Argelia
Argelia se levanta contra la reelección de Bouteflika

La población argelina lleva semanas movilizada tras el anuncio de Bouteflika de que se presentaría para un quinto mandato. El poder reacciona planteando la celebración de elecciones anticipadas una vez el presidente revalide su puesto en unos comicios sin participación de la oposición.

Bouteflika Moncloa
El presidente argelino Abdelaziz Bouteflika en una reunión con el expresidente Rajoy en 2013. La Moncloa
Túnez

publicado
2019-03-04 10:10

Con ocho años de separación marcados por la guerra y la restauración autoritaria, el pueblo argelino ha cogido el relevo de la lucha por la libertad en el mundo árabe. Desde hace un par de semanas, las protestas antigubernamentales convocadas en las redes sociales se han ido extendiendo y creciendo, imparables, por toda la geografía argelina. El pasado viernes, decenas de miles de personas, muchas de ellas jóvenes, desfilaron por el centro de la capital. Los agentes de policía intentaron dispersar la manifestación con gases lacrimógenos, como hicieron la semana pasada, pero la multitud esta vez los desbordó. La chispa que ha encendido el fervor revolucionario es la candidatura a la reelección del catatónico presidente Abdelaziz Bouteflika, vivida como una humillación insoportable por amplias capas de la sociedad argelina.

Desoyendo el clamor popular, Abdelgani Zaalane, jefe de campaña del raïs argelino, formalizó el domingo su candidatura ante la Consejo Constitucional. Bouteflika, de visita a Suiza por razones médicas, no se apareció.  Ya en 2014, un hierático Bouteflika apenas pudo hacer el juramento de su cargo con un hilo de voz después de haber sido reelegido para un cuarto mandato. En la campaña de aquellos comicios, no apareció ni tan siquiera en un solo mitin. De hecho, la última vez que Bouteflika habló en público fue hace siete años, justo antes de sufrir un infarto cerebral que le dejó postrado en una silla de ruedas. Desde entonces, su medio favorito para comunicarse con la ciudadanía son las cartas, que leen en los medios sus colaboradores.

Si bien las manifestaciones sectoriales no son extrañas en el país magrebí, hacía décadas que no situaban en su punto de mira a la más alta autoridad del Gobierno

En las recientes movilizaciones, los eslóganes más oídos han sido “No al quinto mandato!” y “El pueblo quiere la caída del régimen!”, este último es el lema común que hermanó las revueltas Árabes en 2011. Junto a estos, los manifestantes gritaban también Silmiya! Silmiya (“pacífico”, en árabe) conscientes de la importancia de evitar escenas de violencia. Si bien las manifestaciones sectoriales no son extrañas en el país magrebí, hacía décadas que no situaban en su punto de mira a la más alta autoridad del Gobierno. Y es que con el recuerdo aún vivo de la cruenta guerra civil de los años noventa, que puso fin a la transición democrática y se saldó con la muerte de más de 200.000 personas, en Argelia la Primavera Árabe pasó de largo. Ocho años después, la revuelta sí está madura.

Las protestas parecen haber cogido completamente por sorpresa al régimen, que ha reaccionado tarde sin otro argumento que la necesidad de mantener la estabilidad del país, agitando el miedo. Es decir, el mismo manual de los últimos 20 años. "Los ciudadanos ofrecieron rosas a los policías, y es bonito, pero recuerdo que en Siria también comenzó así", deslizó amenazador el primer ministro, Ahmed Ouyahia. En la misma línea, Amara Benyounes, ex ministro y responsable de comunicación de la campaña recurrió al fantasma de la guerra civil: “Si continuamos dudando, destruiremos las instituciones. Vosotros sabéis lo que hemos vivido en los años noventa. ¿Quién quiere volver a aquel periodo?”

Sin embargo, la política del miedo ya no funciona en una sociedad en la que los menores de 30 años representan casi el 70% de la población y no están traumatizados por los estragos de la guerra civil. Un foso de varias décadas separa los jóvenes contestatarios de los gobernantes del país, la mayoría pertenecientes a la generación que asumió el poder tras la independencia, en 1962.  Buteflika tiene 81 años, el premier Ouyahia ya suma 67 primaveras, y el jefe del Estado Mayor, Ahmed Gaidar Salah, 78. Una auténtica gerontocracia.

