Amazonía
El pulmón puede tener cáncer

Hoy, la ultraderecha está en el poder en Brasil, país que tiene en sus fronteras la mayor parte de la Amazonía, el pulmón verde del planeta. Y este hecho puede ser el cáncer definitivo que mate esa cuenca de enorme biodiversidad.

La Amazonía
La Amazonía es el bosque tropical más grande del mundo. Álvaro Minguito

@Jgonzalezpazos
Miembro de Mugarik Gabe


publicado
2019-01-23 06:35

Hace más o menos cuarenta años que empezaron a sonar las alarmas por las consecuencias para la vida en este planeta del modelo de desarrollo que, sobre todo el mundo occidental, había implementado desde la revolución industrial. Un modelo que, entre otros graves problemas, generaba una destrucción más o menos sistemática de la naturaleza.

La contaminación de tierras y aguas, la desaparición de los bosques y el consiguiente aumento de la desertificación, el uso sin límite de los recursos no renovables que empezaba a provocar el vértigo ante el abismo al darse cuenta de que el planeta es finito, eran también resultado de estas actuaciones. Al igual que el empobrecimiento creciente de millones de personas, atrapadas en unos países esquilmados y explotados por la voracidad del desarrollo impuesto que, irónicamente, se les denominaba como “en vías de desarrollo”, mientras su futuro se les hipotecaba y clausuraba. En suma, se extendía la preocupación por el hecho de que podíamos estar acabando con las opciones de una vida digna para las generaciones presentes y futuras.

Desde esos años se multiplicaron los estudios, investigaciones y cumbres en las que los líderes del mundo no resolvían prácticamente nada a pesar del agravamiento continuado de la situación de riesgos diversos y cada día más evidentes. Y alcanzamos así los tiempos actuales en los que los peligros son más que puras alarmas. El cambio climático es incuestionable y todas y todos somos conscientes del mismo, por mucho que algunos pseudoliderazgos (Donald Trump) se afanen en negarlo y otros decidan mirar para otro lado para no incomodar en exceso al líder.

El calentamiento global ya no está en la puerta, sino que ha entrado en la casa y sus consecuencias todavía no alcanzamos a medirlas con exactitud, como todo futuro, pero si sabemos que serán graves para muchos territorios y para millones y millones de personas. Ahora sabemos que hay recursos y situaciones vitales para el sistema y para la vida que están llegando al límite y que se agotarán en breve, no habiéndose generado aún alternativas suficientes.

Pues bien, precisamente cuando empezaron esas preocupaciones hace cuatro décadas uno de esos recursos vitales, pero finitos, que se identificó con rapidez es la selva amazónica. De una parte, en ella viven varias decenas de pueblos con formas de vida diversas y que, como tales pueblos, tienen derecho a seguir disponiendo de ese territorio y de su futuro. De otra parte, a este espacio natural se le nombró rápidamente como el pulmón verde del planeta, por su generación de elementos imprescindibles para la vida. Múltiples estudios señalaban las graves consecuencias de su desaparición, generando cambios profundos en el mismo clima de todo el planeta y aumentando el calentamiento global, entre otros efectos. La Amazonía era uno de los territorios vitales para el mundo.

Pero ya en esos momentos el pulmón tenía, cuando menos, asma. Una enfermedad que limitaba su capacidad pulmonar y la de seguir generando, entre otros, el oxígeno necesario para el planeta. Se entendía ya entonces que día a día era atacado por los intereses mercantilistas, propios del sistema neoliberal, que destruían diariamente miles de hectáreas de selva, constriñendo su capacidad de respiro.

Deforestación continua, minería destructiva, agronegocios de monocultivos en una tierra altamente vulnerable, iban de la mano de las periódicas grandes declaraciones que la llamada comunidad internacional hacía para mantener a salvo la selva amazónica y los derechos humanos de los pueblos que la han conservado durante miles de años.

