos.

publicado
2019-06-28 14:07

Todos los ojos siguieron al invitado de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de los Diputados de Brasil. Entró a la sala de audiencias públicas vestido con un impecable traje negro. La ceja fruncida le daba un aire aún más serio, aunque, contradictoriamente, su apariencia permanecía tranquila y confiada, casi desafiadora. Se sentó en el principal lugar de la sala, una silla en la mesa de la presidencia de la sesión, frente a los diputados. Sus colegas de profesión se acomodaron al fondo, en los rincones, empezando sus apuntes o apuntándole con las lentes de sus cámaras.

Glenn Greenwald es, hoy, mucho más que un periodista: está en el centro del juego político de la octava economía del mundo y tiene una mano de cartas poderosa. La trama involucra el cargo del actual ministro de Justicia y la libertad del presidente más popular de la historia de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva. Más que esto, la trama parece presentarse como un desafío y una prueba a la frágil democracia del país.

Greenwald es extranjero y homosexual, casado con David Miranda, un brasileño que es diputado de izquierdas, con quien tiene dos hijos adoptivos, también brasileños. La posición que asumió en las últimas semanas desnudó aún más la grieta de un Brasil polarizado entre la defensa de los derechos humanos, muy bien fijada en la Constitución del país, y una herencia de odio, racismo, xenofobia y homofobia que insiste en manifestarse. Una grieta que separa el país que elige democráticamente al sociólogo Fernando Henrique Cardoso, al operario Lula y a la exguerrillera antidictadura Dilma Rousseff, pero que, poco después, elige, por la misma vía democrática, al ultraderechista Jair Bolsonaro, actual presidente y defensor de la tortura, de la dictadura militar, de la pena de muerte y del armamento de la población.

LAS FILTRACIONES

Hace apenas seis años, Glenn Greenwald se volvió una personalidad mundialmente conocida al ser responsable de la difusión de las revelaciones de Edward Snowden, exadministrador de sistemas de la CIA y de la Agencia Nacional de Seguridad de EE UU. El caso expuso al mundo el robo en masa de datos personales de millones de personas por el Gobierno estadounidense. Por este trabajo, Greenwald recibió varios premios de periodismo, entre ellos el principal en el mundo, el Pulitzer.

Lo que ahora tiene Greenwald es un amplio material derivado de filtraciones. Esta vez, son las conversaciones entre el exjuez y actual ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, y los fiscales responsables de la acusación de Lula, que demuestran que el expresidente fue preso en un proceso que tenía de todo menos exención e imparcialidad. Moro, juez en el caso, actuó como asistente de la acusación, dando consejos a la Fiscalía, indicando testigos, influyendo en la actuación en audiencias y hasta sugiriendo que no se investigara al también expresidente Fernando Henrique, opositor de Lula, para no ofender “alguien cuyo apoyo es importante”.

La “Vazajato” —que es cómo el escándalo de las conversaciones filtradas fue nombrado— cayó, claro, como una bomba en Brasil. Lula fue preso en tiempo récord, en un proceso que ya tenía muchos indicios de irregularidades y que le sacó, justo a tiempo, de la carrera por la presidencia, en la cual aparecía como favorito en todas las encuestas. Moro fue quien dio el golpe en la mesa, con un movimiento decisivo para las elecciones. Aún así no tuvo dudas ni aparentemente vio problemas en aceptar, en el momento que terminó la cuenta de votos, el Ministerio de Justicia ofrecido por el nuevo presidente Bolsonaro. Ahora, Sergio Moro se niega, con el apoyo de su jefe y de los parlamentarios aliados, a renunciar a su cargo.

¿PERIODISTA O POLÍTICO?

Greenwald empezó hace veinte días a publicar los contenidos de las conversaciones a cuentagotas en el medio del que es editor, The Intercept Brasil. Inmediatamente quedó claro: el periodista controlaba el tablero y, desde entonces, viene anunciando: “Estamos apenas empezando, hay mucho más por revelar”.