La política del miedo ya no funciona en una sociedad en la que los menores de 30 años representan el 70% de la población y no están traumatizados por la guerra civil

A pesar de la completa opacidad del régimen, los rumores apuntan que es Saïd, el hermano menor del presidente, quien mueve los hilos en el palacio presidencial. Por eso, mientras recorrían las calles del centro de Argel, algunos manifestantes cantaban “Ni Bouteflika ni Saïd!”. Ahora bien, también la opinión de los servicios secretos y sobre todo del Ejército serán decisivos en las próximas semanas. De hecho, fueron los generales quienes situaron a Bouteflika en la presidencia a finales de los noventa con la misión de pacificar el país después de una “década negra” de pólvora y plomo. Y lo consiguió gracias a su “política de reconciliación” basada en la amnistía.

Confuso ante una revuelta que no anticipó, el régimen no parece tener un plan B. Al menos, de momento. En su primera reacción oficial tras el inicio de las manifestaciones, Bouteflika dirigió el domingo una carta al pueblo argelino en la que anunciaba su intención de no agotar la legislatura y convocar elecciones anticipadas. La fecha será decidida en una conferencia nacional inclusiva que se celebrará después de los comicios.

“He escuchado el grito del corazón de los manifestantes y en particular de los miles de jóvenes sobre el futuro de nuestra patria”, reza el texto, que sitúa como objetivo de la citada conferencia “el debate, la elaboración y la adopción de reformas políticas, institucionales, económicas y sociales que deben constituir la base de un nuevo sistema”. Esta primera concesión tiene como objetivo aplacar a la ciudadanía y frenar la pulsión revolucionaria. Sin embargo, no está claro que los ciudadanos confíen en la promesa del régimen de abrir una verdadera transición política. De hecho, horas después de la publicación de la misiva tuvieron lugar protestas nocturnas en varios puntos del país.

“Si la presión se mantiene, el régimen podría optar por sacrificar su candidato en favor de una opción que suscite un consenso más amplio ... Hay que tener presente que el Ejército es el guardián que vela por la continuidad del sistema”, sostiene la analista argelina Dalia Ghanem, del think tank Carnegie Endowment. No obstante, la tarea no será fácil. Receloso ante un posible golpe de Estado, Bouteflika no cuenta con un vicepresidente ni dejó nunca que creciera ninguna potente figura a su sombra.

Receloso ante un posible golpe de Estado, Bouteflika no dejó nunca que creciera ninguna potente figura a su sombra

En 2015, defenestró al poderoso jefe de los servicios de inteligencia, el general Mohamed Mediene, alias “Toufik”, y en el último trimestre del año pasado ejecutó una amplia purga en la cúpula del Ejército y de los cuerpos de seguridad. “El hecho de que el régimen haya optado por un quinto mandato de Bouteflika es una muestra de la falta de consenso entre las diversas facciones a la hora de encontrar un delfín”, apunta el periodista político Othman Lehiani. Probablemente, ahora tocará hacerlo a contrarreloj. De hecho, algunos observadores consideran que la oferta de elecciones anticipadas tiene precisamente como objetivo ganar tiempo para la búsqueda de un sucesor de consenso entre las élites.

El único factor que juega a favor del Gobierno es que la oposición, dividida entre varios partidos de distintas ideologías, no parece capaz de coordinar sus posiciones y formar un frente común. “La oposición es demasiado débil para coordinarse, presentar una alternativa seria o simplemente capitalizar la energía de las calles para movilizar más gente. Durante estos años, no han mostrado la inclinación de promover un cambio político ”, añade Ghanem. Finalmente, bajo la presión popular, ninguna personalidad política participará en los comicios. Un día antes del cierre del plazo de inscripción, tanto el ex primer ministro Ali Benflis como Louise Hanoune, del Partido de los Trabajadores, declinaron presentar candidatura. El resto de los principales partidos ya había optado por boicotear las elecciones.

Aunque Argelia cuenta con un nivel de vida superior al de sus vecinos gracias a sus ingentes reservas de hidrocarburos, el crecimiento demográfico y la caída del precio del petróleo ponen en duda la sostenibilidad del modelo económico actual. “La nueva realidad financiera ya no permite mantener el mismo elevado nivel de gasto público de los últimos diez años, que ha vaciado las arcas del Estado”, advertía en un informe reciente el think tank ICG, que apuesta por una reforma profunda que diversifique la economía. De hecho, este año gobierno ya se ha visto forzado a aplicar una política de recortes. El paro entre los jóvenes supera el 30% y su falta de perspectivas ayuda a explicar el malestar expresado en las protestas.

La Unión Europea sigue la evolución de la crisis con suma preocupación, ya que Argelia es su tercer proveedor de gas natural. Para España, el gas argelino representa cerca del 50% de las importaciones de este combustible.

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