Y de esta forma, en este caminar esquizofrénico entre la preocupación por la conservación y la dominante de seguir aumentando los intereses económicos inmediatos se nos iba el tiempo. Hoy, la ultraderecha está en el poder en Brasil, país que tiene en sus fronteras la mayor parte de esta cuenca de enorme biodiversidad. Y este puede ser el cáncer definitivo que la mate; que el asma evolucione a úlceras cancerosas y la metástasis puede hacer el resto, mientras el mundo mira para otro lado y elude su responsabilidad en la salud del enfermo.

Lo que en los próximos pocos años puede ocurrir es que sea totalmente irreversible la destrucción de la Amazonía. Las características de la selva y de sus suelos no los hacen recuperables

Las primeras decisiones en firme del gobierno del neofascista Jair Bolsonaro, en consonancia con sus declaraciones en campaña electoral, son un ataque frontal a la Amazonía y a los pueblos que la habitan. Hasta ahora la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) ha sido el organismo del estado, dependiente del Ministerio de Justicia, que se encargaba de la salvaguarda, con mayor o peor fortuna, de los derechos de los pueblos amazónicos y, entre otros, de la delimitación de las áreas indígenas protegidas. Pues esas primeras decisiones pasan la demarcación de tierras indígenas al Ministerio de Agricultura, el cual hoy está en manos de Tereza Cristina Correa, quien ha sido desde hace años la líder del bloque de los hacendados rurales, que defienden a ultranza el agronegocio y, un ejemplo más, el uso irrestricto de agroquímicos.

El Servicio Forestal Brasileño también pasa del Ministerio de Medio Ambiente al de Agricultura. Por último, la FUNAI, totalmente vaciada de atribuciones y competencias ahora dependerá del nuevo Ministerio de Mujer, Familia y Derechos Humanos, el cual está bajo la autoridad de la pastora ultraevangélica Damares Alves. Esta ministra es una ferviente antiabortista que, entre otras declaraciones, dijo que ha llegado el momento de implantar el gobierno de las iglesias o que la escuela pública ya no es un lugar seguro y el único espacio con estas características son las iglesias evangélicas.

Con esta situación la previsión, o mejor dicho parece que la promesa, es que los avances de la deforestación y desaparición del pulmón del planeta se multipliquen exponencialmente. Nunca han sido frenados, pero lo que en los próximos pocos años puede ocurrir es que sea totalmente irreversible la destrucción de la Amazonía. Las características de la selva y de sus suelos no los hacen recuperables; además, estos espacios se agotan en muy poco tiempo, por lo que no son ni útiles para la agricultura. Es mucho más fácil que la Amazonía se convierte en breve en un erial o en inmensas áreas de pasto para el ganado de los hacendados que veamos volver a crecer los árboles.

El ascenso de la ultraderecha, no solo en Brasil sino también en EE.UU. y en la vieja Europa, así como los ataques de ésta contra la igualdad y el ejercicio de derechos de las mujeres, ha hecho recuperar una sentencia de la filósofa feminista Simone de Beauvoir. Señaló que no podemos olvidar nunca que “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados, (porque) esos derechos nunca se dan por adquiridos”.

Por ello, concluye la cita subrayando la importancia y necesidad de que las mujeres permanezcan vigilantes sobre dichos derechos durante toda la vida. Desgraciadamente la premonición de Simone de Beauvoir resulta ser cierta en su absoluta totalidad y profundidad, pero también desgraciadamente, no solo si hablamos de los derechos de las mujeres, sino también si lo hiciéramos de la naturaleza (Amazonia), de los pueblos indígenas o de la grandes mayorías (sectores empobrecidos, clases medias…) que este sistema, hoy ultraneoliberal, sigue considerando como bienes explotables para el aumento desenfrenado de sus cuentas de beneficios económicos.

Las élites son así y por lo tanto hoy hay que estar más que vigilantes que nunca para conseguir verdaderamente que los derechos de las personas (mujeres y hombres), pueblos y de la naturaleza si sean realmente derechos adquiridos y no cuestionados permanentemente por el sistema dominante. Hay instrumentos internacionales de derechos que los protegen y que hoy están en riesgo de ser ignorados, violados, olvidados, de forma definitiva. Estamos a tiempo de eliminar el cáncer, pero la metástasis empieza a crecer y no hay tiempo que perder.