Pasó a ser cuestionado por sus colegas: ¿estaría Greenwald haciendo periodismo o política? El estadounidense llegó a intercambiar acusaciones con el Grupo Globo, gigante de las comunicaciones, pero supo defenderse y argumentar las razones para no liberar todo el material de una vez. Fue acusado por algunos de trabajar para una agenda política de izquierdas que tenía la intención de desestabilizar el gobierno y liberar a cualquier coste a Lula de la prisión. En una jugada estratégica, Greenwald supo también abandonar la exclusividad del material que tiene en manos y buscar el apoyo de periodistas y medios de derecha y de centroderecha.

El periodista Reinaldo Azevedo, gurú de los liberales demócratas e icono antilulista durante los años de gobierno PT, fue el primero en publicar, en colaboración con el Intercept de Greenwald, una nueva tanda de mensajes entre Moro y los fiscales. Luego, el principal diario impreso del país, el centro derechista Folha de S. Paulo, también publicó mensajes inéditos, de nuevo en trabajo conjunto con Intercept. Ya se sabe la fecha y las páginas reservadas para las próximas revelaciones: saldrán este fin de semana en la revista Veja, símbolo máximo de la derecha antilulista. El semanario dedicará su portada a la nueva revelación de la “Vazajato”. El espacio que tanto exaltó a Moro como héroe nacional, ahora, por obra de la astucia de Greenwald, probablemente será decisivo para la deconstrucción de lo que sobró de su imagen.

“¡LÁRGATE DE MI PAÍS, MARICÓN!”

Mucho antes de estos nuevos movimientos en el tablero de Greenwald, el periodista ya se había vuelto el blanco de ataques y persecuciones de todo el campo bolsonarista. “En el caso Snowden, después de una semana todos conocían la fuente de las filtraciones, de manera que todo el odio era dirigido a él, yo era solamente el periodista. En este caso, la fuente se mantuvo anónima, de forma que todo lo que está siendo personalizado es dirigido hacia mí. Pero no pasa nada”, dijo, aparentando serenidad y valentía en la entrevista al canal independiente MyNews.

De hecho, los ataques hacia el estadounidense son bastante duros. Inmediatamente después de las primeras publicaciones en The Intercept, el hashtag #DeportaGreenwald subió a los más comentados de las redes sociales. Entre perfiles reales y millares de perfiles falsos comandados por sistemas de reproducción de fake news, la red de militancia bolsonarista empezó a ametrallar el periodista con altos tonos de odio.

“¡Lárgate de mi país, maricón!”, escribió un perfil falso de nombre Odio A Petistas, en referencia al PT, el Partido de Los Trabajadores, de Lula. “Si alguien encuentra a este tipo, por favor dale una paliza. Él no es brasileño y está causando desorden en nuestro país. Cuando lo deporten, déjenlo con la cara rota a golpes”, publicó otro perfil que se define como “brasileño patriota, indignado con los excesos en el escenario nacional, luchando por un país donde mis hijos y nietos tengan orgullo de vivir”. Un tercero escribió: “Este mierda además de maricón es traidor de su mismo país y además viene a causar confusión acá. ¡Envíen esta caca a Venezuela de una vez!”. La tapa de la cloaca de la extrema derecha brasuca fue abierta.

AMENAZAS Y FAKE NEWS

Pero los ataques a Greenwald no salieron solamente del anonimato de las redes sociales. Parlamentarios de la base del gobierno también atacaron de manera sucia. Uno de ellos lanzó una amenaza y una acusación sin ningún fundamento: “Respeta el país que te recibió, no puedes afrontar nuestras instituciones y autoridades, cometiendo crímenes contra la seguridad nacional y no imaginar que puedas ser castigado criminalmente y DEPORTADO”, escribió en Twitter el diputado Carlos Jordy, del partido de Bolsonaro.

