Podemos
Historia de una ruptura

Podemos y Anticapitalistas separan sus caminos. Un vídeo de Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias pone fin a un ciclo.

Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias
Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias en el anuncio de la ruptura entre Adelante Andalucía y Podemos.
13 feb 2020 12:18

Pocos minutos después del vídeo que publicaron Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez, una sagaz tuitera ya había contrapuesto los planos del secretario general de Podemos y la todavía secretaria general de Podemos Andalucía a los de la película Historia de un Matrimonio (Noah Baumbach, 2019), el drama de una separación como tantas otras. Como en la película, a unas cuantas semanas de tensión sucede una solución madura e irrevocable. No hay romanticismo ni pasiones que indiquen el camino de vuelta, solo cuentas que saldar y decirse uno al otro que la vida sigue. El anuncio de ayer, la salida de Anticapitalistas de Podemos, concluye la fase de centrifugado de un proyecto que, en el nivel organizativo ha vivido en crisis casi desde su comienzo. Algo que, no obstante, no ha supuesto el fin de Podemos, aunque le obligue una vez más una mutación.

Las organizaciones que caben en un Telegram —o en un grupo de Whatsapp— tienen carencias evidentes

Lo más crudo de la más cruda de la crisis comenzó con otro vídeo. Hace un poco más de un año Manuela Carmena e Íñigo Errejón tomaban la iniciativa en Madrid con un vídeo en el que hacían público el plan de reducir al máximo común divisor el cartel electoral de cara a los dobles comicios de mayo. El vídeo de ayer va en dirección contraria. Conservar las formas —y más allá, atajar las especulaciones sobre posibles motivos de la ruptura— permite, como se intuye a lo largo de todo el mensaje, retomar el acuerdo en jornadas señaladas, algo que el audaz vídeo-fundación de Más Madrid imposibilitaba. 

Más allá de la comunicación política

Hubo un tiempo en el que Ciudadanos se presentaba como un ejemplo de partido. El sector más desapasionado del campo político de la izquierda —el campo del “cambio” en términos 2011-2015— se miraba en el partido naranja con cierta nostalgia. Un partido que funcionaba en el nivel interno con pulso firme y experiencia empresarial. Ayudaba que los escándalos de índole interna (primarias de Castilla y León) no ocupaban, desde luego, el mismo espacio en los medios que las luchas “intestinas”, “fratricidas”, etc. de Podemos.

Sin embargo, la maquinaria de Ciudadanos también se estropeó. La caída de Rivera, cómo se encerró en su relato y en sus partidarios, que bien fueron abandonándole, bien diciéndole solo lo que quería oír, terminó con el relato de la inefabilidad del partido-marca. La insuficiencia electoral de Más Madrid subrayó también las carencias de las organizaciones con un funcionamiento aparentemente sencillo. Las organizaciones que caben en un Telegram —o en un grupo de Whatsapp— tienen carencias evidentes y no están a salvo tampoco de la desconfianza como enfermedad primordial de los partidos políticos.

Podemos había nacido para ser otra cosa. Creada por el impulso de un grupo de lo que en otro tiempo se llamarían intelectuales, se apoyó como organización en Anticapitalistas pero creció a base de un sustrato mixto: rebotados de Izquierda Unida —y, aun más allá, rebotados del PCE— , una nueva militancia surgida del 15M y de distintos movimientos sociales, de las Mareas al ecologismo y el feminismo. Un sustrato, en todo caso, mixto entre quienes retornaban a las militancias, aterrizaban de nuevas o entraban con aspiraciones de escalar por la cucaña de los cargos lo más rápidamente posible. No obstante, esa complejidad no era nada en comparación con el laberinto de buscar una síntesis federal o confederal a la realidad territorial compleja.

Nunca nadie pensó que fuera fácil poner orden —organización— en esa amalgama, caminar hacia la construcción de un partido-movimiento que se reconociera igual en Trafalgar y en Finisterre, que sacara cientos de miles de personas a la calle al tiempo que generaba nuevas normas para mejorar la vida de la gente. Era tanto trabajo que se dejó para otro momento.

Da igual, porque ahora la fase es otra. A través de su fusión fría con Izquierda Unida, Podemos quiere generar un modelo que consiga lo que para su dirección es un escenario óptimo: listas unitarias en las autonómicas y municipales —lo que ya se ha conseguido en el Congreso— y militancias separadas en la calle. Lazos de afinidad, no organizaciones tensadas. La apuesta de esa dirección por el protagonismo de lo que nombran como “movimiento popular” debe ser, dicen, lo que corrija la tentación de un exceso de gobernismo que preocupa a los Anticapitalistas, una apuesta que es, explícitamente, el motivo de la ruptura que ayer anunció Rodríguez.

Esa ruptura civilizada y pactada, con su ejemplo de control de la comunicación política, añade como novedad algo de sosiego en la tormentosa relación de la dirección de Podemos con sus aliados. Desde luego es una novedad agradable, por más que no corrija la sensación de que cualquier posibilidad de crear una organización abierta, transparente y plural se fue hace tiempo a la mierda. Como el matrimonio de Historia de un Matrimonio.

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8 Comentarios
#47446 24:40 13/2/2020

aqui todo el mundo va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío, eso es españa, el egoismo más ruin

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#47433 18:41 13/2/2020

http://www.laizquierdadiario.es/Anticapitalistas-y-Podemos-una-separacion-amistosa

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#47432 18:29 13/2/2020

Por más que intenten acabar con Podemos aguanta contra viento y marea

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#47418 14:33 13/2/2020

Desde que se compro la mansión con casa adjunta de invitados y piscina mas parcela privada no lo veía con buenos ojos

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#47409 13:51 13/2/2020

Iba a ser una 'herramienta', ¿se acuerdan?...
* La clave: Soberanía .
PUDIMOS, del verbo... "haber podido"

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#47450 8:56 14/2/2020

Qué soberanía?

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