Brasil
La estrella de Bolsonaro entra en crisis tras la detención de los asesinos de Marielle Franco

Los vínculos de la familia Bolsonaro con la red que ordenó y ejecutó el asesinato de la diputada de Río de Janeiro Marielle Franco, se suman a los distintos frentes de contestación contra el presidente brasileño, en su peor momento desde que llegó al Ejecutivo.

Foto de Élcio Vieira de Queiroz y Jair Bolsonaro
Foto de Élcio Vieira de Queiroz —responsable del asesinato de Marielle Franco— y Jair Bolsonaro. El post fue borrado de las redes sociales después de la detención de Vieira de Queiroz.

publicado
2019-03-13 10:39

Las relaciones del núcleo familiar Bolsonaro —presidente e hijos— con las temidas milicias y la llamada “Oficina del Crimen” (sicarios por encargo) emergen cada vez con mayor evidencia. Ayer, 12 de marzo, poco después de las 4 de la madrugada fueron detenidos dos ex miembros de la Policía Militar (PM) de Río de Janeiro, Ronnie Lessa, de 48 años y Élcio Vieira de Queiroz, de 46. La fiscalía de Río de Janeiro los investiga por el asesinato de Marielle Franco, diputada del PSOL, crimen del que en pocos días se cumplirá un año. El primero habría sido el autor de los 13 disparos que acabaron con la vida de Marielle y de Anderson Gomes, su chófer, en tanto que Vieira de Queiroz estaría al volante del coche utilizado en el operativo. El vehículo y el arma asesina jamás fueron hallados.

Pero lo que sí han sido encontradas en las últimas horas son pruebas de relación próxima de Bolsonaro y sus hijos con los criminales, circunstancia que deja al núcleo familiar en posición bastante incómoda. A las 13 horas de ayer, en plena investigación pericial, uno de los comisarios responsables por el proceso informó que la hija de Ronnie Lessa —acusado de ser el asesino de Marielle— hasta poco tiempo atrás fue novia del hijo más joven del presidente.

El impacto generado por la noticia aún es incierto; podría ser mitigado —o, por el contrario, amplificado— por el hecho de que Bolsonaro y Lessa viven en el mismo edificio de la Barra de Tijuca, zona sur de Río de Janeiro. En cualquier caso y sin dejar lugar a cualquier duda, una fotografía en el perfil de Facebook de Élcio Vieira de Queiroz —acusado de conducir el auto desde donde se disparó a la diputada del PSOL— revela su indisimulable relación de proximidad con Bolsonaro. En la imagen se ve al presidente sonriendo mientras toma al inculpado por el hombro, en explícita muestra de intimidad.

A lo largo de la tarde de ayer, se hacía público que, en base a las pruebas inculpatorias encontradas en los domicilios de los sospechosos, la Fiscalía de Río de Janeiro presentaba acusación formal contra Lessa y Queiroz por el asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes. El cargo es de homicidio doloso, doblemente calificado, “estamos presentando una denuncia, no una inculpación política o ideológica, es una pieza técnica con base en autos e investigaciones”, explicó la fiscal Simone Sibílio. Pocas horas después de esta manifestación aún se supo que, en la casa de un amigo de Ronnie Lessa, la Policía Civil halló 117 fusiles de guerra M-16, nuevos, desarmados y en perfecto estado.

Empieza a cerrarse el cerco en torno a los indicios de estrechas vinculaciones del clan Bolsonaro con las temibles milicias que operan en Río de Janeiro, como un Estado dentro del Estado

Para tener una idea más cabal de la situación del presidente y su núcleo familiar en el caso Marielle-Anderson, así como con relación a la “Oficina del Crimen”, la base operativa que —según los investigadores policiales— sería la responsable del asesinato, cabría agregar un par de datos significativos. El primero es que la madre y la esposa del principal sospechoso de ser el jefe de dicha estructura trabajaron en el gabinete del concejal Flávio Bolsonaro, hijo del presidente. Se trata de Adriano Magalhães da Nóbrega, ex capitán del BOPE (Batallón de Operaciones Especiales), actualmente prófugo de la justicia. El segundo dato, asociado al anterior, es que el propio Magalhães da Nóbrega y el mayor PM Ronald Paulo Alves Pereira, ambos en la mira de la investigación policial “Operación Intocables”, fueron homenajeados en 2003 y 2004 por el mismo Flávio Bolsonaro, entonces diputado estatal. Para completar el perfil de este hijo del presidente, sólo agregar que fue el único político que votó en contra de la propuesta de conceder a Marielle Franco la medalla Tiradentes, a modo de homenaje post-mortem.