Relacionadas

Crisis climática
Entre esperanza y desesperación: nos rebelamos por el clima en 2020

En estos tiempos donde es posible nuestra propia extinción, el lema “rebelión o extinción” nos permite transformar nuestro dolor en rabia, en energía para la rebelión por el clima y por nuestra vida. No nos queda otra alternativa.

Crisis climática
España rompe el termómetro: la década más cálida

La temperatura media de la última década ha sido de 15,7ºC, la mayor desde que existen mediciones y 1,7ºC más que la de la década de los años 70. Desde el Observatorio de Sostenibilidad instan al nuevo Gobierno a situar la adaptabilidad a la emergencia climática entre una de las prioridades.

1 Comentario
#29566 22:20 23/1/2019

Los pueblos indigenas amazónicos son los guardianes de nuestro futuro.

Los cultivos de soja y colza para alimentación, ganadería y agrocombustibles son pan para hoy. Para mañana: cambio climático extremo, perdida de riqueza natural (que podrían traer nuevos tratamientos médicos) y desaparición de un tesoro que pertenece al mundo entero y no solo a Bolsonaro.

Responder
1
0

Destacadas

Educación
Madrid, epicentro de la educación excluyente

Profesorado especializado saturado, sobrerratio de alumnado atendido: la administración madrileña mantiene la atención a la diversidad bajo mínimos. Familias y profesionales se organizan para garantizar el derecho a la educación de niñas y niños con necesidades especiales.

Memoria histórica
La memoria alicantina que escapa de los campos nazis

Al menos 188 alicantinos fueron deportados y más de un centenar murieron en los campos de concentración del nazismo entre 1941 y 1945. Ante la falta de iniciativa de las instituciones, algunos familiares, investigadores y colectivos trabajan para recordar lo que sucedió y para honrar la memoria de quienes fueron represaliados por sus ideales.

Laboral
El salario mínimo subirá a 950 euros en 2020

Satisfacción del Ministerio de Trabajo y los sindicatos CC OO y UGT tras llegar a un acuerdo con la patronal para la subida de un 5,5% del salario mínimo interprofesional.

Plurilingüismo
Una lengua para gobernarlos a todos

El mínimo de un 25% de estudios en valenciano previsto en la Ley de Plurilingüismo ha despertado las alarmas entre quienes lo ven como una amenaza al castellano, una tesis a la cual se han sumado los partidos de la derecha.

Tenemos que hablar
Calladita estás más guapa

No opines sobre feminismo, sobre política, no digas ni mú. Calla que bastante tienes con poder votar, chitón a las risas desmesuradas con tus amigas en una cena irreverente. Histéricas.

Crisis climática
Entre esperanza y desesperación: nos rebelamos por el clima en 2020

En estos tiempos donde es posible nuestra propia extinción, el lema “rebelión o extinción” nos permite transformar nuestro dolor en rabia, en energía para la rebelión por el clima y por nuestra vida. No nos queda otra alternativa.

Últimas

Promociones
Aún estás a tiempo, ¡suscríbete!
Estás de suerte, nos quedan unas pocas revistas de Pikara. Así que, hasta agotar existencias, si te suscribes a El Salto puedes conseguir tu ejemplar.
Memoria histórica
Contra el pin parental, la vocación democrática de las maestras de la República

Las maestras y los maestros republicanos fueron los funcionarios más represaliados por el franquismo. Parece que debemos seguir insistiendo en que nuestros conciudadanos se pregunten por qué. Sobre todo en Murcia

Derecho a la ciudad
La política de las migajas: San Buda en Cáceres
El Ayuntamiento de Cáceres se suma a la política competitiva entre grandes municipios por atraer una inversión privada cuyos resultados no están claros.
Antiespecismo
Los animales a los que rescatamos, y aquellos a los que no
La crisis de incendios forestales en Australia arroja luz, una vez más, sobre las incoherencias que hay tras el trato que les damos a los animales.