Peor hizo el senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente. Flavio ha sido acusado de emplear en su gabinete a funcionarios fantasmas —que supuestamente reciben altos sueldos sin trabajar—, además de a personas comprobadamente vinculadas a las milicias acusadas de cometer el asesinato de la concejal de izquierdas Marielle Franco, en marzo de 2018. En audiencia pública con el ministro Moro, convocado para dar aclaraciones sobre el contenido de los mensajes filtrados, el senador  reprodujo una patética y fantasiosa fake new que, sin ningún indicio, acusa a Greenwald de haber contratado a un hacker ruso para robar los mensajes de los celulares. También le acusa de haber comprado el mandato parlamentario de su marido David Miranda a Jean Wyllys, el primer diputado gay declarado de la historia del Parlamento brasileño.

Jean Wyllys sufrió innumerables amenazas de muerte y hoy se encuentra en exiliado en Alemania, después de haber desistido de un nuevo mandato parlamentario para el cual había sido elegido. Con la victoria de Bolsonaro, Wyllys dijo que no podía sentirse seguro, y así se abrió el espacio para que David Miranda tomara el mandato como diputado, en lugar de su colega de partido. Ahora, a razón de las denuncias de Greenwald, es David el que recibe amenazas de muerte, las cuales denunció formalmente a la Policía Federal el pasado 17 de junio.

“ME ENAMORÉ DE MI MARIDO”

Una semana después de la denuncia, este martes 25 de junio, Greenwald entró en la sala de audiencias de la Comisión de Derechos Humanos. Convocado por diputados de centro izquierda para aclarar dudas sobre la Vazajato, Greenwald tuvo que empezar su discurso con algo que no debería estar en debate. “Antes que nada, quiero discutir mi vida aquí en Brasil, porque hay muchas personas intentando crear esta percepción de que llegué hace dos días para interferir como extranjero en este país. En realidad, es lo opuesto. Brasil es mi hogar, mi único hogar. Vivo aquí desde hace casi 15 años. Y la razón por la que vivo aquí, más allá de que me enamoré de Brasil, de su cultura, de su historia y de su espíritu nacional —lo que es verdad—, es el hecho de que me enamoré de mi marido. Él es colega de ustedes en esta Cámara, el diputado David Miranda, con quien me casé en 2005”, dijo Glenn. “Es decir, no solo vivo desde hace casi 15 años en Brasil, sino que también estoy casado con un brasileño durante este periodo. Y en 2017, David y yo adoptamos dos niños que se encontraban en un refugio para huérfanos en Maceió, ciudad del nordeste del país, así que ahora también tengo dos hijos brasileros”.

El paso de Glenn Greenwald por el Congreso Nacional fue un huracán. Después de la conmovedora declaración inicial, el periodista confrontó, uno tras otro, a los diputados oficialistas y toda su brutalidad. Rápidamente viralizaron vídeos en los que Greenwald distribuye, con la fuerza de las palabras, las “palizas” que pedían los bolsonaristas en las redes. “En Estados Unidos estarías preso si hicieras lo que estás haciendo”, dijo uno en determinado momento. “Ya lo hice, en 2013 y 2014, y no fui preso. Al contrario, por esto recibí premios”, contestó Greenwald. Terminada la sesión, David Miranda fue hacia su marido y le dio un beso. Y lo publicó en las redes sociales, para que más gente lo viera: “¡Estoy orgulloso del amor de tu vida!”, escribió el diputado.

Glenn Greenwald es hoy un personaje que refleja una parte de la historia de Brasil. Con mucha intriga, secretos y villanos, pero también con mucho orgullo y amor, la narrativa toda se está desarrollando alrededor de él, casi en forma de novela, o serie de televisión. Y los próximos capítulos prometen ser imprescindibles.

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3 Comentarios
LeilaAnónima 2:34 1/7/2019

A cada dia difunden mierda y mas mierda deberían olvidar Brasil y importarse mas con España ,se nota claramente el empeño de izquierda en manipular gente.

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#36467 10:40 30/6/2019

Pero cuanta tontería dicen! Uff

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0
7
#36471 13:34 30/6/2019

Uff, uff, cerebro español...

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