Ayer mismo, interpelado por los periodistas al salir de una reunión con el presidente del Paraguay, Jair Bolsonaro declaró: “Espero que la investigación haya llegado hasta los ejecutores del crimen, si es que fueron estos y hasta quien la mandó matar”. Fiel a su estilo, inmediatamente trajo a colación que él también fue víctima de un atentado el año pasado, reclamando “Y también estoy interesado en saber quién ordenó matarme a mí”.

Hasta el momento no hay cargos explícitos sobre los Bolsonaro, pero tanta proximidad y relaciones cruzadas con los —ahora oficialmente— acusados del crimen no auguran un futuro confortable para el presidente y sus hijos. Y empieza a cerrarse el cerco en torno a los indicios de estrechas vinculaciones del clan Bolsonaro con las temibles milicias que operan en Río de Janeiro, como un Estado dentro del Estado.

UN CARNAVAL CONTRA UN PRESIDENTE

Las investigaciones sobre las milicias y sus crímenes son quizá el frente más expuesto y acuciante que afecta a Bolsonaro y su entorno familiar, pero no el único. Una formidable y masiva ofensiva cultural ha arrasado con el mandatario y contestado sus convicciones político-ideológicas.

Parodiando al hit argentino de tono fuertemente insultante hacia la madre del presidente Macri, durante el período pre-carnavalesco en que escolas y blocos se preparan para participar en el evento de mayor arraigo en la cultura del país, pudo escucharse un cántico dedicado al presidente de Brasil. Nítidamente y en ritmo de samba —en las principales ciudades del país— multitudes entonaron un estribillo claramente ofensivo hacia Bolsonaro. En su versión alternativa al relato oficial, el estribillo de la sustanciosa letra insiste: “Brasil, déjame contarte / la historia que la historia no cuenta / es el reverso del mismo lugar / y es en la lucha donde nos vamos a encontrar” (Escola de samba Mangueira). Y para rematar rindió homenaje explícito a la figura de Marielle Franco. Para más inri, Leandro Vieira, guionista y realizador de Mangueira, lo dejó claro: “sí, es un recado político para el presidente”.

Por su parte, la Escola de Samba Estação Primeira da Mangueira, que obtuvo el primer premio, en su samba-enredo desgranó incisiva reescritura de la historia del país, en la que Pedro Álvares Cabral, “el descubridor” de Brasil, el Duque de Caxias y otros héroes consagrados por la historia oficial, pasaron de ser próceres a simples invasores esclavistas e inescrupulosos criminales. Por contrapartida, Mangueira reivindicó las diferentes tribus preexistentes en el territorio brasileño, masacradas y sometidas por el dominio colonial. En obligada coherencia, condenó también a la dictadura militar que asoló al país en la década de los 70, gesta públicamente reivindicada por Bolsonaro.

En la batalla cultural abierta, el mandatario intentó contraatacar con un twit en el que incrustó un vídeo porno con una escena explícita de goldenshower (lluvia dorada), en el que un hombre orina en la cabeza de otro. Bolsonaro apuntó: “No me siento cómodo mostrando esto, pero debemos exhibir la verdad para que la población tenga conocimiento y establezca sus prioridades. En esto se han convertido muchos blocos del carnaval brasileño. Comenten y saquen conclusiones” (sic). Como era de esperar, la patética respuesta generó repulsa y, sobre todo, burlas. Incluso, reticencias entre los suyos, respecto a la pertinencia y oportunidad del mensaje.

GRIETAS EN EL FRENTE INTERNO

Bolsonaro, apenas se ha repuesto del papelón que hizo en su debut internacional como estadista invitado a la reciente cumbre de Davos, que le costó no pocas críticas —y sobre todo chanzas— por parte de la oposición y la intelectualidad. Exhibió un discurso centrado en prédica ideológica de tono moralista y mesiánico, más propia de los años 50, que de la impronta trumpista de la que pretende ser el vocero en Latinoamérica. Prometió combatir por igual a la izquierda y a la corrupción.

Y cuando le tocó hablar de economía —se supone el centro de interés del encuentro— lo hizo en términos tan primarios, que quedó en evidencia su asumida ignorancia en la materia. Básicamente se limitó a generalidades como “ofrecer un país abierto a las inversiones extranjeras”, anunciando que bajo su mandato encarará “las reformas liberales que el mundo está esperando”. En sus palabras no faltaron fragmentos-pastiche de dudosa inteligibilidad: “Buscaremos la integración de Brasil en el mundo mediante la réplica de prácticas internacionales: eliminar el comercio injusto, restaurar nuestros valores para abrir nuestra economía, defender los principios de la familia y los derechos humanos”.

A pesar de las fuertes presiones recibidas desde los EEUU, también ha sido recortada la predisposición de Bolsonaro a que aquel país pueda utilizar el territorio nacional como base de operativa militar

Pero hay un ámbito que, por su historia y características personales es especialmente sensible para el presidente brasileño: el frente militar. Allí tampoco le va demasiado bien. Después de no haber dejado dudas sobre su disposición a integrar un frente con Colombia para atacar a Venezuela y de estrechar las relaciones militares con EE UU al punto de valorar la instalación de una base en territorio nacional, con el disimulo que las formas aconsejan, tuvo que dar un paso al costado y dejar que sea su vicepresidente, general Hamilton Mourão quien oficie de portavoz de los puntos de vista hegemónicos en las altas esferas militares. Los analistas conocedores de las internas y mentalidad castrense valoran, no sin sorna, el agravio para el ex capitán —hoy presidente— de tener que aceptar que “donde manda general, no manda capitán”.

El general Mourão, ideológicamente tan retrógrado y conservador como Bolsonaro, se muestra mucho más prudente y moderado en sus opiniones geoestratégicas y sobre la crisis venezolana. En una entrevista a la BBC Brasil, descartó taxativamente que la situación militar pueda escalar hasta transformarse en un conflicto regional: “Nosotros jamás entraremos en una confrontación bélica con Venezuela, a menos que nos ataquen. Eso sería diferente. Pero no creo que Maduro esté lo suficientemente loco como para hacer eso”, sentenció.

En parecida línea, el analista Raúl Zibechi afirma: “El gran temor de los militares brasileños es que una intervención militar en Venezuela pueda generar problemas con otros países de la región, que Brasil no tiene ningún interés en tener, o desestabilizaciones internas, incluso en el seno de las Fuerzas Armadas”.

A pesar de las fuertes presiones recibidas desde los EEUU, también ha sido recortada la predisposición de Bolsonaro a que aquel país pueda utilizar el territorio nacional como base de operativa militar. Los altos mandos brasileños han vetado esa idea y la posibilidad de establecer una relación militar análoga a la que los EEUU mantienen con Colombia.

Finalmente, la prensa del establishment tan denostada por Bolsonaro y sus seguidores se muestra diligente en echar luz sobre los asesinatos de Marielle Franco y de Anderson Gomes, así como en mostrar las heridas internas del gobierno del ex capitán. Sobre el crimen, el jornal O Globo ha hecho una exhaustiva investigación, que incluye datos periciales facilitados por grandes conglomerados del mundo virtual, Google y Movistar entre otros. Resulta curioso que el universo digital que posibilitó el triunfo del líder ultraderechista a través de las fake news y la estrategia de manipulación de las compañías digitales ligadas a Steve Bannon, hoy colabore con las investigaciones policiales que se ciernen sobre el círculo familiar del mandatario brasileño.

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6 Comentarios
#31802 20:51 17/3/2019

No os dejéis este vídeo que da elementos muy contundentes sobre la relación de los Bolsonaron no sólo con las milicias, la Oficina del Crimen y el asesinato de Marielle Franco, sino con la corrupción política ("devolución de parte del salario de los contratados"), y con el lavado de dinero. Imperdible: https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=wcgiVlyavXI

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#31659 25:40 14/3/2019

El Salto puedes traer las pluebas contra el presidente o solo está haciendo como toda la midia enviesada? El presidente sufrio un atentado y casi murio. El atacante era un ex PSOLista. E presidente está intentando gobernar bajo ataques mentirosos de la midia desde el primer día de su gobierno.. Y Maduro que mata la gente de hambre? Y el comunismo que desde Stalin y ahora Maduro ya ha matado mas de cien millones de personas? Porque no habran de eso. En Brasil solo 3,7 por cien de las personas creen en la midia. Un abrazo

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#31651 21:53 14/3/2019

Gracias a El Salto por informar de América, de Brasil, de Venezuela,.. . Ojalá la sangre de Marielle Franco haga caer a Bolsonaro, el homínido fascista y muy probable instigador y urdidor, con su blanquita familia, del asesinato.

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David Grossi 20:55 13/3/2019

Una corrección: Marielle era concejala, no diputada! Muy interesante el texto y me alegro que estés interesados en hablar de nuestra situación tan incómoda

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#31568 13:54 13/3/2019

Por desgracia, no creo que a las personas, es un decir, que le votaron les pueda importar éste asunto....

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#31610 14:16 14/3/2019

Igual hasta podría acarrear le más votos. El odio no va a veterinaria nunca la violencia perpetrada contra los objetivos que ellos odian.

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